Actualidad
¿Quién ganó en Perú? Fujimori lidera y Sánchez resiste voto a voto
Keiko Fujimori lidera el conteo oficial en Perú, pero el pulso con Roberto Sánchez deja la presidencia pendiente de un recuento decisivo

A esta hora, Perú no tiene un ganador proclamado. Keiko Fujimori aparece por delante en el escrutinio oficial parcial de la ONPE, pero Roberto Sánchez figura ligeramente arriba en el conteo rápido de Ipsos. Es decir: la elección presidencial peruana está atrapada en ese lugar antipático donde la política quiere una frase rotunda y los votos, muy tercos ellos, todavía no la conceden. Según los datos difundidos tras el avance del cómputo oficial, Fujimori llegó a situarse en cabeza con el 51,9 % frente al 48 % de Sánchez con cerca del 79 % escrutado, mientras el conteo rápido de Ipsos daba a Sánchez un 50,3 % frente al 49,7 % de Fujimori, una diferencia de apenas seis décimas.
El núcleo de la noticia es ese: Fujimori lidera el conteo oficial parcial, pero no puede cantar victoria; Sánchez resiste apoyado en una proyección privada que lo coloca por delante dentro del margen de empate técnico. La Presidencia de Perú, por tanto, no está decidida. Se resolverá voto a voto, acta por acta, con el país mirando la pantalla de la ONPE como quien mira hervir agua: parece que no pasa nada, pero debajo todo se mueve. El Jurado Nacional de Elecciones ya ha advertido de que los resultados definitivos podrían conocerse a mediados de julio por el recuento y revisión de actas observadas o impugnadas.
Fujimori por delante en el conteo oficial, Sánchez vivo en la proyección
La confusión no nace de un capricho mediático, sino de dos mediciones distintas. La ONPE publica el cómputo oficial conforme procesa y contabiliza actas. Es el camino institucional, el de verdad, el que acaba pesando legalmente. Ahí, Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, ha mantenido ventaja en los primeros tramos relevantes del escrutinio. En uno de los reportes difundidos al 65,433 % de actas contabilizadas, Fujimori registraba el 52,721 % de los votos válidos, equivalentes a 6.738.377 sufragios, frente al 47,279 % de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, con 6.042.723 votos.
La otra foto es el conteo rápido de Ipsos. No es el resultado oficial, pero tampoco es una encuesta al aire. Se basa en una muestra representativa de mesas de votación y suele servir como termómetro bastante fiable de la tendencia final, aunque en una elección tan estrecha pierde capacidad para cerrar el partido. Ipsos situó a Sánchez con el 50,3 % y a Fujimori con el 49,7 %. La lectura fría y exacta es la de un empate estadístico. La diferencia es demasiado pequeña para coronar a nadie sin que el escrutinio formal complete el trabajo.
Aquí está la trampa para el lector que entra buscando una respuesta limpia. Si pregunta quién ganó las elecciones en Perú, la contestación responsable no es un nombre, sino una precisión: va ganando Fujimori en el conteo oficial parcial, pero no hay presidenta electa. Sánchez puede aferrarse al conteo rápido y al peso de zonas donde su voto suele entrar con otro ritmo. Fujimori puede señalar la ventaja oficial acumulada. Ambos tienen una parte del relato. Ninguno tiene todavía la proclamación.
En política latinoamericana, y más en Perú, estas horas son un material inflamable. Una décima deja de parecer una décima y se convierte en destino nacional. Un acta observada parece una conspiración. Una mesa rural que tarda en entrar se transforma en epopeya, o en fantasma, según quién mire. Por eso conviene separar la temperatura del dato. Y el dato, de momento, dice que la elección sigue abierta.
El país partido: Lima, costa, sierra y dos mapas electorales
El resultado refleja dos Perú superpuestos, casi dos geografías morales. Fujimori domina con más fuerza en Lima, en áreas urbanas y en la costa; Sánchez obtiene músculo en el voto rural y en la sierra. Esa división dibuja dos electorados tirando en direcciones opuestas. No es una imagen literaria gratuita. Es el mapa clásico de un país donde el centro político y económico mira a las regiones como si fueran periferia, y las regiones llevan años respondiendo en las urnas que no son decorado de fondo.
La segunda vuelta enfrentó a una candidata de derecha, heredera de un apellido que aún parte la conversación peruana como un cuchillo, con un candidato de izquierda que ha intentado reunir voto rural, voto antifujimorista y descontento social. Sánchez llegó a esta noche con una base importante en el sur andino, donde regiones como Puno, Cusco, Ayacucho, Apurímac y Huancavelica han sido decisivas en elecciones anteriores y donde la distancia emocional con Lima es casi una institución no escrita. En la primera vuelta, Sánchez quedó primero en cinco regiones del sur andino, mientras Fujimori quedó lejos en varios de esos territorios.
