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¿PP o PSOE: quién suma más casos de corrupción desde 1975?

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Datos comparados desde 1975: el PP acumula más casos y condenas; el PSOE carga el monto por los ERE. Cifras, sentencias y datos verificados.

Durante medio siglo de democracia, las cifras comparadas dejan un veredicto incómodo y nítido: el Partido Popular acumula más causas judiciales de corrupción, más condenas firmes y más piezas con ingresos en prisión que el Partido Socialista. En volumen de tramas y procedimientos desde la Transición hasta hoy, los registros consolidados sitúan al PP por delante tanto en número de casos vinculados como en impacto penal y responsabilidad como organización, con la particularidad —no menor— de que fue condenado por beneficiarse de una red corrupta (Gürtel) y de que el Supremo confirmó en 2024 que parte de la reforma de su sede de Génova se pagó en negro. El PSOE, por su parte, carga con el caso ERE —el mayor por cuantía pública comprometida— y con episodios relevantes como Filesa o Roldán, además de investigaciones recientes (Koldo, Begoña Gómez, el procedimiento contra el hermano del presidente) cuyo desenlace judicial aún está en curso.

Si se compara magnitud y persistencia de ambos historiales, la foto completa devuelve esto: más casos y más condenados vinculados a tramas ligadas al PP (con cerca de un centenar de personas que han acabado en prisión solo en Gürtel, además de otras macrocausas como Púnica o Lezo) y el mayor agujero económico singular concentrado en el caso ERE del PSOE (una cifra histórica de alrededor de 680 millones comprometidos en ayudas mal gestionadas según las sentencias originales, hoy en revisión tras los fallos del Constitucional). El balance comparado no exculpa a nadie: ambos partidos han protagonizado esquemas delictivos de alcance nacional, autonómico y local; la diferencia es que el PP suma más procedimientos y condenas acumuladas, mientras que el PSOE concentra el mayor caso por dinero público en juego.

Lo que dicen los números consolidados (y lo que no dicen)

Para ordenar el mapa conviene distinguir tres capas: cantidad de causas, personas condenadas y impacto económico. En bases que agregan procedimientos desde los 80 y 90 (con sesgos y huecos conocidos), el PP supera holgadamente el centenar largo de casos y el PSOE se queda por debajo, una pauta que coincide con estudios académicos sobre corrupción municipal en 2000–2020: los dos grandes dominan la estadística, con el PP ligeramente por delante en porcentaje de casos atribuidos en ese periodo y el PSOE muy cerca.

La razón es estructural: gobernaron más y durante más tiempo en más territorios, y donde hay poder sostenido hay más incentivos y más ventanas para el fraude. A igualdad de exposición, no hay un abismo entre ambos, pero la acumulación histórica coloca al PP por delante en episodios judicializados.

Condenas e ingresos en prisión

La gran trituradora penal en España ha sido Gürtel, con sentencias que, sumadas, ya rozan el centenar de condenados a cárcel y más de medio millar de años de prisión impuestos en distintos tramos. En la pieza central (1999–2005) se dictaron 29 condenas; la visita del Papa a Valencia dejó 19 más; Boadilla, Arganda y Valencia han ido añadiendo nombres y penas, y el Supremo ha ido consolidando el núcleo fáctico: financiación irregular, comisiones, amaños y caja B. La trama Púnica —que afectó a ayuntamientos y a la Comunidad de Madrid— arrastra decenas de acusados y confesiones en sala por contratos amañados de eficiencia energética valorados en 224 millones; el goteo de sentencias está en marcha. Lezo —el frente del Canal de Isabel II— cifra el primer desfalco acreditado en torno a 23,3 millones por la compra inflada de Emissão; el cuadro penal de sus cabecillas aguarda cierre definitivo de varias piezas. A ello se suma un hecho jurídico singular: el PP, como partido, fue condenado a título lucrativo en Gürtel y el Supremo ratificó en 2024 que la reforma de Génova 13 se pagó en parte con dinero negro de la caja paralela, con multas y responsabilidad civil para la organización y rebaja de penas individuales por dilaciones.

