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¿Por qué la carretera de La Aldea en Gran Canaria tarda casi 20 años?

La carretera de La Aldea acumula casi 20 años de obras en Gran Canaria entre túneles, viaductos, retrasos y trámites que parecen no terminar.

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la carretera de La Aldea en Gran Canaria

La nueva carretera de La Aldea, en Gran Canaria, se ha convertido en uno de esos proyectos que permiten medir el tiempo no por legislaturas, sino casi por generaciones. Las primeras obras arrancaron en julio de 2009 y la culminación completa del corredor entre La Aldea de San Nicolás y Agaete podría no llegar hasta 2028. El resultado: cerca de dos décadas para completar alrededor de 18 kilómetros de nueva vía, divididos en dos grandes fases.

No se trata, eso sí, de una carretera de 18 kilómetros construida de una sola vez durante veinte años. La historia es bastante más enrevesada. El primer tramo, entre La Aldea y El Risco, comenzó en 2009 y entró en servicio en 2017. El segundo, entre El Risco y Agaete, empezó a ejecutarse en 2019 y continúa en obras. Entre medias aparecen recortes de financiación, modificaciones de proyecto, expropiaciones, exigencias ambientales, restos arqueológicos, túneles, enormes viaductos y una orografía que parece diseñada por alguien con cierta aversión a las líneas rectas.

Una carretera que empezó a construirse en 2009

La historia contemporánea de esta infraestructura arranca el 1 de julio de 2009, cuando comenzaron las obras de la primera fase de la nueva carretera de La Aldea. Aquel tramo, entre La Aldea y El Risco, tenía alrededor de 10 kilómetros y debía sustituir parte de la antigua GC-200, una vía espectacular para contemplar el paisaje y bastante menos tranquilizadora para circular por ella.

El contrato contemplaba inicialmente 40 meses de ejecución. Sobre el papel, las obras debían terminar en octubre de 2012. No ocurrió.

La crisis económica y, especialmente, los problemas de financiación vinculados al Convenio de Carreteras entre el Estado y Canarias redujeron durante varios ejercicios el ritmo de ejecución. Una infraestructura que debía resolverse en poco más de tres años terminó necesitando casi ocho.

La primera fase acabó entrando en servicio completamente en 2017, después de una inversión próxima a los 100 millones de euros. Aquellos diez kilómetros incorporaron túneles y viaductos y permitieron retirar buena parte del tráfico de algunos de los sectores más comprometidos de la vieja carretera.

Fue un avance enorme para La Aldea de San Nicolás. Pero quedaba la otra mitad.

El Risco-Agaete: apenas 8,5 kilómetros y una obra gigantesca

La segunda fase enlaza El Risco con Agaete y tiene aproximadamente 8,5 kilómetros. Mirado sobre un mapa parece poca cosa. Sobre el terreno, no.

La abrupta costa occidental de Gran Canaria obliga a que buena parte de la carretera desaparezca literalmente dentro de la montaña. El proyecto actual incluye nueve túneles y dos grandes viaductos, con unos 5,7 kilómetros de recorrido subterráneo.

Eso explica parte de la dificultad. No toda.

Las obras fueron adjudicadas en 2019 por unos 152,4 millones de euros y con un plazo contractual de 65 meses. Aquel calendario tampoco sobrevivió al contacto con la realidad. La infraestructura sufrió modificaciones técnicas importantes y el denominado Modificado número 1 necesitó una larga tramitación hasta quedar definitivamente aprobado en noviembre de 2025.

El presupuesto actualizado de esta segunda fase ascendía entonces a alrededor de 181,5 millones de euros, IGIC incluido. A ello se han unido revisiones extraordinarias de precios derivadas del encarecimiento de materiales y de la evolución económica de los últimos años.

Aquí el tópico de que una obra pública siempre cuesta más y tarda más resulta tentador. También demasiado fácil. Hay decisiones administrativas discutibles, sí, pero al otro lado está una ingeniería bastante menos dócil de lo que sugiere una raya pintada sobre un plano.

Faneque cambió la carretera, pero no terminó la obra

Uno de los grandes hitos llegó en febrero de 2024 con la apertura del túnel de Faneque, que permitió abandonar uno de los tramos más peligrosos de la antigua GC-200.

