Síguenos

Actualidad

¿Por qué De Niro lloró y pidió neutralizar a Trump?

Publicado

el

Por qué De Niro lloró

De Niro se quiebra en un podcast, pide “neutralizar” a Trump y aviva el debate sobre lenguaje político, temor real y polarización en EE. UU.

Robert De Niro, 82 años, se echó a llorar en una conversación grabada con Nicolle Wallace para el pódcast The Best People, ligado al universo de MS NOW, mientras cargaba otra vez contra Donald Trump, 79, al que llamó “idiota” y del que dijo que “va a arruinar el país”. En ese tramo de la charla soltó la palabra que ha prendido como yesca en la prensa estadounidense: Trump, afirmó, “tiene que ser neutralizado” por la gente, “porque nuestros derechos están siendo pisoteados”.

El momento no fue un mitin ni un discurso de alfombra roja: fue una entrevista con ritmo de confesión, con Wallace buscando el hilo humano del actor y con De Niro pasando del enfado a la emoción en segundos, como si se le hubiera roto el cierre de seguridad. Su frase repetida —“resistir, resistir, resistir”— acabó sosteniendo toda la escena, pero la palabra “neutralizar” se llevó el foco, y con ella la discusión sobre qué quiso decir exactamente, cómo se interpreta en Estados Unidos y por qué, en 2026, cualquier verbo con aroma de fuerza tiene pólvora.

El instante en que se rompe: la escena del pódcast

La grabación corresponde a la edición publicada el lunes 23 de febrero de 2026, y la pieza que disparó titulares apareció al día siguiente, el martes 24, cuando empezaron a circular fragmentos, citas y vídeos cortos con De Niro fuera de su registro habitual de “tipo duro” de cine. Nicolle Wallace, periodista y presentadora, le lleva a un terreno casi íntimo: la idea de país, de vecindario, de pertenencia… ese “mi país” que en boca de un neoyorquino suena a bar de esquina y a juramento a la vez.

De Niro entra rápido, sin rodeos, con una mezcla de irritación y cansancio que se le nota en el fraseo, a trompicones por momentos, como quien está harto de explicarlo. Habla de Trump como de una amenaza directa a lo que Estados Unidos “ha trabajado y representa”, insiste en que “hay que deshacerse de él”, y en un punto suelta ese “quiero que me devuelvan mi país”, una frase vieja en la política americana pero que, puesta en su boca, suena a reclamación personal, casi doméstica.

La entrevista se va calentando cuando aparece el tema de la respuesta ante el poder: cómo se planta cara, cómo se aguanta la presión, cómo se evita que el miedo haga de pegamento. Y ahí, de pronto, la conversación gira hacia el “lifting up”, el levantar a los demás, la manera en que De Niro agradecía a su gente en discursos de premios y cómo ese gesto se convierte, según Wallace, en una brújula ética. En vez de quedarse en el elogio, él lo enlaza con política y se le quiebra la voz: “hay que levantar a la gente, hay que juntarla; no se puede dividir, no se puede ganar así”. Y llora, llora de verdad, sin teatralidad aparente, con ese silencio incómodo que en audio pesa más que un grito.

El contraste golpea porque De Niro arrastra una filmografía de mandíbula apretada —Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros— y aquí no hay personaje, no hay guion pulido: hay un hombre mayor hablando de su país como si le doliera el pecho. Wallace se lo dice casi en broma, medio desarmada: “no se suponía que fueras a hacerme llorar”. Ese detalle, pequeño, explica por qué la escena se volvió viral: no es solo política, es emoción en bruto.

Qué dijo exactamente y por qué esa palabra pesa tanto

La cita que ha dominado el relato aparece incrustada en un bloque donde De Niro habla de derechos, de reacción ciudadana y de la persistencia del movimiento que rodea a Trump. “Tiene que ser neutralizado por la gente”, viene a decir, y lo acompaña de una imagen muy concreta: ciudadanos frenando, mirando alrededor y soltando un “espera un momento, nos están pisoteando los derechos, hay que levantarse”. No lo plantea como una acción institucional, ni como una operación policial, sino como una respuesta social, una especie de “basta ya” colectivo.

Aun así, “neutralizar” no es “frenar”, no es “parar”, no es “derrotar en las urnas” dicho en frío. En inglés, to neutralize puede usarse de forma amplia —desactivar una amenaza, bloquear un efecto, dejar sin capacidad de daño—, pero suena, inevitablemente, a jerga de seguridad. En un país donde los atentados, las amenazas y la violencia política forman parte del paisaje mental reciente, esa palabra se escucha con la oreja tensa. Y cuando sale de la boca de un famoso, se vuelve aún más elástica: unos la traducen como llamada a la movilización, otros como irresponsabilidad verbal, otros como munición para alimentar el choque cultural “Hollywood vs. Casa Blanca”.

Entre el civismo y el lenguaje de seguridad

La clave, si se mira el contexto, es que De Niro amarra “neutralizar” a la idea de acción ciudadana: protestar, resistir, no normalizar lo que considera abusos. Pero el problema de ese verbo es que, una vez lanzado, viaja solo, sin la respiración que lo acompaña. En clips cortos desaparece la frase sobre derechos, se evapora el “por la gente”, se pierde el tono. Queda el verbo desnudo. Y un verbo desnudo en política estadounidense es una botella rota en una acera: cada cual ve un arma distinta.

Además, la entrevista incluye otra frase que multiplica interpretaciones: De Niro comenta que “la gente no va a desaparecer” aunque Trump muriera “por alguna enfermedad o algo”, y remarca que “partes de ese movimiento seguirían ahí”. Lo dice para subrayar que el problema, para él, no es solo un hombre sino lo que arrastra detrás. Pero, leído sin cuidado, ese fragmento da pie a lecturas maliciosas, como si estuviera fantaseando con escenarios extremos. El audio completo, sin recorte, lo muestra más bien preocupado, casi obsesivo, como quien repite una idea para convencerse a sí mismo.

El “resistir” que sostiene todo

Si se quiere entender la escena sin quedarse atrapado en una sola palabra, hay que mirar el estribillo: “resist, resist, resist”. Lo repite como una consigna y como un diagnóstico de impotencia: “no hay magia, no hay nada”, dice, no hay solución automática. Y ahí aparece una tensión interesante: De Niro habla con la crudeza de quien cree que el tiempo se acaba, pero a la vez insiste en valores de convivencia, en no dividir, en unir. Es decir, su emoción no nace de un deseo de aplastar al adversario, sino del miedo a que el país se convierta en un ring permanente donde nadie gana y todos se rompen.

En el propio pódcast, según la descripción oficial del episodio, De Niro y Wallace también entran en el papel de líderes empresariales que “miran hacia otro lado” ante conductas de la Administración, en la necesidad de movilización masiva y en la integridad de las próximas citas electorales de mitad de mandato, los midterms, que en Estados Unidos suelen ser un termómetro que puede cambiar el equilibrio del Congreso. No es un detalle menor: De Niro está situando su enfado en un marco político real, no solo en un insulto a Trump.

Miedo a las represalias: Nueva York, ICE y el “castigo”

Uno de los tramos más concretos de la conversación, y quizá de los más fáciles de entender desde fuera de Estados Unidos, es el que toca Nueva York. Wallace le plantea qué teme para la ciudad —símbolo, objetivo, escaparate— en un clima de polarización. De Niro habla de represalias y pone un ejemplo que ha aparecido repetido en varias crónicas: la posibilidad de una campaña de “castigo” contra Nueva York mediante operaciones federales, mencionando la idea de enviar agentes de inmigración.

Ahí conviene aterrizar siglas. ICE es el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, una agencia federal que ejecuta políticas migratorias y que, por su naturaleza, suele estar en el centro del debate político. Cuando De Niro habla de “mandar ICE”, lo que evoca es una intervención dura, visible, casi escénica: uniformes, redadas, tensión en barrios, titulares. En su relato, ese tipo de acciones serían una forma de retribución política contra un bastión urbano históricamente hostil a Trump.

