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Tecnología

¿Cómo será el supercomputador de Brasil que apunta al top 10 mundial?

Brasil prepara un supercomputador de 7.200 petaflops para impulsar su IA, formar talento y reducir mucho su dependencia tecnológica exterior.

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el supercomputador de Brasil

Brasil ha puesto dinero, ubicación y calendario a una de sus apuestas tecnológicas más ambiciosas: un supercomputador especializado en inteligencia artificial que costará alrededor de 1.000 millones de reales, unos 165 millones de euros, y tendrá una capacidad anunciada de 7.200 petaflops. La intención del Gobierno es que entre en funcionamiento en 2027 y se sitúe entre las diez grandes máquinas del mundo dedicadas a tareas de IA.

La licitación forma parte de un movimiento bastante más amplio. Brasil quiere disponer de potencia de cálculo propia para entrenar modelos de inteligencia artificial, procesar enormes volúmenes de datos y ofrecer infraestructura a universidades, centros científicos, empresas y organismos públicos. Al mismo tiempo prepara un segundo centro de supercomputación con tecnología china y una estrategia nacional para desarrollar chips. Dicho de manera menos solemne: no quiere limitarse a alquilar cerebros electrónicos ajenos mientras otros países fabrican y controlan los suyos.

Un supercomputador de 7.200 petaflops en Rio Grande do Norte

El nuevo equipo será instalado en el Parque Científico y Tecnológico Augusto Severo, en Macaíba, dentro del área metropolitana de Natal, en el estado nororiental de Rio Grande do Norte. Su gestión estará vinculada al Laboratorio Nacional de Computación Científica, uno de los principales centros brasileños dedicados a computación de altas prestaciones.

La cifra que impresiona —y está hecha para impresionar— son esos 7.200 petaflops anunciados para cargas de inteligencia artificial. Un petaflop equivale a mil billones de operaciones de cálculo por segundo. La máquina podrá así afrontar entrenamientos de modelos, simulaciones científicas y análisis de datos que serían impracticables, o desesperadamente lentos, en ordenadores convencionales.

El salto respecto a la infraestructura brasileña existente es enorme. Según las estimaciones difundidas durante la presentación, el nuevo sistema ofrecerá una capacidad para IA muy superior a la del Santos Dumont, actualmente una de las referencias de la supercomputación científica del país. Brasil contaba en julio con diez sistemas incluidos en la clasificación internacional Top500, aunque Santos Dumont era el único de ellos completamente dedicado a la comunidad científica.

Estar entre los diez mayores requiere una pequeña aclaración

Conviene poner una coma técnica en medio del entusiasmo político. Los 7.200 petaflops anunciados corresponden a prestaciones orientadas a inteligencia artificial y no pueden compararse de manera automática con los resultados del ranking general Top500.

Top500 ordena los supercomputadores principalmente mediante el rendimiento obtenido en la prueba High Performance Linpack (HPL). En su edición de junio de 2026, el primer puesto corresponde al sistema chino LineShine, con 2,198 exaflops medidos en HPL, seguido por máquinas como El Capitan, Frontier, Aurora y JUPITER Booster. Existen, además, pruebas de precisión mixta mucho más próximas a las cargas utilizadas por la IA. Son reglas distintas para carreras distintas.

Por eso, cuando el Gobierno brasileño habla de colocar su equipo entre los diez mayores supercomputadores dedicados a inteligencia artificial, la afirmación debe entenderse dentro de ese contexto. Su posición definitiva dependerá de la configuración que finalmente se compre, de las pruebas de rendimiento y, claro, de lo que construyan los demás mientras tanto. En informática de altas prestaciones, un podio puede envejecer deprisa.

Cerca de 1.000 millones de reales y una condición: transferir tecnología

La licitación no busca únicamente una montaña de procesadores metida en un edificio refrigerado. Brasil pretende utilizar la compra para obtener conocimiento industrial y reducir parte de su dependencia tecnológica.

El proyecto ronda los 1.000 millones de reales y las condiciones previstas incluyen transferencia tecnológica por parte de la empresa adjudicataria, participación de proveedores brasileños y formación de aproximadamente 5.000 trabajadores locales. Medios brasileños han señalado a Nvidia como el proveedor que, por las características exigidas, estaría en mejores condiciones para satisfacer los requisitos técnicos planteados.

Es una diferencia importante. Comprar capacidad de cálculo resuelve una necesidad inmediata; aprender a operar, integrar y desarrollar alrededor de ella crea algo más parecido a un ecosistema tecnológico. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva intenta que la inversión deje también ingenieros, especialistas, empresas auxiliares y conocimiento dentro del país.

La elección del nordeste tampoco resulta neutra. La infraestructura tecnológica brasileña se ha concentrado históricamente en los grandes polos económicos y universitarios del sur y sudeste. Llevar un proyecto de esta dimensión a Rio Grande do Norte introduce una segunda lectura: la política científica también puede redistribuir inversión, empleo cualificado y capacidad tecnológica.

Brasil prepara otro supercomputador con Huawei e iFlytek

Aquí aparece la parte geopolítica. Brasil no está apostándolo todo a una sola arquitectura ni a un único socio internacional. La estrategia combina proveedores y alianzas en un momento en el que el control de la inteligencia artificial avanzada se ha convertido en terreno de competencia entre grandes potencias.

En paralelo al ordenador de Rio Grande do Norte, el Gobierno anunció un proyecto de supercomputación en Río de Janeiro mediante un acuerdo entre la Red Nacional de Enseñanza e Investigación y las compañías chinas Huawei e iFlytek. La inversión prevista alcanza los 1.276 millones de reales durante cinco años y el comienzo de las operaciones está proyectado para julio de 2027.

Este segundo sistema tendrá menor potencia que la gran máquina instalada en el nordeste, pero persigue un objetivo especialmente sensible: desarrollar modelos de lenguaje en portugués y aumentar la capacidad nacional para investigar y construir sistemas de IA.

No es un detalle lingüístico menor. Buena parte de los modelos más potentes del mercado nace entrenada sobre gigantescos corpus donde el inglés ocupa una posición dominante. Contar con infraestructura y modelos desarrollados específicamente para portugués permite trabajar mejor con documentos administrativos, legislación, educación, investigación científica o servicios públicos brasileños, sin depender completamente de plataformas diseñadas en California o Shenzhen.

Estados Unidos y China caben, de momento, en la misma sala

La arquitectura política del proyecto quizá sea tan significativa como su arquitectura informática. Brasil busca tecnología occidental para una de sus grandes máquinas y, simultáneamente, profundiza su cooperación con empresas chinas.

Lula resumió durante el anuncio la filosofía del Ejecutivo con una frase muy brasileña en su ambición: el país quiere “pensar en grande” y no considerarse inferior a estadounidenses o chinos. Más allá de la retórica presidencial, el planteamiento refleja la vieja aspiración brasileña de conservar margen de maniobra entre las grandes potencias.

En inteligencia artificial esa autonomía cuesta dinero. Mucho. Los chips avanzados, las redes ultrarrápidas, el suministro eléctrico, la refrigeración, el almacenamiento y los especialistas forman una cadena tecnológica concentrada en pocas compañías y países. La soberanía digital suena magnífica en un discurso; luego llega la factura del centro de datos.

Del supercomputador a fabricar chips propios

Brasil tampoco quiere detener el proyecto en la capacidad de cálculo. El paquete incluye una estrategia con horizonte de 10 a 15 años para desarrollar semiconductores y reducir la dependencia exterior.

La iniciativa se apoyará en RISC-V, una arquitectura abierta de conjuntos de instrucciones que permite diseñar procesadores sin depender de una arquitectura propietaria cerrada. Para un país que pretende recuperar músculo tecnológico, el atractivo es evidente: entrar por una puerta donde las patentes y licencias levantan menos muros.

El proyecto contempla cooperación con el ecosistema tecnológico de Barcelona y se integra en una estrategia brasileña que conecta supercomputación, inteligencia artificial, formación de especialistas y diseño de chips.

La batalla no consiste únicamente en tener el ordenador más rápido

Un supercomputador puede servir para entrenar grandes modelos lingüísticos, pero también para investigar nuevos medicamentos, mejorar predicciones meteorológicas, estudiar materiales, simular redes eléctricas, analizar imágenes satelitales o ejecutar cálculos científicos que requieren millones de operaciones simultáneas.

Ahí está el verdadero valor de la infraestructura. La potencia informática se ha convertido en una especie de materia prima de la economía digital. Quien dispone de ella puede experimentar; quien carece de ella compra horas de procesamiento a terceros y trabaja bajo sus condiciones.

Brasil ya había incorporado la supercomputación al Plan Brasileño de Inteligencia Artificial, un programa que contempla miles de millones de reales para infraestructura, formación, investigación y aplicación de IA en servicios públicos. La nueva licitación convierte esa declaración política en algo bastante más tangible: edificios, megavatios, procesadores y contratos.

Brasil quiere dejar de mirar la revolución de la IA desde la grada

El proyecto llegará a su verdadera prueba en 2027, cuando debería comenzar a operar la gran máquina de Rio Grande do Norte y también está previsto que avance el centro asociado a Huawei e iFlytek. Hasta entonces habrá licitaciones, contratos, obras, integración tecnológica y una dificultad nada pequeña: el mundo de la inteligencia artificial cambia a una velocidad capaz de convertir una especificación extraordinaria en una cifra corriente pocos años después.

Pero la dimensión de la apuesta queda clara. Brasil no está intentando simplemente comprar un ordenador descomunal. Busca capacidad de cálculo propia, transferencia tecnológica, especialistas, modelos en portugués y una vía hacia el diseño de semiconductores.

La prueba decisiva será menos espectacular que contar petaflops. Importará comprobar cuánto conocimiento permanece en Brasil cuando las máquinas empiecen a funcionar. Porque comprar músculo tecnológico es posible con presupuesto; construir autonomía, talento y una industria alrededor de ese músculo lleva bastante más tiempo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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