Síguenos

Tecnología

¿Muse Code puede competir con OpenAI y Anthropic en programación?

Meta entra en la guerra del código con Muse Code, un agente de IA que desafía a OpenAI y Anthropic con precio, memoria y trabajo en paralelo.

Publicado

el

Meta blinda su carrera en IA

Meta ha lanzado Muse Code, su primer agente de inteligencia artificial especializado en programación. La herramienta llega en fase beta, funciona desde el terminal y pretende realizar trabajos completos de ingeniería de software: estudiar un repositorio, planificar cambios, escribir código, ejecutar comprobaciones y corregir errores. No es otro chat que propone tres líneas de Python y se despide satisfecho. La ambición es bastante mayor.

El nuevo agente utiliza Muse Spark 1.2, una versión del modelo de Meta afinada específicamente para comprender bases de código extensas y mantener tareas largas sin perder el hilo. La compañía entra así en un mercado ocupado por Claude Code, de Anthropic, y Codex, de OpenAI, dos herramientas que ya trabajan dentro de terminales, editores y entornos empresariales. Meta llega después, aunque no precisamente de puntillas: compite con precios agresivos y una arquitectura formada por varios agentes que pueden trabajar al mismo tiempo.

Meta entra de lleno en la programación con inteligencia artificial

Muse Code es la materialización de un giro que Meta venía preparando desde abril, cuando presentó Muse Spark, el primer modelo de la nueva familia desarrollada por Meta Superintelligence Labs. Aquella versión combinaba razonamiento, procesamiento de imágenes, uso de herramientas y coordinación entre agentes, pero todavía reconocía limitaciones en programación y en tareas autónomas prolongadas. La versión 1.1, abierta a desarrolladores en julio, amplió esas capacidades; Muse Spark 1.2 ya apunta directamente al trabajo de ingeniería.

La diferencia importa. Un asistente convencional completa funciones, explica errores o sugiere cambios mientras el programador dirige cada movimiento. Un agente de programación recibe un objetivo más amplio y decide cómo abordarlo: inspecciona archivos, localiza dependencias, modifica varias partes del proyecto, ejecuta pruebas y revisa el resultado. El profesional deja de dictar cada línea y pasa a supervisar un proceso. Cambia el teclado por una especie de dirección de obra digital, aunque el casco sigue siendo recomendable.

Muse Code se instala inicialmente en macOS y Linux y se maneja mediante instrucciones escritas en el terminal. Por ahora no dispone de una aplicación gráfica propia comparable a las superficies más amplias ofrecidas por sus principales rivales. Su terreno natural es, de momento, el de los desarrolladores habituados a trabajar con comandos, repositorios y herramientas como Git.

De completar código a ejecutar proyectos enteros

Meta sostiene que Muse Code puede afrontar tareas completas dentro de repositorios grandes: preparar un plan, introducir modificaciones, generar archivos nuevos y verificar que el programa continúa funcionando. También permite someter sus propios planes a comprobaciones antes de tocar el código. Sobre el papel, una precaución sensata; las máquinas también agradecen pensárselo dos veces, especialmente cuando tienen permiso para borrar carpetas.

La herramienta conserva un registro local de actividad en el que quedan anotadas las llamadas al modelo, los comandos utilizados, las autorizaciones concedidas y los cambios realizados. Si el proceso se interrumpe o el programa se bloquea, puede recuperar ese historial y continuar desde el punto anterior en lugar de empezar de cero. Es una función poco vistosa, pero esencial para trabajos largos: en ingeniería de software, perder dos horas de contexto resulta bastante menos poético que perder la inspiración.

Muse Code puede servir para corregir fallos, modernizar código antiguo, añadir funciones, redactar pruebas automatizadas o revisar cambios antes de integrarlos. Eso no significa que sustituya al programador. El agente produce trabajo técnico, pero la decisión sobre la arquitectura, la seguridad y las consecuencias del cambio continúa siendo humana. Al menos de momento, y conviene que siga así cuando el software controla pagos, historiales médicos o infraestructuras públicas.

Muse Spark 1.2 pone a trabajar a varios agentes en paralelo

Una de las particularidades del sistema es la utilización de subagentes persistentes. En lugar de recurrir a una sola instancia de inteligencia artificial que aborda sucesivamente cada problema, Muse Code puede mantener varios procesos activos durante toda la sesión. Uno puede analizar las pruebas, otro revisar una dependencia y un tercero estudiar el impacto de una modificación en diferentes archivos.

La coordinación paralela permite acelerar tareas complejas, pero también añade una capa delicada. Varios agentes pueden dividir el trabajo con eficacia; también pueden propagar una interpretación equivocada con una rapidez admirable. La ventaja no reside únicamente en multiplicar trabajadores digitales, sino en verificar cómo se reparten la tarea, qué permisos reciben y de qué manera se comprueba el resultado final.

Meta afirma que Muse Spark 1.2 y Muse Code fueron entrenados conjuntamente para mejorar su funcionamiento como pareja. El modelo no se limita a generar el texto o el código solicitado: ha sido preparado para desenvolverse dentro del ciclo del agente, utilizando herramientas, recibiendo resultados, corrigiendo decisiones y manteniendo el objetivo durante periodos prolongados.

Memoria, herramientas y supervisión humana

El agente puede ejecutar acciones reales sobre los archivos del usuario. Ahí empieza su utilidad y también el territorio incómodo. Un modelo que solo conversa puede equivocarse en una explicación; uno que modifica el repositorio puede introducir una vulnerabilidad, romper una función estable o enviar información sensible a un servicio externo.

La supervisión no debería limitarse a comprobar si el programa compila. El código generado necesita revisión, pruebas aisladas y control de permisos. Investigaciones recientes sobre agentes de programación han mostrado que instrucciones maliciosas ocultas en incidencias, documentos o comentarios pueden inducir comportamientos inseguros y superar parte de las protecciones existentes. No es una objeción exclusiva contra Meta, sino un problema general de una tecnología que empieza a tocar archivos, redes y sistemas reales.

Muse Code incorpora aprobaciones y un historial de acciones, dos elementos útiles para reconstruir qué hizo el sistema. Aun así, un registro no impide por sí solo el error; simplemente permite contemplar sus huellas después. La responsabilidad sigue en manos de quien concede acceso al repositorio y acepta los cambios.

El precio de Muse Code tiene dos puertas muy distintas

Meta ofrece el servicio mediante un sistema de pago por uso, calculado según los tokens procesados. Los tokens son fragmentos de texto o código: cuanto mayor sea el repositorio, más largas las instrucciones y más extensa la respuesta, mayor será el consumo.

En la modalidad estándar, Muse Spark 1.2 cuesta 1,25 dólares por cada millón de tokens de entrada, 0,15 dólares por el contenido almacenado en caché y 4,25 dólares por cada millón de tokens generados. Meta indica que los datos de esta modalidad no se utilizan para mejorar sus productos.

La segunda modalidad, denominada Contributor, reduce las tarifas a 0,10 dólares por millón de tokens de entrada, 0,002 dólares por los almacenados en caché y 0,20 dólares por los de salida. El descuento es enorme, pero no ha brotado de la filantropía digital: el usuario concede permiso para que sus instrucciones y las respuestas del modelo sean empleadas en la mejora de los productos de Meta y en futuros procesos de entrenamiento.

Para un desarrollador independiente que trabaja con código público, la rebaja puede resultar atractiva. Para una empresa con secretos comerciales, datos de clientes o algoritmos propios, el análisis cambia por completo. El código también es información confidencial, aunque no lleve sello ni carpeta de cuero. La elección entre ambas tarifas exige revisar qué contenido se enviará al modelo y qué compromisos de privacidad tiene la organización.

La batalla contra Codex y Claude Code no empieza de cero

Anthropic y OpenAI llevan ventaja en producto, integración y hábitos de uso. Claude Code puede leer repositorios, editar archivos, ejecutar comandos y conectarse con herramientas externas desde el terminal, el navegador, aplicaciones de escritorio y distintos editores. También solicita autorización antes de modificar archivos o lanzar determinadas órdenes.

Codex, por su parte, funciona dentro de ChatGPT, en el terminal y en extensiones para entornos de desarrollo. OpenAI lo presenta como un sistema capaz de completar solicitudes de cambio, revisar código, ejecutar refactorizaciones y coordinar varios agentes en paralelo. Su ecosistema ofrece además interfaces gráficas y entornos remotos para delegar trabajos que continúan ejecutándose mientras el usuario atiende otras tareas.

Muse Code comparte buena parte de esa filosofía, aunque su lanzamiento inicial resulta más austero: terminal, API y consumo por tokens. Su gran argumento es el coste, especialmente en la modalidad que permite utilizar los datos. También cuenta con la capacidad financiera y la infraestructura de Meta, que ha convertido la inteligencia artificial en una apuesta central después de años en los que Llama representó su escaparate más visible.

No basta, sin embargo, con aparecer en una tabla de precios. Los desarrolladores valoran la calidad de los cambios, la comprensión de proyectos complejos, la estabilidad durante sesiones largas y la facilidad para recuperar un error. Un agente barato que necesita tres revisiones puede salir caro; uno algo más costoso que acierta a la primera puede ahorrar jornadas enteras. La factura verdadera se calcula en tiempo humano, no solo en tokens.

El examen real empieza dentro de los repositorios

Muse Code confirma que la competición de la inteligencia artificial se está desplazando desde los chatbots hacia los agentes capaces de actuar. Meta no quiere limitarse a responder preguntas en WhatsApp o generar imágenes en Instagram. También busca un lugar en el software con el que se construyen empresas, aplicaciones y buena parte de la vida digital.

La propuesta tiene elementos sólidos: ejecución paralela, registro persistente, integración con Muse Spark 1.2 y tarifas competitivas. Tiene también interrogantes pendientes, desde la calidad del código hasta la protección de información empresarial. La condición de beta aconseja cierta calma antes de proclamar vencedores. En tecnología, cada presentación corporativa inaugura una revolución; algunas sobreviven hasta el viernes.

El éxito de Muse Code dependerá de lo que ocurra lejos de los escenarios y las demostraciones preparadas: repositorios desordenados, dependencias antiguas, pruebas que fallan sin motivo aparente y documentación escrita por alguien que abandonó la empresa hace cinco años. Ahí se separan los agentes útiles de los loros con acceso al terminal. Meta ya ha entrado en la carrera. Falta comprobar cuánto código entiende y cuánto ruido sabe evitar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído