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¿Cómo queda España en el Global Gender Gap Report 2026 y qué cambia?
El informe de 2026 sitúa a España entre los países más igualitarios, aunque el empleo, los salarios y el acceso al poder mantienen brechas visibles.

Fuente: World Economic Forum.
Resumen
- El mundo ha cerrado el 69,2% de la brecha de género y aún faltan 120 años
- España sigue fuera del top 10, pero conserva una posición internacional avanzada
- Salarios, empleo, cuidados y poder económico concentran las mayores diferencias
El mundo ha cerrado el 69,2% de la brecha de género y necesitaría todavía unos 120 años para alcanzar la paridad total si mantiene el ritmo observado hasta ahora. Es el retrato que deja el Global Gender Gap Report 2026, publicado este 16 de septiembre por el Foro Económico Mundial. Hay avances, sí, pero son pequeños: apenas cuatro décimas en un año. El calendario corre bastante más deprisa que la igualdad.
España continúa dentro del grupo de países con mejores resultados internacionales, aunque no regresa al top 10 mundial. En 2025 había caído al puesto 12 con una puntuación del 79,7%, después de ocupar la décima posición en 2024. La fotografía española sigue teniendo dos caras muy distintas: destaca en educación y representación política, mientras que las diferencias laborales, salariales y de acceso al poder económico siguen bastante más vivas.
Conviene entender qué mide exactamente este índice. No establece si un país es rico, si sus salarios son altos o si sus servicios públicos son buenos. Compara la situación relativa de mujeres y hombres mediante 14 indicadores agrupados en cuatro ámbitos: participación y oportunidades económicas, educación, salud y supervivencia y empoderamiento político. Una puntuación del 100% significaría paridad en los indicadores analizados; no que todos los problemas relacionados con la igualdad hubieran desaparecido por arte de estadística.
España queda fuera del top 10 y el matiz importa
La edición de 2026 está encabezada de nuevo por Islandia, que ha cerrado el 93% de su brecha y mantiene el primer puesto por decimoséptimo año consecutivo. Le siguen Finlandia, con un 87,2%, y Noruega, con un 85,7%. Namibia sube hasta la cuarta posición, por delante de Reino Unido, Nueva Zelanda, Suecia, Australia, Alemania e Irlanda. Esta última cierra el top 10 con un 81,4%.
España no aparece entre esas diez primeras posiciones. Tampoco conviene leer la clasificación como una liga en la que bajar dos puestos equivale necesariamente a haber empeorado dos peldaños. El Foro Económico Mundial distingue entre puntuación y posición relativa: un país puede mantener prácticamente su resultado y perder lugares porque otros avanzan más deprisa. Eso ocurrió precisamente en 2025, cuando España pasó del décimo al duodécimo lugar pese a mantenerse en torno al 80% de paridad.
Europa, de hecho, vuelve a ser la región con mejores resultados del planeta. Ha cerrado un 75,7% de su brecha de género, seis décimas más que en la edición anterior, y coloca a siete países entre los diez primeros. Desde 2006 ha avanzado siete puntos porcentuales. Incluso así, al ritmo histórico calculado por el informe, necesitaría unos 70 años para alcanzar la paridad regional. Una generación estudia, trabaja, se jubila; la estadística todavía sigue haciendo cuentas.
El mundo mejora, pero a una velocidad casi geológica
El Global Gender Gap Report llega en 2026 a su vigésima edición y analiza 145 economías. Entre las que pueden compararse directamente con la edición anterior, aproximadamente dos tercios mejoraron su puntuación, aunque una parte relevante retrocedió. Si se observa únicamente el grupo estable de 97 economías presentes desde 2006, la paridad ha pasado del 64,2% al 69,4% en veinte años: apenas 5,2 puntos de avance en dos décadas.
El resultado es mejor que el de 2025, pero el movimiento sigue siendo lento. La estimación mundial para alcanzar la paridad completa baja hasta los citados 120 años. En participación económica harían falta unos 129 años y en empoderamiento político, alrededor de 194. La educación es otra historia: según la trayectoria histórica utilizada por el Foro, esa brecha podría cerrarse en aproximadamente ocho años.