De Niro encaja esa idea dentro de una preocupación mayor: que el trumpismo no sea solo un mandato, sino una cultura política que se queda, se adapta y vuelve. Por eso insiste en que incluso sin Trump, “partes del movimiento” seguirían. Lo que le asusta no es únicamente el presidente, sino el clima: la normalización del insulto, la tentación de gobernar por humillación del rival, el “ellos” contra “nosotros” como motor diario. Ese es el lugar donde su emoción deja de ser anecdótica y se convierte en síntoma: la política como desgaste psicológico.

En ese mismo tramo aparece otro detalle revelador: De Niro se molesta con el uso “propietario” de símbolos patrióticos. Lo dice, según se ha recogido en otros cortes del episodio, cuando critica que algunos vayan con gorras y banderas como si fueran los únicos estadounidenses “auténticos”. Él lo expresa con una frase simple, casi infantil y por eso potente: “nosotros también somos americanos”. Es una pelea por el significado de la bandera, por quién tiene derecho a decir “patria” sin que suene a expulsión del otro.

De Niro y Trump: una enemistad pública que viene de lejos

Lo que estalla ahora no nace de cero. Robert De Niro lleva años como uno de los críticos famosos más constantes de Trump, y su historial de declaraciones explica por qué cualquier frase suya se amplifica: hay una continuidad narrativa, un personaje público ya construido, el “De Niro anti-Trump”. En el episodio del pódcast vuelve a usar insultos, vuelve a presentarlo como una amenaza, vuelve a pedir que “se vaya”, pero esta vez lo hace con lágrimas, y eso cambia el tono, lo vuelve más difícil de despachar como simple postureo.

En la pieza publicada el 24 de febrero se recuerda, por ejemplo, que De Niro ha hecho de esta batalla un tema recurrente en foros culturales y mediáticos. Se menciona su discurso en Cannes al recibir un premio honorífico, donde alertó de que en su país estaban “luchando como demonios” por una democracia que se daba por sentada, y se recuerda su costumbre de dibujar a Trump como un peligro para el mundo cultural y para las libertades. Ese De Niro, el que mezcla cine y política, reaparece aquí sin filtro.

También aparece un salto interesante: el paso del pódcast a la televisión. El mismo lunes, De Niro intervino por teléfono en The Weeknight, un espacio de MS NOW, para comentar el discurso del Estado de la Unión previsto para el martes 24 de febrero. Allí volvió al lenguaje duro, llamó a Trump “payaso”, habló de “locura” y remató con la idea de “deshacerse de este tipo” y “enderezarlo todo”. No era una charla de matices; era un martillazo verbal, como si estuviera intentando que la indignación no se enfríe.

La enemistad, además, no es unilateral. Trump ha respondido en el pasado con insultos personales hacia De Niro, y en esta nueva ola de titulares ha vuelto a aparecer una contestación desde el entorno de la Casa Blanca. Steven Cheung, director de comunicaciones, le envió un mensaje a The Daily Beast con un tono agresivo y despectivo, reduciendo al actor a un “acabado” y acusándolo de incitar a la violencia, con una retahíla de ataques personales y el cliché del “Trump Derangement Syndrome”. La respuesta es importante no por su elegancia —no la tiene— sino porque enseña el tipo de pugilato: al argumento se le contesta con burla, al llanto con insulto.

Y hay otra capa que aparece de fondo, aunque no sea el foco de esta semana: De Niro no es solo una celebridad opinando; es un actor que, en otros momentos, se ha implicado en la política demócrata de forma visible. En 2024, por ejemplo, se le vio en Manhattan en un acto ligado a la campaña de Joe Biden mientras Trump acudía a su juicio penal por el caso del dinero pagado para silenciar a una actriz porno. Ese tipo de imágenes —De Niro a las puertas del tribunal, Trump entrando al juzgado— construyen un relato perfecto para la prensa americana: cine, justicia, política, ciudad, choque cultural.

