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¿Por qué el CETI de Ceuta está desbordado y cuántos hay en España?
El CETI de Ceuta supera su capacidad y deja a más de mil migrantes esperando fuera, entre hambre, traslados lentos y recursos insuficientes.

España solo dispone de dos Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes, conocidos por sus siglas, CETI. Están instalados en Ceuta y Melilla, dependen del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y ofrecen una primera acogida provisional. El centro ceutí cuenta con 512 plazas oficiales y el melillense, con 782: una capacidad conjunta de 1.294 personas.
El problema inmediato está en Ceuta. A 3 de agosto de 2026, el CETI aloja a más de 700 personas, pese a disponer oficialmente de 512 plazas, mientras más de un millar de migrantes espera en sus alrededores. Algunos duermen en los montes próximos o junto a las playas, pendientes de que los traslados a la Península liberen espacio. Dentro hay casi un 37% más de residentes de los previstos; fuera, otra ciudad pequeña aguarda turno.
El gran flujo registrado en la frontera se ha reducido, pero el dispositivo continúa al límite de su capacidad. Persisten las llegadas y, sobre todo, permanece una bolsa de personas —muchas procedentes del África subsahariana— que no dispone de alojamiento estable, comida regular ni información clara sobre su situación. La Administración ama las siglas; la realidad, bastante menos.
Ceuta supera de largo sus 512 plazas
El CETI se encuentra en la carretera del Jaral, a las afueras de Ceuta. El recinto ha rebasado su capacidad nominal otras veces, aunque la situación actual añade un factor especialmente delicado: alrededor del centro se concentran más personas de las que cabrían dentro incluso si estuviera vacío. Sumando residentes y quienes aguardan en el exterior, la presión humana supera ampliamente el triple de sus plazas oficiales.
La Policía Nacional ha desplegado un dispositivo en los accesos y efectivos del Ejército han repartido agua. Durante la noche del sábado se produjo un intento de entrada por la fuerza, síntoma bastante elocuente de lo que sucede cuando centenares de personas pasan días a la intemperie viendo comida, duchas y camas al otro lado de una puerta. No hace falta adornarlo: el hambre y la deshidratación deterioran cualquier convivencia.
Las imágenes de aparente calma en las calles pueden resultar engañosas. Parte de quienes no han podido acceder se ha desplazado hacia la playa de Benítez o se oculta en zonas de monte. Otros esperan con un número asignado para entrar cuando se produzca una salida hacia la Península. La tensión no ha desaparecido; simplemente se ha apartado unos kilómetros del centro urbano.
La situación de los menores no acompañados sigue un circuito distinto. Su protección y tutela corresponden a los servicios de la Ciudad Autónoma, no al CETI como si fueran adultos recién llegados. En estos días también se han detectado menores ocultos en descampados y otros puntos de Ceuta, con unos recursos de protección igualmente saturados.
Qué es realmente un CETI
Un CETI es un establecimiento público de primera acogida provisional. Recibe a personas migrantes y solicitantes de protección internacional que llegan a Ceuta o Melilla mientras se realizan la identificación, la evaluación sanitaria inicial, la detección de vulnerabilidades y los trámites necesarios para determinar qué recurso resulta adecuado en cada caso.
No es un hotel, desde luego, pero tampoco un simple pabellón con literas. El sistema incluye alojamiento y manutención, material de higiene, vestido y calzado, atención sanitaria básica, apoyo psicológico, intervención social, asesoramiento jurídico, traducción, interpretación y formación lingüística.
El centro también debe detectar situaciones especialmente delicadas, como embarazos, enfermedades graves, posibles víctimas de trata, personas con discapacidad o supervivientes de violencia. Esa labor exige personal especializado, privacidad, intérpretes y tiempo; justo lo que empieza a escasear cuando las plazas se llenan y los pasillos se convierten en dormitorios improvisados.
La palabra temporal importa. La estancia pretende cubrir el periodo necesario para estudiar la situación administrativa y preparar una derivación, un traslado, la entrada en el sistema de protección internacional o, cuando proceda legalmente, un procedimiento de retorno.
El ingreso no concede por sí mismo un permiso de residencia. Cuando la persona carece de autorización para permanecer en España, recibe un documento personal que ampara su estancia en el centro durante el periodo indicado; no una regularización automática, por mucho que el debate político tienda a mezclar ambas cosas.
Un CETI no es un CIE
Las dos siglas se parecen, pero designan instituciones muy distintas. El CETI acoge; el Centro de Internamiento de Extranjeros, o CIE, ejecuta una medida de privación de libertad autorizada judicialmente mientras se tramitan determinados procedimientos de expulsión, devolución o salida.
Los CETI forman parte de la red asistencial del Ministerio de Inclusión. Los CIE dependen del Ministerio del Interior y tienen un régimen de internamiento. Confundirlos convierte un asunto administrativo complejo en una sopa de letras, bastante útil para el ruido partidista y bastante inútil para comprender qué ocurre.
Cuántos CETI hay en España y dónde están
Solo existen dos CETI en España. El de Ceuta dispone de 512 plazas y está situado en la carretera del Jaral. El de Melilla tiene una capacidad oficial de 782 personas y se encuentra en la carretera de Circunvalación número 450.
El centro melillense es mayor porque históricamente ha debido atender entradas numerosas, familias y perfiles muy diversos. Ofrece alojamiento, manutención, atención social, asistencia psicológica y sanitaria, asesoramiento legal y actividades formativas. Abrió sus puertas en 1999 y se convirtió en uno de los principales dispositivos estatales de primera recepción en la frontera terrestre con Marruecos.
