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¿Cómo van los playoffs NBA y qué viene en semana 1?

Los playoffs NBA arrancan con golpes serios, sorpresas y bajas clave: así están las series y el calendario completo de esta semana en España.
Los playoffs de la NBA 2026 ya han dejado de ser una promesa bonita de abril para convertirse en lo de siempre: una trituradora de certezas. Tras los ocho primeros partidos de la primera ronda, el cuadro ofrece una imagen bastante nítida. Mandan Cleveland, New York, Denver, Los Angeles Lakers, Boston, Oklahoma City, Orlando y San Antonio, todos con ventaja 1-0 en sus respectivas series. La mayoría defendió la pista con normalidad, incluso con autoridad, pero hubo una excepción que cambió el tono del Este en apenas una noche: Orlando ganó en Detroit y le robó el factor cancha al mejor equipo de su conferencia. No hay ninguna eliminatoria resuelta, ni mucho menos, pero sí varias que ya han enseñado el camino por el que quieren ir. Boston arrancó con una paliza, Oklahoma City con un aviso serio de campeón, Denver con la vieja sensación de equipo que sabe perfectamente dónde pisa, los Lakers con una victoria de mucho mérito pese a las bajas y San Antonio con un estreno salvaje de Victor Wembanyama.
La otra respuesta, la que suele buscar cualquiera que abre una pieza así en plena postemporada, también está ya bastante clara. Esta semana trae los segundos partidos en casa del mejor clasificado y, después, el viaje de las series a la pista del rival, que es donde muchas veces empieza el temblor de verdad. En hora española, la madrugada del martes 21 deja Raptors-Cavaliers a la 1.00, Hawks-Knicks a las 2.00 y Timberwolves-Nuggets a las 4.30; la del miércoles 22 suma 76ers-Celtics a la 1.00, Trail Blazers-Spurs a las 2.00 y Rockets-Lakers a las 4.30; la del jueves 23 ofrece Magic-Pistons a la 1.00 y Suns-Thunder a las 3.30. Luego llega un tramo bastante más respirable, casi humano para España: el sábado 25 aparecen Pistons-Magic a las 19.00 y Thunder-Suns a las 21.30, mientras el domingo 26 se juegan Cavaliers-Raptors a las 19.00 y Spurs-Blazers a las 21.30. Dicho de otra manera: entre la madrugada y el fin de semana, el cuadro se va a empezar a poner muy serio.
Un cuadro que ha arrancado sin tregua
La primera ronda ha empezado con una mezcla bastante reconocible de rodillo, sobresalto y estrellas tomando el control desde el primer cuarto. La temporada regular ya había dibujado una jerarquía clara en varias zonas del mapa: Detroit terminó primero del Este con 60-22, Boston fue segundo con 56-26, New York cerró tercero con 53-29 y Cleveland cuarto con 52-30; en el Oeste, Oklahoma City acabó con 64-18, San Antonio con 62-20, Denver con 54-28 y los Lakers con 53-29. Ese contexto importaba, claro, pero en playoffs nunca basta con enseñar el balance de abril como quien enseña un diploma enmarcado. Aquí toca repetirlo delante del rival, con el aro más pequeño de lo normal y el público respirando en la nuca. De momento, el guion de los favoritos solo se ha roto en una esquina, la de Detroit-Orlando, y ese detalle es bastante más importante de lo que parece, porque es la única serie que ya ha cambiado de manos en términos de pista. Los demás cabezas de serie protegieron la casa y evitaron el primer susto, que es la manera más rápida de convertir una serie teóricamente cómoda en una pelea larga.
También se ha visto otra cosa, menos vistosa pero igual de decisiva: las bajas ya están condicionando la postemporada desde el minuto uno. Joel Embiid no estuvo en el arranque de Philadelphia en Boston y la serie cambió de temperatura antes incluso de despegar; Kevin Durant se perdió el primer duelo de Houston ante los Lakers por problemas en la rodilla derecha; y en Los Ángeles la rotación llegó recortada, con Luka Dončić y Austin Reaves fuera, lo que obligó a un reparto de responsabilidades mucho más áspero. Los playoffs, por tanto, no solo han arrancado midiendo talento o profundidad, sino también salud, aguante y capacidad para improvisar cuando falta media columna vertebral del equipo. En este punto de abril no gana únicamente quien tiene más nombres. Gana, muchas veces, quien se presenta con menos piezas rotas.