El rebote político y mediático: de Hollywood a la Casa Blanca

La escena se ha movido por Estados Unidos como se mueven hoy las controversias: primero el titular, luego el clip, luego la frase convertida en etiqueta. En este caso, la etiqueta fue “neutralizar”. Y, a partir de ahí, dos lecturas dominantes: la que subraya el miedo de De Niro a una deriva autoritaria y la que lo presenta como un famoso descontrolado usando un lenguaje peligroso. Las dos lecturas conviven, se empujan, se alimentan, y cada una encuentra su público sin necesidad de convencer al otro.

En esa dinámica, Nicolle Wallace queda en un papel peculiar. No es una presentadora neutral al estilo clásico; es una periodista con perfil político, conocida por su trabajo televisivo y por un enfoque crítico con Trump. Eso hace que el episodio tenga un marco claro y que la entrevista se lea como parte de una conversación cultural más amplia: medios progresistas, celebridades críticas, discurso de resistencia. Pero el momento del llanto y la insistencia en “no dividir” complica el cliché, porque ahí De Niro no parece estar “actuando” para la parroquia; parece estar sufriendo una idea.

La descripción oficial del episodio añade otra pieza que ha pasado algo más desapercibida entre tanto titular: el debate sobre el comportamiento de grandes empresas y líderes corporativos frente a la Administración, y la llamada a proteger la integridad de las elecciones de medio mandato. Traducido a lenguaje llano: De Niro está señalando a los poderosos que se callan por interés, y está diciendo que el ciclo electoral que viene no es rutinario, que puede ser decisivo. Ahí hay menos espectáculo, más política.

El rebote también ha tocado el terreno cultural de siempre: el “¿por qué los actores se meten en política?” y el “¿por qué la política se mete en todo?”. En Estados Unidos esa discusión es eterna, pero con Trump se volvió casi un género propio. De Niro, por su edad y su estatus, funciona como símbolo de un Hollywood veterano que se siente en guerra cultural con el trumpismo. Y el trumpismo, por su parte, aprovecha cada intervención de una estrella para reforzar su narrativa anti-élite: “mira cómo te sermonean los ricos de la costa”. En esa guerra, una lágrima puede ser humanidad… o puede ser trofeo.

Y, sin embargo, lo más interesante del episodio no está en el intercambio de golpes, sino en el fondo: De Niro habla de unidad como herramienta política. No es habitual en discursos tan encendidos. Cuando dice “no puedes ganar dividiendo”, está apuntando a un problema estructural: la política como máquina de romper familias, barrios, amistades. Ese tipo de frase no tiene el glamour del insulto, pero suele ser la que se queda pegada en la memoria cuando se apagan las pantallas.

La palabra que queda flotando sobre el país

Al final, lo que sucedió en ese pódcast fue esto: un actor gigantesco, acostumbrado a dominar escenas ficticias, se quedó sin defensas hablando de una escena real, Estados Unidos bajo Trump, y mezcló rabia con tristeza. De Niro pidió que Trump fuera “neutralizado” por la ciudadanía y lo arropó con una idea clásica de protesta democrática —defender derechos, levantarse, resistir—, pero eligió un verbo que, en 2026, tiene demasiados significados encima y demasiadas sombras alrededor.

La discusión inmediata se ha centrado en si esa palabra fue un exceso. Es comprensible: en la política americana el lenguaje importa, y un término con resonancia de seguridad no es inocente. Pero el episodio completo, leído con el contexto, enseña otra cosa: De Niro no llora porque quiera ganar una pelea; llora porque cree que su país se está rompiendo y porque, a su manera, no encuentra una forma elegante de decirlo. Por eso vuelve a la repetición infantil, insistente, casi desesperada: resistir. Resistir como verbo de supervivencia, como gesto colectivo, como manera de no rendirse a la costumbre de odiar.


🔎 Contenido Verificado ✔️

Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: Cadena SER, Antena 3 Noticias, The Daily Beast, Apple Podcasts, The Independent, Variety, Entertainment Weekly, LOS40.

Gracias por leerme y por pasarte por Don Porqué. Si te apetece seguir curioseando, arriba tienes la lupa para buscar más temas. Y si esto te ha gustado, compártelo: así la historia llegará un poco más lejos.