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¿Cómo será el Hassan II que puede quitar a España la final de 2030?
El Hassan II de 115.000 plazas impulsa a Marruecos en la batalla por la final del Mundial 2030 frente a España, Bernabéu y Camp Nou renovado.

Marruecos ha convertido la pelea por la final del Mundial 2030 en una obra de hormigón, acero y ambición nacional. A unos 38 kilómetros de Casablanca se levanta el Grand Stade Hassan II, un recinto proyectado para 115.000 espectadores que, si cumple el aforo anunciado, será el mayor estadio de fútbol del mundo según sus arquitectos. No es una maqueta destinada a decorar un dosier: las obras están en marcha y el calendario marroquí contempla terminarlo antes de 2028.
Su propósito también resulta bastante transparente. El estadio quiere ser una de las grandes sedes del torneo que organizarán España, Marruecos y Portugal y, sobre todo, competir por el partido que todos desean: la final del 21 de julio de 2030. La FIFA todavía no ha decidido dónde se jugará. Conviene subrayarlo porque alrededor de esta elección corre bastante más pólvora política que información cerrada.
España mantiene dos candidatos de enorme peso, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou, pero Marruecos juega una carta difícil de ignorar: construir desde cero un estadio monumental adaptado a las exigencias de la FIFA, sin las limitaciones urbanísticas de una instalación encajada en el centro de Madrid o Barcelona. Un traje a medida frente a dos monumentos históricos. Esa es, en pocas palabras, la batalla.
Un estadio de 115.000 personas levantado junto a Casablanca
El Hassan II se construye en El Mansouria, provincia de Benslimane, sobre un complejo de alrededor de 100 hectáreas. El emplazamiento permite rodear el estadio de zonas deportivas, aparcamientos, jardines, instalaciones auxiliares y nuevas conexiones de transporte. No habrá que meter con calzador las necesidades de un Mundial en un barrio ya consolidado; aquí prácticamente todo el entorno nace pensando en el gran evento.
La cifra que lo ha convertido en protagonista internacional son esas 115.000 localidades. Para hacerse una idea, hablamos de una grada capaz de absorber una población equivalente a una ciudad española de tamaño medio durante un partido. En cada uno de los dos fondos habrá tres grandes niveles compactos y alrededor de 29.500 espectadores; las tribunas laterales incorporarán, además, cinco plantas dedicadas a hospitalidad, palcos y áreas VIP. Unas 12.000 localidades estarán destinadas a esas categorías premium.
El tamaño, sin embargo, no es puro culturismo arquitectónico. Una final mundialista vende decenas de miles de entradas, zonas corporativas, paquetes de hospitalidad y experiencias exclusivas. Más capacidad significa mayor potencial comercial, uno de los argumentos con los que Casablanca pretende competir contra Madrid.
Una enorme tienda marroquí en vez del estadio de siempre
El aspecto exterior rompe bastante con el catálogo habitual de estadios futuristas que parecen naves espaciales aparcadas junto a una autopista. Los estudios Oualalou + Choi y Populous han tomado como inspiración el moussem, las tradicionales reuniones festivas marroquíes asociadas a grandes tiendas y espacios comunitarios.
Una gigantesca cubierta ligera envolverá las gradas mediante una estructura de aluminio, membranas y cables tensados. Bajo ella aparecerán jardines elevados y vegetación, mientras el centro permanecerá abierto sobre el terreno de juego. El techo protegerá fundamentalmente al público y permitirá mantener ventilación natural y entrada de luz.
El proyecto combina, así, monumentalidad y símbolos locales. Nada casual: en los grandes torneos deportivos la arquitectura lleva años funcionando también como tarjeta de visita nacional. Qatar lo hizo en 2022, Arabia Saudí prepara su propio escaparate para 2034 y Marruecos quiere que 2030 enseñe al mundo algo más que noventa minutos de fútbol.
Las obras ya han dejado atrás la fase de los dibujos
A estas alturas el Hassan II no pertenece al cómodo territorio del render digital, donde todos los estadios brillan, nunca llueve y nadie encuentra tráfico. El proyecto está en plena construcción.
Una visita realizada al recinto en mayo situaba el avance alrededor del 40% y mantenía diciembre de 2027 como fecha prevista de entrega. Semanas después, el arquitecto Tarik Oualalou explicaba que trabajaban permanentemente unas 10.000 personas, apoyadas por 24 grandes grúas y cuatro plantas de producción de hormigón; la plantilla podría aumentar cuando avance la instalación de la enorme cubierta y los interiores.
Las gradas empiezan a reconocerse sobre el terreno. El primer nivel rondará las 22.500 localidades, el segundo tendrá entre 40.000 y 42.000 y un tercer anillo permitirá alcanzar la capacidad total prevista. Paralelamente avanzan las instalaciones eléctricas, la ventilación, los sistemas técnicos y los espacios destinados a equipos, medios de comunicación y organización.
No es barato, claro. Los contratos comprometidos para diferentes fases del proyecto se cuentan en miles de millones de dirhams y solo la cubierta y la fachada fueron adjudicadas por unos 3.700 millones de dirhams. El estadio funciona, además, como centro de una operación de infraestructuras mucho mayor, con nuevas carreteras y una estación ferroviaria vinculada a la futura ampliación de la alta velocidad marroquí.
