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Chloe Malle toma las riendas de Vogue América: su perfil
Su trayectoria reúne periodismo, edición digital y pódcast en una transición que mantiene a Anna Wintour en la estructura global.

Chloe Malle fue nombrada en septiembre de 2025 responsable de los contenidos editoriales de Vogue en Estados Unidos, el puesto que la sitúa al frente de la revista y de su cobertura digital. No llega desde otra cabecera ni como una figura ajena a la redacción: llevaba más de una década trabajando en distintas áreas de la publicación, desde la cobertura social hasta la dirección de Vogue.com. Su ascenso es, ante todo, el de una editora formada dentro de la propia casa.
El relevo no supone la salida de Anna Wintour de Condé Nast. Wintour dejó la responsabilidad cotidiana de la edición estadounidense, pero conserva funciones globales como directora editorial de Vogue y jefa de contenidos de la compañía. La nueva etapa combina, por tanto, una responsable editorial para Vogue US con la continuidad de Wintour en la estructura internacional, una distinción importante para entender quién toma las decisiones y cómo se reparte ahora el liderazgo.
Un nombramiento dentro de una transición más amplia
La designación de Malle se anunció el 1 de septiembre de 2025 y se difundió al día siguiente. La compañía la nombró jefa de contenido editorial de la cabecera estadounidense, una función que abarca la orientación de la revista y el conjunto de su cobertura digital. En español suele describirse como directora o editora principal, aunque el título oficial en inglés es Head of Editorial Content. No es solo una nueva firma en la cabecera: implica dirigir el trabajo editorial de la edición estadounidense.
La transición venía preparándose desde junio, cuando Wintour comunicó que buscaba a una persona para ocupar el puesto al frente de Vogue US. Su decisión de apartarse de esa tarea concreta no equivalía a abandonar la revista ni el grupo editorial. La veterana editora seguiría centrada en el desarrollo global de Vogue y en actividades de Condé Nast, incluidos proyectos y eventos internacionales. El cambio separa responsabilidades que durante años estuvieron concentradas en una figura muy visible.
Ese matiz ayuda a evitar una lectura demasiado simple del relevo. Malle dirige la edición estadounidense, pero su trabajo se desarrolla dentro de una marca internacional con coordinación global y bajo la supervisión de Wintour. La nueva editora no hereda todas las funciones de su predecesora, del mismo modo que Wintour no desaparece del mapa editorial. Hay un cambio de mando operativo, no una ruptura completa con la etapa anterior.
La división también refleja cómo ha cambiado el alcance de una revista de moda. Vogue ya no se limita a preparar números impresos: publica a diario en su web, produce contenidos en audio y vídeo y participa en acontecimientos que amplían la vida de la marca más allá de las páginas. El cargo de Malle está ligado a esa variedad de formatos y a la coordinación de una agenda editorial continua. La revista sigue siendo el centro de la función, pero ya no es su único escenario.
Una infancia entre Nueva York y dos tradiciones culturales
Chloé Françoise Malle nació en Nueva York el 8 de noviembre de 1985. Es hija de la actriz estadounidense Candice Bergen y del director de cine francés Louis Malle, una combinación familiar que la vinculó desde niña con dos ámbitos culturales distintos. Su nacionalidad es estadounidense y francesa. La moda no es el único marco de su biografía: también forman parte de ella el cine, la interpretación y la vida cultural a ambos lados del Atlántico.
La familia se trasladó a Los Ángeles en 1987, cuando Bergen obtuvo un papel en la serie de televisión Murphy Brown. Louis Malle, que trabajaba entre Francia y Estados Unidos, visitaba con frecuencia a su mujer y a su hija en California. En 2000, Bergen y Chloe regresaron a Nueva York. Ese recorrido entre ciudades ayuda a situar una infancia atravesada por distintas escenas culturales, aunque no permite reducir su trayectoria profesional a su entorno familiar. El contexto explica parte de su familiaridad con el mundo artístico, no sustituye el recorrido que construyó después.
