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Tecnología

TikTok en EEUU: quién posee la plataforma y quién decide

La mayoría accionarial cambió de manos, pero la influencia sobre tecnología y moderación aún exige matices.

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Quién controla TikTok en EEUU

TikTok opera en Estados Unidos bajo una nueva sociedad, TikTok USDS Joint Venture LLC, en la que ByteDance conserva una participación minoritaria del 19,9%. El 80,1% restante corresponde a inversores y socios estadounidenses, con Oracle, Silver Lake y MGX entre los principales participantes. El cambio desplaza el control formal de la propiedad fuera de la matriz china, pero no resuelve por sí solo quién influye en cada decisión sobre la aplicación, sus datos o sus recomendaciones.

La reestructuración, confirmada el 22 de enero según la información disponible, responde a la presión de la legislación estadounidense que exigía separar TikTok de ByteDance o afrontar una prohibición. La nueva estructura permite que la plataforma continúe funcionando en el país, aunque deja una cuestión más compleja que el reparto de acciones: ser dueño de una empresa no equivale necesariamente a controlar todos sus componentes. La gobernanza, la tecnología, el acceso a datos y la moderación tienen responsables distintos y pueden depender de acuerdos que no se ven desde la pantalla del móvil.

Una mayoría estadounidense sustituye al control de ByteDance

La pieza central del acuerdo es la creación de una entidad específica para las operaciones estadounidenses. ByteDance, con sede en China, mantiene una participación del 19,9%, mientras que el 80,1% queda en manos de una combinación de inversores y socios estadounidenses. Oracle, Silver Lake y MGX figuran como los principales inversores gestores, con un 15% cada uno. El resto se distribuye entre otros participantes, entre ellos un vehículo de inversión vinculado a la familia del empresario Michael Dell, según la información publicada sobre el pacto.

El reparto importa porque cambia quién tiene la mayoría accionarial y quién ocupa una posición formal para supervisar el negocio en Estados Unidos. No significa, sin embargo, que cada socio gestione por separado una parte de la aplicación ni que un accionista pueda decidir unilateralmente qué vídeos aparecen en el feed. La nueva sociedad concentra la operación bajo una estructura común y debe responder a las condiciones del acuerdo. La participación mayoritaria marca una diferencia de propiedad y gobierno corporativo, pero para entender el poder efectivo hay que mirar también las funciones asignadas a la dirección y al consejo.

El consejo de administración de la joint venture está compuesto por siete miembros e incluye a Shou Zi Chew, consejero delegado global de TikTok. Adam Presser, antiguo responsable de operaciones y de confianza y seguridad, ha sido nombrado director ejecutivo de la nueva entidad, de acuerdo con los datos de referencia. La elección sitúa al frente a una persona familiarizada con áreas sensibles de la plataforma, aunque el nombramiento no elimina la necesidad de comprobar cómo se reparten en la práctica las facultades entre la dirección, los inversores y ByteDance.

Qué papel tienen Oracle, Silver Lake y MGX

Los tres socios con mayor visibilidad en el acuerdo tienen perfiles distintos. Oracle es una empresa tecnológica estadounidense que participa en la infraestructura y en los servicios informáticos de TikTok; Silver Lake es una firma de inversión; y MGX es un fondo con sede en Abu Dabi. Cada uno posee un 15% y figura como inversor gestor. Que estén juntos en la estructura no implica que sus tareas sean idénticas: el peso accionarial, la supervisión empresarial y la prestación de servicios tecnológicos son formas diferentes de intervenir en un negocio.

La presencia de Oracle resulta especialmente relevante porque conecta el debate sobre la propiedad con el funcionamiento cotidiano de la plataforma. La compañía ha intervenido en el alojamiento y la infraestructura informática, ámbitos que influyen en dónde se procesan determinados servicios y cómo se recuperan ante fallos. Pero operar centros de datos o proporcionar tecnología no convierte automáticamente a un proveedor en dueño de todos los datos ni en árbitro de cada decisión editorial. Infraestructura y control de contenidos son capas relacionadas, pero no intercambiables.

El acuerdo no ha divulgado cuánto pagaron los nuevos participantes por sus participaciones, por lo que no hay una cifra confirmada del valor de la operación en la información disponible. Tampoco conviene deducir el poder de cada actor únicamente del porcentaje que posee. Un accionista puede tener derechos de gobierno y, al mismo tiempo, depender de contratos y reglas internas para influir en decisiones concretas. El alcance real del control se entiende mejor siguiendo quién administra la sociedad, quién aporta la tecnología y quién conserva acceso o responsabilidades sobre los sistemas compartidos con la matriz.

