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Historia

¿Cuándo nacieron los viajes del Imserso y para qué servían? A fondo

Antes de llenar hoteles en invierno, el instituto ya tenía otra misión. Su historia va mucho más allá de las vacaciones.

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Viajeros mayores junto al mar en una imagen relacionada con el origen del Imserso y su programa turístico

Imagen: Jan van der Wolf / Pexels

El Imserso no nació para organizar vacaciones. Se creó el 16 de noviembre de 1978 como Instituto Nacional de Servicios Sociales, conocido entonces por las siglas Inserso, dentro de una reorganización de la Seguridad Social. Su cometido era atender necesidades sociales vinculadas al sistema público. El programa de viajes para personas mayores, que hoy concentra buena parte de su notoriedad, llegó después, en 1985.

La diferencia entre ambas fechas explica buena parte de la confusión. Una cosa es el nacimiento del organismo y otra, el comienzo de su iniciativa turística más conocida. Además, el nombre actual tampoco es el original: entre el Inserso de 1978 y el Imserso de hoy hubo una etapa en la que la institución también se ocupó de migraciones. La historia de sus siglas es, en cierto modo, la historia de cómo cambiaron las prioridades sociales del Estado.

Un organismo surgido de la reorganización de 1978

El Real Decreto-ley 36/1978, de 16 de noviembre, reorganizó la gestión institucional de la Seguridad Social, la salud y el empleo. En ese marco creó el Instituto Nacional de Servicios Sociales. Su aparición respondió a una necesidad administrativa más amplia que la de ofrecer actividades a las personas jubiladas: había que ordenar la gestión pública de servicios sociales complementarios a las prestaciones económicas del sistema.

Una pensión proporciona ingresos, pero no cubre por sí sola todas las necesidades que pueden acompañar a la vejez o a una discapacidad. Hay situaciones que requieren apoyos, atención especializada o medidas para mantener los vínculos con la comunidad. Esa distinción entre prestaciones económicas y servicios sociales ayuda a comprender por qué se creó una entidad específica. El Inserso formaba parte de la Seguridad Social, pero su campo de actuación no se reducía al pago de pensiones.

La fecha también sitúa su creación en un momento de transformación de las instituciones españolas. La reorganización de 1978 no fue un episodio aislado ni una campaña turística anticipada: trataba de dar una estructura reconocible a funciones públicas que afectaban a distintos ámbitos de la vida cotidiana. El instituto recibió un nombre amplio porque su misión original era amplia. Todavía no llevaba a las personas mayores en sus siglas, aunque con el tiempo acabarían siendo uno de los colectivos más asociados a su actividad.

Ese primer nombre dejó una huella curiosa. Inserso e Imserso siguen apareciendo a veces como si fueran dos maneras equivalentes de escribir una misma palabra. No lo son desde el punto de vista histórico: Inserso fue la denominación inicial, mientras que Imserso corresponde a una etapa posterior. La letra que cambia no es un simple detalle ortográfico; señala que las competencias del organismo se modificaron y que su identidad pública terminó por ajustarse a ellas.

Los viajes de 1985: una solución para dos inviernos

El programa de turismo para mayores comenzó en 1985, siete años después de la creación del instituto. Nació de un problema que se hacía visible al terminar la temporada de verano: los hoteles perdían ocupación y parte del empleo turístico se volvía inestable. Al mismo tiempo, muchas personas jubiladas no habían tenido durante su vida laboral oportunidades habituales de viajar. La iniciativa puso en contacto esas dos realidades mediante estancias fuera de la temporada alta.

Calvià, en Mallorca, ocupa un lugar destacado en los relatos sobre aquella gestación. Margarita Nájera, integrante del gobierno municipal de la época, ha recordado las dificultades de los inviernos turísticos y el papel del entonces alcalde Paco Obrador en la propuesta. Desde esa experiencia local se planteó una fórmula que después llegó al Gobierno central. La idea no consistía solo en llenar habitaciones vacías: también pretendía abrir una posibilidad de descanso y convivencia a personas mayores.

El exministro de Trabajo Joaquín Almunia ha descrito las negociaciones necesarias para ponerla en marcha en un contexto de desempleo elevado. Aquel diseño exigía acuerdos entre la Administración y el sector turístico, porque un viaje organizado fuera de temporada depende de alojamientos abiertos, transporte y personal disponible. La ocupación hotelera en invierno importaba tanto como el acceso de los usuarios a unas vacaciones asequibles. Esa doble finalidad explica por qué el programa pudo interesar a actores con objetivos distintos.