Y ahí aparece una de las grandes contradicciones del informe. Las mujeres han avanzado enormemente en formación y presencia profesional, pero ese recorrido no desemboca con la misma facilidad en dinero, poder y capacidad de decisión. Hay muchas más tituladas, trabajadoras cualificadas y profesionales que hace veinte años; la puerta del despacho principal continúa siendo bastante más estrecha.
Economía: el agujero más difícil de cerrar
La participación y las oportunidades económicas alcanzan una puntuación global del 61,7% en 2026. Entre trabajadores profesionales y técnicos, la paridad mundial llega al 73,7%; en cambio, entre legisladores, altos funcionarios y directivos cae al 41,7%. La igualdad salarial percibida para trabajos similares se queda en el 64,7% y la paridad de ingresos estimados, en apenas el 54,9%.
La pirámide empresarial lo explica todavía mejor. Las mujeres ocupan solo el 19,1% de los puestos de consejera delegada o CEO incluidos en los datos analizados por el informe. Y la entrada en la alta dirección tampoco acelera: en las economías para las que existe información comparable de contratación, la proporción de mujeres entre las nuevas incorporaciones a esos niveles ha bajado del 34,8% en 2022 al 32,3% durante los dos primeros trimestres de 2026.
Es uno de los hallazgos más incómodos de estos veinte años de estadísticas. La presencia femenina aumenta en muchos escalones de la empresa, pero se adelgaza conforme se sube. El conocido techo de cristal no siempre parece ya una barrera transparente; a veces se parece más a una escalera a la que le faltan peldaños justo al final.
España: buenos puestos, pero el mercado laboral manda
La situación española encaja bastante bien en esa contradicción. Los últimos datos disponibles del INE muestran que en 2024 el salario medio anual de las mujeres fue de 26.904,90 euros, frente a 32.057,55 euros entre los hombres. Son más de 5.100 euros de diferencia en la ganancia media anual. No es una comparación salarial ajustada por puesto, jornada, antigüedad o sector —conviene no mezclar conceptos—, pero sí retrata una desigual distribución de ingresos laborales.
Algo parecido ocurre con el empleo. La brecha entre las tasas de empleo masculina y femenina en España se situó en 10 puntos porcentuales en 2025, frente a 10,3 puntos en 2024 y 11,5 en 2019. Hay una mejoría visible a medio plazo, aunque todavía queda distancia.
Los cuidados ayudan a entender parte de esa diferencia. En 2024 había 417.400 personas ocupadas trabajando a tiempo parcial para disponer de más tiempo con el que atender a dependientes. 381.700 eran mujeres y 35.700 hombres. No explica por sí solo toda la brecha laboral —sería simplificar demasiado—, pero sí revela hasta qué punto las responsabilidades familiares continúan repartidas de forma desigual y terminan apareciendo, varios años después, en salarios, carreras profesionales y pensiones.
Educación y política empujan; los ingresos frenan
España parte de una posición especialmente sólida en educación y representación institucional. La elevada presencia femenina en las instituciones ha permitido al país situarse históricamente entre las economías europeas con mejores resultados en varios indicadores políticos. En el conjunto mundial, sin embargo, la representación continúa lejos de una verdadera paridad, especialmente cuando se observan los puestos con mayor capacidad de decisión.
Eso explica por qué la posición española en el índice general es notablemente mejor que la que sugerirían únicamente determinados datos laborales. El indicador mezcla dimensiones muy distintas y las pondera de forma separada. Un país puede estar prácticamente en paridad educativa, presentar una representación política elevada y seguir mostrando una distancia económica considerable.
También hay otra precaución importante. Los datos del índice proceden de distintas organizaciones internacionales y no todos corresponden exactamente al mismo año: el Foro utiliza la información disponible más reciente y determinados indicadores pueden sufrir retrasos estadísticos. El Global Gender Gap Report funciona mejor como un gran termómetro comparativo que como una fotografía tomada el mismo día en todos los países.
La inteligencia artificial abre una brecha nueva
El informe de 2026 incorpora una advertencia especialmente relevante para los próximos años: la economía de la inteligencia artificial está reproduciendo diferencias de género antes incluso de alcanzar su madurez.
