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¿Por qué Morgan Freeman elogia tanto a Taylor Sheridan en Lioness?

Morgan Freeman elogia a Taylor Sheridan y explica por qué Lioness destaca por sus personajes, tensión y conflictos humanos que dejan huella.

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Por qué Morgan Freeman no se retira

Morgan Freeman no suele necesitar levantar la voz para que una frase pese. Esta vez ha puesto el foco en Taylor Sheridan, creador de Yellowstone y responsable de Lioness, para elogiar algo menos evidente que las explosiones, los agentes encubiertos o las operaciones militares de la serie: su manera de escribir personajes sometidos a decisiones que tienen un coste real. Para Freeman, ahí reside buena parte de la fuerza del guionista estadounidense. Y también, dice, hace falta valor para hacerlo.

El actor, de 89 años, interpreta al secretario de Estado Edwin Mullins en Lioness, cuya tercera temporada se estrenó el 2 de agosto de 2026 en Paramount+. En plena promoción de los nuevos episodios, Freeman ha explicado que Sheridan no le interesa únicamente por construir suspense o manejar conflictos políticos, sino porque sus historias vuelven una y otra vez a la experiencia humana, a lo que ocurre emocionalmente cuando alguien debe elegir entre obligaciones incompatibles. Es una diferencia importante: disparos hay muchos en televisión; personajes capaces de cargar con las consecuencias, bastantes menos.

Morgan Freeman señala lo que distingue a Taylor Sheridan

Freeman resumió su opinión sobre Sheridan con una expresión particularmente sencilla: “It takes courage”, hace falta valor. No hablaba del riesgo empresarial de producir una serie cara ni de enfrentarse a las críticas, sino de escribir personajes que no puedan salir limpiamente de aquello que hacen.

El ejemplo elegido por el actor es Joe McNamara, la protagonista interpretada por Zoe Saldaña. Joe dirige el programa Lioness de la CIA y trabaja en operaciones en las que su vida queda expuesta con frecuencia, pero al otro lado de esa existencia tiene marido e hijos. Cada decisión profesional se proyecta sobre la familia; cada regreso a casa lleva algo del campo de operaciones pegado a la ropa, aunque no se vea.

Freeman considera que Sheridan se atreve a entrar precisamente ahí, en el territorio incómodo entre el deber y sus consecuencias. No se limita a escribir a una agente competente que ejecuta órdenes y salva el día. La obliga a pensar qué deja detrás, quién paga determinadas decisiones y cuánto puede resistir una vida dividida en dos.

Ese conflicto ha acompañado a Lioness desde sus primeras temporadas y continúa siendo esencial en la tercera. La nueva entrega coloca a sus personajes entre amenazas clandestinas, agentes extranjeros y traiciones personales, hasta acercar la guerra al espacio íntimo de Joe. Ya no existe una frontera cómoda entre misión y hogar.

El elogio no nace solo de Lioness

Freeman amplía su lectura a otros trabajos de Sheridan y menciona particularmente Yellowstone. A su juicio, esa atención hacia aquello que los personajes sienten y soportan aparece de forma recurrente en la obra del creador.

Tiene sentido. Sheridan ha construido buena parte de su televisión alrededor de personajes que ocupan lugares de poder pero viven rodeados por contradicciones incómodas: rancheros que hablan de tradición mientras libran guerras económicas, policías y criminales encerrados en sistemas que se retroalimentan, trabajadores de industrias gigantescas que descubren la fragilidad que existe debajo de la maquinaria.

El decorado cambia. El mecanismo humano, bastante menos.

En Lioness hay espionaje, terrorismo, operaciones encubiertas y despachos donde unas pocas palabras pueden alterar una misión. Pero Sheridan introduce constantemente el ruido doméstico: matrimonios desgastados, hijos que reclaman una presencia imposible, cuerpos que vuelven heridos y personas que empiezan a preguntarse si aquello que protegen sobrevivirá al método utilizado para protegerlo.

Ahí encuentra Freeman el verdadero nervio de la escritura.

Lioness vuelve con Morgan Freeman en su tercera temporada

La declaración llega justo después del estreno de la temporada 3 de Lioness, lanzada el 2 de agosto de 2026. Paramount+ mantiene una emisión semanal los domingos. Zoe Saldaña regresa como Joe McNamara, Nicole Kidman como Kaitlyn Meade, Michael Kelly como Byron Westfield y Morgan Freeman como Edwin Mullins.

La serie nació alrededor de un programa de operaciones encubiertas y coloca a Joe al frente de mujeres reclutadas y entrenadas para infiltrarse en escenarios extremadamente peligrosos. La acción ocupa mucho espacio —sería absurdo fingir lo contrario—, pero el relato ha intentado desde su origen colocar una segunda guerra detrás de la primera: la que viven quienes deben regresar después a una existencia aparentemente normal.

La tercera temporada aprieta precisamente esa tuerca. Joe se encuentra rodeada por enemigos que operan desde las sombras mientras la amenaza invade progresivamente su esfera privada. Sheridan utiliza así un recurso clásico del thriller: quitar al protagonista cualquier lugar verdaderamente seguro.

Freeman interpreta el poder desde los despachos

El Edwin Mullins de Freeman ocupa una posición distinta a la de Joe. Como secretario de Estado, representa ese nivel político en el que las operaciones dejan de parecer persecuciones, disparos y helicópteros para convertirse en decisiones pronunciadas alrededor de una mesa.

Es una elección de reparto casi demasiado perfecta. Freeman lleva décadas convirtiendo la autoridad tranquila en una especialidad interpretativa: basta la cadencia de la voz, una pausa un poco más larga de lo habitual y esa mirada que parece haber leído el expediente entero antes de entrar en la habitación.

En Lioness, esa presencia permite que Sheridan contraponga dos escalas del poder. Una persona toma una decisión en un despacho; otra termina ejecutándola a miles de kilómetros. Entre ambas cosas existe un espacio lleno de consecuencias. Y la serie vive bastante bien ahí.

Freeman también marca distancia con la política del presente

Hay otro elemento llamativo en las declaraciones del actor. Aunque Lioness utiliza terrorismo, inteligencia, operaciones militares y conflictos internacionales como materia narrativa, Freeman sostiene que la producción no pretende comentar directamente los problemas geopolíticos contemporáneos. El público, admite, sacará inevitablemente sus propias conclusiones.

Es una distinción interesante porque Sheridan trabaja deliberadamente con escenarios que se parecen mucho al mundo real. La ficción utiliza instituciones reconocibles, conflictos plausibles y códigos visuales de las operaciones especiales estadounidenses. Pretender que el espectador no establecerá conexiones sería ingenuo. Freeman no dice exactamente eso. Su argumento es que esas conexiones pertenecen al espectador y no necesariamente constituyen una declaración política explícita de la serie.

La frontera, claro, nunca es completamente limpia. Cuando una ficción representa a la CIA, guerras o gobiernos extranjeros, el contexto político entra por la ventana aunque el guionista cierre la puerta. La televisión tampoco se produce en una campana de cristal.

Pero la explicación de Freeman ayuda a entender cómo contempla él Lioness: menos como comentario de actualidad y más como historia sobre personas sometidas a estructuras enormes, desde el aparato del Estado hasta la familia.

Zoe Saldaña también destaca la forma de trabajar de Sheridan

Freeman no es el único miembro del reparto que ha hablado estos días sobre la escritura de Taylor Sheridan. Zoe Saldaña ha descrito al creador como una persona con una enorme cantidad de información sobre asuntos nacionales e internacionales y ha contado que durante la preparación de los guiones necesita consultarle con frecuencia determinados conceptos, conflictos o referencias.

La actriz también ha explicado que ella y Nicole Kidman llegan a buscar conjuntamente a Sheridan cuando alguna escena necesita aclaraciones. No es un detalle menor. Los textos del creador suelen manejar diálogo político, lenguaje militar y estructuras de inteligencia con bastante densidad; sobre el papel pueden convertirse fácilmente en una sopa de siglas si el personaje no entiende exactamente qué está diciendo.

Ese volumen de información convive con otra característica reconocible: Sheridan escribe mucho. Es creador de Lioness y está detrás de una extensa familia de producciones que incluye títulos como Yellowstone, Mayor of Kingstown y Landman.

La paradoja es curiosa. En una industria donde las series suelen desarrollarse mediante grandes salas de guionistas, Sheridan ha convertido la autoría personal en parte de su identidad. Para bien y para mal, sus ficciones llevan huellas reconocibles: personajes ásperos, instituciones imperfectas, violencia repentina, conversaciones largas sobre lealtad y una atracción bastante evidente por quienes trabajan cerca del peligro.

El elogio de Freeman explica mejor Lioness que cualquier explosión

Que Morgan Freeman destaque el coraje de Taylor Sheridan no significa que esté declarando perfecta su escritura. Su comentario resulta más concreto y, precisamente por eso, más interesante. El actor aprecia la voluntad de colocar a los personajes delante de conflictos en los que hacer lo correcto no garantiza salir indemne.

Joe McNamara encarna especialmente bien esa idea. Puede sobrevivir a una operación y, aun así, perder algo. Puede completar una misión y regresar a casa con otra grieta. La eficacia profesional no borra el coste personal. Sheridan insiste en esa fricción y Freeman parece reconocer ahí una forma de verdad dramática.

La tercera temporada de Lioness llega cargada de enemigos, operaciones clandestinas y tensiones internacionales, pero el elogio del veterano actor apunta hacia otra parte. Detrás del uniforme, del rango y de las órdenes queda una persona intentando convivir con aquello que ha decidido.

Quizá por eso Freeman habla de valor y no simplemente de talento. Escribir una escena espectacular exige oficio. Dejar que después permanezcan las heridas resulta bastante menos cómodo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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