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¿Por qué le han amputado la otra pierna a Ruth Codd?

La actriz irlandesa Ruth Codd, conocida por sus trabajos en Netflix en El club de la medianoche y La caída de la Casa Usher, ha anunciado que se ha sometido a una segunda amputación por debajo de la rodilla.

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han amputado la otra pierna a Ruth Codd

Foto: IMDB

Ruth Codd confirma una segunda amputación bajo la rodilla y encara la recuperación con humor y profesionalidad, planes de seguir en pantalla.

La actriz irlandesa Ruth Codd, conocida por sus trabajos en Netflix en El club de la medianoche y La caída de la Casa Usher, ha anunciado que se ha sometido a una segunda amputación por debajo de la rodilla. Lo comunicó en un vídeo publicado en sus redes sociales, con el tono irónico que la ha caracterizado desde que empezó a compartir su historia: aparece en silla de ruedas —a la que, entre bromas, pone nombre— y confirma que la intervención ya se ha realizado. No aporta partes médicos ni entra en detalles clínicos, pero sí deja claro que la operación era necesaria y que su intención es seguir adelante con su vida y su carrera.

Lo esencial, hoy: Codd, que ya convivía desde hace años con una amputación previa, encaja esta segunda cirugía con naturalidad y humor, remarcando que afronta el periodo de recuperación con expectativas realistas. No se conocen los motivos médicos exactos —ella no los ha hecho públicos—, y cualquier especulación sobraría. Lo verificable es su mensaje: un comunicado directo, sin victimismo, que busca normalizar una realidad compleja y, al mismo tiempo, recordar que su trayectoria como actriz y creadora no se detiene.

Un anuncio que ordena la cronología y explica el presente

El relato personal de Codd ayuda a situar su evolución. A los 20 y pocos, tras años de dolor y operaciones fallidas, dio el paso a una amputación transtibial (por debajo de la rodilla) que le permitió recuperar funcionalidad y autonomía con prótesis. Esa decisión marcó un antes y un después: reconstruyó su día a día, ganó visibilidad en plataformas digitales y acabó —no es un detalle menor— ante las cámaras de una de las factorías de terror más influyentes del streaming, la de Mike Flanagan, con dos papeles que la presentaron al gran público internacional.

El anuncio actual añade una pieza a esa cronología. Vuelve a ser una amputación por debajo de la rodilla, un nivel quirúrgico que, desde el punto de vista funcional, conserva la articulación de la rodilla y ofrece mejores perspectivas de marcha con prótesis frente a intervenciones por encima de la articulación. No hay plazos oficiales, porque cada evolución es distinta, pero el esquema general es conocido: cicatrización de tejidos, control del dolor, moldeado del muñón, encaje provisional y fase de readaptación con fisioterapia y entrenamiento específico. En ese camino, los profesionales ajustan el encaje, la altura, la alineación de la prótesis y el tipo de pie protésico. La propia Codd sugiere que está en las primeras semanas del proceso, todavía con ciertas limitaciones de movilidad doméstica y con ánimo de “coger ritmo”.

Lo que se sabe y lo que no: datos confirmados y prudencia informativa

De su vídeo y de las informaciones publicadas se desprenden tres hechos verificables: ha habido una nueva amputación, es transtibial y ella misma la comunica con voluntad de normalizar la discapacidad en la conversación pública. Lo que no se conoce es el diagnóstico etiológico: puede deberse a dolor crónico intratable, a complicaciones vasculares o neurológicas, a una lesión previa que no admite más salvamento o a otra casuística. Codd no lo cuenta y ese silencio entra dentro de su derecho a la intimidad. Lo relevante periodísticamente no es rellenar esos huecos con elucubraciones, sino ordenar el marco: la cirugía ya se ha practicado, la actriz se muestra de buen ánimo y espera —cuando toque— volver a su rutina profesional.

Conviene subrayar un punto técnico: en amputaciones por debajo de la rodilla, la preservación de la rodilla cambia por completo el pronóstico funcional. A grandes rasgos, permite cadencias de marcha más naturales, menor gasto energético para recorrer la misma distancia y una mayor variedad de pies protésicos y encajes que se adaptan a estilos de vida distintos, desde perfiles domésticos hasta deportistas. No es un camino lineal ni fácil: hay dolor posoperatorio, fenómenos como el dolor fantasma, semanas de fisioterapia y, en ocasiones, revisiones quirúrgicas. Pero el horizonte de autonomía es realista.

