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LaLiga cierra, todos los datos de la jornada 38: descensos y Europa

LaLiga dicta sentencia: Oviedo, Girona y Mallorca bajan, Levante y Osasuna respiran y Getafe se cuela en Europa con suspense.

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verdictos de laliga 2025-2026

Aquí va con H2 y H3 en formato Markdown, sin etiquetas HTML, sin fuentes y con Pichichi y Zamora integrados.

LaLiga ya tiene sentencia gruesa: Real Oviedo, Girona y Mallorca bajan a Segunda División, mientras Levante, Osasuna y Elche sobreviven después de una jornada 38 con el viejo aroma de transistor, calculadora y sudor frío, aunque el transistor ahora sea una aplicación que vibra en el bolsillo. El Getafe, con su victoria ante Osasuna, se queda con la plaza de Conference League; Betis y Celta terminan en zona de Europa League; Barcelona y Real Madrid ya tenían asegurada la parte noble, y Villarreal-Atlético, todavía pendiente para el domingo 24 de mayo, solo debe ordenar el tercer y cuarto puesto de Champions. La Liga, vamos, ha cerrado casi todo el expediente. Casi. También deja dos coronas individuales con sello propio: Mbappé acaba como Pichichi y Joan García se lleva el Zamora en una temporada que premió tanto el colmillo del delantero como el silencio limpio del portero.

La última noche dejó una clasificación tan cruel como exacta: Mallorca ganó 1-0 al Real Oviedo, pero no le bastó; Girona empató 1-1 contra el Elche y se quedó sin milagro; Levante rascó un 1-1 ante el Betis y completó una resurrección deportiva de manual; Osasuna perdió 1-0 en Getafe, pero no cayó porque el resto de cuentas le mantuvieron con oxígeno. El descenso fue un despacho con luces de neón: tres nombres escritos en rojo, ninguna apelación sentimental, cero poesía administrativa.

La noche en la que sobrevivir valía más que jugar bonito

La jornada 38 era una trampa perfecta para los equipos del barro. Cinco clubes llegaron metidos en la pelea por evitar dos plazas de descenso, con Real Oviedo ya condenado y con Girona, Mallorca, Elche, Levante y Osasuna pendientes de goles propios, goles ajenos y desempates que parecían redactados por un notario con insomnio. El fútbol moderno presume de big data, mapas de calor y métricas avanzadas; al final, en la última jornada, todo vuelve a la misma escena primitiva: un balón colgado al área, una grada mirando de reojo el móvil y un entrenador preguntando cuánto queda en otro campo.

El Real Oviedo ya estaba en Segunda antes de que la jornada empezara a hervir, pero su derrota en Mallorca terminó de redondear una temporada durísima: 29 puntos, solo 26 goles a favor, 58 en contra y una diferencia de -32. No hay metáfora amable para eso. El Oviedo regresó a Primera con ilusión, pero el campeonato le fue dejando a la intemperie, sin gol suficiente para competir y sin la solidez defensiva necesaria para sobrevivir cuando cada punto pesa como una piedra mojada.

Girona y Mallorca, dos formas distintas de caer

El Girona cae con 41 puntos, una cifra que otros años podría haber abierto una puerta estrecha, pero esta vez no. El empate ante el Elche fue insuficiente. Necesitaba ganar, porque el equipo ilicitano estaba justo por encima y porque la noche pedía una victoria limpia, no una media sonrisa. El 1-1 dejó al Girona en esa zona amarga donde el equipo no se desploma por un único golpe, sino por la suma de muchos arañazos: empates que parecían útiles, derrotas pequeñas, jornadas en las que faltó una ocasión transformada. Y cuando quiso apretar, la liga ya no le dio aire.

El Mallorca vivió la paradoja más cruel de la noche: ganó, hizo su parte, derrotó al Oviedo por 1-0 y aun así bajó. Termina con 42 puntos, empatado con Levante y Osasuna, pero castigado por los criterios de desempate. Es el tipo de descenso que deja mal cuerpo, porque no se parece a una caída evidente, sino a una puerta cerrándose por milímetros. Muriqi, además, acaba como segundo máximo goleador del campeonato con 23 tantos, una cifra enorme para un equipo que baja. El fútbol, ese viejo bromista con corbata torcida, también sabe hacer estas cosas.

Levante y Osasuna, dos salvaciones muy distintas

El Levante se salvó con un empate ante el Betis y acabó 16.º con 42 puntos. Su permanencia tiene algo de relato improbable, de equipo que parecía vivir al borde del apagón y que, sin embargo, encontró una bombilla encendida justo cuando más falta hacía. El 1-1 en La Cartuja fue suficiente para cerrar una reacción de supervivencia, una de esas que no ganan portadas durante meses, pero que al final sostienen un proyecto entero. No fue una permanencia elegante. Fue algo mejor para quien sufre: una permanencia real.

Osasuna también sobrevivió con 42 puntos, aunque cayó 1-0 ante el Getafe. Su salvación tuvo menos épica de celebración inmediata y más de alivio con el ceño fruncido. Perder y mantenerse nunca produce una fiesta redonda; produce una exhalación. Pamplona sabe bien que estas noches no se celebran como un título, se celebran como se celebra salir de una curva cerrada sin tocar el guardarraíl. Budimir, con 17 goles, fue uno de los grandes salvavidas rojillos del curso, tercero en la tabla de goleadores y responsable de buena parte de los puntos que han mantenido a Osasuna en Primera.

Elche, el punto exacto para seguir respirando

El Elche, mientras tanto, se queda en Primera con 43 puntos después del empate en Girona. Ese resultado le valía y lo administró con la cabeza fría que exige una noche de cuchillos pequeños. No necesitaba épica sino precisión, y la encontró. En una Liga comprimida por abajo, un punto podía ser una fortuna. Lo fue.

El descenso no fue una foto fija, fue una cadena de golpes

La pelea por la permanencia se decidió por detalles acumulados. El Girona necesitaba vencer al Elche y no lo hizo. El Mallorca necesitaba ganar y esperar una carambola que no llegó. Osasuna podía perder y aun así salvarse si Girona y Mallorca no completaban el mapa necesario. Levante dependía de sí mismo y puntuó. Ahí estuvo todo: una ecuación con botas, barro y ansiedad.

La clasificación final por abajo deja una enseñanza bastante seca. El margen entre sobrevivir y caer fue mínimo, pero no casual. El Levante acabó con 47 goles a favor, más que Osasuna, Mallorca, Girona y Real Oviedo. El problema granota estuvo atrás, con 61 tantos encajados, pero su producción ofensiva le dio vida. Osasuna, en cambio, combinó menos gol con mejor defensa: 44 a favor y 50 en contra. Mallorca marcó 45 y recibió 57. Girona se quedó en 39 tantos, una cifra demasiado baja para un equipo que necesitaba empujar la puerta hasta el final.

El Getafe se mete en Europa con una rareza deliciosa

El Getafe jugará la Conference League después de cerrar la Liga con 51 puntos y un triunfo de enorme valor ante Osasuna. Lo más interesante, casi lo más getafense, es el contraste estadístico: termina séptimo con solo 32 goles a favor, el segundo registro ofensivo más bajo de toda la competición, únicamente por encima del Real Oviedo. Y aun así, Europa. Hay clubes que necesitan fuegos artificiales; el Getafe ha construido una plaza continental con alambre, oficio, portería cerrada y una paciencia de funcionario veterano.

Su dato defensivo explica el milagro sin necesidad de incienso: 38 goles encajados, tercera mejor cifra del campeonato antes del Villarreal-Atlético pendiente. Solo Real Madrid y Barcelona concedieron menos. Esa es la arquitectura del Getafe europeo: pocos goles, partidos estrechos, marcadores de una pieza, tardes sin demasiada música pero con puntos. En una época que idolatra la posesión como si fuera una religión con pantalla táctil, el Getafe ha recordado que defender bien todavía paga facturas. Algunas, incluso, con viaje por Europa incluido.

Betis, Celta y una zona europea ya perfilada

El Celta, sexto con 54 puntos, acompañará al Betis en la Europa League. Los vigueses cerraron con victoria ante el Sevilla, 1-0, y conservaron una plaza que premia una temporada seria, de menos ruido que sustancia. El Betis, quinto con 60 puntos, ya tenía su sitio europeo encarrilado y el empate ante el Levante no le cambia el retrato principal. La zona europea, por tanto, queda con Barcelona, Real Madrid, Villarreal y Atlético en Champions —a falta de definir el orden exacto de los dos últimos—, Betis y Celta en Europa League, y Getafe en Conference.

Todos los resultados de la jornada 38

La jornada dejó una colección de marcadores que explican el veredicto sin demasiadas vueltas: Alavés 1-0 Rayo Vallecano, Betis 1-1 Levante, Celta 1-0 Sevilla, Espanyol 0-1 Real Sociedad, Getafe 1-0 Osasuna, Mallorca 1-0 Real Oviedo, Real Madrid 3-1 Athletic, Valencia 0-1 Barcelona y Girona 1-1 Elche. El Villarreal-Atlético queda fijado para el domingo 24 de mayo, con el tercer puesto todavía en juego entre dos equipos igualados a 69 puntos antes de ese partido.

El sábado, en realidad, dejó tres partidos con impacto sentimental directo. El Getafe-Osasuna era Europa contra permanencia, una mezcla peligrosa porque cada equipo jugaba una final distinta. El Girona-Elche era un duelo de supervivencia sin maquillaje, con los locales obligados a ganar y los visitantes aferrados a la utilidad de empatar. El Betis-Levante tenía otra textura: un Betis europeo, sin el mismo filo clasificatorio, contra un Levante que necesitaba puntuar para no mirar la pantalla como quien mira un parte médico.

Mallorca-Oviedo, ganar y sentirse derrotado

El Mallorca-Oviedo fue el partido de la esperanza incompleta. Son Moix hizo su trabajo, el equipo hizo el suyo, pero la combinación no salió. No hay nada más incómodo en una última jornada que ganar y sentirse derrotado. El Mallorca, con 42 puntos, se va a Segunda no por falta de un último esfuerzo, sino por una temporada entera que no le dio colchón suficiente. En mayo se cobran las deudas de septiembre, octubre y enero. El calendario tiene esa memoria antipática.

Barcelona campeón, Real Madrid segundo y una Liga muy desigual

El Barcelona termina campeón con 94 puntos, 95 goles a favor y 35 en contra. Una barbaridad ofensiva, sí, pero también una regularidad que no admite demasiada discusión. Ganar 31 partidos de 38 y perder solo seis dibuja una Liga dominada desde una autoridad amplia, aunque no siempre uniforme. El Real Madrid queda segundo con 86 puntos, 76 goles a favor y la mejor defensa del campeonato, con solo 34 encajados. La diferencia entre ambos, ocho puntos, marca una distancia clara pero no humillante: suficiente para explicar el título, insuficiente para convertir la temporada blanca en ruina.

Villarreal y Atlético llegan al último partido con 69 puntos cada uno. El Villarreal tiene 67 goles a favor y 45 en contra; el Atlético, 61 y 39. El duelo pendiente ordena el podio detrás del Barcelona y el Real Madrid, y también sirve para cerrar la foto estadística de dos temporadas muy parecidas en la tabla y bastante distintas en estilo. El Villarreal ha sido más afilado arriba; el Atlético, más sobrio atrás. Viejas identidades, nuevos matices.

Una zona media comprimida y llena de heridas pequeñas

En la zona media, la Liga dejó un paisaje curioso. La Real Sociedad terminó décima con 46 puntos pese a marcar 59 goles, los mismos que el Betis, pero encajó 61, una cifra que la alejó de Europa. El Valencia acabó octavo con 49 puntos, el Rayo noveno con 48, el Espanyol undécimo con 46 y el Athletic duodécimo con 45. No son posiciones intercambiables, aunque la tabla parezca comprimida: en esa franja hubo temporadas partidas por rachas, lesiones, falta de continuidad y esa sensación tan española de que todos podían ganar a cualquiera… y perder también, por supuesto.

Pichichi, Zamora y los nombres propios del curso

Mbappé acaba como Pichichi de LaLiga con 25 goles, una cifra que confirma su peso ofensivo en el Real Madrid incluso en una temporada sin título liguero para los blancos. No fue un Pichichi de fuegos artificiales vacíos, sino de insistencia: goles en partidos grandes, goles de rutina, goles de delantero que no necesita demasiada liturgia para abrir una grieta. Su premio individual deja una imagen algo incómoda para el Madrid: el máximo goleador del campeonato vestido de blanco, pero la Liga en manos del Barcelona.

Muriqi termina segundo con 23 goles y convierte su temporada en una rareza dolorosa. Ser subcampeón del Pichichi con un equipo descendido suena a contradicción, casi a fotografía mal revelada, pero explica bien el Mallorca: tuvo un faro arriba, sí, aunque no le alcanzó para iluminar todo el campo. Budimir completa el podio con 17 tantos y deja claro que Osasuna se sostuvo muchas veces sobre una espalda concreta, la del delantero que transformó partidos espesos en puntos respirables.

Joan García, un Zamora con aroma silencioso

El Zamora, en cambio, tiene aroma azulgrana. Joan García gana el premio al portero menos goleado con un coeficiente de 0,69, después de encajar 20 goles en 29 partidos computables. Su temporada no solo acompaña el título del Barcelona; lo explica desde la zona menos ruidosa del campo. Detrás de los 95 goles del Barça hubo también manos, reflejos, salidas limpias y esa autoridad callada de los porteros que no necesitan volar en cada foto para cambiar una Liga.

Courtois queda segundo en la carrera por el Zamora, con un Real Madrid que fue la mejor defensa colectiva del campeonato, y David Soria aparece tercero, reforzando todavía más la anomalía competitiva del Getafe. Hay premios que parecen escritos para delanteros de portada y otros que se ganan en habitaciones sin luz: una parada baja en Pamplona, un centro cortado en Mestalla, un balón muerto que no llega a ser titular. El Zamora de Joan García pertenece a esa segunda familia, más discreta, más fría, tremendamente decisiva.

Goles, defensas y extremos de la temporada

El mejor ataque fue el del Barcelona, con 95 tantos. El segundo, el Real Madrid, con 76. El Villarreal llegó al último partido con 67, todavía pendiente de cerrar su cifra definitiva. En el otro extremo, el Real Oviedo fue el peor ataque con 26 goles; detrás aparece el Getafe con 32, lo que convierte su clasificación europea en una anomalía preciosa para los amantes del fútbol táctico y una provocación para quienes creen que todo debe explicarse con posesión y sonrisas.

La mejor defensa fue la del Real Madrid, con 34 goles encajados, seguida por el Barcelona, con 35, y el Getafe, con 38. La peor defensa, antes del partido pendiente, aparece compartida por Real Sociedad y Levante, con 61 goles recibidos. El dato del Levante es especialmente llamativo porque, pese a semejante sangría, consiguió quedarse en Primera. Marcó 47 goles, más que varios rivales directos, y eso le permitió compensar una defensa demasiado abierta. Como quien vive con la ventana rota pero la calefacción encendida.

Lamine Yamal y una Liga de señales jóvenes

En asistencias, Lamine Yamal lidera con 11, seguido por Luis Milla con 10, y después aparecen Pedri, Fermín y Arda Güler con 9. Es una tabla de nombres que también cuenta la temporada: estrellas globales, delanteros de supervivencia, centrocampistas finos y jóvenes que ya no juegan como promesas sino como certezas. La Liga deja así un reparto curioso de honores: el título para el Barcelona, el Pichichi para Mbappé, el Zamora para Joan García y una parte baja donde los números no fueron estadística, sino sentencia.

Una Liga que se decidió arriba, pero sangró abajo

La temporada tuvo un campeón claro, una segunda plaza firme y una parte baja que llegó al último sábado con los nervios desordenados. Esa combinación suele producir una sensación extraña: por arriba, jerarquía; por abajo, caos. El Barcelona ganó desde el volumen ofensivo, una regularidad demoledora y un portero que convirtió el Zamora en el reverso silencioso del título. El Real Madrid sostuvo una defensa excelente y tuvo al Pichichi del campeonato, aunque no le alcanzó para discutir la Liga hasta el final. Villarreal y Atlético cerraron el bloque Champions. Betis y Celta se ganaron una Europa League con sabores distintos. El Getafe se coló en Conference como se cuela un veterano en una conversación de jóvenes: sin pedir permiso y con razón.

Abajo, en cambio, la Liga fue otra cosa. Fue miedo. Fue cálculo. Fue mirar la clasificación cada cinco minutos aunque no hubiera cambiado nada. Real Oviedo, Girona y Mallorca bajan porque el campeonato no perdona los tramos de debilidad prolongada, ni siquiera cuando el último día se pelea con dignidad. El Mallorca ganó y cayó. El Girona empató y cayó. El Oviedo ya venía herido de antes. Levante y Osasuna se quedan porque, con estilos muy diferentes, reunieron lo mínimo imprescindible para cruzar la línea. A veces Primera se decide así, sin belleza, con las uñas.

El ruido de mayo deja paso al Mundial

Y queda una imagen final, no solemne, casi doméstica: una Liga que baja la persiana con estadios vaciándose, móviles todavía encendidos, aficionados haciendo cuentas tarde, entrenadores agotados y jugadores que no saben muy bien si abrazarse o pedir perdón. El fútbol español, con sus grandezas y sus defectos, sigue siendo eso: una máquina de jerarquías arriba y de angustias abajo. Esta vez el veredicto fue nítido. Oviedo, Girona y Mallorca bajan; Levante, Osasuna y Elche respiran; Getafe mira a Europa; Mbappé se queda el Pichichi y Joan García el Zamora. La Liga apaga sus focos, pero el balón no descansa: cambia de camiseta, de himno y de continente. Ahora llega el Mundial, ese escenario donde las certezas del club se mezclan con banderas, nervios nacionales y veranos que huelen a pantalla encendida hasta tarde. Mayo deja su ruido. Lo siguiente ya es otra fiebre.

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