Malle estudió literatura y escritura en la Universidad de Brown, donde también editó un periódico semanal. Además, realizó un intercambio académico en la Universidad de la Sorbona, en París. Esa formación ofrece una pista más concreta sobre su perfil: antes que una trayectoria centrada exclusivamente en la industria de la moda, su preparación combina lectura, escritura y práctica editorial. La base de su oficio está en trabajar con historias y lenguaje, además de conocer el sector que las publica.
Su apellido ha llamado la atención desde que se anunció el nombramiento, porque sus padres son figuras conocidas. Esa circunstancia forma parte de su historia pública y sería artificial ignorarla; también sería insuficiente usarla como explicación única de su carrera. Malle pasó por distintos puestos en una redacción y sumó experiencia en prensa, edición digital y audio. La notoriedad familiar puede abrir una conversación sobre privilegio, pero no cuenta por sí sola qué trabajo hizo ni qué responsabilidades asumió.
De la prensa local a los distintos puestos de Vogue
Después de graduarse, Malle hizo prácticas en el New York Observer y llegó a trabajar como redactora. En sus primeros años también cubrió asuntos inmobiliarios y colaboró con la sección de estilo de The New York Times. Su entrada en el periodismo, por tanto, no comenzó directamente con la dirección de una revista de moda: se formó en tareas de redacción y en medios con ritmos y públicos distintos. Ese recorrido previo le dio experiencia en el trabajo periodístico antes de asumir funciones de mayor alcance dentro de Vogue.
En 2011 se incorporó a la revista como editora social. Desde ese puesto se ocupó de la cobertura de bodas y acontecimientos sociales, además de participar en temas de moda, política, hogar, belleza y salud. La sección podía parecer asociada al brillo de las celebraciones, pero exigía también planificación, selección de historias y coordinación editorial. Fue su primer puesto estable en Vogue y el comienzo de una relación profesional que se prolongó durante años.
Entre 2016 y 2023 trabajó como redactora colaboradora. Escribió artículos, supervisó proyectos especiales y participó en la edición de sesiones fotográficas. En paralelo, sus textos aparecieron en medios como The New York Times, The Wall Street Journal, Architectural Digest, Marie Claire y Town & Country, entre otros. Esa actividad amplió su experiencia más allá de una sola sección y la familiarizó con distintos registros, desde el perfil hasta la pieza de estilo. Su carrera combinó escritura propia y trabajo de edición, dos tareas que no siempre coinciden en una misma trayectoria.
Antes de asumir la dirección editorial, Malle también cursó estudios de posgrado en salud pública, aunque finalmente su camino profesional siguió en el periodismo. El dato ayuda a entender que su entrada en la moda no fue necesariamente el resultado de un plan lineal trazado desde la universidad. La propia trayectoria muestra una aproximación gradual: primero la prensa, después la edición social y, con el tiempo, responsabilidades más amplias. Su carrera se construyó por etapas, no mediante un salto directo desde la formación al cargo actual.
La etapa al frente de Vogue.com
En otoño de 2023 Malle pasó a dirigir Vogue.com. La función la colocó en el centro del trabajo digital de la publicación, con una audiencia que accede a sus contenidos de forma distinta a quien compra o consulta la revista impresa. La web exige publicar con continuidad y atender tanto la actualidad como las historias que pueden interesar durante más tiempo. La experiencia digital es uno de los antecedentes más relevantes para entender por qué fue elegida para liderar toda la edición estadounidense.
Durante su etapa, el tráfico directo a la web se duplicó, según los datos divulgados al anunciar su nombramiento. También se comunicó que Vogue.com alcanzaba de forma consistente 14,5 millones de visitantes únicos mensuales. Esas cifras describen el crecimiento de la plataforma, aunque por sí solas no demuestran qué parte corresponde a una decisión individual ni cómo se distribuye el éxito entre equipos, inversión y cambios de audiencia. El dato cuantifica el contexto de su gestión, pero no debe confundirse con una medida aislada de mérito personal.
