Historia
¿Quién era Josep Cusí, íntimo amigo y confidente de Juan Carlos I?
Josep Cusí, íntimo amigo de Juan Carlos I y alma del Bribón, muere a los 92 años tras una vida de empresa, deporte, mar y amistad con el Rey.

Josep Cusí murió el miércoles 19 de agosto de 2026 en Barcelona a los 92 años. Empresario, deportista olímpico, armador y uno de los hombres más próximos a Juan Carlos I durante más de medio siglo, falleció de madrugada en su domicilio, acompañado por su familia. Su estado de salud se había deteriorado durante los últimos años, especialmente desde el ictus que sufrió a finales de 2021. No se ha comunicado públicamente una causa médica concreta de la muerte.
Para varias generaciones su nombre quedó inevitablemente unido al del rey emérito y a los veleros Bribón, pero Cusí fue bastante más que el amigo que aparecía en cubierta unos metros detrás del monarca. Nacido en Barcelona en 1934, fue ingeniero electrónico, empresario, nadador, jugador de waterpolo, submarinista y tirador olímpico. Una biografía de otro tiempo, casi excesiva vista desde una época en la que ya cuesta especializarse en una sola cosa. Participó en los Juegos Olímpicos de México 1968 en tiro al plato y construyó después una de las relaciones personales más duraderas alrededor de la familia Borbón.
Josep Cusí, mucho más que el hombre que navegaba con el Rey
Cusí pertenecía a esa burguesía barcelonesa de perfil bajo que podía frecuentar clubes históricos, conversar con empresarios y personajes públicos y, al día siguiente, desaparecer discretamente de la fotografía. Había comenzado muy joven en la empresa familiar de componentes electrónicos y estuvo relacionado con trabajos de iluminación en algunos espacios emblemáticos de Barcelona. La actividad empresarial, sin embargo, casi siempre quedó eclipsada por sus aventuras deportivas y por una amistad real, en los dos sentidos de la palabra.
Antes de convertirse en una figura habitual de las regatas, ya había competido seriamente en natación y waterpolo. En México 1968 participó en la prueba olímpica de tiro al plato y obtuvo un resultado de 192 platos. También practicó submarinismo y navegó en el Calypso de Jacques-Yves Cousteau durante una expedición por el mar Rojo, una de esas historias que en cualquier otra biografía ocuparía el centro y que, en la suya, acaba pareciendo casi una nota al margen.
Su mundo mezclaba deporte, empresa y poder en una España institucional que hoy parece sepia. Fue durante años instructor de tiro al plato de Francisco Franco y coincidió con el entonces príncipe Juan Carlos en cacerías organizadas durante la dictadura. Aquellos encuentros fueron el primer contacto; la auténtica amistad se consolidaría después, lejos de los rifles y bastante más cerca del Mediterráneo.
El Bribón convirtió una amistad en una historia de décadas
El punto decisivo llegó a comienzos de los años 70. Juan Carlos se preparaba en Barcelona para competir en vela en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y Cusí estaba plenamente integrado en el ambiente náutico de la ciudad. Poco después ambos comenzaron a navegar juntos: el futuro rey como patrón, Cusí como armador, organizador y hombre de confianza encargado de mantener aquel pequeño universo funcionando.
De ahí nació una saga deportiva extraordinariamente longeva. Durante unos 40 años, quince veleros llevaron el nombre Bribón, con Juan Carlos a la caña durante buena parte de aquella etapa y Cusí detrás del proyecto. No se trataba de simples paseos de verano con camisa blanca y fotografía de agencia. Los barcos compitieron al máximo nivel y acumularon trofeos nacionales e internacionales. En septiembre de 2011 terminó aquella primera gran época cuando el Bribón cerró su ciclo competitivo en Barcelona.
El mar, de hecho, explica mejor su relación que cualquier fotografía protocolaria. Allí se establecieron durante décadas unos papeles muy claros: Juan Carlos era el patrón; Cusí, el armador. Uno mandaba sobre las maniobras y el otro hacía posible que hubiera barco, tripulación y estructura para competir. Fuera del agua las fronteras eran menos visibles, pero la lealtad continuaba.
La amistad con Juan Carlos I que resistió todas las marejadas
La cercanía entre Josep Cusí y Juan Carlos I atravesó reinados, la abdicación de 2014, polémicas familiares, investigaciones sobre las finanzas del emérito y finalmente su residencia fuera de España. Mientras otros nombres aparecían y desaparecían alrededor del antiguo jefe del Estado, Cusí permaneció.
Su importancia estuvo precisamente en esa continuidad. Era compañero de vela, pero también confidente y hombre de confianza. Durante muchos años ayudó al monarca en asuntos logísticos y personales, organizó sus actividades náuticas y perteneció a un círculo extraordinariamente reducido en el que Juan Carlos podía abandonar, al menos parcialmente, el ceremonial.
Incluso cuando la salud de Cusí comenzó a impedirle viajar, la relación no desapareció. Tras el ictus sufrido en noviembre de 2021, quedó con dificultades de movilidad y visión y pasó buena parte de sus últimos años entre su domicilio barcelonés y su residencia de Alp, en Girona. La distancia física con el rey emérito creció, pero ambos siguieron manteniendo contacto telefónico y mediante videollamadas.