Junto con el túnel de Lomo de la Aulaga y parte del enlace de El Risco, alrededor de 2,5 kilómetros de la segunda fase quedaron abiertos al tráfico. Fue importante porque el trazado antiguo discurría junto a una ladera expuesta a desprendimientos y había obligado históricamente a cortes por seguridad.

La carretera de La Aldea nunca ha sido únicamente una cuestión de comodidad. Para los vecinos del municipio, un desprendimiento podía significar dar una vuelta enorme por el sur de Gran Canaria para alcanzar otros puntos de la isla. El mapa es pequeño; el viaje, no tanto.

La nueva infraestructura pretende eliminar precisamente esa vulnerabilidad histórica.

Dos viaductos explican buena parte de lo que falta

A finales de 2025, los túneles del tramo El Risco-Agaete estaban ya excavados y revestidos, aunque quedaban trabajos de instalaciones, pavimentación, energía, sistemas de control y seguridad.

El cuello de botella se desplazó entonces hacia dos estructuras especialmente delicadas: los viaductos de La Palma y El Risco.

El primero tendrá unos 110 metros de longitud y alcanzará aproximadamente 28 metros de altura máxima. El segundo juega en otra liga: el viaducto de El Risco rondará los 572 metros de longitud y los 88 metros de altura máxima.

Sus obras arrancaron en noviembre de 2025 después de años de ajustes técnicos y administrativos. Y ahí aparece el calendario que explica por qué esta historia puede acercarse definitivamente a los veinte años de obras.

Las previsiones manejadas durante 2026 apuntan a que entre el 80% y el 90% del tramo Agaete-El Risco podría ponerse en servicio antes del verano de 2027, mientras que el gran viaducto de El Risco podría prolongar la culminación completa hasta 2028.

Desde julio de 2009 hasta algún momento de 2028: las cuentas salen solas.

Restos arqueológicos, expropiaciones y un proyecto que tuvo que cambiar

La montaña también guardaba sorpresas. Durante las obras aparecieron condicionantes arqueológicos en Lomo de la Aulaga, lo que obligó a proteger el yacimiento y adaptar el proyecto, incluyendo un nuevo túnel.

A esto se añadieron cambios en el enlace de El Risco, modificaciones de los viaductos, procedimientos ambientales y nuevas necesidades de expropiación. En 2025 el Gobierno de Canarias tuvo que declarar nuevamente la urgente ocupación de terrenos afectados por el proyecto modificado para evitar que estos trámites bloquearan la continuación de los trabajos.

La explicación técnica existe. Pero una explicación no convierte automáticamente un retraso en inevitable.

La propia administración canaria reconoció en 2025 que la tramitación del principal modificado había atravesado más de cinco años de bloqueo administrativo. Cinco años son una eternidad incluso para una obra compleja. Para una familia que utiliza esa carretera varias veces por semana, directamente son media infancia.

Canarias tarda casi 15 años de media en sus grandes carreteras analizadas

El caso de La Aldea llama la atención, aunque no aparece aislado. La Audiencia de Cuentas de Canarias ha puesto cifras al problema al fiscalizar las inversiones autonómicas correspondientes a los ejercicios 2019-2023.

En una muestra de diez proyectos viarios analizados, el tiempo medio desde que una inversión aparecía dotada presupuestariamente hasta que terminaba ejecutándose alcanzaba 177 meses: 14 años y nueve meses.

Más significativo todavía: todos los contratos de carreteras examinados habían incumplido su plazo de ejecución inicial y acumulaban una desviación media de 83 meses, prácticamente siete años.

La fotografía resulta poco favorecedora.

El órgano fiscalizador señala proyectos incorporados al presupuesto cuando todavía no poseen suficiente madurez técnica, junto a largas redacciones de proyectos, permisos, informes ambientales, expropiaciones pendientes, hallazgos arqueológicos, modificaciones contractuales e incidencias surgidas durante la propia construcción.

Dicho de otra manera: algunas carreteras empiezan a existir políticamente bastante antes de estar realmente preparadas para construirse.

Presupuestar una carretera no significa estar listo para construirla

Ese matiz ayuda a entender cifras que, de otro modo, parecen absurdas. Una infraestructura puede aparecer durante años en los presupuestos mientras todavía se resuelven terrenos, proyectos técnicos o autorizaciones.