La cobertura de grandes acontecimientos, como la Met Gala y Vogue World, contribuyó al crecimiento de distintas métricas digitales, entre ellas las visitas y el tiempo de permanencia. Malle impulsó también boletines dirigidos por editores y proyectos recurrentes como Dogue, dedicado a los perros, y la Vogue Vintage Guide, centrada en la ropa de archivo y segunda mano. La apuesta fue ampliar los formatos y dar continuidad a temas que podían convertirse en secciones reconocibles.
La sección de bodas también adquirió más peso durante ese periodo. La producción de contenidos aumentó un 30%, de acuerdo con la información difundida por la publicación, y se registró una participación elevada de la audiencia. Su experiencia inicial en la cobertura social encontraba así una escala distinta: ya no solo se trataba de coordinar noticias de bodas, sino de desarrollar una sección digital con identidad y alcance propios. La continuidad entre sus primeros años en Vogue y su etapa web es más clara de lo que sugiere un simple cambio de cargo.
El pódcast como otra forma de hacer periodismo
Desde 2022 Malle copresenta The Run-Through with Vogue junto a Chioma Nnadi, editora británica que también ha ocupado puestos de responsabilidad en Vogue. El programa semanal aborda noticias de moda y cultura mediante entrevistas y conversaciones. El formato de audio obliga a sostener una idea sin depender de fotografías o titulares en pantalla; el tono, la escucha y la claridad adquieren un peso particular. Para una editora que debe orientar contenidos en varias plataformas, el pódcast añade experiencia directa en narración oral.
La importancia de este trabajo no está en que el audio vaya a reemplazar a la revista o a la web, sino en que permite desarrollar una historia de otra manera. Una conversación puede dejar espacio a los matices y a la voz de quienes participan, mientras una pieza escrita organiza la información con otros recursos. La experiencia de Malle en ambos formatos resulta pertinente para un medio que publica en papel, internet y audio. El reto consiste en adaptar una historia al canal sin convertir cada formato en una copia del anterior.
El historial de la editora incluye entrevistas y artículos sobre figuras de la literatura y la cultura, junto con reportajes y proyectos especiales. Ese repertorio no permite anticipar qué temas priorizará en su nuevo puesto, pero sí muestra que su trabajo en Vogue ha abarcado asuntos que exceden la ropa y las pasarelas. La moda aparece en su carrera como un punto de entrada a la cultura, no como un límite temático.
Qué cambia en Vogue con una nueva responsable editorial
La responsabilidad de Malle consiste en fijar la dirección editorial de Vogue en Estados Unidos y guiar su cobertura digital. En la práctica, eso implica coordinar equipos y decidir qué historias ocupan espacio, qué enfoques se desarrollan y cómo se distribuyen entre los distintos formatos. No significa que una sola persona escriba cada artículo ni que controle por sí misma todas las decisiones comerciales de Condé Nast. Dirigir una publicación es ordenar un trabajo colectivo y darle coherencia ante sus lectores.
La presencia de Wintour en la estructura global añade una dimensión particular al relevo. Malle asume la edición estadounidense mientras su predecesora conserva responsabilidades de alcance internacional y permanece como mentora. Esa combinación puede aportar continuidad en una organización que comparte marca y proyectos entre países, aunque también deja claro que la nueva directora no opera al margen de la jerarquía editorial. Su autonomía se ejerce dentro de una estructura donde Wintour sigue teniendo influencia global.
En ese equilibrio se juega una parte sustancial del nuevo periodo: mantener una identidad reconocible y, al mismo tiempo, responder a hábitos de lectura que han cambiado. El público puede llegar a Vogue por una portada, una noticia en la web, un episodio de audio o la cobertura de un evento. La labor editorial consiste en que esa variedad no convierta a la marca en una suma de piezas desconectadas. La continuidad no exige repetir las fórmulas de Wintour, sino conservar una línea reconocible mientras cambian los formatos.
La selección de contenidos también establece qué entiende la revista por moda. Una publicación puede tratarla como ropa y tendencias, o relacionarla con el cine, la política, el diseño, la cultura popular y la vida cotidiana. La trayectoria de Malle en secciones diversas y en contenidos digitales ofrece experiencia para trabajar en ese terreno amplio, pero no permite dar por hecho cuál será el tono de sus futuras decisiones. El nombramiento abre una etapa; sus prioridades editoriales se medirán por lo que publique, no solo por su biografía.
