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¿Por qué EE.UU. ordenó salir del país a la delegación iraní de la ONU?

La orden de Marco Rubio acelera la salida de la delegación iraní de Nueva York tras el bloqueo de unas negociaciones que Catar intenta reactivar.

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Imagen: U.S. Department of State / Wikimedia Commons, dominio público

Resumen

  • Rubio ordenó adelantar la salida de la delegación iraní de EE.UU
  • Teherán niega que la marcha de su equipo diplomático fuera una expulsión
  • Las negociaciones siguen atascadas, aunque Catar mantiene abierta la mediación

Estados Unidos ordenó a la delegación iraní desplazada a Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas que abandonara el país después de que las conversaciones entre Washington y Teherán volvieran a atascarse. La decisión fue adoptada por el secretario de Estado, Marco Rubio, y afectó al ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchi, y al equipo que había permanecido en Nueva York para continuar los contactos diplomáticos.

El episodio tiene, sin embargo, un matiz importante. Irán niega haber sido expulsado y sostiene que la delegación abandonó Nueva York conforme a un calendario comunicado previamente al Departamento de Estado. Washington, por su parte, sostiene que Rubio ordenó adelantar la marcha después del escaso avance de las conversaciones. Las dos versiones coinciden en la salida, pero no en cómo debe interpretarse políticamente.

Rubio endurece el gesto tras el bloqueo de las conversaciones

Araqchi había permanecido en Nueva York después de la participación iraní en la Asamblea General precisamente para mantener abierta la vía diplomática. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, había abandonado antes Estados Unidos, mientras el responsable de Exteriores seguía implicado en contactos indirectos con Washington sobre el estrecho de Ormuz, el conflicto regional y el programa nuclear iraní.

Según funcionarios estadounidenses, las reuniones celebradas durante el fin de semana con mediación catarí apenas consiguieron reducir las diferencias. Rubio terminó comunicando el lunes que Araqchi y su delegación debían salir de Nueva York antes de lo previsto. El grupo partió pocas horas después, en la transición entre la noche del lunes y la madrugada del martes.

El movimiento fue llamativo porque convirtió un desacuerdo negociador, normalmente enterrado bajo comunicados diplomáticos de terciopelo, en un gesto público de presión. No supone por sí mismo la ruptura de las conversaciones, pero sí deja bastante claro el grado de frustración existente entre las partes.

Ormuz, sanciones y programa nuclear: dónde está el atasco

Las discrepancias no giran alrededor de un único asunto. Estados Unidos e Irán negocian sobre varias piezas que se encajan unas con otras: la normalización del tráfico por el estrecho de Ormuz, las sanciones estadounidenses, las restricciones económicas y determinados compromisos relacionados con el programa nuclear iraní.

Teherán presentó un plan de siete días destinado a generar confianza y facilitar la reapertura de Ormuz bajo determinadas condiciones. Donald Trump rechazó inicialmente aquella propuesta, pero la mediación catarí continuó y Washington trasladó posteriormente una respuesta a Irán. Según la información disponible, uno de los grandes desacuerdos está en el orden y el calendario de las concesiones, más que en la mera existencia de los elementos que se discuten.

Eso importa mucho. Para Teherán, levantar determinadas medidas económicas antes de realizar concesiones ofrece garantías de que el acuerdo tendrá efectos reales. Para Washington, entregar ventajas demasiado pronto puede reducir su capacidad de presión. La diplomacia acaba entrando ahí en una especie de atasco circular: nadie quiere mover primero una ficha que después resulte difícil recuperar.

Catar intenta mantener un puente entre Washington y Teherán

Catar se ha convertido en uno de los intermediarios centrales entre dos gobiernos que mantienen unas relaciones extremadamente deterioradas. Los mediadores cataríes han ido trasladando mensajes, respuestas y modificaciones de propuestas entre Washington y Teherán para intentar construir un terreno común.

La tarea no es precisamente sencilla. El eventual entendimiento tendría que combinar cuestiones de seguridad marítima, sanciones y política nuclear, mientras en paralelo continúa un conflicto que condiciona cada negociación. Un acuerdo parcial puede desbloquear una cuestión y abrir otra; una concesión mal secuenciada puede hacer descarrilar el conjunto.

Incluso después de la orden de Rubio, la mediación no se detuvo. Ese dato ayuda a poner en perspectiva el episodio de Nueva York: hubo un choque diplomático evidente, sí, pero no una ruptura total de los contactos.

