Naturaleza
¿Por qué la Presa de la Tierra quedó seca al modernizar el regadío?
Un proyecto para ahorrar agua en el Órbigo dejó sin caudal la histórica Presa de la Tierra, con efectos sobre huertas, molinos y biodiversidad.

Resumen
- La Presa de la Tierra lleva seca desde mayo de 2025 tras modernizar el riego
- El nuevo sistema conduce el agua por tuberías hacia 1.260 hectáreas de cultivo
- Vecinos reclaman caudal para huertas, molinos y el ecosistema del viejo canal
La Presa de la Tierra, un histórico sistema de riego de la comarca leonesa del Órbigo documentado desde 1524, lleva sin agua desde mayo de 2025. No se secó por falta de lluvias ni porque el río Órbigo se haya quedado literalmente sin caudal. El cambio llegó con la modernización del regadío: las antiguas acequias fueron sustituidas por una red de tuberías presurizadas, una balsa de regulación y sistemas de telecontrol destinados precisamente a utilizar el agua con mayor eficiencia. El campo de cultivo recibe agua; el viejo cauce, no.
Ahí está la paradoja que ha encendido la comarca. Una obra concebida para ahorrar agua y reducir pérdidas ha terminado dejando seco un canal que durante cinco siglos atravesó pueblos, alimentó huertas, movió molinos y creó a su alrededor un pequeño ecosistema. Los vecinos reclaman que vuelva a circular al menos un caudal de mantenimiento. Entre medias aparecen millones de euros de inversión pública, derechos históricos, biodiversidad y un conflicto que ha pasado también por los tribunales. Bastante más que una acequia vacía.
No es el río Órbigo el que se ha secado
Conviene aclararlo porque el matiz cambia bastante la historia. Lo que permanece seco es la Presa de la Tierra, un canal artificial ligado al río Órbigo. En esta comarca la palabra «presa» no designa necesariamente una gran barrera con un embalse detrás, sino una infraestructura tradicional que deriva y conduce agua para riego.
El sistema tomaba el agua vinculada al Órbigo y la repartía por distintas localidades de su ribera. Con la modernización, ese viaje visible del agua —cauces, pequeñas presas, ramales y acequias— perdió buena parte de su función agrícola: el suministro pasó a realizarse mediante tuberías enterradas y riego a presión.
Y técnicamente tiene lógica. Un canal abierto pierde agua por filtración y evaporación; una conducción cerrada permite controlar mucho mejor cuánto se distribuye y dónde. El problema aparece cuando aquello que parecía una «pérdida» de agua cumplía también otras funciones. El agua no solo llegaba a una parcela de maíz. Mojaba terrenos, mantenía vegetación, alimentaba huertas domésticas y daba continuidad a un paisaje construido durante siglos.
Una infraestructura que llevaba agua desde 1524
Las primeras referencias conocidas de la Presa de la Tierra se remontan a 1524, cuando se organizó un sistema que, partiendo del Órbigo en Santa Marina del Rey, distribuía agua hacia poblaciones situadas aguas abajo. Su historia podría incluso hundir las raíces en infraestructuras anteriores de época medieval.
No era una reliquia decorativa. Durante generaciones el agua sirvió para cultivar, pero también para mover molinos harineros y de aceite de linaza y abastecer posteriormente determinadas actividades industriales. El cauce acabó formando parte de la arquitectura cotidiana de localidades del Órbigo: viviendas, molinos, huertas y vegetación crecieron literalmente alrededor de él.
Cinco siglos dejan huella. El agua termina convirtiéndose casi en mobiliario urbano: está ahí, suena, refresca los márgenes y nadie piensa demasiado en ella hasta que desaparece. Desde mayo de 2025, varios de esos cauces presentan hojas, maleza y tierra donde antes corría agua. En algunas huertas familiares los vecinos han recurrido a garrafas y mangueras conectadas a sus viviendas para mantener cultivos y frutales.
La modernización: 1.260 hectáreas y casi 2.000 regantes
El proyecto no nació para perjudicar a esos pueblos. Sobre el papel perseguía exactamente lo contrario: conseguir un regadío capaz de utilizar mejor un recurso cada vez más valioso. La actuación correspondiente a la Comunidad de Regantes Presa de la Tierra contó con un presupuesto de ejecución de unos 10,4 millones de euros sin IVA y afecta a 1.968 regantes que cultivan alrededor de 1.260 hectáreas.