Juan Carlos I pierde así a uno de los pocos amigos que pertenecían a su vida mucho antes de que la palabra emérito comenzara a acompañar inevitablemente a su nombre. La relación entre ambos se acercaba a las seis décadas: una eternidad en cualquier biografía y casi una anomalía alrededor del poder.
El viaje de Felipe y Letizia que volvió a colocar a Cusí bajo los focos
La discreción de Josep Cusí sufrió una importante grieta en 2020, cuando una investigación periodística situó su nombre en la financiación del viaje realizado por Felipe y Letizia después de su boda de 2004.
Las informaciones publicadas entonces sostuvieron que Cusí habría sufragado, mediante una sociedad vinculada a él, alrededor de 269.000 dólares de aquel viaje privado, mientras otra parte habría sido asumida por Juan Carlos I. El episodio hizo visible algo que durante años había funcionado lejos de los focos: Cusí no era únicamente un compañero de regatas, sino una persona dispuesta a prestar apoyo económico y logístico al entorno del entonces jefe del Estado.
Aquel asunto volvió a convertirlo durante unos días en protagonista involuntario. Y probablemente ahí estaba la paradoja del personaje. Había vivido durante décadas al lado de uno de los hombres más fotografiados de España procurando ocupar siempre unos centímetros fuera del centro del encuadre.
El rumor sobre Josep Cusí y Juan Carlos que nunca pasó de rumor
Su notable parecido físico con Juan Carlos I alimentó durante años una historia mucho más llamativa: la especulación de que ambos podían ser hermanos, supuestamente hijos de don Juan de Borbón. La periodista Pilar Eyre ha recordado tras la muerte de Cusí que aquella versión circuló durante mucho tiempo en determinados ambientes relacionados con la familia real.
Conviene separar la anécdota del hecho. No existe prueba pública conocida que acredite esa supuesta relación familiar, ni documentación concluyente ni evidencia genética que permita presentarla como algo distinto de un rumor. Las informaciones que han recogido la historia la sitúan precisamente en ese terreno: una especulación alimentada en buena medida por el parecido físico y por la extraordinaria proximidad entre los dos hombres.
Lo verificable resulta, en realidad, bastante más interesante. Cusí era cuatro años mayor que Juan Carlos, compartió con él aficiones, competiciones, viajes y confidencias durante buena parte de sus vidas y mantuvo una fidelidad personal poco habitual en un entorno donde la proximidad al poder suele tener estaciones bastante cortas.
Una vida entre Barcelona, los Juegos Olímpicos y el Mediterráneo
Hay algo singular en el recorrido de Josep Cusí: al retirar la monarquía de la fotografía todavía queda una biografía difícil de encerrar en una sola etiqueta.
Era ingeniero electrónico y entró con apenas 16 años en la empresa familiar. Fue deportista de competición cuando el profesionalismo español tenía poco que ver con el actual, cruzó el Estrecho a nado siendo joven, practicó submarinismo, navegó con Cousteau, llegó a unos Juegos Olímpicos con una escopeta de tiro al plato y convirtió después la vela en la gran pasión de su madurez. Estaba casado con Inés Muiños y era padre de seis hijos.
Recibió a lo largo de su vida distintas distinciones vinculadas al deporte y al ámbito naval. Pero su legado más visible seguirá siendo probablemente el nombre pintado en el casco de aquellos barcos: Bribón. La denominación resumía, según explicó en diferentes ocasiones, algunas de las cualidades necesarias para competir: astucia, agresividad deportiva y cierta picardía.
El nombre sobrevivió incluso a aquella gran etapa de las regatas. Cusí y Pedro Campos impulsaron después un velero clásico de la clase 6 Metros adaptado a las limitaciones físicas de Juan Carlos I. El proyecto permitió al emérito regresar a la competición y prolongó una historia náutica que parecía terminada. El Bribón siguió compitiendo y cosechando títulos internacionales muchos años después de que comenzara aquella aventura en Barcelona.
El hombre discreto que permaneció junto al Rey
La familia de Josep Cusí ha previsto despedirlo inicialmente en la intimidad y anunciar posteriormente una ceremonia para recordar su figura. Su muerte deja un hueco especialmente personal alrededor de Juan Carlos I: desaparece uno de los últimos hombres que conocieron al príncipe antes que al rey, al regatista antes que al jefe del Estado y al exmonarca antes de que comenzaran los años más ásperos de su biografía pública.
Quizá por eso su historia resulta difícil de explicar únicamente mediante el término confidente. Cusí estuvo cerca del poder, sí, pero construyó paralelamente una vida propia entre piscinas, campos de tiro, empresas, expediciones submarinas y cubiertas mojadas por el Mediterráneo. Y durante casi sesenta años mantuvo una amistad que sobrevivió a coronaciones, escándalos, derrotas, trofeos y distancias.
Josep Cusí murió a los 92 años siendo todavía el hombre del Bribón y uno de los amigos más antiguos de Juan Carlos I. El personaje secundario, al mirarlo con algo de distancia, tenía una biografía que daba perfectamente para protagonista.

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