El legado de Wintour y la sombra de la cultura popular
Anna Wintour dirigía la edición estadounidense desde 1988 y su nombre quedó asociado durante décadas a la imagen pública de Vogue. Su influencia se extendió más allá de la revista, en parte por su presencia en la industria y por su papel en acontecimientos como la Met Gala. Esa herencia establece un punto de comparación inevitable para quien ocupa ahora la dirección editorial, pero no convierte el trabajo de Malle en una simple continuación del estilo de su antecesora. El desafío es recibir una institución de gran peso sin quedar reducida a la tarea de imitarla.
La cultura popular ha hecho más visible esa comparación. Candice Bergen, madre de Malle, interpretó a la editora Enid Frick en la serie Sex and the City. Por otra parte, la película El diablo viste a la moda convirtió a Miranda Priestly, personaje inspirado en parte en la figura pública de Wintour, en un símbolo de la jefa implacable de una revista. Cuando se conoció el relevo de 2025, la coincidencia entre ficción y actualidad despertó comentarios. Son asociaciones culturales llamativas, pero no explican cómo se organiza una redacción ni quién toma sus decisiones.
La película se estrenó en 2006 y su trama presenta a una editora que se enfrenta a la posibilidad de ser sustituida. Esa semejanza superficial con cualquier sucesión en Vogue puede alimentar titulares, aunque la realidad corporativa es bastante menos novelesca: Wintour conserva funciones globales y Malle ocupa una responsabilidad editorial concreta. La historia real no reproduce el argumento de ficción, aunque ambas compartan el imaginario de una revista de moda y una sucesión de poder.
Fuera de esas referencias, la vida personal de Malle se mantiene en un plano relativamente discreto. Se casó con Graham McGrath Albert en 2015 y la pareja tiene dos hijos. Los datos ayudan a completar su perfil, pero no son la clave para interpretar su nombramiento, que se apoya en su experiencia dentro de Vogue y en su trabajo periodístico. Su vida familiar pertenece a su biografía; la razón profesional del ascenso se encuentra en su trayectoria editorial.
Una editora ante el futuro de una cabecera histórica
La historia de Malle reúne elementos que suelen presentarse por separado: una familia conocida, formación literaria, experiencia en medios y años de trabajo dentro de una marca internacional. Ninguno basta por sí solo para explicar el cargo. El recorrido cobra sentido al observar la progresión desde la redacción y la edición social hasta la dirección de Vogue.com y, finalmente, la jefatura de contenidos de la edición estadounidense. Su nombramiento corona una carrera interna y, a la vez, la coloca ante una escala de responsabilidad nueva.
La transición tampoco permite anticipar una transformación radical de la revista. Malle conoce sus plataformas y su funcionamiento; Wintour conserva una posición global; y el trabajo editorial depende de equipos que ya producían contenidos en formatos distintos. Lo más preciso es hablar de una nueva responsable al frente de la edición estadounidense, no de un borrón y cuenta nueva. La novedad está en quién dirige el día a día y en cómo evolucionará la marca bajo ese liderazgo.
Para los lectores, el cambio se hará visible menos en el título del cargo que en las historias que Vogue decida contar y en la manera de hacerlo. Una web con actividad diaria, una revista impresa, un pódcast y grandes coberturas necesitan criterios compartidos, pero no idénticos. Malle llega con experiencia en esa convivencia de formatos y con el peso de una cabecera cuya historia precede a su propia carrera. El reto será mantener la autoridad de Vogue sin confundir tradición con inmovilidad.
Anna Wintour seguirá formando parte del paisaje global de la publicación, pero la edición estadounidense tiene ahora otra responsable editorial. Chloe Malle no hereda una página en blanco: recibe una marca poderosa, una estructura internacional y una audiencia acostumbrada a verla cambiar sin perder su nombre. Su etapa se definirá en la tensión entre ese legado y las historias nuevas que consiga poner en el centro.

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