Según el análisis de la Audiencia, las actuaciones viarias estudiadas necesitaban una media de 43 meses solo para pasar de la primera dotación presupuestaria a la contratación. Después, el tiempo real medio desde la firma del contrato hasta la recepción de las obras alcanzaba aproximadamente diez años.

La Audiencia recomienda precisamente elevar el grado de preparación de los proyectos antes de incorporarlos a los presupuestos y reforzar tanto los servicios de contratación como los recursos destinados a la tramitación ambiental.

No parece una revolución administrativa. Más bien aquello de medir dos veces antes de cortar la tabla.

La geografía explica mucho; la burocracia también

Sería injusto comparar estos kilómetros con una autovía construida sobre una llanura. El noroeste de Gran Canaria es territorio de barrancos profundos, paredes volcánicas y espacios ambientalmente sensibles. En el tramo Agaete-El Risco, alrededor de dos tercios de la nueva carretera discurren bajo tierra.

Los túneles requieren ventilación, iluminación, detección de incendios, comunicaciones, galerías de evacuación y suministro eléctrico. Los viaductos deben salvar barrancos enormes. Cada modificación puede afectar a estructuras conectadas entre sí. La ingeniería aquí no consiste precisamente en extender asfalto y pintar dos rayas blancas.

Pero la complejidad física convive con otra mucho menos geológica: la administrativa.

El primer tramo ya sufrió ralentizaciones presupuestarias durante la pasada crisis económica. La segunda fase ha acumulado una larga modificación contractual, nuevas expropiaciones, ajustes ambientales y arqueológicos y revisiones económicas. En 2026 apareció incluso otro problema muy terrenal: la falta de trabajadores especializados.

A comienzos de este año, la dirección de la obra reconocía que trabajaban en ella entre 90 y 100 personas cuando serían necesarias alrededor de 150 para avanzar con mayor velocidad. Faltan albañiles, encofradores, oficiales, encargados e incluso ingenieros.

La paradoja resulta curiosa. Durante años faltaron proyectos maduros, permisos o dinero; cuando gran parte de esos problemas comienza a despejarse, también faltan manos.

Lo que cambiará cuando termine la carretera de La Aldea

El beneficio principal será la seguridad vial. La GC-200 entre Agaete y El Risco conserva curvas cerradas, escasa visibilidad, fuertes pendientes y sectores expuestos a desprendimientos. Las condiciones meteorológicas adversas pueden obligar todavía a restringir o cerrar determinados tramos.

La nueva carretera permitirá abandonar definitivamente ese itinerario antiguo como conexión principal.

También cambiarán radicalmente los tiempos de viaje. El Gobierno de Canarias calcula que el recorrido desde Agaete hasta El Risco podrá realizarse en unos nueve minutos, con aproximadamente cinco minutos entre Agaete y el entorno del túnel de Faneque.

Para La Aldea de San Nicolás significa algo más que llegar antes. Supone integrarse mejor en la red viaria de Gran Canaria, reducir el aislamiento histórico del municipio y facilitar desplazamientos cotidianos hacia servicios sanitarios, educativos, administrativos y laborales.

Es difícil traducir eso a una cifra presupuestaria. Para quien hace el trayecto todos los días, unos minutos ahorrados terminan siendo semanas enteras de vida al cabo de los años.

Una carretera que acabará midiendo el tiempo de toda una generación

Los famosos 18 kilómetros y casi 20 años no describen un único contrato detenido durante dos décadas, sino la suma de las dos fases con las que se ha construido la nueva conexión entre La Aldea, El Risco y Agaete. Esa precisión importa.

Pero tampoco convierte la cronología en normal.

La primera piedra práctica se puso en 2009. Diecisiete años después, en 2026, la infraestructura aún no está completa. Si el viaducto de El Risco lleva la terminación definitiva hasta 2028, la carretera habrá acompañado cinco legislaturas autonómicas, varias crisis económicas, diferentes gobiernos y suficientes anuncios de fechas como para llenar una pequeña hemeroteca.

Gran Canaria tendrá finalmente una conexión mucho más segura por su costa occidental, atravesando montañas que durante décadas hicieron del acceso a La Aldea una rareza geográfica. La ingeniería habrá vencido a la roca. La incómoda cuestión que deja esta obra es por qué la Administración ha necesitado casi tanto tiempo para atravesar sus propios despachos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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