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Quién es Paco Cerdà, ganador del premio Nacional de Narrativa 2025

Paco Cerdà (Genovés, Valencia, 1985) es un periodista y escritor que ha hecho de la no ficción literaria su territorio natural.

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Quién es Paco Cerdà

Perfil de Paco Cerdà y de «Presentes», obra con la que obtiene el Nacional de Narrativa 2025: libros, estilo, contexto y lecturas esenciales.

Paco Cerdà (Genovés, Valencia, 1985) es un periodista y escritor que ha hecho de la no ficción literaria su territorio natural. En 2025 ha sido reconocido con el Premio Nacional de Narrativa por «Presentes» (Alfaguara, 2024), un libro que reconstruye el cortejo fúnebre que trasladó, en noviembre de 1939, los restos de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta el monasterio de El Escorial. La obra, coral y precisa, revisita ese ritual de exaltación falangista para iluminar a contraluz la posguerra, la fabricación de símbolos, el dolor de los vencidos, la persistencia de las cicatrices. Con esta distinción, Cerdà se confirma como una de las voces más sólidas de la narrativa de no ficción en España.

No llega de la nada. Antes de «Presentes», ya había mostrado una firma reconocible: minuciosa con el dato, atenta a las voces silenciadas, eficaz en el montaje de escenas. «Los últimos. Voces de la Laponia española» (2017) retrató la despoblación del interior peninsular con una escritura de cercanía. «El peón» (2020) narró la vida del ajedrecista Arturo Pomar como espejo de época. «14 de abril» (2022) tomó el día de la proclamación de la Segunda República para radiografiar un país entero. Esos libros, distintos entre sí, comparten una agenda moral: rescatar a quienes quedaron a pie de página de los manuales de historia. El Nacional de Narrativa no solo celebra un título; confirma un proyecto literario coherente.

Paco Cerdà: una voz que une periodismo y literatura

Cerdà se formó como periodista y ejerció durante años en la redacción de Levante-EMV, donde pulió el instinto del reportero: mirar de cerca, escuchar sin prisa, entender el contexto antes de escribir una línea. Ese aprendizaje se nota. Su prosa, limpia y sin afectación, evita los fuegos artificiales. Prefiere las escenas breves, los gestos, las frases que alguien dijo y que, por su verdad desnuda, abren una puerta. La disciplina del archivo (expedientes, hemerotecas, comparecencias) convive en su obra con el viaje y la entrevista de campo. Los libros resultan del choque entre esos mundos: documentación exhaustiva y ritmo narrativo.

Esa doble condición —periodismo y literatura— explica también su vocación editorial. Cerdà ha impulsado proyectos de no ficción y ha colaborado con distintos medios nacionales, siempre orbitando alrededor de la crónica, la memoria y el relato de lo real. No es un académico encerrado en la alacena de los papeles ni un cronista que confíe toda su fuerza al golpe de efecto: se mueve con soltura entre archivos, carreteras secundarias y conversaciones a la puerta de una casa. Lo que busca son historias con temperatura humana y densidad histórica, escritas con una ética de la precisión.

Su estilo ha ido decantándose libro a libro. Hay tics propios —esa adjetivación sobria, esas descripciones casi táctiles de objetos y lugares, la cadencia de párrafos que respiran—, pero sobre todo hay un principio rector: poner la narración al servicio de la verdad de los hechos, incluso cuando esa verdad resulta incómoda o cuando obliga a mirar la historia por el lado que no encaja con los relatos oficiales. De ahí su interés recurrente por los márgenes, por los protagonistas secundarios, por quienes pagaron la factura de lo que otros decidieron en despachos o trincheras.

Obras clave antes de «Presentes»

El primer gran golpe de Cerdà fue «Los últimos. Voces de la Laponia española». El título, ya de por sí, encierra una tesis: existe una España de interior, dispersa y envejecida, que vive con densidades demográficas propias de Laponia. No es un libro de tesis, sin embargo. Es un viaje por pueblos colgados de una sierra o tendidos junto a una carretera que ya no lleva a ninguna parte. Hombres y mujeres que se han quedado, a veces por elección, a veces porque no se fueron a tiempo. El autor escucha, se sienta, observa. No juzga ni sentimentaliza. Deja que los detalles hablen: la llave de un bar que ya abre solo por las tardes, los nombres que se repiten en el registro civil, la escuela que sobrevivió un trimestre gracias a una niña llegada de vuelta con sus padres. El resultado es un mapa emocional que ayudó a fijar en la conversación pública un fenómeno —la despoblación— que empezaba a ocupar titulares pero que aún necesitaba rostros, voces, direcciones.

