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¿Cómo descifró GPT-6 Astra la carta secreta de Napoleón a Marmont?

GPT-6 Astra reconstruye una carta cifrada de 1809 ligada a Napoleón y desvela tropas, órdenes y el método que permitió leerla 217 años después.

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la carta secreta de Napoleón

Imagen: Archives nationales de France / Wikimedia Commons, dominio público

Resumen

  • GPT-6 Astra descifró una carta militar ligada a Napoleón tras 217 años
  • El mensaje detallaba tropas, mandos y posiciones francesas antes de la guerra
  • El proceso combinó imagen, criptografía, código y trabajo humano

Una carta militar cifrada de 1809, vinculada a una orden de Napoleón y dirigida al general Auguste de Marmont, ha podido leerse después de permanecer más de dos siglos prácticamente muda. El trabajo de Carter Church utilizó GPT-6 Astra para transcribir una vieja reproducción del documento, reconstruir buena parte de su sistema criptográfico y extraer el mensaje: movimientos de tropas, efectivos y posiciones militares en vísperas de una nueva guerra contra Austria.

El dato más llamativo —y conviene quitarle enseguida un poco de purpurina tecnológica— es que Astra no recibió una carta perfectamente digitalizada con una contraseña esperando en alguna esquina. Trabajó sobre una reproducción de 1969, llena de números, letras y signos manuscritos, apoyándose también en valores criptográficos que investigadores anteriores ya habían identificado. El proceso requirió unas seis horas de ejecución del modelo, más varias tardes de trabajo humano. El resultado reconstruye unas 1.300 unidades cifradas y 155 signos diferentes.

El mensaje llevaba 217 años escondido entre números y símbolos

La historia arranca realmente en marzo de 1809. Europa estaba otra vez calentando los cañones. Austria preparaba una ofensiva contra Francia y sus aliados mientras buena parte de las fuerzas napoleónicas permanecían dispersas por el continente. Marmont se encontraba en Dalmacia, bastante lejos del grueso del ejército francés y en una posición incómoda ante un posible ataque austríaco.

El 16 de marzo de 1809, Napoleón ordenó a Eugène de Beauharnais, virrey de Italia y además hijastro del emperador, que comunicara a Marmont la disposición de las principales fuerzas francesas y aliadas. La instrucción era bastante explícita: la información debía viajar en una carta cifrada, transportada por un oficial de confianza.

Y aquí aparece un matiz importante. La pieza descifrada no debe entenderse simplemente como una carta que Napoleón redactó de su puño y letra para Marmont. Todo apunta a que fue confeccionada desde el entorno de Eugène siguiendo las instrucciones imperiales. Dicho de otro modo: la estrategia era de Napoleón; la carta, probablemente, del cuartel del virrey.

Durante años, además, el documento estuvo catalogado con una fecha equivocada, 1807. La lectura obtenida permite situarlo en los últimos días de marzo de 1809 porque encaja con otras cartas recibidas por Marmont los días 8, 14 y 20 y, sobre todo, con la orden enviada por Napoleón el día 16. Dos semanas después, el 10 de abril, las tropas austríacas cruzaron hacia Baviera.

Lo que realmente decía la carta a Marmont

El texto recuperado es, en esencia, un informe militar destinado a tranquilizar y orientar a un comandante aislado. Detalla dónde se encontraban los ejércitos franceses y aliados y dibuja un escenario en el que Austria podía ser atacada desde diferentes frentes.

Se menciona al duque de Danzig al frente de unos 40.000 bávaros entre Múnich y Passau; al príncipe Józef Poniatowski con alrededor de 30.000 polacos en el Vístula, amenazando Cracovia; al ejército sajón bajo el príncipe de Ponte-Corvo, Jean-Baptiste Bernadotte, frente a Dresde; y a Louis-Nicolas Davout, duque de Auerstaedt, con aproximadamente 80.000 franceses en Bayreuth.

La carta sitúa también a André Masséna, duque de Rivoli, con 60.000 hombres entre Ulm y Donauwörth, mientras Nicolas Oudinot dispondría de unos 40.000 soldados en Augsburg y a lo largo del río Lech. Se añadía que los rusos marchaban contra Austria y se hablaba igualmente del ejército desplegado en Friuli, del cuerpo de Dalmacia y de nuevas reservas.