La separación legal no corta todos los vínculos tecnológicos

La exigencia estadounidense surgió de una ley aprobada en 2024, conocida por obligar a ByteDance a desprenderse de TikTok o afrontar la retirada de la aplicación del mercado. El argumento de seguridad nacional se centraba en dos riesgos posibles: que el Gobierno chino pudiera acceder a información de usuarios estadounidenses o que influyera en lo que estos ven mediante el control de la plataforma. TikTok ha sostenido que esas preocupaciones carecen de fundamento, mientras que los legisladores que promovieron la norma consideraron que la relación con ByteDance planteaba un riesgo que debía reducirse.

La reestructuración intenta responder a ese conflicto mediante una mayoría accionarial estadounidense y una entidad separada para las operaciones locales. La separación corporativa, sin embargo, no significa que desaparezcan de un día para otro todas las dependencias técnicas o comerciales entre la aplicación estadounidense y el resto del ecosistema de TikTok. Una red social global necesita coordinar software, publicidad, herramientas de creación y circulación de contenidos. La prueba decisiva no es solo quién figura en el registro accionarial, sino qué facultades conserva cada parte sobre los sistemas que permiten que el servicio funcione.

La nueva estructura también se extiende, según la información de referencia, a otras aplicaciones del grupo, entre ellas CapCut y Lemon8. No se trata de servicios idénticos: CapCut ofrece herramientas de edición y Lemon8 tiene un formato de red social distinto. Pero su inclusión importa porque comparten un entorno empresarial y pueden formar parte del recorrido que va desde la creación de un vídeo hasta su publicación y difusión. Ese paraguas común amplía el alcance de la supervisión de la joint venture más allá de la aplicación principal, aunque no permite concluir que todas las decisiones de cada producto se tomen de la misma manera.

El algoritmo y la moderación siguen siendo el centro de la disputa

El sistema de recomendaciones es uno de los activos más delicados de TikTok. Decide qué publicaciones aparecen con mayor frecuencia para cada usuario y aprende de las interacciones con los vídeos. Cambiar quién posee la operación local no revela por sí mismo quién controla el código, cómo se actualiza ni qué reglas se aplican a sus resultados. El acuerdo contempla garantías relacionadas con la seguridad del algoritmo, los datos, el software y la moderación, además de medidas para mantener una experiencia conectada con el servicio global. Son compromisos relevantes, pero la existencia de una salvaguarda anunciada no demuestra por sí sola cómo se aplica cada día.

Para los usuarios, el control de contenidos se vuelve visible cuando un vídeo deja de circular, obtiene menos visualizaciones o no aparece en recomendaciones. Esas señales pueden deberse a muchas causas: un cambio en el sistema, una decisión de moderación, una limitación técnica o una variación normal en la distribución de publicaciones. Sin acceso a los registros internos de la plataforma, una caída en las métricas no basta para probar que hubo censura. A la inversa, que la empresa atribuya un problema a un fallo técnico tampoco permite descartar cualquier otra explicación sin pruebas independientes.

La ley y la reorganización tampoco zanjan el debate sobre la libertad de expresión. TikTok y algunos usuarios impugnaron la norma por considerar que afectaba a derechos protegidos; los legisladores defendieron que la cuestión principal era el control de una empresa matriz extranjera, no el contenido de cada publicación. La tensión está en que una medida orientada a reducir riesgos de seguridad puede alterar quién gobierna una plataforma donde millones de personas se informan y expresan. El cambio de dueño modifica el marco de responsabilidad, pero no garantiza que desaparezcan las controversias sobre moderación.

Una caída técnica alimentó las sospechas de censura

La desconfianza cobró fuerza durante una interrupción atribuida por TikTok a una tormenta invernal que afectó un centro de datos principal de Oracle. La compañía explicó que un corte de energía generó problemas de red y almacenamiento en miles de servidores. La incidencia repercutió en funciones centrales de la aplicación en Estados Unidos: publicar, descubrir vídeos y consultar en tiempo real datos como los me gusta y las visualizaciones. TikTok informó después de que sus funciones básicas se habían restablecido, tras trabajar con Oracle para recuperar los sistemas afectados.

El momento coincidió con críticas de usuarios que denunciaban una menor visibilidad de contenidos políticos, en particular publicaciones sobre el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas y las protestas en Mineápolis posteriores a la muerte de Alex Pretti, el 24 de enero. La cantante Billie Eilish también expresó en Instagram su preocupación por el silenciamiento de usuarios. La proximidad entre los fallos técnicos y esas acusaciones hizo que algunos vincularan ambos hechos, aunque la coincidencia temporal no establece por sí sola una relación causal.

