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¿Qué pueblo de España fabrica más turrón y por qué?

Xixona (Alicante) es, desde hace décadas, el gran motor del turrón en España. No hay empate técnico ni dudas razonables: Xixona concentra el mayor volumen de producción anual, el mayor tejido industrial específico y el paraguas de calidad más influyente, la IGP Turrón de Jijona y Turrón de Alicante.

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pueblo de España que fabrica más turrón

Xixona lidera el turrón en España; Castuera suma sello extremeño. Cifras, marcas y ferias que perfilan el mapa real del dulce navideño clave.

Xixona (Alicante) es, desde hace décadas, el gran motor del turrón en España. No hay empate técnico ni dudas razonables: Xixona concentra el mayor volumen de producción anual, el mayor tejido industrial específico y el paraguas de calidad más influyente, la IGP Turrón de Jijona y Turrón de Alicante. En números, las últimas campañas han rondado las 80 millones de tabletas salidas de sus fábricas entre turrones amparados por la indicación geográfica y variedades de obrador. Es la localidad que más fabrica y la que marca el pulso del mercado: empleo, exportación, innovación y un ecosistema que vive pendiente de la almendra, la miel y el calendario navideño.

En el mapa de la Navidad también suena —y con motivo— Castuera (Badajoz). La noticia ha devuelto a la localidad extremeña a los titulares: más de 500 toneladas por campaña, cuatro empresas en activo, un Museo del Turrón instalado en una antigua fábrica de harinas y una forma de vender muy reconocible, con raíz de feria. Castuera no disputa el liderazgo en volumen, pero se ha consolidado como polo turronero de referencia fuera de Alicante. Ese binomio —Xixona que lidera, Castuera que crece y resiste— explica muy bien cómo funciona este dulce negocio.

Xixona, capital industrial del turrón

A 25 kilómetros de Alicante, encajada entre montes y almendros, Xixona ha convertido una receta breve —almendra, miel, azúcar, clara de huevo— en una industria total. La IGP funciona como columna vertebral y fija el estándar de las dos recetas icónicas: Turrón de Jijona (el blando) y Turrón de Alicante (el duro). La figura de calidad no es un adorno; ordena procesos, certifica ingredientes, revisa lotes y define porcentajes mínimos que marcan calidades comerciales. Con ese armazón, el municipio ha levantado un entramado que abarca desde proveedores de almendra y miel a imprentas para etiquetas, maquinaria, logística, agencias de exportación, escuelas de maestros heladeros y hasta oferta turística vinculada a fábricas.

Los nombres propios ayudan a medir la escala. Sanchis Mira —propietaria de Antiu Xixona y La Fama— encabeza los ranking de facturación turronera. El grupo Confectionary Holding —1880 y El Lobo— sostiene un relato de once generaciones y una marca histórica (“el turrón más caro del mundo”) que sigue siendo un activo de reputación. En el mismo mapa aparecen Picó, Industrias Jijonencas, José Garrigós, El Artesano o Coloma. De septiembre a diciembre, las líneas trabajan a tres turnos. El resto del año no se apagan: chocolates, pralinés, cremas, helados —Xixona es también semillero de heladeros— y una agenda de exportación que crece a buen ritmo, particularmente en Europa, América y Asia.

La ciudad exhibe ese músculo cada diciembre con su Feria de Navidad, que reúne en la avenida principal a fabricantes, artesanos y productores gastronómicos. Hay demostraciones en vivo, catas, visitas a obradores, talleres y un ambiente que multiplica la población local durante unos días. Las cifras de asistencia recientes hablan de decenas de miles de visitantes y un impacto directo sobre hostelería y comercio. No es solo escaparate: muchas empresas cierran acuerdos y ultiman pedidos justo allí, ante el público. Xixona, en paralelo, ha impulsado el Día Mundial del Turrón el 7 de noviembre, cuando las primeras campañas ya calientan motores y los lineales de los supermercados empiezan a reservar metros para el dulce más reconocible de la Navidad española.

El liderazgo de Xixona se entiende, también, por economía real. La estacionalidad obliga a dimensionar plantillas con precisión quirúrgica: se contrata con fuerza entre septiembre y noviembre, los almacenes respiran en enero y el resto del año se reparte entre mantenimiento, desarrollo de producto, ferias internacionales y campañas de fuera de temporada (dulces de Pascua, helados, snacks). El impacto se nota en todo: empleo directo, transporte, impresión, cartón, artes gráficas, diseño, agencias, turismo industrial. Hay pueblos que viven del vino; Xixona vive del turrón —y de lo que el turrón ha arrastrado consigo—.

Castuera, músculo extremeño con acento propio

A Castuera, en plena comarca de La Serena (Badajoz), la fama no le llegó por casualidad. Aquí el turrón se hace desde mediados del siglo XX y tiene nombres y apellidos: Turrones Dos Hermanos, Rey Alimentación, Artesanos de Castuera y Fernández Galán. Cuatro casas familiares, con obradores que huelen a miel templada y almendra tostada, que han profesionalizado procesos sin traicionar la venta cara a cara. El pico de producción supera las 500 toneladas por campaña. El catálogo es amplio: duro de almendra entera, blando tipo jijona, yema tostada, guirlache, fruta, pralinés y líneas sin azúcar que han conquistado espacio en los últimos años.

La comercialización conserva un sello propio. Castuera aprendió a crecer en ruta: Sevilla, Zafra, Córdoba, Huelva. Ferias, exposiciones, puestos en la calle, demostraciones y ese ritual del turrón cortado a cuchillo que invita a probar. A esa base —muy extremeña— se han sumado la venta online, acuerdos con cadenas regionales, distribuidores especializados y exportaciones sostenidas. Rey Alimentación, por ejemplo, cita presencia en más de una veintena de países, combinando turrones con frutos secos y aceite de oliva de La Serena. Todo eso, además, se ha convertido en relato y visita: el Museo del Turrón de Castuera, en la calle Huertos, ocupa una antigua fábrica de harinas y ofrece maquinaria, herramientas y tours guiados que funcionan durante todo el año. Es cultura gastronómica, sí, pero también economía local.

Castuera no compite en volumen con Xixona; juega otra liga, igual de valiosa. Fija población en un entorno rural, contrata en campaña a decenas de vecinos, atrae visitantes con el museo y crea marca territorio. Cuando cada Navidad se pregunta por “pueblos del turrón”, Castuera aparece por méritos propios. Y no solo por toneladas: por una forma de hacer y vender que sigue teniendo futuro en tiempos de comercio electrónico y grandes superficies.

Del boixet a la tableta: así se fabrica

El turrón, incluso en versión industrial, conserva fases de oficio que no se pueden atajar con un clic. La almendra —mejor marcona o valencia— se tuesta con atención al punto, se repela y se selecciona. La miel se calienta con azúcar, se bate con clara de huevo para blanquear el jarabe y entonces llega el ritual, diferente según la receta.

En el Turrón de Jijona, la mezcla almendrada y el jarabe pasan al boixet, un mortero mecánico que refina, tritura y liga la masa hasta conseguir esa textura untuosa, ligeramente granulada, que se funde en el paladar. En el Turrón de Alicante, las almendras permanecen enteras, se envuelven en un jarabe fino y brillante, se prensan y descansan entre obleas antes del corte. La IGP delimita materias primas e incluye porcentajes mínimos que definen las calidades (Suprema y Extra). El resultado es un estándar reconocible —en aroma y mordida— que distingue al producto protegido de otras variedades de obrador, igualmente legítimas pero sin ese marco regulado.

Todo empieza mucho antes de encender calderas. España es potencia almendrera, pero el sector transformador —turrón, pastelería, snacks— no siempre cubre con cosecha nacional toda su demanda de almendra y completa cupos con importaciones —sobre todo de California— en función de precio, disponibilidad y calibre. El debate sobre el origen de la almendra aparece cada campaña: los productores reclaman priorizar la española, los fabricantes señalan que ya es mayoritaria en sus recetas “premium” y que la calidad no se mide solo por el mapa. En paralelo, el precio del cacao disparado en 2024 y 2025 ha encarecido de manera notable las gamas de chocolate, empujando al alza algunas tabletas “estrella” y, a la vez, acelerando la diversificación hacia formatos más pequeños, cremas untables, helados o surtidos combinados que reparten costes sin renunciar al sabor clásico.

Marcas, empleo y economía: quién manda en el negocio

Si algo define al sector, más allá del romanticismo de la almendra tostada, es la escala empresarial. Sanchis Mira ha comunicado 145 millones de euros de facturación en su último ejercicio, con líneas de negocio que mezclan turrones, chocolates y productos de cacao. Confectionary Holding mantiene el peso de 1880 y El Lobo como referentes de gama alta y tradición, apoyados en visitas a fábrica que funcionan como herramienta de marketing. En el entorno aparecen Picó, Industrias Jijonencas, José Garrigós, El Artesano y actores de Agramunt como Vicens que compiten duro en el lineal nacional.

Las cifras agregadas dibujan un negocio de cientos de millones de euros, con una variación anual que depende de tres variables: materias primas (almendra, miel, cacao), consumo interno (que en diciembre se dispara) y exportación (cada vez más relevante). En empleo, el sector intensifica contrataciones en otoño y suaviza plantillas a partir de enero; Xixona lo nota en cada esquina. La estacionalidad ya no es un dogma: hay campañas de promoción en otño temprano (Día Mundial del Turrón, ferias gastronómicas), presencia en aeropuertos, acuerdos con hostelería y formatos para todo el año. También hay una batalla silenciosa por el espacio en estantería, donde el turrón compite con panettones, bombones, mazapanes y galletas navideñas.

En este contexto, Castuera ha encontrado su sitio con un modelo mixto. Mantiene la venta directa —que fideliza—, crece en e-commerce y aprovecha su propia historia para sumar valor. Las cuatro empresas de la localidad han modernizado envoltorios, mejorado etiquetados, ampliado referencias y ajustado gramajes para encajar en distintos precios, desde porciones individuales a tabletas de 500 gramos. Entre bastidores, la misma ecuación que en Xixona: asegurar la almendra —cada vez con más acuerdos a futuro—, cuidar la miel, contener costes de envase y logística y defender márgenes en un mercado que mide todo al céntimo.

Ferias y temporada: cuando el dulce llena las calles

Los turrones se compran en su mayoría en tres semanas muy concentradas de diciembre, pero el ambiente se cocina semanas antes. Xixona, con su Feria de Navidad, se ha consolidado como el “gran mercado” de turrones y dulces del país: más de cien puestos, demostraciones, conciertos, visitas a fábricas y un plan familiar que arrastra público de toda la Comunidad Valenciana y más allá. El encendido navideño temprano —en torno al 7 de noviembre— ha convertido a la localidad en un escenario que anticipa la campaña y alimenta titulares. Las propias marcas activan catas, maridajes con vinos dulces o cafés y colaboraciones con chefs de renombre para llevar el turrón a platos salados —sí, funciona— y menús degustación.

Valencia tiene otra parada clave: Casinos, con su Feria del Dulce Artesano, Peladillas y Turrones, que desde hace un cuarto de siglo llena la avenida principal de hornos, peladillas y barras cortadas al momento. Es una fiesta del obrador que defiende la artesanía y empuja ventas en la recta final. Extremadura, por su parte, cuenta con los escaparates de Zafra o Badajoz y, en Castuera, con un museo que permite entender el oficio, tocar herramientas, ver máquinas de otra época y comprender por qué un dulce puede levantar una economía local.

Las ferias son, además, el mejor termómetro del año: si la cosecha de almendra ha ido bien, el público lo nota en textura y aroma; si el cacao ha subido, aparecen precios más ajustados en gamas de chocolate; si la cosecha de miel ha sufrido por la sequía, las cooperativas y apicultores mueven cielo y tierra para asegurar calidades. La conversación sobre origen de materias primas (almendra española frente a californiana), sostenibilidad (envases reciclables, huella de carbono) y etiquetado (porcentajes de almendra, indicación de miel) ya está en el mostrador. Y bien que interesa.

El mapa real del turrón español, hoy

Puesta toda la información en la mesa, el dato principal es nítido y estable: Xixona es el pueblo que más turrón produce en España, con un volumen que ronda las 80 millones de tabletas por campaña, el peso de la IGP y un tejido de empresas capaz de abastecer al país y alimentar la exportación. A su lado, Castuera ha ganado presencia con más de 500 toneladas y cuatro casas que representan una forma de hacer muy nuestra, entre la feria y el obrador modernizado, arropada por un Museo del Turrón que explica pasado y presente. Alrededor, puntos como Casinos en Valencia, Agramunt en Lleida o talleres repartidos por toda la geografía completan un mapa diverso, con especializaciones y acentos propios.

El futuro cercano se jugará en varios frentes: asegurar almendra de calidad a precios razonables, navegar un cacao todavía tensionado, reforzar la exportación y desestacionalizar el consumo con formatos y usos nuevos (desde cremas a postres de hostelería y helados). Hay margen para crecer sin traicionar la tableta clásica, que sigue mandando en diciembre. Y hay un relato que funciona: tradición verificable, recetas cortas, nombres propios con historia —1880, El Lobo, Antiu Xixona, La Fama, Picó, José Garrigós— y una cultura del dulce que lleva siglos entre nosotros. Si la pregunta es quién fabrica más, la respuesta permanece; si la duda es por qué, el motivo está en todo lo anterior: calidad regulada, escala industrial, marcas con prestigio y una comarca —la alicantina— que ha sabido convertir un bocado de almendra y miel en industria, turismo y orgullo. Castuera, mientras, confirma que el turrón también se escribe en extremeño y que el mapa de la Navidad española tiene más de un color.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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