Con «El peón» dio un giro certero: biografía y, al mismo tiempo, crónica de un país. Arturo Pomar, prodigio del ajedrez, es el hilo que permite recorrer la España franquista con una mirada oblicua. La estructura replica una partida —movimiento a movimiento— y, sin caer en la trampa del tecnicismo, mantiene una tensión de novela. El niño que juega, los viajes, las recepciones oficiales, la mirada de quienes lo rodean: todo está contado con sobriedad. El libro se llevó premios y, más importante, se ganó el boca a boca de lectores muy distintos, de quienes no sabían nada de ajedrez y de quienes sí, de quienes buscaban la historia de un talento y de quienes querían una crónica de época.

«14 de abril» consolidó la ambición. El dispositivo es sencillo y exigente a la vez: contar un país a través de un solo día. El 14 de abril de 1931, España proclamó la Segunda República. Cerdà no se limita al balcón y la fotografía oficial. Entra en casas, hospitales, cárceles, plazas. Muestra la cara festiva y la cara trágica, porque aquella jornada fue también escenario de accidentes, de tensiones, de miedos. La apuesta funciona porque la investigación sostiene cada escena y porque la estructura —un poliedro de voces— multiplica los ángulos sin desorientar. El libro ganó un premio importante de no ficción y confirmó a Cerdà como narrador que sabe dialogar con la memoria histórica sin caer en proclamas.

Ese camino preparó el terreno para «Presentes». En sus libros anteriores ya estaba la materia prima: la atención al detalle histórico, la preferencia por los personajes anónimos, la capacidad para encontrar en hechos menores la fractura de un tiempo. También estaba el músculo narrativo para mantener al lector dentro de una historia larga sin atajos ni estridencias. Con ese bagaje llegó la obra que lo ha catapultado.

«Presentes»: qué cuenta y por qué importa

«Presentes» arranca con una imagen nítida: la exhumación del cuerpo de José Antonio Primo de Rivera en el cementerio de Alicante, el 20 de noviembre de 1939. Desde ahí, el libro acompaña el cortejo que durante once días y diez noches recorrió España hasta El Escorial. Uniformes, antorchas, consignas, una liturgia de Estado en un país recién salido de la Guerra Civil. Lo que podría haber sido un relato monumental se convierte en otra cosa: una investigación narrativa sobre cómo se construye un mito político a través de un espectáculo público. El foco no se detiene en las autoridades; baja al suelo.

Cerdà entra y sale del cortejo. Se detiene en los pueblos por los que pasa el féretro, en las carreteras donde la gente espera, en los hospitales donde alguien muere esa noche sin que nadie pronuncie su nombre. Reconstruye escenas mínimas: una madre que no encuentra al hijo, un guardia que intenta ordenar el caos, un campesino que mete las manos en el bolsillo mientras decide si saluda o no. La polifonía es el método: documentos, diarios, informes, cartas, prensa local. Se nota el trabajo de archivo, pero el texto no regala pesadez; al contrario, fluye con capítulos que funcionan como ventanas sucesivas. La estructura en secuencias permite una lectura que avanza con ritmo, sin perder densidad.

Lo decisivo es el desplazamiento del punto de vista. La narración no avala ni replica el relato falangista de 1939; lo desnaturaliza. Al contar lo que ocurría a los lados del cortejo —los silencios, las ausencias, las preguntas que nadie podía hacer en voz alta—, el libro muestra cómo una coreografía política se sostiene sobre los cuerpos de los demás. Esa mirada, crítica y no panfletaria, vuelve legibles las contradicciones de un país que empezaba la posguerra entre el triunfalismo oficial y la miseria real. «Presentes» no pretende ser la última palabra sobre el episodio; ofrece un mosaico riguroso que obliga a repensarlo.

La escritura acompaña esa ambición. Las escenas están dibujadas con adjetivos sobrios, casi cinematográficas. No hay giros barrocamente subrayados; hay precisión. Los diálogos, cuando aparecen, son cortos, verosímiles, tomados de fuentes primarias o reconstruidos con cuidado. La geografía y el clima —el polvo, la noche fría, la humedad que cala— son protagonistas discretos. Y de fondo, una tensión ética: ¿qué hacer con los símbolos que colonizan la memoria? El libro responde con periodismo: poner los hechos en orden y narrarlos de forma clara, sin dejar fuera lo incómodo.

El método y el estilo

Cómo trabaja un narrador cívico

El método Cerdà combina tres movimientos. Primero, el rastreo minucioso de documentación: expedientes, hemerotecas, memorias privadas, correspondencias. Segundo, el trabajo de territorio: recorrer los lugares, hablar con quienes conservan la historia en los cajones o en la cabeza, observar los silencios. Tercero, la carpintería narrativa: ordenar el material para que respire sin perder información, montar el cruce de voces para que se entiendan sin necesidad de notas al pie. Es un modo de hacer que se acerca a la non-fiction anglosajona y a la tradición de la crónica hispanoamericana, pero con un sello propio: una economía expresiva que evita el exhibicionismo.

En términos de estilo, su prosa mezcla registros: puede pasar del tecnicismo documental a una expresión coloquial si la escena lo pide. El resultado no es una escritura plana; es una escritura porosa, abierta a la cadencia de la lengua hablada y atenta al detalle significativo. Cerdà confía en el dato como motor del relato, y por eso sus metáforas son contadas y funcionales. Cuando una imagen aparece, está al servicio de la escena. Lo mismo ocurre con la primera persona: aparece lo justo para dar posición (dónde está el narrador, qué ve), nunca para monopolizar la página.

Hay, además, una ética de la escucha. En sus libros, las personas que hablan no son pretextos; son protagonistas. La reproducción de sus palabras, cuando procede, respeta las inflexiones y evita la caricatura. Esto es especialmente visible en «Los últimos», pero también en «Presentes», donde el autor contrapone la solemnidad de la ceremonia oficial a lo que se decía —o no se decía— a pie de carretera. Ahí se juega su poética de los invisibles: rescatar las experiencias de quienes no decidieron nada y, sin embargo, vivieron las consecuencias de todo.

Su implantación en el ecosistema editorial también ha influido en la atención a la forma. La edición cuidada, la respiración de los capítulos, las aperturas que enganchan sin trampas, los cierres que no clausuran sino que desplazan la mirada: todo está pensado para que el lector avance con claridad. Y cuando un párrafo busca pausa, aparece una frase breve que asienta el sentido. Así levanta la música de sus libros: compás largo y, de repente, un golpe seco que ordena.

Recepción, premios y proyección internacional

«Presentes» llegó a librerías en septiembre de 2024 y encadenó un consenso crítico poco habitual en un mercado tan fragmentado. Desde suplementos culturales a emisoras de radio, de clubes de lectura a festivales, el libro se leyó como la confirmación de un autor en plenitud. El Premio Nacional de Narrativa 2025 cristaliza todo eso. Es un reconocimiento público que sitúa a Cerdà en la primera línea de la narrativa española de no ficción, un territorio donde conviven reportaje literario, crónica histórica y ensayo con voluntad narrativa.

El impacto no se ha quedado en el circuito español. «Presentes» cuenta con traducciones en marcha y distribución en varios países, síntoma de que la obra dialoga con un interés global por entender los mecanismos de construcción de mitos políticos en sociedades traumatizadas por la violencia. La figura de Primo de Rivera y la coreografía del cortejo son, sí, materiales españoles; la reflexión sobre el uso de la muerte como herramienta de propaganda es universal. De ahí que el libro se lea fuera como una radiografía extrapolable de otros contextos.

En paralelo, la trayectoria previa de Cerdà ha ido sumando reconocimientos que, vistos ahora, parecían anunciar el paso que supone el Nacional. «El peón» se convirtió en fenómeno de librería y consolidó su presencia internacional; «14 de abril» ganó un premio de no ficción y reforzó su relación con lectores interesados en la memoria histórica contada con rigor y sin consignas. En 2025, RNE distinguió a «Presentes» con El Ojo Crítico de Narrativa, un aval de prescriptores culturales que suele anticipar la conversación literaria del año.

Conviene subrayar otro aspecto de la recepción: la capacidad de diálogo de sus libros con lectores de generaciones distintas. Gente joven que se acerca a la historia reciente desde la crónica, lectores veteranos que buscan reconstrucciones sin complacencia, profesionales del periodismo que encuentran en la obra un ejemplo de cómo contar hechos con estructura y ritmo. Esa transversalidad explica, en buena medida, que «Presentes» haya trascendido la barrera de los temas considerados “de minorías”.

Paco Cerdà en el mapa de la narrativa española actual

El panorama español de los últimos años ha visto crecer una zona fértil entre la historia y la narración. La no ficción literaria —llámese crónica, ensayo narrativo, documental de largo aliento— ha ganado presencia gracias a autores que investigan con método y cuentan con pulso. En ese mapa, Cerdà ocupa un lugar reconocible: el del narrador cívico que mira la historia por su costado humano. No es el único, pero su combinación de archivo, territorio y prosa clara lo ha vuelto diferencial.

Su aporte se entiende, también, como respuesta a un tiempo marcado por la batalla de relatos. La memoria histórica ocupa titulares, suscita debates, polariza. En ese contexto, una obra que opta por el detalle verificable y el mosaico de voces contribuye a desenfocar los clichés y a devolver complejidad. «Presentes» funciona, en ese sentido, como una contraescena: frente a la ceremonia de 1939 —su grandilocuencia, su aparato—, el libro propone mirar lo que había en las cunetas, en las estaciones, en los portales. Lo que no salía en la foto.

Cerdà, además, pone en circulación una estética de la contención poco común en los tiempos de la hipérbole. No huye del empuje emocional, pero nunca pierde de vista el dato. El lector sale de sus libros con información nueva y con una idea más matizada del pasado. Esa combinación —experiencia de lectura y aprendizaje— es la que sostiene su lugar en el canon reciente de la no ficción española. Que el Nacional de Narrativa recaiga en un libro de este perfil no es una anécdota; es un signo del movimiento de fondo que vive la literatura española: contar lo real con ambición formal.

La proyección futura, previsible, pasa por dos líneas. Una, el despliegue internacional de «Presentes», que permitirá contrastar la lectura española con otras latitudes. Dos, la evolución temática de su obra. En su bibliografía hay constantes —los márgenes, las vidas pequeñas, los momentos-charnière de la historia—, pero también riesgo. La elección de Pomar fue una apuesta; el dispositivo de «14 de abril», otra; el viaje fúnebre de 1939, la última. Esa vocación de ninguna zona de confort suele traer libros que importan.

Un retrato que queda: datos, ritmo y memoria

La pregunta por quién es Paco Cerdà tiene ahora una respuesta nítida. Es un escritor de no ficción que ha encontrado una forma personal de contar la historia reciente de España: escuchando a quienes no suelen ser escuchados, buscando en archivos y hemerotecas, ordenando la información con ritmo de relato. Es, también, un periodista que asumió el reto de escribir largo sin perder tensión ni claridad. «Presentes», el libro que lo ha hecho ganador del Nacional de Narrativa 2025, es la confirmación de ese camino: una investigación narrativa sobre el ritual fúnebre que, a finales de 1939, transformó un cadáver en símbolo político y convirtió a un país exhausto en escenografía.

El valor del libro reside en su capacidad para cruzar planos: la propaganda y lo cotidiano, el mito y el cansancio, la retórica de la victoria y la geografía del duelo. Lo hace sin pirotecnia, con una prosa de precisión, con escenas que quedan en la cabeza. No hay impostación, hay oficio. Y hay una idea que vertebra toda la obra de Cerdà: los hechos importan, los nombres importan, las vidas concretas importan. Cuando la literatura los rescata del rumor de fondo y les da forma, ocurre esto: un libro que permanece y un autor que ya no es una promesa, sino un referente.

Desde hoy, su firma arrastra un peso nuevo. No cambian sus temas por decreto, ni se transforma su manera de escribir por el brillo de un premio, pero sí se ensancha el alcance de su voz. Más lectores, más discusión pública, más traducciones. Y una responsabilidad: seguir mirando donde no se mira, seguir anotando lo que a veces se deja pasar. Quien se acerque ahora a Cerdà con «Presentes» encontrará, a la vuelta de la última página, una puerta abierta a sus otros títulos. Ahí entenderá mejor de dónde viene este autor y por qué su reconocimiento no es coyuntural. Porque la memoria se hace de historias concretas y alguien tiene que contarlas con paciencia, sin levantar la voz, con datos firmes y una narración que avanza. Ese alguien, hoy, tiene nombre y apellido. Paco Cerdà.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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