Irán niega que Washington expulsara a su delegación

Teherán ha rechazado frontalmente la idea de que la delegación abandonara Estados Unidos como consecuencia de una expulsión. La misión iraní ante Naciones Unidas aseguró que la salida estaba programada y que el calendario se había comunicado al Departamento de Estado estadounidense con antelación, concretamente el 17 de septiembre.

La versión estadounidense es diferente. Dos funcionarios citados por medios estadounidenses sostienen que Rubio decidió que la delegación debía marcharse anticipadamente una vez terminadas las principales reuniones de la Asamblea General y tras constatarse el escaso avance negociador. AP señala, de hecho, que algunas previsiones situaban la permanencia de Araqchi en Nueva York hasta el miércoles.

Las dos narraciones no son completamente incompatibles. Araqchi podía tener previsto regresar y, al mismo tiempo, Washington podía haber exigido que lo hiciera antes. Por eso resulta más preciso hablar de una orden estadounidense para adelantar la salida que presentar como hecho indiscutido una expulsión formal, término que Irán rechaza.

Por qué el estrecho de Ormuz pesa tanto en estas negociaciones

La disputa tiene consecuencias mucho más amplias que una mala tarde entre diplomáticos en Nueva York. El estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas fundamentales para el comercio energético mundial y las alteraciones de su funcionamiento repercuten sobre el transporte de petróleo, los costes logísticos y las expectativas de los mercados internacionales.

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se ha prolongado durante meses y ha afectado al tránsito y al suministro energético. Esa dimensión económica explica por qué los movimientos diplomáticos entre Washington y Teherán son observados también desde Europa y Asia: una decisión tomada a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en el precio del crudo, el transporte marítimo o los costes de producción.

Reabrir plenamente Ormuz no es, por tanto, una cuestión simbólica. Forma parte del corazón material de las negociaciones. Irán ha planteado su reapertura dentro de un paquete de medidas recíprocas y Estados Unidos trata de vincular cualquier alivio a compromisos que considere verificables.

El programa nuclear vuelve a aparecer en el mismo tablero

La cuestión nuclear iraní sigue inevitablemente ligada al resto de la negociación. Las conversaciones buscan recuperar mecanismos capaces de reducir la tensión y establecer compromisos sobre el programa nuclear, junto con disposiciones referentes al estrecho y a otras medidas de confianza.

El problema está en que cualquier acuerdo exige algo más que una declaración política. Hay que concretar qué medida se aplica primero, cómo se verifica y qué ocurre si una de las partes considera que la otra no ha cumplido. Ahí, en esos detalles aparentemente administrativos, suelen naufragar las grandes fotografías diplomáticas.

La negociación continúa pese al choque en Nueva York

La salida anticipada de Araqchi no cerró la vía negociadora. Irán recibió posteriormente comentarios estadounidenses sobre su propuesta de siete días a través de los mediadores cataríes, una señal de que el intercambio diplomático continúa aunque las posiciones permanezcan alejadas.

Eso permite entender mejor la decisión de Rubio. No parece un abandono definitivo de la diplomacia, sino una combinación de negociación y presión: Washington muestra públicamente su descontento mientras mantiene canales indirectos para explorar un acuerdo. Teherán responde cuestionando la versión estadounidense de la salida, pero tampoco clausura la mediación.

El resultado es una relación extraña, aunque nada excepcional en conflictos de esta magnitud. Las partes negocian mientras se reprochan el fracaso de la negociación; endurecen el lenguaje y, unas horas más tarde, intercambian otra propuesta. La puerta no está cerrada, pero tampoco parece especialmente abierta.

Un gesto duro que no rompe todavía el hilo diplomático

La orden de Marco Rubio a la delegación iraní refleja hasta qué punto las conversaciones han entrado en una fase delicada. Estados Unidos quiso acelerar su salida después de comprobar que los contactos no estaban produciendo los avances esperados; Irán sostiene que su marcha formaba parte del calendario previsto y rechaza que pueda hablarse de expulsión.

Por debajo de esa disputa semántica permanece lo verdaderamente importante: Ormuz, las sanciones, el conflicto y el programa nuclear continúan sobre la mesa. Catar sigue trasladando posiciones entre las partes y todavía existe intercambio de propuestas.

El episodio de Nueva York no resuelve ninguna de esas cuestiones. Más bien retrata el momento: mucha presión, confianza escasa y una diplomacia que avanza a empujones. Washington y Teherán siguen hablando, aunque sea por intermediarios y con la puerta medio entornada. En una crisis de este tamaño, incluso eso cuenta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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