Que haya únicamente dos CETI no significa que España cuente solo con dos recursos migratorios. La red estatal incluye también centros de atención y derivación, dispositivos de emergencia, centros de acogida para protección internacional y recursos gestionados en colaboración con entidades sociales.
Existen, entre otros, los CAED, los CAPI, los CREADE y los centros de primeras llegadas. Cada sigla responde a una fase o necesidad diferente; ninguna convierte mágicamente un almacén vacío en personal sanitario, intérpretes y camas disponibles.
La ubicación exclusiva de los CETI en Ceuta y Melilla se explica por la singularidad fronteriza de ambas ciudades. Son territorio español y frontera exterior de la Unión Europea, pero se encuentran en el norte de África. El centro funciona así como una primera bisagra entre la llegada, la identificación y la posterior decisión administrativa.
De quién dependen y quién los gestiona
Los CETI son de titularidad estatal y dependen del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, a través de la Secretaría de Estado de Migraciones. La planificación de los centros, sus plazas y las derivaciones corresponde a la Dirección General de Atención Humanitaria y del Sistema de Acogida de Protección Internacional.
La gestión cotidiana combina empleados públicos con servicios contratados y la participación de organizaciones especializadas. Cocina, limpieza, lavandería, atención sociosanitaria, traducción, mantenimiento o suministro de ropa y productos básicos pueden organizarse mediante contratos públicos o fórmulas de colaboración.
La responsabilidad política y administrativa, sin embargo, continúa siendo estatal. Externalizar un comedor no externaliza la obligación de que haya comida. Tampoco permite diluir quién debe reaccionar cuando la capacidad oficial salta por los aires y la emergencia humanitaria se instala frente a la puerta.
El Ministerio del Interior interviene en la identificación policial, el control fronterizo, los expedientes de extranjería y la seguridad exterior cuando resulta necesaria. La Ciudad Autónoma atiende sus competencias sanitarias y sociales y, especialmente, la tutela de menores no acompañados.
En una crisis coinciden varias administraciones. Cuando la coordinación funciona, el engranaje apenas se ve; cuando falla, el ciudadano contempla uniformes distintos alrededor del mismo problema, mientras cada despacho señala con elegancia burocrática al de al lado.
Qué ocurre cuando el centro se queda sin sitio
El sistema estatal contempla recursos extraordinarios para las situaciones de sobreocupación. Puede habilitar dispositivos temporales de emergencia, activar centros de atención y derivación, aumentar traslados o distribuir a las personas entre recursos de la Península.
El Programa de Atención Humanitaria incluye mecanismos para responder a llegadas numerosas y a la falta de plazas. El papel lo contempla casi todo. La dificultad comienza cuando hay que convertir una previsión administrativa en tiendas, duchas, alimentos, médicos y transporte antes de que las personas terminen durmiendo entre árboles.
En Ceuta, la liberación de camas depende en buena medida de las salidas hacia la Península. Cada traslado permite admitir a otra persona que espera fuera, pero el movimiento debe ajustarse a su situación administrativa, sanitaria y de vulnerabilidad.
No todas las personas siguen el mismo procedimiento ni pueden ser enviadas al mismo recurso. Ese trabajo requiere entrevistas, documentación, intérpretes y plazas de destino. No se resuelve llenando un autobús y señalando el norte.
La alternativa inmediata pasa por desplegar acogida de emergencia fuera del recinto. Mantener durante días a más de un millar de personas en playas, montes y descampados no reduce la saturación: simplemente la vuelve menos visible desde la garita.
La intemperie eleva los riesgos sanitarios, favorece los conflictos y dificulta localizar a personas enfermas, embarazadas, menores o posibles víctimas de explotación. El desorden no nace únicamente de la llegada; también crece cuando la respuesta pública se demora y la espera se vuelve una especie de limbo improvisado.
La seguridad y la atención humanitaria no son políticas enemigas. Controlar las entradas, identificar a las personas y garantizar agua, alimento y asistencia médica forman parte de la misma obligación pública. Presentar una cosa como concesión sentimental y la otra como autoridad suele dar buenos minutos de televisión; para gestionar una frontera sirve bastante menos.
El problema no cabe en 512 plazas
El CETI de Ceuta no colapsa porque haya olvidado cómo organizar sus habitaciones. Colapsa porque un recurso construido para 512 residentes ha recibido una presión muy superior mientras las plazas alternativas, los traslados y los dispositivos extraordinarios no avanzaban al mismo ritmo.
La consecuencia se ve alrededor del Jaral: más de 700 personas dentro y más de un millar fuera, esperando una cama, una comida o una explicación. La frontera ha bajado el volumen, pero el embudo continúa lleno. Y un embudo, aunque deje de recibir agua, tarda en vaciarse.
España tiene dos CETI y una frontera sometida a episodios capaces de multiplicar en horas la capacidad de ambos. Los centros cumplen una función necesaria, pero son insuficientes por sí solos para absorber una crisis de esta magnitud.
Exigir orden no consiste en fingir que quienes duermen entre arbustos han desaparecido; defender la dignidad humana tampoco obliga a negar que las fronteras existen. Ambas ideas pueden convivir. De hecho, deberían hacerlo en cualquier política migratoria que aspire a algo más que gestionar titulares.
Las siglas, por sí mismas, no fabrican plazas. Detrás de CETI debe haber previsión, personal, derivaciones rápidas y recursos de emergencia preparados antes de que la puerta se llene. Cuando todo se activa después, la provisionalidad deja de ser un puente y se convierte en un atasco: personas dentro, personas fuera y la Administración buscando, otra vez, dónde colocar la siguiente cama.

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