Las mujeres representan el 36,6% de los trabajadores sin responsabilidades directivas en empresas de IA analizadas, frente al 44,8% en compañías comparables ajenas a ese sector. Entre los ingenieros especializados en inteligencia artificial, el porcentaje femenino baja hasta el 19,3%. Y dentro de las compañías tecnológicas su presencia es mayor en actividades como el etiquetado de datos, normalmente peor remuneradas, que en las posiciones técnicas situadas en el corazón del desarrollo de los modelos.
Hay movimientos en sentido contrario. La proporción de fundadoras con conocimientos de ingeniería de IA ha crecido desde el 2,3% registrado en 2019 hasta el 8,7% durante la primera mitad de 2026. Sigue siendo una minoría muy pequeña, pero la evolución importa porque muchas de las profesiones mejor pagadas y con mayor capacidad de decisión de la próxima década se están construyendo precisamente ahora.
Para España, el asunto va bastante más allá de sumar otra casilla a los informes sobre igualdad. Si las mujeres alcanzan niveles elevados de formación pero quedan infrarrepresentadas en las áreas tecnológicas que concentran inversión, productividad y salarios altos, la vieja brecha económica puede reaparecer con ropa nueva. Esta vez, con servidores, modelos de lenguaje y una etiqueta mucho más futurista.
Veinte años después, el poder sigue siendo la frontera
La parte política del índice ofrece otra paradoja. Es el ámbito que más ha mejorado desde 2006, con ocho puntos porcentuales de avance entre los países observados durante las veinte ediciones, pero sigue siendo la dimensión más alejada de la igualdad. En 2026 su puntuación global se sitúa en el 22,1%. El Foro calcula que, manteniendo la trayectoria histórica, la paridad política completa tardaría alrededor de 194 años.
La proporción de economías encabezadas por una mujer llegó a su máximo en 2022 y posteriormente retrocedió hasta niveles similares a los de 2016. Incluso dentro de los gobiernos aparece una jerarquía menos visible: aunque el número de carteras ministeriales dirigidas por mujeres ha crecido un 26% desde 2008, apenas una de cada diez carteras ocupadas por mujeres pertenece al grupo que el informe considera de alta influencia. Entrar en la habitación no significa necesariamente sentarse en la cabecera de la mesa.
España presenta aquí una de sus fortalezas comparativas gracias a su elevada representación institucional, pero el dato no debería confundirse con una igualdad completa. La composición de un gabinete cuenta, y mucho, en este índice; también cuentan el Parlamento y la experiencia histórica de mujeres en los principales espacios de decisión. Fuera de esa fotografía institucional quedan muchas desigualdades cotidianas que reaparecen después en jornada laboral, ingresos, promoción profesional y cuidados.
La foto española es buena; la distancia todavía existe
El Global Gender Gap Report 2026 deja una España situada en la zona avanzada de la comparación internacional, fuera del top 10 pero muy por encima de la media mundial, con fortalezas claras en educación y representación política. Al mismo tiempo, los datos españoles de empleo y salarios ayudan a localizar dónde se atasca el progreso: no tanto en el acceso formal a los estudios o a determinados espacios públicos como en lo que ocurre después, cuando entran en juego ingresos, tiempo, cuidados y ascensos.
Ese es quizá el dato menos vistoso y más importante de esta edición. El mundo ha conseguido cerrar algo más de cinco puntos de su brecha de género en veinte años y está en su mejor nivel desde que comenzó la serie. Aun así, 120 años siguen separando la trayectoria actual de la paridad completa. Europa necesita unos 70. Y mientras Islandia alcanza el 93%, ningún país ha llegado todavía al 100%.
España muestra bien esa nueva etapa del problema. La desigualdad más evidente se ha reducido, las aulas están prácticamente equilibradas y la presencia femenina en las instituciones ha dejado de ser excepcional. El terreno difícil está más arriba y resulta menos fotogénico: quién cobra cuánto, quién asciende, quién dispone del tiempo y quién llega a los puestos donde se reparten el dinero y el poder. Veinte años de datos han cambiado mucho el paisaje. No tanto como para guardar todavía la regla con la que medimos la distancia.

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