El Este: Boston manda, Orlando altera el tablero
En el Este, la serie más limpia de arranque ha sido la de Boston contra Philadelphia. Los Celtics ganaron 123-91 y lo hicieron sin demasiada sensación de desgaste, que casi es lo más inquietante para el rival. Jayson Tatum y Jaylen Brown sumaron 51 puntos entre los dos, el equipo defendió como acostumbra cuando entra en modo grande y la ausencia de Embiid dejó a los Sixers jugando una eliminatoria de máxima exigencia con el motor principal apagado. Boston no solo se puso 1-0; transmitió la impresión de que puede controlar el ritmo, el rebote, la circulación y hasta el tono anímico de la serie si Philadelphia no recupera muy pronto a su pívot. La victoria no decide nada, sería absurdo decirlo a estas alturas, pero sí marca el tipo de cruce que puede venir: uno en el que el campeón del Este de hace un año y aspirante habitual vuelve a moverse con esa suficiencia que irrita tanto al que va por detrás.
En la otra gran historia de la conferencia, Orlando se llevó el primer partido en Detroit por 112-101 y dejó a los Pistons con una mueca incómoda, la del equipo que ha firmado una gran fase regular y descubre de golpe que eso no le protege de nada. Paolo Banchero firmó 23 puntos, el Magic jugó con más calma de la que suele atribuirse a un octavo clasificado y Cade Cunningham, pese a irse hasta los 39 puntos, no pudo evitar que el primer puesto del Este arrancara con un tropiezo en casa. Ese resultado cambia la atmósfera de la serie por una razón muy sencilla: Detroit ya no puede permitirse otra noche torcida. Si Orlando vuelve a golpear en el segundo partido, el mejor balance del Este quedará de repente convertido en un dato ornamental, bonito para la hemeroteca y poco más. Y si Detroit reacciona, la eliminatoria seguirá viva pero ya con un ruido que antes no tenía. Ese es el daño real de perder el primero en casa. No es solo el marcador. Es el contexto entero.
Las otras dos series del Este arrancaron con victorias menos sorprendentes, aunque no por eso menores. Cleveland derrotó 126-113 a Toronto con un partido muy sólido de Donovan Mitchell, autor de 32 puntos, y una noche de gran control de James Harden, que añadió 22 puntos y 10 asistencias. El detalle no es pequeño: Toronto había ganado los tres duelos de temporada regular contra los Cavaliers, así que el primer partido servía también para comprobar si esos antecedentes valían algo cuando llegaba la hora de verdad. La respuesta fue un no bastante rotundo. En New York, los Knicks vencieron 113-102 a Atlanta con 28 puntos de Jalen Brunson y 25 de Karl-Anthony Towns, que apareció con más peso en la segunda mitad. No fue un paseo, tampoco una agonía. Fue el tipo de victoria que un aspirante razonable necesita: seria, sin melodrama, sin regalar media eliminatoria en la primera noche. Knicks y Cavs abrieron la serie como debían abrirla. A veces el dato más importante no es la épica. Es la ausencia de sustos.
El Oeste: Oklahoma City avisa, Denver y Lakers responden
Si el Este ha dejado una grieta visible en Detroit, el Oeste ha arrancado recordando que ahí arriba no sobra nadie. Oklahoma City, vigente campeón, aplastó a Phoenix por 119-84 y lanzó uno de esos mensajes que no necesitan adjetivos. Shai Gilgeous-Alexander anotó 25 puntos, Jalen Williams añadió 18 y Chet Holmgren aportó 16, con un partido colectivo en el que el Thunder volvió a parecer lo que fue durante toda la temporada: un equipo rápido de piernas, clarísimo de ideas y muy incómodo para cualquiera que quiera instalarse en media pista. El resultado no solo da el 1-0. Da también una sensación de continuidad. Oklahoma City no ha entrado en playoffs con la torpeza habitual del equipo que cambia de registro; ha seguido corriendo exactamente por el mismo carril por el que venía cerrando la temporada regular. Phoenix, en cambio, salió del primer duelo con la obligación de corregirlo casi todo, desde la fluidez ofensiva hasta la resistencia ante la agresividad defensiva del campeón.
Denver también comenzó imponiendo su gramática, que suele ser más pesada, más paciente y bastante menos aparatosa que la de Oklahoma City. Los Nuggets derrotaron a Minnesota por 116-105 y lo hicieron apoyados en el dúo que explica medio ciclo reciente de la franquicia: Jamal Murray firmó 30 puntos y Nikola Jokić abrió los playoffs con un triple-doble de 25 puntos, 13 rebotes y 11 asistencias. El partido fue áspero, muy físico, con el tipo de contacto que anuncia una serie larga aunque el primer golpe haya sido local. Denver controló el tramo central del encuentro, estiró el marcador cuando hizo falta y volvió a dejar esa impresión tan suya de equipo que no necesita parecer brillante para dominar un cruce. Minnesota no está fuera de la conversación, ni mucho menos, pero sí entró ya en una situación delicada: perder el segundo partido en Denver sería viajar a casa con la serie 0-2 y con la sensación de que el rival conoce mejor cada rincón del partido importante. Frente a los Nuggets, esa desventaja pesa el doble.
Los Lakers, por su parte, se llevaron uno de los partidos con más morbo previo y más ruido alrededor. Ganaron 107-98 a Houston pese a jugar muy condicionados por las ausencias de Luka Dončić y Austin Reaves, y lo hicieron gracias al empuje inesperado de Luke Kennard, que fue el máximo anotador con 27 puntos, y al partido de mando de LeBron James, cerca del triple-doble con 19 puntos, 13 asistencias y 8 rebotes. Del otro lado faltó Kevin Durant, baja por la rodilla derecha, y eso alteró toda la lógica de una serie que sobre el papel prometía un pulso de súper nombres. Los Lakers sobrevivieron a su propia enfermería y, además, dejaron una imagen de equipo muy competitivo incluso cuando el plan inicial se ha ido al suelo. No es poca cosa. En playoffs, a veces un Game 1 así no significa que seas mejor; significa que sabes seguir respirando cuando el partido se tuerce antes de empezar. Y eso también cuenta, muchísimo. De hecho, el estreno dejó una postal singular: LeBron y Bronny James se convirtieron en el primer dúo padre-hijo en jugar juntos un partido de playoffs. La NBA nunca desperdicia una escena.
Wembanyama entra en escena y cambia el foco
Luego está San Antonio, que ha arrancado su serie con Portland con una victoria clara, 111-98, pero sobre todo con una certeza aún más grande: Victor Wembanyama ya no es una promesa futurista ni un jugador de escaparate; es un problema inmediato para cualquier defensa de playoffs. En su debut en postemporada se fue a 35 puntos, 5 rebotes y 2 tapones, metió cinco triples y firmó un récord de franquicia para un estreno en eliminatorias. No fue un partido de tanteo, ni uno de esos debuts correctos que invitan a esperar la explosión para más adelante. Fue directamente una irrupción. Wembanyama entró en la escena grande como si la escena grande llevara años esperándolo.
Ese partido también dice algo del lugar que ocupa ahora San Antonio en el Oeste. No es solo un equipo joven y larguísimo alrededor de una estrella singular; es ya un conjunto que empieza a jugar con la convicción del aspirante de verdad. Portland compitió durante tramos del encuentro, pero acabó cediendo cuando el partido exigió altura, tamaño y pegada. Y ahí los Spurs tienen mucha. La serie aún debe viajar, aún tiene que enseñarse en la pista de los Blazers y aún puede endurecerse, pero el primer mensaje fue muy rotundo: si Wembanyama mantiene este nivel y San Antonio conserva el orden colectivo, el segundo puesto del Oeste no era un accidente estadístico. Era una advertencia. Y ya está sonando más fuerte.
El calendario en directo de esta semana
La semana avanza con una lógica muy clara. Primero llegan los segundos partidos en las pistas de Cavaliers, Knicks, Nuggets, Celtics, Spurs, Lakers, Pistons y Thunder. Después, el traslado. Ese detalle importa porque en una eliminatoria larga el 2-0 no mata, pero aprieta mucho; y el 1-1, en cambio, le cambia la cara por completo al viaje. En España, la agenda inmediata queda así: en la madrugada del martes 21 se juegan Toronto-Cleveland a la 1.00, Atlanta-New York a las 2.00 y Minnesota-Denver a las 4.30. En la del miércoles 22 aparecen Philadelphia-Boston a la 1.00, Portland-San Antonio a las 2.00 y Houston-Lakers a las 4.30. En la del jueves 23, ya con menos saturación pero con mucho peso competitivo, llegan Orlando-Detroit a la 1.00 y Phoenix-Oklahoma City a las 3.30. Ahí se completa la segunda tanda de partidos de todas las series. Y a partir de ahí, la historia cambia porque varias eliminatorias se mudan a la casa del equipo que empezó perdiendo.
La madrugada del viernes 24 trae Knicks-Hawks a la 1.00, Cavaliers-Raptors a las 2.00 y Nuggets-Timberwolves a las 3.30; la del sábado 25 añade Celtics-76ers a la 1.00, Lakers-Rockets a las 2.00 y Spurs-Blazers a las 4.30. Luego aparece el tramo más agradecido del calendario, casi un regalo en mitad de tanta madrugada: el sábado 25 se disputan Pistons-Magic a las 19.00 y Thunder-Suns a las 21.30; esa misma noche, ya al borde del cambio de fecha, cae Knicks-Hawks a las 00.00, y de madrugada Nuggets-Timberwolves a las 2.30. El domingo 26 ofrece Cavaliers-Raptors a las 19.00 y Spurs-Blazers a las 21.30, antes de volver al horario nocturno con Celtics-76ers a la 1.00 del lunes 27 y Lakers-Rockets a las 3.30. Y el propio lunes 27, en una franja mucho más amable, coinciden Thunder-Suns, Pistons-Magic y Timberwolves-Nuggets a las 19.00. Es una semana comprimida, sí, pero muy reveladora: entre el martes y el lunes puede quedar medio cuadro inclinado.
Para seguir todo eso en España, el ecosistema sigue siendo el habitual. NBA League Pass mantiene el acceso a los partidos de la temporada y la postemporada en directo y bajo demanda, mientras Movistar Plus+ continúa ofreciendo programación de la liga y partidos de playoffs dentro de su oferta de baloncesto. La diferencia práctica es fácil de entender sin darle demasiadas vueltas: League Pass funciona como la puerta grande para verlo prácticamente todo, y Movistar como el escaparate más reconocible dentro del mercado español para seguir partidos seleccionados y programación deportiva asociada. En una semana con tantas madrugadas, ese reparto importa bastante porque determina cómo se consume la serie: en directo, al día siguiente, a la carta, con redifusión o con el resumen largo que salva más de un horario imposible.
Lo que se juega antes del fin de semana
Lo más interesante de estos primeros días no es solo el 1-0 de cada serie, sino la manera en que ese 1-0 ha llegado. Boston y Oklahoma City dominaron con una superioridad que invita a pensar en eliminatorias cortas si nada cambia en la enfermería rival. Denver ganó como gana casi siempre en abril, con oficio de equipo mayor, y eso obliga a Minnesota a mejorar mucho en los tramos donde el partido se vuelve táctico y algo más lento. Cleveland y New York hicieron lo que debían hacer: abrir con seriedad para evitar la ansiedad temprana. Orlando, en cambio, desordenó la lógica del Este y convirtió a Detroit en el primer gran foco de presión. Y los Lakers dejaron un mensaje menos ruidoso, pero muy valioso: incluso con la rotación recortada pueden competir de verdad si el partido se ensucia y se vuelve mental.
Los próximos días van a girar alrededor de unas cuantas tensiones muy concretas. Philadelphia necesita saber si puede sostener la serie sin Embiid o con un Embiid a medio gas. Houston necesita recuperar a Durant o, al menos, encontrar una estructura ofensiva que no dependa tanto de su presencia. Detroit debe responder al golpe de Orlando para que el mejor balance del Este no empiece a oler a papel mojado. Phoenix tiene que resistir el ritmo del campeón, que ahora mismo parece ir un punto por encima del resto. Minnesota y Toronto necesitan robar uno rápido antes de que el cuadro se les vuelva cuesta arriba. Y San Antonio quiere algo más: aprovechar el impacto inicial de Wembanyama para llevar la serie a un terreno emocionalmente muy incómodo para Portland. Ahí está la noticia de verdad. No tanto en quién pegó primero, sino en quién será capaz de sostener el golpe cuando cambie la pista, el reloj apriete y la eliminatoria deje de ser una foto fija para convertirse en una pelea.

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