En la acera socialista, ERE es la piedra de toque: 19 ex altos cargos de la Junta de Andalucía fueron condenados en 2019 (confirmado en 2022 por el Supremo) por un sistema de ayudas sociolaborales descontrolado durante años que movió alrededor de 680 millones. Ese panorama ha cambiado en 2024–2025: el Tribunal Constitucional anuló la malversación a José Antonio Griñán y ordenó recalcular su condena por prevaricación, y revisó la de Manuel Chaves en términos que rebajan el cuadro penal. La Audiencia de Sevilla ha elevado cuestiones a Europa y varias piezas siguen vivas. Antes, el PSOE ya había pasado por Filesa (1997, financiación ilegal: unos 7,2 millones de euros al cambio) o Roldán (1998–1999, 31 años de cárcel por malversación, cohecho, fraude fiscal: alrededor de 1.600 millones de pesetas, unos 9,6 millones de euros, en comisiones y fondos reservados evaporados). En el presente inmediato, Koldo —la investigación de contratos de mascarillas— suma adjudicaciones por más de 50 millones con imputados del entorno del exministro Ábalos; un informe de la UCO ha detectado gastos en efectivo sin trazabilidad bancaria en su entorno por algo más de 95.000 euros, extremos bajo investigación. Begoña Gómez y la UCM están ya en fase de personación de la universidad como perjudicada y resoluciones de la Audiencia de Madrid que mantienen unificación de piezas y permiten seguir indagando malversación; todo sin sentencia. El hermano de Pedro Sánchez (caso Diputación de Badajoz) ha quedado a un paso del banquillo tras el rechazo de recursos; tampoco hay fallo.

¿Cuánta gente hay hoy en prisión por corrupción?

Las estadísticas oficiales no clasifican internos por partido, pero sí permiten una foto de conjunto: en torno al centenar de personas llegaron a estar privadas de libertad solo por delitos de corrupción en el sistema penitenciario español en 2020, un número que oscila por ingresos y excarcelaciones.

Es un indicador de contexto: la corrupción en España sí tiene consecuencias penales, aunque muchas piezas prescriben o se saldan con penas bajas, tercer grado o atenuantes por la duración excesiva de los procesos.

PP: más macrotramas, condenas encadenadas y una caja paralela

La contabilidad B reconocida judicialmente y la condena del partido a título lucrativo marcan una línea roja jurídica que el PP no ha conseguido borrar. Gürtel no es un caso: es una constelación con epicentros (Madrid, Valencia, Castilla y León) y tentáculos en contratos públicos, ferias, eventos y campañas. Cerca de 100 condenados a prisión —entre excargos, empresarios y operadores— no es un dato anecdótico; es el resultado acumulado de sentencias que detallan mordidas del 2%–3%, adjudicaciones dirigidas, pagos en sobres y financiación irregular. Púnica añade amaños masivos en contratos de servicios energéticos (Cofely) por 224 millones y abre la puerta a confesiones que iluminan cómo se redactaban pliegos a medida. Lezo destapó el sobreprecio en la expansión latinoamericana del Canal de Isabel II y desvíos en paraísos fiscales; el perjuicio inicial por Emissão quedó cuantificado en torno a 23,3 millones.

Hay también un hito institucional: el Supremo confirmó en 2024 la defraudación tributaria en la pieza de la reforma de Génova, con pagos en efectivo superiores al millón de euros, reduciendo algunas penas individuales por dilaciones pero manteniendo la responsabilidad civil del PP. Esa sentencia fue el tercer golpe que consolida la existencia de la caja B y el beneficio del partido en tramas corruptas, más allá de responsabilidades penales personales.

Dinero recuperado y patrimonios embargados. España ha recuperado o arraigado decenas de millones vinculados a Gürtel y otros procedimientos (bloqueos en Suiza, embargos y responsabilidades civiles), pero la foto no cierra el círculo: parte del botín se difuminó en tramas societarias y jurisdicciones opacas; otra parte se compensa con multas y responsabilidades civiles que tardan años en cobrar.

PSOE: un gran caso por cuantía, viejos fantasmas y frentes abiertos

El caso ERE es excepcional por dinero público comprometido y por nivel del escalón político: dos expresidentes autonómicos (Chaves y Griñán) y una veintena de ex altos cargos juzgados por un sistema de ayudas sociolaborales sin control durante más de una década, con cientos de millones distribuidos por fuera de los cauces legales. Las sentencias de 2019 y la confirmación del Supremo en 2022 colocaron la vara muy alta; en 2024 el Constitucional ha desmontado la malversación de Griñán y ordenado rebajar la prevaricación, lo que cambia el desenlace penal para varias piezas y reorienta el debate hacia Europa. Sea cual sea la fase procesal, el perjuicio económico total movido por el sistemaen torno a 680 millones en el núcleo temporal enjuiciado— ha sido reiterado durante años en informes y sentencias; la discusión hoy ya no es la magnitud, sino la correcta subsunción penal de cada responsabilidad individual.