No era precisamente una postal para contar que todo iba estupendamente. Era inteligencia militar, estrategia y psicología concentradas en unas pocas páginas: Marmont debía comprender que, pese a encontrarse separado del resto, no estaba solo en el tablero.

El descifrado aporta además una pequeña pieza que llama especialmente la atención. En la correspondencia publicada de Napoleón, la orden del 16 de marzo decía que Marmont no debía dejarse bloquear por “un puñado de…” y la edición dejaba después una serie de puntos.

La carta cifrada transmite una idea equivalente: el general no debía dejarse intimidar por unas pocas tropas o por una concentración de “canailles”, término francés que puede traducirse aproximadamente como canallas, gentuza o chusma.

Eso no demuestra que esa fuese exactamente la palabra utilizada por Napoleón. La carta parece reformular la orden original. Pero ofrece, al menos, una pista sobre el sentido de aquella frase incompleta que llevaba publicada desde el siglo XIX.

Por qué este código era bastante más difícil de lo que parece

La dificultad estaba en el tipo de cifrado. No funcionaba con la ingenua equivalencia de una letra igual a un símbolo. Era un cifrado de sustitución homofónica: una misma letra podía esconderse detrás de varios signos distintos.

Eso destroza buena parte del análisis de frecuencias tradicional. En un texto normal, las letras más habituales aparecen muchas veces y dejan una especie de huella estadística. Si el autor dispone de nueve formas diferentes de representar una misma vocal, esa huella se difumina. Justamente de eso se trataba.

El documento contiene aproximadamente 1.300 unidades cifradas y 155 signos distintos. Algunos representan letras; otros, palabras completas. También aparecen símbolos nulos, es decir, marcas introducidas sin significado real cuya función era despistar a quien interceptara el mensaje.

No se partió completamente de cero. El historiador francés de la criptografía Daniel Tant había reconstruido anteriormente 33 valores de letras, suficientes para interpretar 435 de las 1.300 unidades. Quedaban, aun así, aproximadamente dos tercios del documento por resolver.

Cómo GPT-6 Astra pasó de una imagen borrosa al francés de 1809

Aquí está probablemente la parte más interesante del experimento. Astra tuvo que intervenir en varias tareas que normalmente se abordarían por separado: leer el manuscrito, clasificar símbolos, trabajar con código y comprobar hipótesis lingüísticas.

Primero se dividió la lámina digitalizada en filas. Los signos fueron transcritos y recibieron etiquetas provisionales, porque dos trazos que parecían distintos podían ser simplemente dos versiones manuscritas del mismo símbolo. Después se fijaron como referencia los valores criptográficos ya conocidos.

A partir de ahí entró en escena un método de búsqueda denominado simulated annealing, o recocido simulado. El nombre suena a laboratorio metalúrgico y no anda tan desencaminado: el algoritmo prueba enormes cantidades de combinaciones, acepta temporalmente algunas soluciones imperfectas y va estrechando el terreno hasta encontrar configuraciones que producen un texto estadísticamente parecido al francés.

Para evaluar esas soluciones se utilizaron secuencias de letras procedentes de textos franceses. También se comprobó posteriormente que el resultado aparecía incluso retirando del conjunto de comparación las memorias de Marmont y otros textos napoleónicos, una prueba destinada a reducir el riesgo de que el sistema estuviese simplemente reconstruyendo información conocida.

Cuando determinados signos estropeaban una frase que por lo demás tenía sentido, fueron probados como palabras completas. Ahí aparecieron equivalencias para vocablos franceses frecuentes como de, que, les, vous o général.

Y después llegó la parte menos espectacular pero más importante: volver a la imagen y verificar que una equivalencia funcionaba cada vez que aparecía aquel símbolo. Nada de pulsar un botón rojo con la etiqueta “descifrar Napoleón”. Hubo modelo, programación, fuentes históricas, estadística e intervención humana.