Sobre sus efectos económicos circulan cifras recordadas por quienes participaron en el proyecto, como la relación entre viajeros y puestos de trabajo o el dinero que retornaba a las arcas públicas. Son testimonios útiles para conocer cómo se defendía la iniciativa, pero no sustituyen una evaluación aplicable a todas las temporadas. El empleo generado y el retorno económico dependen de factores que cambian: la ocupación, los contratos, los costes y la actividad que cada viaje produce fuera del hotel.

La escena más fácil de imaginar es la de una recepción que, tras el verano, vuelve a registrar llegadas en lugar de cerrar hasta la siguiente campaña. Pero la otra mitad de la historia está en quienes hacen la maleta. Para una parte de aquella generación, las vacaciones no habían sido una costumbre anual. El programa convirtió el tiempo libre de la jubilación en una oportunidad de viajar, al tiempo que ofrecía actividad al sector durante meses de menor demanda.

Del Inserso al Imserso: qué revelan sus cambios de nombre

La institución creada en 1978 no mantuvo intacta su denominación. El Real Decreto 140/1997, de 31 de enero, transformó el Instituto Nacional de Servicios Sociales en el Instituto de Migraciones y Servicios Sociales. La incorporación de migraciones a sus competencias explica aquella nueva forma de llamar al organismo. Aunque cambiaron las palabras que representaban las letras, la sigla Imserso empezó a identificarlo en esa etapa.

En 2004 llegó otra modificación. El Real Decreto 1600/2004, de 2 de julio, fijó el nombre de Instituto de Mayores y Servicios Sociales, que continúa vigente. La M dejó de aludir a migraciones y pasó a referirse a mayores. No fue la fundación de un instituto nuevo ni el inicio de sus viajes: fue un cambio de denominación ligado a la distribución de funciones dentro de la Administración.

La secuencia permite leer las siglas sin confundir tres momentos distintos. En 1978 nació el Inserso como organismo de servicios sociales; en 1997, al asumir competencias sobre inmigración, pasó a llamarse Instituto de Migraciones y Servicios Sociales; en 2004 adoptó su denominación actual. El mismo acrónimo tuvo dos significados diferentes, mientras que el programa turístico había comenzado entre el primero y el segundo de esos cambios.

Los nombres administrativos pueden parecer un asunto menor hasta que borran parte de la historia. Quien conoce al Imserso únicamente por sus viajes quizá imagine que la palabra mayores siempre figuró en su denominación y que las vacaciones motivaron su creación. Ninguna de las dos cosas ocurrió así. La trayectoria del organismo fue más larga que la de su programa más popular, y sus cambios de nombre reflejan tareas que hoy apenas se asocian a la imagen de una salida en autocar.

Qué hace el organismo cuando no organiza vacaciones

El turismo social es una parte visible de una institución con responsabilidades menos fotogénicas. Como entidad gestora de la Seguridad Social, el Imserso interviene en el ámbito de los servicios sociales complementarios y en la gestión y el seguimiento de las pensiones no contributivas de jubilación y discapacidad. Estas prestaciones no deben confundirse con los viajes: responden a finalidades, condiciones y procedimientos distintos.

También forma parte de su actividad el termalismo social, que facilita estancias en balnearios dentro de un programa específico. Aunque turismo y termalismo comparten la posibilidad de salir del entorno habitual, no son idénticos. Sus condiciones se establecen por separado y pueden variar según la convocatoria. Pertenecer al ámbito de actuación del Imserso no significa que todas sus iniciativas tengan los mismos destinatarios ni que acceder a una abra automáticamente la puerta a otra.

Entre las responsabilidades del instituto figuran asimismo actuaciones relacionadas con personas mayores, discapacidad y dependencia, además de la cooperación con otras administraciones y entidades. Gestiona centros de atención especializada y centros con objetivos de investigación de alcance estatal en materias de su competencia. En algunas prestaciones vinculadas a la discapacidad, su gestión directa en Ceuta y Melilla convive con funciones de seguimiento o coordinación en el conjunto del territorio.

Esta amplitud explica por qué identificar el Imserso exclusivamente con vacaciones deja fuera una parte esencial de su trabajo. Un folleto de viajes resulta más reconocible que la evaluación de servicios sociales o la coordinación de criterios administrativos. Sin embargo, la función pública menos visible también define al instituto. El entretenimiento de las personas mayores no sustituye a sus tareas en protección social, del mismo modo que una prestación económica no resume toda la atención que alguien puede necesitar.

La dependencia amplió el alcance de sus responsabilidades

La Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, situó la dependencia en un marco estatal específico. Al Imserso le corresponden competencias de la Administración General del Estado en este ámbito. El cambio añadió peso a una cuestión que va más allá de la edad: la necesidad de apoyo para actividades de la vida diaria puede afectar a personas con trayectorias y circunstancias muy distintas. Persona mayor y persona en situación de dependencia no son categorías equivalentes.