Bernabéu, Camp Nou y Hassan II: tres candidatos para la final
La candidatura oficial del Mundial 2030 contempla tres grandes estadios con capacidad para albergar los partidos de máxima categoría, incluida la final: Santiago Bernabéu, Camp Nou y Grand Stade Hassan II. La elección definitiva, sin embargo, permanece abierta.
El Bernabéu juega con una ventaja difícil de fabricar. Madrid tiene experiencia organizativa, conexiones internacionales, infraestructura hotelera y un estadio convertido en uno de los símbolos universales del fútbol. También pesa la historia: allí se disputó la final del Mundial de 1982 entre Italia y Alemania Federal.
Barcelona ofrece otro gigante. El nuevo Camp Nou está proyectado para superar los 100.000 espectadores, de modo que su capacidad reduce considerablemente la distancia respecto a Casablanca. Y está el factor Barça, una marca mundial que no necesita presentación.
Marruecos responde con algo diferente. El Hassan II ofrecerá más localidades, amplios espacios corporativos y un complejo concebido específicamente para las necesidades contemporáneas de una Copa del Mundo. No tiene décadas de recuerdos. Tiene metros cuadrados. Muchos.
La batalla no se decide solamente contando asientos
Sería demasiado sencillo pensar que la FIFA entregará la final al estadio con mayor aforo, como quien compara dos discos duros y compra el que guarda más archivos. La organización debe valorar cuestiones operativas, comerciales, de movilidad, alojamiento, seguridad y logística, además de los compromisos entre los tres países anfitriones.
De hecho, no existe todavía una regla publicada que convierta automáticamente una determinada puntuación técnica en la sede de la final. El expediente de evaluación del Mundial analiza los estadios y otras infraestructuras, pero la designación concreta del último partido permanece en manos de la FIFA.
Ahí empieza la parte menos arquitectónica del asunto.
La polémica de Infantino aumenta la presión sobre la elección
La disputa adquirió otra dimensión después de que diversas informaciones atribuyeran al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, un supuesto ofrecimiento para favorecer que la final se celebrase en Marruecos a cambio de respaldo político dentro del organismo internacional.
La acusación no puede presentarse como un hecho probado. La FIFA lo ha negado y sostiene que no se ha realizado ninguna promesa sobre la sede de la final y que la decisión será adoptada más adelante. Esa distinción importa: una cosa es la información difundida sobre conversaciones internas y otra, bastante distinta, una adjudicación oficial que a 7 de agosto de 2026 no existe.
La relación estrecha entre Infantino y Marruecos alimenta inevitablemente las interpretaciones. También lo hace la contundencia con la que las federaciones española y marroquí han defendido públicamente sus opciones durante los últimos meses. En enero, mientras el presidente de la RFEF, Rafael Louzán, aseguraba que la final sería en España, la Federación marroquí respondió recordando precisamente que la sede todavía debía negociarse con FIFA, España y Portugal.
De modo que ni España tiene la final asegurada ni Marruecos se la ha llevado bajo el brazo. Por mucho que los titulares, a ambos lados del Estrecho, lleven meses jugando ese partido antes de tiempo.
Marruecos quiere que el Mundial 2030 cambie su posición en el fútbol
La construcción del Hassan II encaja en una transformación deportiva bastante más amplia. Marruecos lleva años invirtiendo en centros de entrenamiento, estadios, aeropuertos, ferrocarriles y grandes infraestructuras, con el fútbol convertido en herramienta de proyección internacional.
El Mundial 2030 representa la pieza mayor de ese proyecto. España aporta buena parte de la infraestructura consolidada y el mayor número de sedes; Portugal completa el bloque europeo; Marruecos pretende demostrar que puede competir no como acompañante sino como anfitrión de primera fila. El estadio de Benslimane es su argumento más visible.
Y el torneo será gigantesco. España, Portugal y Marruecos albergarán la mayor parte de los encuentros, mientras Uruguay, Argentina y Paraguay recibirán tres partidos conmemorativos por el centenario del primer Mundial de 1930. La FIFA ha confirmado que la final se disputará el domingo 21 de julio de 2030. Lo único que falta es saber dónde.
Un gigante de hormigón frente al peso de la historia
Cuando estén terminadas las obras, la comparación resultará casi cinematográfica. De un lado, el Bernabéu en pleno Madrid, rodeado de edificios, tráfico, bares y casi un siglo de memoria futbolística. Del otro, una gigantesca tienda blanca emergiendo entre jardines en Benslimane, construida expresamente para recibir a más de 115.000 personas.
Casablanca puede ofrecer tamaño, modernidad e infraestructura diseñada alrededor de las necesidades de 2030. Madrid ofrece experiencia, simbolismo y uno de los estadios más reconocibles del planeta. Barcelona conserva también sus cartas.
El Hassan II, por tanto, no ha quitado la final a España. Pero ha conseguido algo que hace unos años parecía bastante menos probable: obligar a que España tenga que pelear por ella. Y mientras las grúas continúan levantando las tribunas en Benslimane, esa candidatura deja de parecer una declaración de intenciones y empieza a convertirse, literalmente, en hormigón.

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