De las redes a Netflix: el salto profesional que la hizo visible

El nombre de Ruth Codd empieza a circular fuera de Irlanda cuando convierte su experiencia en contenido digital: vídeos directos, con una mezcla de humor negro y pedagogía sobre discapacidad que engancha a audiencias muy distintas. En ese escaparate, Mike Flanagan —creador de series de culto para Netflix— se fija en ella y le ofrece su primera gran oportunidad en El club de la medianoche. Allí da vida a Anya, un personaje que no reproduce estereotipos y que incorpora su condición física sin convertirla en argumento único. La interpretación funciona por frescura, por timing y por esa capacidad para sostener escena sin subrayados. De ahí a La caída de la Casa Usher hay continuidad: Juno Usher, joven y ambivalente, la consolida como rostro propio dentro del sello Flanagan.

Ese aterrizaje en la pantalla global se produce con una agenda mediática inusual. Codd no acude a la compasión ni al morbo, evita recrearse en el detalle escabroso y elige hablar de diseño universal, accesibilidad, trabajo delante de la cámara y, cuando la conversación se tuerce, pone límites. Actrices y actores con discapacidad han reclamado durante años espacios que no las reduzcan a “su diferencia”. Codd se suma a ese movimiento por la vía práctica: demostrando que puede sostener papeles complejos, que el plató se adapta con soluciones razonables y que la discapacidad puede estar integrada —no dramatizada— en la ficción contemporánea.

Papeles, equipo y manera de trabajar

Quienes han seguido su trayectoria en las series de Flanagan subrayan algo que dice mucho del método: Codd trabaja con el equipo de dirección y fotografía para entender cómo se moverá en set, cómo se planifican los desplazamientos y qué posiciones de cámara favorecen la naturalidad de la escena. Ese diálogo no es un extra: es parte del estándar de producción cuando conviven distintas capacidades físicas en rodaje. También se percibe el oficio creciente: en El club de la medianoche, su gesto es más impulsivo; en La caída de la Casa Usher, la construcción de Juno es más contenida y la economía de recursos —miradas, silencios— muestra una actriz con mayor rango.

Recuperación y marcha protésica: itinerario razonable sin promesas huecas

La pregunta táctica tras un anuncio así es siempre la misma: ¿cuándo podrá volver a trabajar con normalidad? No existe una fecha universal, y convertir un promedio en promesa sería injusto. Lo que sí puede explicarse, sin caer en consultorio, es la secuencia habitual en amputaciones transtibiales. Tras el alta, llega la fase de control del edema (reducción de la inflamación), el vendaje y la protección del muñón. Después aparece la primera prótesis provisional, algo más robusta y sobredimensionada, que permite empezar con cargas parciales y la reeducación de la marcha. La musculatura del muslo, los glúteos y el core se trabajan con una combinación de fuerza y propiocepción. El ajuste fino —alineación sagital, rotacional, altura, dureza del pie— lleva semanas. Cuando la cicatriz madura y el volumen del muñón se estabiliza, se pasa a encajes definitivos.

En paralelo, se gestiona el dolor fantasma, que no es imaginario ni anecdótico: son señales neurológicas complejas que el cerebro sigue interpretando como procedentes de un segmento que ya no está. Su manejo combina fármacos, técnicas de terapia del espejo, estimulación y, cada vez con más despliegue, intervenciones de fisioterapia con enfoque neurosensorial. Es un apartado íntimo, a veces difícil de explicar a terceros; por eso es relevante que Codd lo normalice sin dramatismos, haciendo ver que forma parte del proceso y no define por sí solo la vida tras la amputación.

Respecto al día a día, los pies protésicos ofrecen una gama que va desde modelos sólidos —pensados para estabilidad— hasta diseños con retorno de energía que mejoran el impulso en fase de despegue. Quien trabaja de pie en rodaje puede alternar prótesis según las horas y el tipo de escena; también hay quien combina prótesis y silla, en función de la fatiga y la logística del set. Codd, en su mensaje, da a entender que adoptará una estrategia flexible: silla para ahorrar energía en interiores complejos o con escaleras, prótesis cuando el entorno sea llano y predecible. Esa hibridación —elegir el dispositivo según el contexto— es la norma en usuarios activos.

Impacto y reacción: cariño en redes, respeto en la industria

Las primeras reacciones a su vídeo confirman un patrón que se repite cuando la propia protagonista marca el tono: apoyo masivo, mensajes de compañeras y compañeros de profesión, y un consenso básico en torno a su derecho a reservarse el detalle clínico. La industria audiovisual viene afinando protocolos para rodajes con necesidades de accesibilidad: desde transporte adaptado y rampas móviles en localizaciones hasta ajustes razonables en horarios para facilitar sesiones de fisioterapia sin romper la planificación. El objetivo es sencillo de formular y complejo de ejecutar: que el ritmo de producción no penalice a quien necesita tiempos diferentes para estar al máximo y, al mismo tiempo, que el proyecto no se resienta.