Las obras abarcan terrenos de Benavides de Órbigo, Hospital de Órbigo, Santa Marina del Rey, Villarejo de Órbigo y Villares de Órbigo. El proyecto contempló conservar la captación vinculada al azud de Santa Marina y crear una balsa de regulación con una capacidad próxima a los 95.700 metros cúbicos.
Después vienen las tuberías enterradas, el riego a presión y el telecontrol. Es la transformación que se está aplicando en buena parte del regadío español: menos agua recorriendo libremente zanjas y acequias y más agua conducida de forma precisa hasta los cultivos.
Desde el punto de vista agrícola, el salto tecnológico es evidente. Pero una infraestructura hidráulica con cinco siglos de historia no era únicamente una tubería primitiva. Ese es el centro del choque.
Huertas secas mientras el regadío funciona
El contraste resulta especialmente visible durante los meses cálidos. Alrededor de los pueblos continúan apareciendo grandes superficies agrícolas verdes gracias al nuevo sistema, mientras en determinadas zonas urbanas y pequeños huertos particulares el antiguo cauce permanece seco.
La situación afecta a localidades como Benavides de Órbigo, Gualtares, San Feliz de Órbigo, Villares de Órbigo, Hospital de Órbigo, Villarejo de Órbigo y Veguellina de Órbigo. Vecinos que durante generaciones utilizaron el canal para pequeñas huertas han tenido que reducir cultivos, recurrir a garrafas o utilizar agua doméstica mediante mangueras.
No significa que la modernización haya «gastado» toda el agua. Más bien ocurre lo contrario: ha cambiado el recorrido del recurso. El agua que antes circulaba por un entramado abierto se conduce directamente mediante la infraestructura modernizada. La eficiencia aumenta para el uso agrícola principal, mientras desaparecen algunos aprovechamientos secundarios que dependían de que el agua pasara físicamente por las antiguas presas.
Y esos usos secundarios eran cualquier cosa menos pequeños para quien vive allí. Una mata de tomates, unos frutales, un molino restaurado o una franja de árboles junto al cauce no pesan demasiado en una estadística de hectáreas regadas. Sobre el terreno, en cambio, pesan mucho. El paisaje cotidiano también se construye con esas pequeñas cosas.
El problema ecológico que escondían las viejas acequias
Hay otra consecuencia menos evidente. Los canales tradicionales no funcionaban únicamente como infraestructuras agrícolas. Con décadas —o siglos— de agua circulando por ellos, acabaron actuando como hábitats artificiales integrados en el ecosistema ribereño.
Especialistas en biología de la Universidad de León han advertido de que estas presas podían funcionar como vías de comunicación y refugios para peces y otras especies acuáticas, sobre todo durante el verano, cuando disminuye el nivel de los cauces naturales. Al desaparecer el agua, desaparece también ese corredor.
Entre las especies ligadas al entorno del Órbigo aparece además la margaritífera o mejillón de río, una especie amenazada cuya conservación depende de ecosistemas fluviales muy concretos. La desaparición de pequeños cauces auxiliares añade otra presión a un medio que ya ha cambiado mucho durante las últimas décadas.
Es una de las ironías de la eficiencia hídrica moderna. Parte del agua que técnicamente se clasificaba como pérdida por filtración podía terminar alimentando suelos, vegetación o masas próximas. Encerrarla dentro de una tubería permite aprovechar mejor cada litro para regar una parcela, pero no garantiza que el balance ambiental del territorio sea idéntico.
Eso no convierte la modernización del regadío en un error por definición. Sería demasiado sencillo. Significa que medir únicamente el agua que entra en una explotación y la que llega al cultivo puede dejar fuera efectos acumulados durante generaciones. La contabilidad del agua, al final, es bastante más incómoda que una resta.
El caso del Órbigo muestra así una cuestión que desborda León. Modernizar un regadío puede reducir pérdidas, mejorar la productividad y controlar con mucha mayor precisión cada metro cúbico utilizado. Todo eso es real. También puede alterar flujos de agua secundarios que durante décadas han sostenido humedades, pequeños cultivos, vegetación, fauna o usos históricos.