Las anomalías en las métricas pueden resultar difíciles de interpretar desde fuera. Si una publicación no suma visualizaciones o un usuario no puede cargar comentarios, el problema podría estar en la conexión, el almacenamiento o la actualización de datos, no necesariamente en una intervención sobre el contenido. La explicación de la empresa atribuyó la incidencia a la infraestructura afectada por el temporal; esa explicación describe el mecanismo técnico comunicado, pero no constituye una investigación independiente de cada queja. Un fallo de servicio y una decisión de moderación pueden producir efectos parecidos para quien usa la aplicación, aunque tengan causas distintas.

La interrupción mostró, además, por qué la participación de Oracle no es un detalle secundario. La infraestructura sostiene tareas que el usuario percibe como inmediatas, desde cargar un vídeo hasta actualizar una cifra de reproducciones. Cuando una pieza de esa cadena falla, el servicio puede parecer selectivamente alterado incluso si el origen está en un problema general de red o almacenamiento. La evaluación requiere distinguir entre errores extendidos que afectan a muchas funciones y decisiones concretas sobre publicaciones, algo que no siempre puede resolverse observando una pantalla individual.

Trump influyó en el proceso, pero no es el propietario

Donald Trump tuvo un papel político importante en la continuidad de TikTok en Estados Unidos. Durante su primer mandato intentó impulsar una prohibición y, más adelante, defendió que la aplicación debía seguir disponible mediante un acuerdo. Ya como presidente, amplió los plazos para dar margen a una solución y respaldó públicamente la reestructuración con inversores estadounidenses. Esa intervención ayudó a definir el calendario y el contexto político de la operación, pero no convierte a Trump en accionista ni en administrador de la joint venture.

La diferencia es importante porque la influencia política puede condicionar una negociación sin equivaler al control jurídico de una empresa. La ley fue aprobada por el Congreso y estableció la exigencia de desinversión; las prórrogas y la forma de aplicar la norma dependieron de decisiones del Ejecutivo dentro de ese marco. Trump defendió el acuerdo y lo presentó como una salida para mantener la plataforma activa. Su capacidad para intervenir en la aplicación de la ley no debe confundirse con la propiedad de TikTok ni con una orden directa sobre qué vídeos puede ver cada usuario.

Las conexiones políticas de algunos inversores y el respaldo público de la Casa Blanca han alimentado preguntas sobre posibles influencias en el futuro de la moderación. Esa inquietud merece distinguir entre sospecha y hecho comprobado: los vínculos o apoyos políticos no prueban por sí mismos que exista una instrucción para limitar contenidos. Al mismo tiempo, que la operación tenga una mayoría estadounidense no garantiza una independencia automática frente a presiones políticas, comerciales o regulatorias. La rendición de cuentas dependerá de la transparencia de las decisiones y de la capacidad de conocer quién las toma.

Qué cambia para quienes usan TikTok en Estados Unidos

En el uso diario, la aplicación puede conservar una apariencia familiar aunque haya cambiado la entidad que dirige el negocio local. El efecto más profundo está en la supervisión corporativa, la gestión de datos y las garantías técnicas previstas por el acuerdo, no necesariamente en una diferencia visible en cada vídeo. Los usuarios pueden seguir publicando y descubriendo contenido mientras la empresa reorganiza la operación detrás de la interfaz. La continuidad del servicio no significa que nada haya cambiado: significa que la transición se está haciendo sin obligar a los usuarios a aprender una aplicación nueva.

Para creadores y anunciantes, la incertidumbre tiene otra dimensión. TikTok funciona como espacio de distribución y como parte de un ecosistema que incluye herramientas de edición y servicios vinculados. La reestructuración busca conservar conexiones globales para que los creadores estadounidenses puedan descubrir contenido de otros países y las marcas mantengan operaciones a escala, al tiempo que se aplican controles locales. El equilibrio entre autonomía y continuidad es delicado: separar por completo el servicio podría alterar funciones y relaciones comerciales, mientras que mantener vínculos amplios exige aclarar qué información y qué decisiones pueden cruzar de una entidad a otra.

La conclusión más prudente es que TikTok en Estados Unidos ya no tiene la misma estructura de propiedad que antes, pero el reparto accionarial no ofrece una respuesta completa sobre cada aspecto del poder. ByteDance retiene el 19,9%; los socios e inversores estadounidenses reúnen el 80,1%, con Oracle, Silver Lake y MGX como figuras principales. La dirección, el consejo, los proveedores tecnológicos y los reguladores intervienen en planos diferentes. El control efectivo se medirá por cómo se gobiernan los datos, el algoritmo y la moderación, no solo por quién posee la mayoría de las acciones. Ahí se decidirá si el nuevo diseño reduce de forma verificable las preocupaciones que originaron la disputa o si cambia sobre todo el nombre de quienes supervisan la plataforma.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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