Ese equilibrio, cuando se logra, beneficia a todo el equipo. Guion y dirección pueden integrar con naturalidad cambios de plano, sentadillas o apoyos; arte y vestuario se coordinan para que no haya interferencias con encajes o liners; producción asume que los tiempos de descanso no son capricho, sino condición para sostener la energía creativa durante semanas. Que una actriz con la visibilidad de Codd exponga su situación con honestidad y normalidad acelera una conversación que aún necesita menos paternalismo y más profesionalidad.

Lo que significa para su personaje público y para quienes vienen detrás

Codd es, hoy, mucho más que una actriz que encadena dos series exitosas. Se ha convertido en referencia —lo quiera o no— para jóvenes que atraviesan procesos quirúrgicos similares y para profesionales de la interpretación con discapacidades visibles. Importa, porque los referentes cambian aspiraciones: ver a alguien con una prótesis que sostiene papeles de primer nivel reordena imaginarios y derriba excusas en despachos. También redefine la forma de comunicar. Su vídeo no victimiza, no cae en la épica y no utiliza la discapacidad como marca comercial. Habla y sigue, con esa combinación de humor, franqueza y límites claros que muchas plataformas agradecen.

En términos de representación, una idea ha ido madurando en la última década: la autenticidad. Cuando un personaje amputado lo interpreta una actriz amputada, el lenguaje corporal, la manera de sentarse, las microdecisiones de movimiento, la relación con el espacio… todo es más veraz. No es un dogma —la ficción también consiste en imaginar—, pero, cuando es posible, la presencia de intérpretes que comparten rasgos relevantes con sus personajes enriquece la obra. Codd es parte tangible de esa transformación.

Lo próximo: rodajes, plazos y una hoja de ruta razonable

No hay agenda oficial anunciada, y sería imprudente fijar fechas cerradas. Sí se puede trazar un escenario razonable: un primer tramo de recuperación centrado en cicatrización y dolor; otra fase de prótesis provisional con rehabilitación intensiva; y, cuando el volumen del muñón se estabiliza, encaje definitivo y readaptación a esfuerzos de mayor exigencia. En ese punto, y con un equipo médico de confianza, muchas personas vuelven a sus rutinas laborales con ajustes pactados.

Para una actriz, eso significa estudiar localizaciones accesibles, diseñar movimientos de cámara que favorezcan la naturalidad y tener a mano plan B cuando aparezcan sobrecargas o incidencias en piel. Es técnica, no tragedia. Y se acompasa con una evidencia que los propios estudios ya han incorporado a sus manuales de producción: el confort y la seguridad del reparto no son concesiones, son condiciones para que la interpretación florezca.

Contexto irlandés y una biografía que evita los tópicos

Nacida en Wexford (Irlanda), Codd rehúye los clichés. No presenta su historia como superación lineal ni se instala en el relato inspiracional. Trabaja, comunica con naturalidad y, cuando le apetece, hace humor. Ese enfoque le ha granjeado simpatías en Irlanda y fuera de su país, porque conecta con realidades cotidianas: la escalera que no es accesible, el ascensor que falla, la puerta que no mide lo que debe. Cuestiones menores para quien no las sufre, barreras diarias para quien se mueve con prótesis o con silla.

También ha tratado con claridad temas incómodos: el coste de algunos componentes protésicos, la necesidad de ajustes periódicos que no siempre cubren al 100% los sistemas públicos o privados, el papel clave de fisioterapeutas y técnicos ortoprotésicos en el resultado final. Es ahí donde su voz aporta utilidad: contar lo práctico, lo que toca a pie de calle, sin edulcorantes y sin dramatismos impostados.

Talento y coraje en marcha

La realidad, a cierre de esta crónica, es sencilla y contundente. Ruth Codd ha pasado por una segunda amputación por debajo de la rodilla, lo ha contado en primera persona y planea seguir trabajando cuando su recuperación lo permita. No hay partes médicos que expliquen el “por qué” con detalle y, de momento, no los necesita para hacer pública su situación: el hecho es la noticia; la actitud, la otra mitad del titular. Su carrera no se entiende como un desafío a nada, sino como un proyecto en construcción que se adapta y avanza.

Desde su primer gran papel en Netflix hasta hoy, ha demostrado criterio y oficio. Ha devuelto a la conversación pública una mirada honesta sobre la discapacidad, ha recordado que las prótesis son herramientas, no banderas, y ha puesto sobre la mesa algo que importa más de lo que parece: la profesionalidad como antídoto contra el morbo. Con paciencia, con ajustes, con un equipo a su lado, Codd volverá a escena. Y, cuando lo haga, no será un regreso “a pesar de”, sino la continuación natural de una trayectoria que ya forma parte de la cultura popular del streaming.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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