El conflicto judicial por el agua de los antiguos cauces
La disputa dejó de ser únicamente vecinal en 2025. Una asociación de afectados denunció a la Comunidad de Regantes Presa de la Tierra por un supuesto delito de distracción de aguas de uso público, al considerar que la desaparición del caudal perjudicaba a las huertas, los molinos y el patrimonio hídrico de los pueblos.
Los denunciantes defendían que debía mantenerse un mínimo de 150 litros por segundo, cifra que vinculaban a un acuerdo alcanzado en diciembre de 2021. La denuncia fue inicialmente tramitada, pero esa vía penal terminó sin prosperar: el Juzgado de Instrucción número 2 de Astorga rechazó las pretensiones y la Audiencia Provincial de León desestimó posteriormente el recurso presentado por la asociación en mayo de 2026.
Eso no hizo desaparecer el problema sobre el terreno. Los afectados han seguido defendiendo alternativas como instalar hidrantes controlados capaces de suministrar agua a los regueros urbanos por gravedad y mantener un caudal de socorro sin desmontar la modernización agrícola. La discusión, por tanto, ya no gira simplemente en torno a volver al antiguo sistema.
Mientras tanto, el Canal de Presa de la Tierra continúa apareciendo en la gestión administrativa del agua, con tarifas previstas para usos como el regadío, los abastecimientos, determinados usos industriales, las piscifactorías o los molinos. Sobre el papel administrativo existe; en buena parte de su trazado tradicional, el agua dejó de correr.
Cinco siglos de agua y un silencio nuevo
En la Presa de la Tierra han chocado dos realidades difíciles de reducir a un eslogan. Por un lado está un sistema agrícola moderno que pretende gastar menos agua y controlar mejor el riego. Por otro, un cauce que llevaba funcionando desde tiempos en los que Carlos V acababa de comenzar su reinado y que acabó sosteniendo huertas, molinos, vegetación y pequeños ecosistemas locales.
La discusión tampoco consiste en elegir entre regresar sin más a las acequias del siglo XVI o renunciar a un regadío eficiente. El verdadero asunto es cuánta agua debe seguir circulando por el viejo sistema, qué usos pueden convivir con la modernización y qué valor se concede a todo aquello que creció alrededor de ese caudal durante quinientos años.
La Presa de la Tierra sobrevivió a cambios de cultivos, molinos, fábricas, despoblación rural y varias revoluciones tecnológicas. Paradójicamente, ha sido una obra diseñada para utilizar mejor el agua la que ha dejado buena parte de su antiguo cauce sin ella.
No es el Órbigo convertido en un desierto ni una sequía repentina. Es algo más interesante —y bastante más complejo—: una infraestructura moderna que ha cambiado la geografía cotidiana del agua. El regadío continúa funcionando, pero un cauce que parecía inseparable de los pueblos ya no suena.
En el Órbigo se ha conseguido que el agua llegue con más precisión a las parcelas. El conflicto que permanece es otro: decidir si, después de cinco siglos de historia, una parte de ese caudal debe seguir atravesando también los pueblos.

Ocio¿Qué le pasa a Tamara Gorro? Su salud y su regreso tras tocar fondo
Ocio¿Qué significado tienen las flores amarillas del 21 de septiembre?
Ocio¿Quién es Rocío Domingo, la creadora del famoso viral «Oh, Ferran»?
Actualidad¿Por qué Trump cae al 29% y su gestión económica baja hasta el 26%?
Historia¿Quién fue Marcos Ordóñez, escritor y crítico teatral muerto a los 69?
Actualidad¿Cómo se levanta una finca junto al barranco entre Albal y Catarroja?
Actualidad¿Quiénes eran los ultras que rodearon a seguidores de Unionistas?
Ocio¿Renovará Jojopyun? Movistar KOI fija la fecha para decidir su futuro
Ocio¿Por qué borraron el récord mundial de Miguel de la Quadra-Salcedo?
Economía¿Por qué Varta entra en insolvencia tras 139 años y 300 millones?
Actualidad¿Por qué parte de la ultraderecha española avala las urnas de Putin?
Economía¿Qué bancos permiten ya pagar con Bizum Pay en tiendas de España?





