A esto se suman dos clásicos del felipismo: Filesafinanciación ilegal con 8 condenas y más de 1.200 millones de pesetas (unos 7,2 millones de euros)— y Roldán, el director general de la Guardia Civil que acumuló comisiones y sustrajo fondos hasta sumar alrededor de 1.600 millones de pesetas9,6 millones de euros— en una de las caídas más simbólicas de los 90. Ambos marcaron el final de una época y dejaron una cicatriz pública que tardó años en cerrar.

Actualidad judicial. Koldo apunta a contratos de emergencia en pandemia por más de 50 millones y a pagos en efectivo sin soporte bancario, con imputaciones en el círculo de Ábalos; hay informes de la UCO y contradicciones documentales que un juez y, en su caso, el Supremo deberán resolver. Begoña Gómez encara investigación por tráfico de influencias, corrupción en los negocios, intrusismo y apropiación indebida, con la Complutense personada como perjudicada y la Audiencia de Madrid obligando a tramitar todo unido; no hay sentencia. David Sánchez va camino de juicio por tráfico de influencias y prevaricación en la Diputación de Badajoz; tampoco hay fallo. Estos procesos no suman aún en el capítulo de condenas, pero pesan en el clima político y refuerzan la percepción de impunidad cuando se eternizan.

Conteo por partidos: casos, imputados y dinero

Casos y tramas

En repertorios que agregan procedimientos desde 1975, el PP aparece por encima del PSOE en número de casos registrados. El orden de magnitud —siempre cambiante por altas y bajas— sitúa a PP por encima de 250 causas identificadas y a PSOE por encima de 130.

En términos porcentuales 2000–2020, el PP aglutina ligeramente más casos municipales que el PSOE en series académicas que depuran por exposición al poder. Traducción: ambos partidos han tenido mucha corrupción, el PP algo más por masa de gobierno y duración en posiciones clave, pero no existe monopolio.

Condenas firmes

No hay un registro oficial que etiquete condenas por partido. Con todo, puede afirmarse con seguridad que las macrocausas del PP suman más condenados: Gürtel por sí sola roza el centenar de ingresos en prisión, a los que se añadirán Púnica (con reconocimientos y peticiones fiscales ya formuladas) y Lezo cuando cierren piezas.

En el PSOE, ERE colocó a casi veinte altos cargos en el banquillo y dictó condenas que ahora se están revisando; Filesa y Roldán añadieron penas de prisión relevantes. A día de hoy, el recuento de presos por corrupción —sin etiqueta partidaria— se mueve en torno al centenar de forma oscilante.

Cuánto dinero se perdió

No hay un sumatorio definitivo y oficial por partido. Por casos, el PSOE registra el mayor expediente por cuantía (ERE, unos 680 millones en el periodo juzgado), mientras que el PP acumula grandes cifras dispersas: Gürtel (décadas de contratos amañados, responsabilidades civiles y multas millonarias), Púnica (224 millones en contratos bajo la lupa) y Lezo (23,3 millones en el primer desfalco identificado por el juez).

A eso se añade el pago en B de más de un millón en la reforma de Génova y la condena del PP como beneficiario de Gürtel. En el PSOE, Filesa suma 7,2 millones y Roldán 9,6 millones al cambio; Koldo concentra contratos por unos 54 millones cuyo daño final deberá fijar la justicia.

Percepción internacional y tendencia

En 2025, España empeoró en el Índice de Percepción de la Corrupción hasta 56/100 (puesto 46 de 180), castigada por reformas atascadas y una autoridad de protección del informante que nació tarde y coja.

Los informes del GRECO (Consejo de Europa) reconocen avances parciales en códigos de conducta y policías, pero piden más sobre puertas giratorias, agendas públicas y regalos/lobbies. Traducido a calle: la sensación de impunidad no baja porque las macrocausas se eternizan, las penas se rebajan por dilaciones y las devoluciones tardan años.

Fechas, hitos y matices que cambian el marcador

Fechas que mueven la aguja

2018 —primera gran sentencia de Gürtel— provocó la moción de censura a Mariano Rajoy; 2022 consolidó ERE en el Supremo; 2024 viró la brújula con el Constitucional revisando malversación en Andalucía y con el Supremo ratificando la reforma de Génova en dinero negro. 2025 ha traído confesiones y acuerdos en Púnica, la personación de la Complutense en Begoña Gómez y pasos hacia juicio en David Sánchez. Es decir, el marcador se actualiza: no todo suma ni resta igual con el paso de los años.