La organización territorial obliga, además, a distinguir entre fijar un marco común y resolver una solicitud individual. En el sistema de atención a la dependencia, las comunidades autónomas desempeñan un papel decisivo al valorar situaciones y gestionar servicios y prestaciones en su territorio. Por eso, afirmar que el Imserso decide por sí solo todas las ayudas o asigna todas las plazas de atención sería una simplificación engañosa. Su papel estatal convive con responsabilidades autonómicas.

Lo mismo ocurre cuando se habla de servicios como la ayuda a domicilio, los centros de día o la atención residencial. Son recursos presentes en el sistema de dependencia, pero eso no implica que cada uno esté prestado directamente por el instituto. La coordinación entre administraciones es una pieza menos visible que el servicio que recibe una persona, aunque resulta esencial para entender cómo se organiza la atención pública en España.

Este desarrollo posterior también permite apreciar la distancia entre el instituto de 1978 y el actual. El organismo nació para gestionar servicios sociales en un sistema que se reorganizaba; décadas después participa en una estructura de protección social con nuevas competencias y una distribución territorial compleja. No es una entidad inmóvil a la que se añadieron viajes, sino una institución cuyas funciones se han ido redefiniendo mientras cambiaban las necesidades reconocidas por las políticas públicas.

Por qué sus viajes se convirtieron en su imagen pública

Las vacaciones tienen una ventaja narrativa: se ven. Hay destinos, hoteles, fotografías de grupo y conversaciones al regreso. La coordinación administrativa, en cambio, suele quedar detrás de expedientes y reuniones. Esa diferencia ayuda a entender por qué el programa turístico terminó representando a toda la institución en la imaginación colectiva, aunque sea solo una parte de su actividad. Su popularidad no cambia el hecho de que el instituto existía antes de organizar la primera temporada.

El programa también produjo una imagen reconocible de la jubilación. Frente a la idea de una etapa necesariamente reducida al hogar, mostró a personas mayores viajando y compartiendo experiencias. No conviene idealizarla: las posibilidades de participación dependen de requisitos, plazas y circunstancias personales. Aun así, la dimensión social del viaje va más allá del alojamiento. Para algunas personas representa una ocasión de mantener relaciones y conocer lugares; para otras, no será una opción adecuada o disponible.

Con el paso del tiempo, esa visibilidad ha favorecido otra confusión: tomar las condiciones de una temporada por reglas permanentes. Los destinos ofertados, las plazas, los precios y los criterios de acceso pertenecen a convocatorias concretas y pueden cambiar. La historia del programa no equivale a sus normas actuales. Conocer por qué surgió aclara su lógica, pero no permite deducir quién puede reservar hoy un viaje ni en qué fechas.

También sería excesivo presentar el turismo social como una solución completa al desempleo estacional o a la soledad. Puede contribuir a mantener actividad económica fuera del verano y propiciar encuentros, pero sus efectos tienen límites y no son iguales para todos los destinos o participantes. Esa cautela no empequeñece la iniciativa. Al contrario, permite reconocer lo singular de su planteamiento original sin atribuirle resultados que una sola política pública no puede garantizar.

Una historia que no cabe en un folleto de vacaciones

La cronología del Imserso muestra cómo una institución puede hacerse famosa por algo que no motivó su creación. Primero llegó el Inserso de 1978, nacido de la reorganización de la Seguridad Social. Después, los viajes de 1985 dieron forma a un programa capaz de relacionar vacaciones para mayores con actividad turística fuera de temporada. Más tarde, los cambios de 1997 y 2004 modificaron el significado de sus siglas hasta llegar al nombre actual.

Detrás de esa secuencia hay dos maneras de mirar la protección social. Una observa las necesidades que no se resuelven únicamente con ingresos: cuidados, apoyos y participación en la vida colectiva. La otra se pregunta si una infraestructura turística que se vacía en invierno puede servir también a quienes rara vez viajaron. Los viajes unieron ambas perspectivas, pero el instituto siguió teniendo responsabilidades que no caben en una maleta.

Tal vez por eso su historia resulta más reveladora que la postal de un hotel lleno. Explica qué ocurre cuando el Estado organiza servicios para necesidades distintas y cómo un programa visible puede acabar dando nombre, en el habla cotidiana, a toda una institución. El Imserso de hoy conserva esa imagen viajera mientras trabaja en ámbitos mucho menos conocidos. Recordar que nació antes que sus viajes no les resta importancia; devuelve al organismo la dimensión que tenía desde el principio.

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