Ese voto no siempre es puramente ideológico. A veces se etiqueta desde Lima como “radical”, con esa facilidad que tienen las capitales para confundir el malestar ajeno con una extravagancia. Pero muchas veces expresa anticentralismo, abandono estatal, cansancio de promesas que llegan en campaña y se evaporan con la misma velocidad con la que un ministro cambia de cartera. Perú no vota solo por programas; vota también por heridas, por agravios, por memoria.
Fujimori, en cambio, ha construido su candidatura alrededor del orden, la seguridad y la estabilidad económica. Su lema de campaña, “Vuelve Fujimori, vuelve el orden”, apuntó al miedo cotidiano: homicidios, extorsiones, delincuencia contra comerciantes y transportistas. La inseguridad se ha convertido en una llave poderosa, de esas que abren conversaciones familiares, taxis, mercados, grupos de WhatsApp y urnas. Sus propuestas incluyeron patrullas con militares, expulsión inmediata de inmigrantes que cometan delitos y medidas de mano dura en las cárceles.
Por qué el conteo puede cambiar todavía
En una elección amplia, con cinco, seis o siete puntos de distancia, el recuento es una ceremonia lenta pero previsible. En una elección así, milimétrica, el recuento es el partido. Cada tanda de actas puede cambiar la percepción pública, aunque no siempre cambie el desenlace real. Hay actas procesadas, contabilizadas y observadas; no es lo mismo que un documento haya entrado en el sistema a que sus votos ya formen parte del cómputo definitivo. Las actas observadas pueden presentar inconsistencias aritméticas, datos ilegibles, falta de firmas o impugnaciones, y deben pasar por revisión antes de ser incorporadas o resueltas.
Por eso la ventaja inicial de Fujimori no equivale automáticamente a victoria. Tampoco la ligera ventaja de Sánchez en el conteo rápido equivale a remontada garantizada. Entre ambas fotografías hay una zona gris, burocrática y decisiva. Allí viven las mesas que llegan tarde, los votos del exterior, las regiones más alejadas, las observaciones y los recursos. La democracia, cuando está sana, no siempre es rápida. A veces es desesperantemente lenta. Y aun así, mejor lenta que teatral.
La ONPE habilitó su plataforma oficial para seguir el avance del escrutinio de la segunda vuelta presidencial y publicar los resultados de la elección de presidente y vicepresidentes para el próximo periodo de Gobierno. Más de 27 millones de peruanos estaban llamados a votar y el proceso se desplegó también en el exterior, con más de 1,2 millones de ciudadanos residentes fuera del país inscritos para sufragar en embajadas y consulados.
El dato logístico importa porque Perú no llega a esta elección desde una normalidad de manual. La primera vuelta ya fue un laberinto de fragmentación, con 35 candidatos, retrasos y un ambiente de sospecha. La segunda vuelta, al tener solo dos nombres, parecía destinada a ser más sencilla. Pero “sencilla”, en la política peruana reciente, es una palabra que conviene manejar con guantes.
Keiko Fujimori, cuarta final y el peso de un apellido
Keiko Fujimori no es una candidata más. Es una presencia persistente, casi geológica, en la política peruana. Esta es su cuarta llegada a una segunda vuelta presidencial. Perdió en 2011, perdió en 2016 por una diferencia estrechísima frente a Pedro Pablo Kuczynski y volvió a perder en 2021 ante Pedro Castillo en otra elección de nervios rotos. Ahora se encuentra de nuevo ante la posibilidad del poder, con el apellido Fujimori convertido en palanca y lastre al mismo tiempo.
El fujimorismo conserva un electorado fiel, organizado, con estructura territorial y capacidad de vigilancia electoral. En una noche voto a voto, eso pesa. Fujimori insistió durante la jornada en la presencia de personeros de Fuerza Popular para fiscalizar el proceso. Esa red de control político puede ser un activo relevante cuando cada acta parece una moneda de oro.
Pero su candidatura también despierta un antifujimorismo profundo. No solo por la memoria del Gobierno de Alberto Fujimori, marcado por autoritarismo, corrupción y violaciones de derechos humanos, sino por el papel de Fuerza Popular en años de bloqueo e inestabilidad institucional. El antifujimorismo no siempre tiene líderes ni una estructura única; funciona más bien como una corriente eléctrica subterránea. Parece apagada hasta que el fujimorismo se acerca al poder. Entonces vuelve.
La paradoja de Keiko es esa: cuanto más cerca está de ganar, más despierta a quienes votan no por entusiasmo hacia su rival, sino contra ella. Y eso, en una segunda vuelta, puede ser decisivo. No embellece la democracia, desde luego. Votar por descarte no es precisamente una fiesta cívica con música de violines. Pero existe. Y en Perú existe con una fuerza que ya ha cambiado finales electorales.
Roberto Sánchez y el voto que no se rinde
Roberto Sánchez llegó a la segunda vuelta con el desafío de parecer viable sin asustar al centro económico. Durante la campaña suavizó parte de su discurso, prometió respetar la autonomía del banco central, defendió la estabilidad monetaria y trató de rebajar los temores de una parte del empresariado y de las clases urbanas. También propuso una agenda de industrialización, refuerzo policial y subida salarial para agentes, buscando combinar cambio social y cierta tranquilidad institucional.
Su vínculo con Pedro Castillo, sin embargo, lo acompaña como sombra y bandera. Sánchez fue ministro en aquel Gobierno y ha prometido indultar al expresidente, encarcelado tras su intento de autogolpe de 2022. Para sus adversarios, eso lo acerca a una amenaza institucional; para una parte de sus votantes, sobre todo en zonas rurales y andinas, lo vincula con la idea de una presidencia frustrada por el Congreso y por las élites limeñas. El mismo hecho, dos lecturas. Perú cabe muchas veces en esa fractura.
El conteo rápido de Ipsos le dio a Sánchez una bocanada de oxígeno: 50,3 % frente a 49,7 %. Una ventaja mínima, sí, pero suficiente para sostener políticamente que la elección no estaba cerrada. Fujimori respondió pidiendo contar cada acta. En realidad, ambos discursos son comprensibles. Sánchez necesita mantener movilizado a su electorado hasta el final. Fujimori necesita evitar que una muestra privada reemplace al cómputo oficial.
La noche electoral, así, no dejó una escena de victoria, sino dos balcones, dos tonos y una misma ansiedad. Sánchez habló de recuperación democrática ante sus seguidores. Fujimori, más sobria, insistió en que no había ganador y que serían días largos. La política peruana, siempre tan generosa en ironías, consiguió que ambos tuvieran algo de razón.
Un resultado que puede tardar semanas
El JNE ha situado la proclamación definitiva hacia mediados de julio por el nuevo procedimiento obligatorio de recuento de votos en mesas con observaciones o impugnaciones. La vocera del organismo explicó que las actas observadas habían aumentado más de un 50 % respecto a procesos anteriores y que el mecanismo busca garantizar derechos de los participantes. Traducido al idioma de la calle: habrá que esperar, revisar y resistir la tentación de convertir cada demora en una teoría.
La comparación con 2021 aparece sola. Entonces, Fujimori y Pedro Castillo terminaron separados por una diferencia mínima, y la proclamación se prolongó durante semanas entre pedidos de nulidad y un clima de enorme tensión. El tribunal electoral revisó las reclamaciones y acabó rechazando prácticamente todas antes de proclamar a Castillo. Aquella memoria pesa ahora, porque enseña algo simple: en Perú, una segunda vuelta apretada no termina cuando cierran las urnas, sino cuando las instituciones consiguen cerrar el ruido.
La próxima persona que asuma la Presidencia lo hará en un país exhausto por la rotación de mandatarios, la erosión de partidos, el choque entre Ejecutivo y Congreso y la sospecha como idioma político. Perú ha tenido una sucesión vertiginosa de presidentes en la última década, y esa inestabilidad convierte cualquier resultado ajustado en un examen institucional. No es solo quién entra en Palacio de Gobierno. Es si el país acepta el camino que lo lleva hasta allí.
La respuesta que deja esta noche
Perú no eligió una certeza; eligió una espera. Keiko Fujimori va por delante en el conteo oficial parcial, Roberto Sánchez conserva opciones por el conteo rápido y por la distribución territorial del voto, y la proclamación definitiva dependerá del escrutinio completo, las actas observadas y las decisiones del sistema electoral. Ese es el dato firme, aunque suene menos espectacular que un grito de victoria.
La elección deja una imagen casi demasiado peruana: una pantalla de resultados, dos candidatos convencidos de que la historia aún puede inclinarse hacia su lado y un país que vuelve a descubrir que la democracia no siempre llega con redoble de tambores. A veces llega con planillas, firmas, impugnaciones, funcionarios cansados y una paciencia que nadie votó, pero todos necesitan.
Por ahora, la Presidencia sigue en disputa. Fujimori lidera, Sánchez no cae, y Perú mira el recuento con la mezcla habitual de esperanza, fatiga y desconfianza. Ni épica limpia ni desenlace cerrado. Solo votos. Y en noches así, los votos mandan más que los discursos.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









