Historia
¿Cómo descifró una IA el mensaje secreto alemán de 1918 tras 108 años?
Un mensaje cifrado alemán de 1918 cobra sentido 108 años después: la lectura de una IA encaja con movimientos navales registrados en Sebastopol.

Resumen
- Una IA logró descifrar un mensaje militar alemán enviado en noviembre de 1918
- El texto avisaba de movimientos navales aliados en Sebastopol
- La lectura encaja con el diario del HMS Canterbury, aunque queda una duda clave
Un mensaje militar alemán emitido el 27 de noviembre de 1918 y conservado durante más de un siglo sin una lectura aceptada tendría por fin una solución. GPT-6 Astra, el modelo avanzado de OpenAI, ha producido una descodificación según la cual el telegrama informaba de que un crucero británico había llegado a Sebastopol el día 24 y una escuadra aliada lo haría el 26. El dato decisivo es que esas fechas coinciden con el diario de navegación conservado del HMS Canterbury.
La coincidencia es notable. El registro naval sitúa al HMS Canterbury en Sebastopol el 24 de noviembre de 1918 y consigna la llegada de una escuadra aliada el día 26. Pero conviene poner el freno justo donde empiezan los titulares demasiado cómodos: el descifrado todavía no cuenta con una validación criptográfica independiente publicada y utiliza una palabra clave cuya cronología conocida no encaja perfectamente con la fecha del mensaje. Es decir, tenemos una solución muy sugerente, no una piedra de Rosetta con certificado notarial.
La historia resulta especialmente interesante porque no estamos ante un galimatías cualquiera. El telegrama pertenece al sistema ADFGVX, uno de los métodos criptográficos utilizados por Alemania en 1918 para proteger comunicaciones por radio. Investigadores modernos habían conseguido reconstruir y descifrar la mayor parte de aquel tráfico, pero algunos mensajes continuaban resistiéndose.
Qué decía realmente el mensaje secreto de 1918
La reconstrucción atribuida a GPT-6 Astra produce un texto alemán cuyo sentido es bastante sencillo: un crucero inglés había entrado en Sebastopol y una formación naval aliada llegaría poco después.
El texto recuperado contiene una pequeña anomalía en la fecha del crucero. La cadena descifrada presenta algo equivalente a “?4”, por lo que el día 24 no aparece perfectamente reconstruido carácter por carácter. Aquí entra en escena la documentación histórica: el diario del HMS Canterbury señala que el buque llegó a Sebastopol el 24 de noviembre, amarrando en el puerto a las 10.20 horas. Dos días después, a las 11.30 del 26 de noviembre, el mismo cuaderno registra la llegada de una escuadra aliada.
Es una coincidencia demasiado concreta para despacharla con un encogimiento de hombros. No hablamos de una frase genérica como “hay barcos enemigos en el mar Negro”, sino de dos movimientos navales y dos fechas que encajan con documentación independiente.
Aun así, esa concordancia no convierte automáticamente la descodificación en definitiva. Demuestra que el texto obtenido resulta históricamente coherente y que describe movimientos que realmente sucedieron. Queda por probar, mediante una reproducción independiente del procedimiento, que esa sea necesariamente la única lectura correcta del criptograma.
Por qué el código ADFGVX era tan difícil de romper
ADFGVX parece el nombre de una matrícula particularmente fea, pero tenía bastante lógica. Alemania lo introdujo en 1918 como un sistema de cifrado de campaña para comunicaciones inalámbricas. Utilizaba únicamente las letras A, D, F, G, V y X, elegidas porque sus representaciones en código Morse resultaban suficientemente diferentes y reducían los errores de transmisión.
El método combinaba dos capas. Primero transformaba letras y números mediante una tabla de 6 × 6; después reorganizaba el resultado mediante una transposición de columnas gobernada por una palabra clave. Dicho sin bata blanca: no bastaba con descubrir qué símbolo representaba cada letra. Había que averiguar también cómo se había barajado el mensaje después.
Un sistema que tampoco fue invencible en 1918
La reputación del ADFGVX necesita un matiz histórico. El sistema como tal sí fue roto durante la Primera Guerra Mundial. El criptógrafo francés Georges Painvin logró penetrarlo en 1918 y el método terminó convirtiéndose en uno de los episodios clásicos de la historia del criptoanálisis.
El misterio no consistía, por tanto, en que nadie hubiese entendido jamás cómo funcionaba ADFGVX. Ocurrió algo más prosaico y, precisamente por eso, más interesante: entre los centenares de mensajes interceptados quedaron criptogramas concretos sin resolver, pese a que investigadores posteriores recuperaron la mayoría de las claves y descifraron buena parte del conjunto conservado.
Ese detalle cambia bastante la película. La IA no habría inventado desde cero una manera revolucionaria de derrotar un cifrado desconocido; habría conseguido resolver uno de los restos difíciles de un problema histórico parcialmente reconstruido.
La palabra alemana que abrió la cerradura
La pieza fundamental fue TRUPPENVERSCHIEBUNG, una larga palabra alemana relacionada con el movimiento o traslado de tropas. GPT-6 Astra la utilizó como clave de transposición para reorganizar los 170 caracteres del mensaje y obtener un texto inteligible.