El propio contenido permitió corregir la fecha de la carta

Una vez reconstruido el francés, ocurrió algo revelador. Las unidades militares, los comandantes, las cifras y las ciudades mencionadas coincidían de manera extraordinariamente precisa con la instrucción que Napoleón había enviado a Eugène el 16 de marzo de 1809.

El orden era incluso muy parecido. Baviera, los polacos de Poniatowski, los sajones, Davout, Masséna, Oudinot y los movimientos rusos contra Austria. Aquello permitió dejar atrás la vieja datación de 1807.

El mensaje añade, además, información sobre las tropas austríacas en Laibach —la actual Liubliana—, Klagenfurt, Villach y Salzburgo, junto con apreciaciones sobre sus posibles movimientos hacia el Tirol y Galicia.

La ironía histórica tampoco está mal. El documento proyectaba una enorme superioridad francesa y sugería que Austria avanzaba hacia su perdición. Cuando empezó la guerra, las cosas no fueron tan limpias. Eugène sufrió una derrota en Sacile y Napoleón encontró una resistencia mucho más seria de la esperada. Meses después, eso sí, Francia terminaría imponiéndose en Wagram y Austria firmaría la paz.

Marmont consiguió salir de Dalmacia, combatió contra los austríacos y llegó finalmente al Danubio. En julio de 1809 Napoleón lo convirtió en mariscal del Imperio, aunque con una felicitación de esas que uno preferiría no enmarcar: consideraba que Marmont todavía no había hecho suficientes méritos para justificar completamente el nombramiento.

El hallazgo es potente, pero quedan signos por interpretar

La solución publicada resulta especialmente interesante porque permite examinar el procedimiento completo: la transcripción, la clave reconstruida y los programas empleados para reproducir el resultado. El trabajo fue revisado también dentro de la comunidad especializada en criptografía histórica, y el documento pasó a considerarse asociado a 1809 en lugar de a la fecha anterior con la que llevaba años circulando.

Eso no significa que cada trazo haya quedado establecido para siempre. Persisten cinco signos con interpretaciones alternativas, aunque esas dudas no cambian sustancialmente el significado general del mensaje.

La diferencia importa. Una cosa es disponer de una lectura reproducible, coherente con documentación histórica independiente y sometida a revisión por especialistas; otra, proclamar que cada símbolo de la carta ha quedado resuelto de manera definitiva. La segunda frase vende más. También es bastante menos prudente.

GPT-6 Astra encaja especialmente bien en esta clase de problemas porque puede combinar imagen, programación, razonamiento y análisis documental dentro de una misma tarea. El episodio de Marmont convierte esa capacidad abstracta en algo bastante tangible: una sola reproducción antigua obligó al sistema a mezclar visión, criptografía, código, lengua francesa e investigación histórica.

Una vieja cifra para medir una tecnología nueva

Lo extraordinario de esta historia quizá no sea que una máquina haya derrotado de repente a un código imposible. El cifrado de Marmont no era matemáticamente inexpugnable. Un especialista con tiempo, documentación y paciencia podría haber llegado probablemente a una solución mucho antes.

El problema era otro: nadie había considerado rentable dedicar semanas a una lámina olvidada de una revista militar de 1969, escrita con más de un centenar de signos y sin una transcripción limpia. El secreto sobrevivió no solo porque estuviera bien protegido, sino porque resolverlo costaba demasiado esfuerzo para la recompensa inmediata que ofrecía.

Ahí cambia el paisaje. Unas seis horas de ejecución de un modelo y varias tardes de una persona reducen brutalmente ese coste. De repente, archivos llenos de manuscritos difíciles, códigos parcialmente resueltos y documentos que dormían bajo el polvo digital dejan de parecer montañas y empiezan a parecer colinas.

Napoleón quería que Marmont conociera dónde estaban sus ejércitos antes de que Austria moviese ficha. El mensaje tardó 217 años en encontrar un segundo lector. Esta vez no llegó a caballo ni lo llevaba un oficial cruzando Europa. Salió de una lámina escaneada, unas cuantas estadísticas y un modelo capaz de mirar aquellos signos como un problema todavía abierto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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