Síguenos

Ocio

Que es el MIR: todo sobre el examen, plazas y sueldo real

El MIR es el sistema que España utiliza para formar a sus médicos especialistas. Las siglas significan Médico Interno Residente y designan tanto el examen nacional de acceso como los años de residencia con contrato laboral, tutorización y evaluación continuada en hospitales y centros acreditados.

Publicado

el

Que es el MIR

Qué es el MIR, fechas 2026, plazas y sueldos: explicación del examen, elección de especialidad y residencia con datos y contexto relevantes.

El MIR es el sistema que España utiliza para formar a sus médicos especialistas. Las siglas significan Médico Interno Residente y designan tanto el examen nacional de acceso como los años de residencia con contrato laboral, tutorización y evaluación continuada en hospitales y centros acreditados. Cada año se publica una convocatoria única, se realiza una prueba tipo test el mismo día en todo el país y, con el resultado, se ordena a los aspirantes para elegir plaza de especialidad por número de orden. Es un engranaje sencillo de explicar y muy exigente en la práctica.

La convocatoria consolida el formato conocido: 200 preguntas más 10 de reserva, cuatro horas y media de duración, penalización por error y una nota final que pondera al 90% el examen y al 10% el baremo académico. El ejercicio está fijado para sábado 24 de enero, con llamamiento previo y arranque a las 14.00 (13.00 en Canarias). Sanidad oferta de nuevo un volumen récord de plazas de Formación Sanitaria Especializada, con una porción mayoritaria para Medicina, y mantiene la adjudicación telemática —con opción presencial— que se afianzó en los últimos procesos. La fotografía general queda clara desde el principio: reglas estables, más plazas que nunca y un calendario concreto.

Qué es exactamente el MIR hoy

El MIR articula la transición del graduado en Medicina al título de especialista. No es una oposición al uso, ni un máster; es formación especializada retribuida que se presta bajo supervisión y con responsabilidades crecientes a lo largo de cuatro o cinco años —según especialidad—. La residencia médica se desarrolla con un contrato laboral que fija jornada ordinaria, guardias y objetivos docentes definidos por cada programa formativo. La calidad del sistema descansa en varios pilares: estándares nacionales, comisiones de docencia, rotaciones internas y externas, evaluación anual y posibilidad de acreditación de competencias al término del itinerario.

El examen MIR funciona como un filtro nacional homogéneo. La prueba no se basa en un temario cerrado: puede abarcar todas las áreas de la Medicina con un sesgo claro hacia razonamiento clínico, interpretación de pruebas, imágenes y toma de decisiones. Esa amplitud busca evitar la memorización estanca y premiar la capacidad de resolver casos. Tras el examen, baremo y calificación se transforman en un número de orden que determina qué plaza puede elegirse y cuándo. No hay entrevista ni fase práctica posterior al examen; la elección de plaza es el momento crítico que fija destino, hospital, unidad docente y especialidad.

Este modelo, que nació en los años 70 y se consolidó con el tiempo, se ha convertido en referencia por su combinación de competencia abierta, equidad nacional y un contrato asistencial que mete de lleno al residente en la vida del servicio. Es decir, se aprende trabajando bajo supervisión real y con guardias como pieza estructural. No hay atajos, ni segundas vueltas del examen en el mismo año: la cita es única, la lista de orden también y la elección se hace por turnos hasta agotar plazas.

Convocatoria: fechas clave, plazas, requisitos y sedes

La convocatoria llega con calendario y cifras sobre la mesa. El examen se celebrará el sábado 24 de enero, con duración de 4 horas y 30 minutos y el formato vigente de 200 preguntas más 10 de reserva, de respuesta múltiple con una sola correcta. La llamada en las sedes arranca a primera hora de la tarde y el ejercicio comienza a las 14.00 (13.00 en Canarias), horario adelantado respecto a etapas anteriores para favorecer la logística y el descanso. La inscripción se realizó en septiembre mediante el modelo 790, con una tasa en torno a 31 euros para Medicina y las exenciones habituales por discapacidad o situaciones específicas. La documentación se registra por sede electrónica o en las unidades habilitadas y cada aspirante recibe confirmación de su provincia de examen.