Y aquí aparece la parte menos cómoda del hallazgo. Según la documentación histórica manejada para reconstruir aquellas claves, TRUPPENVERSCHIEBUNG aparece asociada a un periodo iniciado el 9 de diciembre de 1918. El mensaje, sin embargo, está fechado el 27 de noviembre. Doce días antes.
Puede haber varias explicaciones: que la clave comenzara a utilizarse antes de la fecha anotada posteriormente, que hubiese un error administrativo, que un operador recurriera a una clave correspondiente a otro periodo o que la documentación superviviente sea incompleta. Ninguna de ellas está demostrada por ahora. Ese desfase cronológico es precisamente la pieza que todavía chirría.
Por eso resulta prudente hablar de un descifrado propuesto. El resultado tiene una coherencia histórica extraordinaria, pero el método debería poder repetirse por especialistas independientes a partir del criptograma original y de las mismas claves.
La investigación sobre los mensajes ADFGVX del frente oriental ya había mostrado hasta qué punto aquel archivo es complicado: cientos de comunicaciones fueron interceptadas entre julio y diciembre de 1918 y casi todas pudieron reconstruirse, aunque algunas sobrevivieron como pequeñas islas de ruido entre montañas de documentos solucionados. El hallazgo atribuido a Astra entra justamente en una de esas islas.
Qué hizo realmente GPT-6 Astra
La parte más llamativa no está únicamente en producir una frase alemana plausible. Según el relato del hallazgo, el modelo relacionó el criptograma con claves históricas conocidas, reconstruyó la transposición y después contrastó el contenido resultante con registros navales británicos.
Ese último movimiento importa mucho. Un modelo puede generar una interpretación que suene convincente; la Historia está llena de personas que también lo hacen, por cierto. Buscar después una evidencia externa que pueda desmontar o reforzar esa interpretación es otra cosa.
El diario del HMS Canterbury proporciona justamente esa comprobación. El 23 de noviembre el crucero salió hacia Sebastopol; el 24 ya estaba en el puerto, y el 26 su bitácora anotó la llegada de la escuadra aliada. La secuencia coincide casi milimétricamente con el supuesto mensaje alemán transmitido el día siguiente.
Pero conviene separar capacidad de espectáculo. Este episodio no significa que la IA haya roto la criptografía moderna, ni que los sistemas contemporáneos de cifrado estén súbitamente desnudos. ADFGVX pertenece a una época de papel, lápiz, radio y operadores humanos; sus claves históricas son conocidas en gran parte y su estructura está perfectamente estudiada.
Lo novedoso está en otra parte: un modelo capaz de combinar documentación histórica, hipótesis lingüísticas, cálculo y contraste de datos puede recorrer con enorme rapidez caminos que antes exigían muchas horas de trabajo especializado.
Un mensaje enviado cuando la guerra ya había terminado
Hay otro detalle que suele perderse en los titulares. El telegrama está fechado el 27 de noviembre de 1918, dieciséis días después del armisticio del 11 de noviembre que puso fin a los combates de la Primera Guerra Mundial en el frente occidental.
No es una contradicción. Europa no se apagó como una bombilla aquella mañana. Las fuerzas alemanas seguían retirándose de distintos territorios, el antiguo Imperio ruso estaba sumido en una guerra civil y el mar Negro se había convertido en un espacio militar especialmente confuso, con presencia alemana, rusa y aliada.
Sebastopol tenía un enorme valor estratégico por su puerto y por la antigua Flota rusa del mar Negro. El propio diario del Canterbury registra que el 25 de noviembre grupos del buque desembarcaron para hacerse cargo de barcos que se encontraban allí, entre ellos el antiguo acorazado ruso Volia y varios submarinos. Era un escenario en el que la información naval seguía teniendo valor militar, aunque el armisticio europeo ya estuviera firmado.
Así cobra sentido el telegrama. No era una revelación sobre una gran batalla secreta que pudiera cambiar el curso de una guerra terminada, sino inteligencia militar sobre movimientos navales en la convulsa posguerra inmediata.
Un siglo después, el misterio conserva una grieta
La historia tiene todos los ingredientes que gustan a Internet: Primera Guerra Mundial, códigos secretos, un barco británico, archivos olvidados y una inteligencia artificial que parece sacar una llave de un sombrero digital. La realidad es algo menos cinematográfica, aunque probablemente más interesante. GPT-6 Astra parece haber encontrado una lectura históricamente coherente de un criptograma alemán de 1918 que seguía figurando entre los mensajes ADFGVX no resueltos.
Las fechas obtenidas encajan de manera extraordinaria con la bitácora del HMS Canterbury y con la llegada de una escuadra aliada a Sebastopol. Esa es la parte fuerte del caso. La parte todavía abierta es la clave: TRUPPENVERSCHIEBUNG no debería, según la cronología conocida, haber estado en uso el 27 de noviembre. Hasta que ese desfase sea explicado y la descodificación sea reproducida de forma independiente, queda una grieta en el misterio.
Quizá sea precisamente lo mejor del asunto. Después de 108 años, el mensaje parece haber comenzado a hablar. Pero aún conserva, escondido entre seis letras y una palabra alemana interminable, un último secreto.

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