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¿Por qué la prensa de Marruecos minimiza la grave crisis de Ceuta?
La prensa marroquí cubrió la crisis de Ceuta con silencios, soberanía y filtros políticos que dejaron en segundo plano el drama humano real.

La prensa marroquí no ha mantenido un silencio absoluto sobre la crisis migratoria de Ceuta. Algunos medios sí informaron. El fenómeno más revelador es otro: varias cabeceras importantes relegaron la tragedia, mientras las que abordaron el asunto tendieron a presentarlo como una cuestión de soberanía española, cooperación fronteriza o desorden social. Mucho encuadre político; bastante menos atención a las responsabilidades de Marruecos y al drama de miles de ciudadanos que huyeron de su propio país.
La dimensión de lo ocurrido difícilmente admite un tratamiento discreto. Cerca de 50.000 personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta en apenas dos jornadas, alrededor de 48.000 regresaron después y el balance difundido el 2 de agosto elevó a 94 las víctimas mortales. Fue la mayor entrada migratoria registrada en España y una catástrofe humana desplegada a plena luz, entre el agua, el espigón del Tarajal y una frontera que durante horas pareció haberse evaporado.
El silencio no fue total, pero sí selectivo
La polémica comenzó al comparar la enorme presencia de Ceuta en los medios españoles y europeos con el espacio que recibía en algunos diarios marroquíes. La portada de Le Matin del 2 de agosto, por ejemplo, destacaba el respaldo estadounidense a la posición de Rabat sobre el Sáhara Occidental, la economía, el Mundial de 2030, el fútbol femenino, una ola de calor y un incendio en un oasis. La crisis más grave ocurrida junto a la frontera norte del país no figuraba entre sus grandes asuntos del momento.
Una pieza difundida en Menéame señaló algo parecido en la selección semanal de Aujourd’hui le Maroc: seis temas destacados y ninguno dedicado a Ceuta, aunque sí había espacio para celebrar el crecimiento turístico marroquí. El comentario nació con una buena dosis de sarcasmo —quizá la crisis se había perdido detrás de una estadística hotelera—, pero señalaba una cuestión seria: elegir qué ocupa la portada también es informar. Y elegir qué no aparece, también.
Conviene, sin embargo, no convertir esa observación en una acusación demasiado cómoda. No toda la prensa marroquí ignoró los hechos. Afirmar que Marruecos impuso un apagón completo sería falso. Hubo información, testimonios y análisis. Lo relevante está en el lugar concedido a la noticia, en las palabras escogidas y, sobre todo, en las preguntas que quedaron fuera.
Qué contaron realmente los medios marroquíes
Hespress: soberanía antes que responsabilidades
Hespress, uno de los portales digitales más leídos del país, sí habló de la entrada masiva. Su cobertura puso el acento en la situación social de las regiones fronterizas y recuperó la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla. El medio presentó los hechos como una prueba de la conexión de las ciudades con su entorno marroquí y de la supuesta fragilidad de la presencia española.
Ese enfoque desplaza el centro de gravedad. La primera cuestión deja de ser por qué decenas de miles de personas pudieron dirigirse simultáneamente hacia una frontera vigilada y pasa a ser la soberanía de “Sebta”, nombre utilizado habitualmente por los medios marroquíes, que suelen definirla como ciudad ocupada. La tragedia humana queda así envuelta en una bandera. Muy práctico: cuando la realidad incomoda, la geografía histórica suele ofrecer una cortina bastante tupida.
Hespress también recogió el debate sobre la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades en las zonas próximas a Ceuta. Esa parte resulta esencial, porque muchos de quienes cruzaron eran jóvenes marroquíes, aunque también había ciudadanos de otros países africanos, mujeres y menores. El problema es que explicar el malestar social sin examinar el comportamiento de las autoridades fronterizas deja el cuadro a medio pintar.
Le360: cooperación y regreso a la normalidad
Le360 trató la crisis desde una óptica distinta. Su información del 1 de agosto destacó que la Unión Europea había elogiado la cooperación “rápida” de Marruecos y subrayó que más de 48.000 personas habían regresado al país. La narrativa dominante no era la pérdida de control inicial, sino la eficacia posterior: primero desaparece el dique; después se celebra la velocidad con la que se recoge el agua.
El portal publicó asimismo contenidos sobre los supervivientes y la recuperación de la normalidad en Fnideq, la localidad marroquí situada junto a Ceuta. Por tanto, hubo cobertura y no fue insignificante. Pero el marco resultaba favorable a Rabat: cooperación, retornos, restablecimiento del orden. Mucho menos visible quedaba la pregunta que sobrevolaba las imágenes desde el primer minuto: cómo pudieron aproximarse y cruzar decenas de miles de personas sin una intervención preventiva suficiente.
Las fuerzas de seguridad marroquíes terminaron cerrando el paso a nuevos grupos y las autoridades detuvieron a decenas de personas por los disturbios registrados en Castillejos. Para entonces, sin embargo, el movimiento masivo ya había desbordado Ceuta, colapsado la localidad fronteriza marroquí y dejado cadáveres en ambas orillas.
La portada también es una decisión política
El tratamiento de la crisis encaja en una cultura mediática donde los asuntos relacionados con la monarquía, la integridad territorial y el Sáhara Occidental se manejan con especial cautela. Reporteros Sin Fronteras situó a Marruecos en el puesto 105 de 180 países en su clasificación mundial de libertad de prensa de 2026 y advirtió de que los procesos judiciales contra periodistas críticos, junto con la debilidad de la independencia judicial, han extendido la autocensura.
Otros observatorios internacionales describen un paisaje parecido en internet: autocensura habitual al hablar de la familia real, la religión o el Sáhara Occidental, acompañada por la proliferación de medios favorables al Gobierno y campañas que ahogan las voces críticas. Eso no demuestra que alguien desde un despacho llamara a las redacciones para borrar Ceuta de las portadas. No existe una prueba pública de una orden coordinada. Sí explica por qué muchos medios saben, sin necesidad de recibir instrucciones, dónde termina el terreno transitable.
Una redacción no necesita censura explícita cuando conoce de memoria los asuntos que pueden traer problemas legales, económicos o administrativos. Basta con reducir la noticia, cambiar el ángulo, colocarla por debajo de un asunto institucional o destacar la reacción correctora del Estado. La censura de brocha gorda deja manchas; la selección editorial interesada trabaja con guantes.
Francés, árabe y públicos distintos
La polémica también ha señalado una diferencia entre medios francófonos y publicaciones en árabe. Algunas cabeceras en francés, más conectadas con ambientes empresariales, institucionales y lectores internacionales, ofrecieron una imagen especialmente prudente del país. Los medios en árabe mostraron mayor atención al malestar juvenil y a las consecuencias sociales.
Sería simplista dividir Marruecos en dos países perfectamente separados: uno rico que lee francés y otro popular que se informa en árabe. La sociedad marroquí es bastante más mezclada. Pero el idioma sí condiciona el público, el tono y la imagen proyectada al exterior. Una portada en francés también funciona como escaparate diplomático: traje planchado, economía en crecimiento, inversiones, turismo, estabilidad. Decenas de miles de jóvenes corriendo hacia Europa arruinan un poco la fotografía.
La crisis coincidió, además, con las celebraciones del Día del Trono y con una intensa agenda oficial sobre el reconocimiento internacional de la posición marroquí en el Sáhara Occidental. En ese contexto, el relato de un reino estable y ascendente competía con imágenes muy difíciles de domesticar: familias entrando al agua, jóvenes trepando por las rocas, comercios cerrados y una multitud dispuesta a abandonar el país en cuanto la vigilancia fronteriza aflojara.
Ceuta, el espejo que Rabat no puede guardar
La cobertura marroquí importa porque la crisis no nació únicamente al otro lado de una valla española. Las personas partieron de territorio marroquí, atravesaron localidades marroquíes y alcanzaron una frontera controlada también por agentes marroquíes. La reacción posterior de Rabat permitió devolver a decenas de miles de migrantes y contener nuevos cruces, lo que confirma su capacidad para influir decisivamente sobre el flujo.
España tampoco sale indemne. El Gobierno reconoció que no anticipó la entrada masiva pese a las señales previas, y Ceuta quedó expuesta durante horas a una situación que desbordó sus servicios, sus fuerzas de seguridad y su capacidad de acogida. Convertir todo lo ocurrido en una maniobra perfectamente diseñada por Marruecos, sin pruebas concluyentes, sería tan poco serio como atribuirlo solo a las mafias, a las redes sociales o a una resolución judicial española.
La comparación con 2021 resulta inevitable. Entonces, unas 8.000 personas entraron en Ceuta durante la crisis diplomática provocada por la hospitalización en España de Brahim Gali, líder del Frente Polisario. Marruecos negó haber utilizado la migración como instrumento de presión, aunque la permisividad de sus fuerzas fronterizas fue ampliamente interpretada como una respuesta política. Esta vez la escala ha sido mucho mayor y el coste humano, estremecedor.
Por eso el problema de la prensa marroquí no es que no haya publicado una sola línea. El problema es qué convirtió en protagonista. En varios medios, España apareció como potencia ocupante, la Unión Europea como garante de la cooperación y Marruecos como país que restableció el orden. Entre medias quedaron los muertos, la desesperación de su juventud y una cuestión incómoda para cualquier Estado: qué clase de estabilidad conduce a miles de ciudadanos hacia el mar en cuanto la puerta parece entreabierta.
El relato oficial frente a la imagen de la frontera
No fue un silencio completo. Fue algo más sofisticado: una noticia rebajada, desplazada o envuelta en soberanía nacional hasta resultar políticamente digerible. Pero Ceuta continúa ahí, a pocos metros de Fnideq, como un escaparate europeo pegado a la costa marroquí. Y hay espejos que, por mucho que se cambie la portada del periódico, siguen devolviendo la misma imagen.

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