El cupo de plazas de Formación Sanitaria Especializada roza cotas máximas por segundo año consecutivo. En el bloque de Medicina, el número supera con holgura las nueve mil vacantes, incluida la reserva para personas con discapacidad (alrededor del 7% del total del área médica). El mapa de sedes cubre todas las comunidades autónomas, con al menos una capital por territorio y aulas en ambos archipiélagos. En la organización se repite un esquema conocido: vigilantes de aula, sello de las hojas de respuesta, sobre lacrado y un protocolo muy pautado que minimiza incidencias. Las plantillas de respuestas —provisional y definitiva— siguen su calendario de publicación y el trámite de impugnaciones se realiza íntegramente online, con resolución en pocas semanas. Culminado ese proceso, llega la relación de resultados con número de orden y, después, el turno de elección de plaza, que se realiza de forma telemática en franjas horarias y también puede culminar de manera presencial en la sede ministerial.

En el apartado de requisitos, la regla es conocida: título de Licenciado o Graduado en Medicina en España o título extranjero homologado. Quien haya cursado en otros países de la UE entra por el canal de reconocimiento comunitario; los extracomunitarios necesitan homologación y, si no cuentan con autorización de residencia, se someten al cupo específico de plazas para no residentes. En todos los casos, la identificación en el examen y la verificación documental posterior se ajustan a los protocolos habituales.

Así es el examen: estructura, corrección y variables que pesan

El MIR no se gana por inercia; se gana con precisión. La estructura es estable: 210 ítems en total —200 preguntas más 10 de reserva— con cuatro opciones y una correcta. La corrección aplica reglas transparentes: +3 puntos por acierto, −1 por error y 0 por no responder. La nota final combina el 90% de la puntuación estandarizada del examen y el 10% del baremo académico (expediente universitario y méritos tasados). La baremación se expresa en una escala que se normaliza cada año para que ambas piezas —examen y méritos— sean comparables. Esa ponderación coloca el foco principal en el rendimiento del día del examen, sin anular el peso del historial académico.

No hay temario oficial; sin embargo, existe un canon funcional: Medicina Interna como eje vertebrador, más Cardiología, Neumología, Endocrinología, Pediatría, Psiquiatría, Ginecología y Obstetricia, Cirugía y Atención Primaria, con presencia relevante de salud pública y ética en algunos años. La tendencia reciente apunta a casos clínicos largos, presencia de pruebas de imagen y preguntas que obligan a jerarquizar diagnósticos o elegir el siguiente paso más coste-efectivo. La gestión del tiempo es clave: 270 minutos para 210 ítems equivalen a poco más de un minuto por pregunta, margen que se estrecha si aparecen dudas o si se invierte tiempo en pasar hojas de respuesta con cuidado.

La penalización por error castiga la precipitación. Una estrategia prudente consiste en descartar dos opciones, consolidar la probabilidad de acierto y dejar en blanco lo que quede sin base razonable. El MIR premia el criterio clínico antes que la “trivia”. También importa la resistencia: cuatro horas y media de concentración sostenida en un entorno de aula silenciosa, con mascarillas ya fuera del guion y botellín de agua como único aliado permitido, salvo adaptaciones. La experiencia de años previos indica que un buen control del ritmo —con un primer pase ágil y un segundo para pulir— suele correlacionar con notas de corte por encima de la media. La homogeneidad de la prueba entre sedes mitiga cualquier desigualdad geográfica.

La residencia paso a paso: contrato, rotaciones, guardias y sueldo

Elegida la plaza, comienza la vida de residente. R1, R2, R3, R4 y, en algunas especialidades, R5. Cada año afina competencias y amplía responsabilidades. El contrato fija una jornada ordinaria en torno a 37,5 horas semanales —según normativa autonómica— y un paquete de guardias (entre 4 y 6 al mes de media, en turnos de 17 a 24 horas, incluidos fines de semana y festivos). La tutorización la asume un médico adjunto con experiencia y el seguimiento lo supervisa una comisión de docencia. La evaluación anual —apto o no apto— marca el paso de un año a otro; el no apto puede implicar la repetición parcial o total del periodo, aunque no es frecuente si hay acompañamiento real.

En cuanto a retribución, conviene hablar con precisión y con prudencia. Las tablas salariales de residentes varían por comunidad autónoma y crecen con cada año de formación. Las cifras base en 2025 se mueven en torno a 1.300–1.550 euros brutos mensuales para un R1 sin guardias, y en torno a 1.800–2.100 euros brutos para un R5 sin guardias. A esa base se suman los complementos de guardia, que pueden duplicar la nómina con 60–90 horas mensuales adicionales, y pluses específicos (noches, festivos, turnicidad). En la práctica, un R1 con 80 horas de guardia puede situar su bruto mensual por encima de 2.400 euros, mientras que un R4–R5 con similar carga de guardias puede superar los 3.200–3.400 euros brutos. El neto depende del IRPF individual y de la situación personal. No todo es dinero: influyen carga asistencial, tamaño del hospital, exposición quirúrgica o cartera de procedimientos.

La formación no se improvisa. Cada especialidad tiene un programa oficial con rotaciones obligatorias internas y externas, actividades de investigación y sesiones clínicas. Se promueve la participación en congresos y publicaciones, y muchas unidades ofrecen rotaciones optativas en centros de referencia, incluso internacionales, si la planificación lo permite. El descanso postguardia debe respetarse y los límites de jornada también, aunque la presión asistencial en servicios tensos —Urgencias, UCI, Pediatría en picos— puede ponerlos a prueba. Las bajas y vacaciones están reguladas como en cualquier contrato público.

Elegir especialidad: demanda, cobertura de plazas y tendencias

La elección de especialidad es la decisión más determinante. El patrón de demanda mantiene constantes conocidas: Dermatología, Cirugía Plástica, Cardiología, Oftalmología, Anestesiología y Radiodiagnóstico suelen agotarse con números de orden muy bajos. Neurocirugía, Urología o Otorrinolaringología presentan también alta competitividad. En paralelo, Medicina Familiar y Comunitaria concentra el mayor número de plazas cada año y su cobertura funciona como un termómetro del sistema: en 2024 quedaron vacantes que preocuparon al sector; en 2025 se produjo un giro con cobertura completa en la adjudicación ordinaria, impulsado por incentivos autonómicos, mejoras en estabilidad y un discurso más franco sobre la necesidad de reforzar la Atención Primaria. Esa dinámica se consolida con más plazas y señales de atracción hacia el primer nivel asistencial.

Hay, además, tendencias que se mueven despacio pero de forma clara. Geriatría crece por el envejecimiento poblacional. Psiquiatría y Salud Mental mantienen alta demanda tras años de mayor visibilidad social de los trastornos mentales. Medicina Interna y Urgencias —esta última con recorrido regulatorio propio— acaparan volumen asistencial y ofrecen itinerarios versátiles. En el lado tecnológico, Medicina Nuclear, Oncología Radioterápica y Genética siguen ganando peso en hospitales, con programas que combinan clínica y física médica o biología molecular. En pediatría, la subespecialización posterior —neonatología, cardiología pediátrica, neuropediatría— marca salidas muy definidas.

La salida laboral posterior a la residencia ofrece tasas de ocupación muy altas en casi todas las especialidades, con diferencias de movilidad y estabilidad según territorio y nivel asistencial. El sector privado amplía contratación en diagnóstico por imagen, anestesia y dermatología, mientras el sector público concentra plazas en Atención Primaria, Medicina Interna, Anestesiología, Pediatría y áreas críticas. Las interinidades y concursos de traslados siguen marcando tiempos, aunque los procesos de estabilización han ganado tracción en varias comunidades.

Acceso de extracomunitarios, discapacidad y trámites clave

El MIR es un proceso abierto con cupo para aspirantes extracomunitarios sin autorización de residencia y reserva de plazas para personas con discapacidad igual o superior al 33%. Los primeros necesitan homologación del título de Medicina —trámite que conviene iniciar con meses de antelación— y el cupo limita el número de plazas adjudicables; no impide obtener buen número de orden ni elegir especialidad, pero acota la adjudicación final si la demanda supera el tope. En el turno de discapacidad, además de la reserva de plazas, se habilitan adaptaciones en el examen (tiempo extra, distribución de mesa, ayudas técnicas), previa acreditación en los plazos de inscripción.

La inscripción a la prueba se realiza por sede electrónica con certificado digital o sistema Cl@ve, subiendo documentación en formato PDF y abonando la tasa correspondiente. Es habitual que se habilite un simulador de elección para que los aspirantes ordenen preferencias y prueben escenarios antes de la adjudicación real. La elección telemática se organiza por franjas de hora según tramos de número de orden; cada aspirante tiene una “ventana” para confirmar su plaza y evitar solapamientos. Existe la opción de cerrar de forma presencial en el Ministerio si se solicita y se cumple el protocolo.

Qué esperar el día del examen y en las semanas siguientes

El día del MIR está milimetrado. Presentación con DNI o pasaporte, asignación de aula, entrega de cuadernillo y hoja de respuestas. Se permite agua y, en ocasiones, azúcar o caramelos; ningún dispositivo electrónico activo. El vigilante explica la mecánica y el examen arranca con un cronómetro único. Se recomienda revisar que código y hoja coinciden, que el rotulado sea legible y que no se dejan filas a medias en la hoja óptica. Las preguntas anulables suelen detectarse después; para eso están las 10 de reserva.