Cifras bajo sospecha

Cualquier tally por partido tiene límites: no todo lo publicado acaba en condena, no todo lo investigado tiene impacto económico y no toda la corrupción es justiciable (parte es ética o administrativa, no penal). Por eso tiene sentido diferenciar entre caso abierto, acusación, condena y fondos recuperados. Aun con esas precauciones, la conclusión comparativa resiste: el PP presenta más procedimientos y condenas relevantes; el PSOE firma el mayor expediente por dinero y nuevos frentes en investigación.

La cárcel no es el final

En Gürtel y otras tramas, varias penas se han rebajado por dilaciones indebidas o se han suspendido por razones técnicas; en ERE, el tribunal de garantías ha reencuadrado delitos que parecían pétreos. Esa plasticidad no borra hechos (caja B, amaños, sobreprecios) pero sí altera el resultado penal. Es clave para no mezclar: responsabilidad política, responsabilidad penal y pérdida económica no siempre viajan juntas.

Puertas giratorias, lobbies opacos y controles que no muerden

Las puertas giratorias —el tránsito de ministros, secretarios de Estado o consejeros a consejos reguladossiguen demasiado abiertas. La Oficina de Conflictos de Intereses aprueba la inmensa mayoría de solicitudes de compatibilidad; las denegaciones son residuales cada año. ¿Efecto práctico? Un triángulopolítica, grandes empresas y consultoras— que contagia a todos los gobiernos y que expone a PP y PSOE a influencias con ventaja informativa. Faltan reglas duras: periodos de enfriamiento reales, agendas públicas verificables, registro obligatorio de lobbies con sanciones, trazabilidad de regalos y hospitalidad, y más medios para integridad pública y agencias antifraude autonómicas (hoy escasas y desiguales).

El sistema de contratación —especialmente menores y emergenciasigue siendo el talón de Aquiles. Pandemia y fondos europeos mostraron vías de agua: pliegos a medida, subcontratación opaca y sobrecostes. Simplificar y digitalizar con auditoría en tiempo real, listas negras de proveedores tramposos y supervisión externa con datos abiertos ayudaría a cerrar el grifo. Sin traza, sin rastro; con traza, menos arbitrariedad.

¿Quién es “más corrupto”? La respuesta comparada y la factura final

A la pregunta de fondo, sin circunloquios: el Partido Popular aparece como el partido con más casos de corrupción, más condenados y más macrotramas en los últimos 50 años, incluido el hecho singular de una condena al propio partido y la confirmación judicial de pagos en B para su sede. El PSOE, en cambio, concentra el mayor caso por volumen económico (ERE) y carga con episodios icónicos (Filesa, Roldán) además de frentes abiertos en 2025 cuyo resultado judicial aún no existe. Ambos han fallado; uno ha acumulado más.

La percepción internacional y los indicadores dicen que España no es un Estado fallido, pero arrastra un problema estructural: control interno débil, excesiva discrecionalidad en contratación, sanción tardía y rendición de cuentas que llega cuando la memoria pública ya cambió de tema.

Un diagnóstico incómodo

La corrupción como coste de oportunidad

La conclusión operativa no es moralizante, es contable. La corrupción española —la del PP, la del PSOE y la de siglas menorescuesta crecimiento, productividad y confianza. Capital que no va a sanidad, vivienda o I+D se pierde en sobrecostes, consultorías inútiles y contratos amañados. Las macrocausas que hemos repasado —Gürtel, Púnica, Lezo, ERE, Filesa, Roldán, Koldo— dibujan un mapa donde la red de intereses coloniza trozos del Estado y parasita lo público: financiación irregular para campañas, empresas pantalla, pliegos a medida, contabilidad paralela, efectivo y comisiones. De ahí que la respuesta no se agote en la pena: hace falta cerrar el circuito del dinero con controles ex ante, vigilancia independiente, protección real al denunciante y sanciones ejecutables. Si no, los incentivos siguen donde estaban.

La foto de 1975 a 2025 es nítida y desagradable a la vez: más casos y condenas en el PP, un megacaso por cuantía en el PSOE, ambos contaminados por puertas giratorias y contratación pública frágil. No hay piedra que lanzar; hay un sistema que ajustar. Y eso, a la larga, vale más que cualquier titular.


🔎​ Contenido Verificado ✔️

Este artículo se apoya en resoluciones judiciales y bases oficiales contrastadas. Fuentes consultadas: Poder Judicial, Tribunal Constitucional, RTVE, El País, elDiario.es.

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