Tras la prueba, el Ministerio publica la plantilla provisional y abre el plazo de impugnaciones. En esa fase, academias, sociedades científicas y aspirantes analizan el cuestionario y proponen correcciones. Con la plantilla definitiva, llegan los resultados y el número de orden. En paralelo, se confirma el baremo académico (notas y méritos). A partir de ahí, se abre el calendario de elección de plaza. Quien no alcanza el corte o decide no elegir mantiene la libertad de presentarse el año siguiente; quien elige, firma su nombramiento como residente y se incorpora en primavera.

Un mapa de salarios y condiciones que conviene leer con lupa

España paga salarios base modestos a residentes si se comparan con países del entorno, pero el ingreso mensual real depende decisivamente de las guardias. Ese mecanismo tiene dos caras. Por un lado, acelera el aprendizaje: más horas a pie de cama, más casos complejos, más quirófanos. Por otro, puede generar fatiga si la planificación del servicio no cuida el descanso postguardia o si la presión no se compensa. Hay diferencias autonómicas relevantes en los complementos de guardia, en los nocturnos y en los festivos. También hay centros con biblioteca clínica potente, simulación avanzada y tutorías estructuradas que favorecen un crecimiento más ordenado.

El coste de la vida de cada ciudad pesa. No es lo mismo alquilar en Madrid o Barcelona que en Oviedo, Zaragoza o Alicante. Tampoco es igual un hospital comarcal con más autonomía temprana que un terciario con subespecialización ultra definida. Esa elección de plaza, por tanto, no debería reducirse a una clasificación abstracta de “mejores” especialidades, sino a la compatibilidad entre perfil profesional, proyecto vital y oportunidades reales de cada unidad. Un servicio con buen pase de guardia, sesiones clínicas, docencia semanal y tutoría accesible vale tanto como el nombre rimbombante del hospital.

Claves prácticas para navegar la elección y la residencia

El número de orden manda, pero preparar la elección con información fina marca diferencias. Las memorias docentes de cada unidad explican rotaciones, guardias y itinerarios. Las estadísticas de elección de años previos ayudan a anticipar el punto de corte de cada especialidad en cada ciudad. La realidad de los servicios —carga de trabajo, trato al residente, quirófanos, cartera de técnicas— se conoce hablando con residentes en activo y leyendo memorias. La rotación externa —cuando está disponible— permite cubrir huecos formativos: UCI neonatal, hemodinámica, trasplante, radiología intervencionista, dolor, etc.

Dentro de la residencia, documentar procedimientos, preparar sesiones, asistir a congresos y encadenar publicaciones multiplica el valor del currículo. En quirúrgicas, contar número de cirugías como primer operador y segundo aclara la calidad de la curva de aprendizaje. En médicas, altas complejas, interconsultas, polivalencia y manejo de crónicos aportan densidad clínica. En Atención Primaria, la continuidad y el trabajo comunitario son el núcleo del programa; en anestesia y UCI, la vía aérea y el soporte vital avanzado son hitos concretos. La docencia reglada y la investigación —con metodología y estadística— ya no son un extra: forman parte del perfil profesional que demandan hospitales y centros de salud.

Radiografía breve del MIR

El MIR, ahora mismo, mantiene su columna vertebral: prueba única nacional, penalización por error, ponderación 90/10 y asignación estricta por número de orden. La cita tiene fecha cierta y horario adelantado. Las plazas vuelven a marcar máximos, con la Atención Primaria como termómetro que, esta vez, responde. La adjudicación telemática es ya la norma y la opción presencial está disponible. La residencia sigue siendo un trabajo formativo intenso, con guardias que elevan la nómina pero exigen gestión del descanso y un entorno docente que acompañe. Donde antes había dudas, hoy hay pistas sólidas: quién rinde el día del examen, elige; y quien elige bien, se forma en un sistema que, con sus tensiones, continúa siendo uno de los más sólidos de Europa.

El resto es ruido. La regla del juego está clara y los datos la sostienen: un examen largo, 210 ítems, 4,5 horas, calendario conocido, más plazas y una residencia que mete desde el primer día en la realidad de la sanidad española. No hay milagros, sí un método que lleva décadas funcionando. Quien entra en la rueda encontrará trabajo asistencial real, responsabilidad creciente, sala

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído