Naturaleza
¿Por qué FIO 2026 rompe récord y pone a Canarias en el foco?

FIO 2026 llega a Monfragüe con 123 expositores, Canarias invitada y La Serena como foco, con agenda repleta, talleres y foto internacional.!
La Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO) cumple 21 ediciones y lo hace con una mezcla de cifras y señales que, juntas, explican por qué este certamen se ha vuelto una parada fija en el calendario de la naturaleza en España: récord de 123 expositores, Canarias como destino invitado y un estreno con acento extremeño, el nuevo Espacio Natural Protagonista de Extremadura, que arranca con la comarca pacense de La Serena. La cita se celebrará del 27 de febrero al 1 de marzo en Villarreal de San Carlos, pedanía mínima y muy conocida por los aficionados, en pleno Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres), donde el paisaje no es fondo, es argumento.
El programa llega cargado, pero sin esa sensación de “relleno”: 22 conferencias y coloquios, 15 talleres especializados, exposiciones, rutas guiadas, actividades infantiles, observatorios, presentaciones de libros… y un detalle que suele decir más que un discurso entero: muchas actividades se han completado en pocas horas, según se ha destacado en la presentación oficial, hasta el punto de que ya se estudian formatos más amplios para próximas ediciones. En la misma puesta de largo, la consejera de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes en funciones, Victoria Bazaga, acompañada por el director general de Turismo, Óscar Mateos Prieto, ha defendido el salto de escala de FIO, que se reivindica como la feria más importante del sector en España y la segunda de Europa.
Monfragüe como escenario real, no como decorado
Hay eventos que podrían celebrarse en cualquier pabellón y otros que, si se mueven de lugar, pierden el sentido. FIO pertenece al segundo grupo: Monfragüe no solo acoge la feria, la empuja. La llegada a Villarreal de San Carlos tiene algo de ritual para quien repite: carretera estrecha, aire frío si amanece temprano, el rumor de conversaciones bajitas, mochilas, cámaras colgando como si fueran parte del cuerpo… y esa costumbre de mirar arriba, casi sin darse cuenta, porque aquí el cielo suele estar “ocupado”. La feria, en ese entorno, se entiende como un cruce entre turismo de naturaleza, cultura visual y economía local, con un punto de convivencia rara: profesionales que van con agenda cerrada y aficionados que vienen a aprender a distinguir un canto, una silueta o una pluma.
En esta edición, el certamen insiste en una idea que le ha funcionado durante años: convertir la observación de aves en una actividad completa, donde caben la ciencia, el ocio y el negocio sin que una cosa se coma a la otra. Monfragüe aporta además una credibilidad difícil de fabricar: si se habla de turismo ornitológico de verdad, el marco importa; aquí no hay que imaginarlo, está delante. Y eso explica que la feria se viva con un cierto respeto, incluso cuando hay mucha gente: se camina, se señala con el dedo, se comenta, se aprende, se compra, se negocia… pero el parque sigue ahí, imponiendo sus ritmos.
123 expositores y tres zonas al completo
El dato de 123 expositores marca el tono desde el primer minuto. No es solo un número alto: es una forma de decir que el sector no está en una fase experimental, que hay oferta y hay demanda, y que ambas quieren espacio. Según lo presentado, los participantes ocuparán por completo las tres zonas de exposición del certamen, con un mapa de perfiles muy reconocible dentro del turismo de naturaleza: empresas turísticas especializadas, fabricantes y distribuidores de fotografía y óptica, asociaciones conservacionistas, tiendas especializadas y artistas de naturaleza. Dicho de forma sencilla: desde quien vende experiencias guiadas hasta quien fabrica la herramienta con la que se mira, pasando por quienes defienden el territorio que hace posible esas experiencias.
Ese abanico también dibuja cómo ha evolucionado la afición. Hoy, el turismo ornitológico se apoya mucho en la tecnología —la óptica, la fotografía, el vídeo—, pero sigue teniendo un centro emocional clásico: la paciencia y la observación. Por eso, en FIO conviven el stand con prismáticos de alta gama y el taller de identificación de cantos; el debate sobre proyectos de conservación y la exposición artística; el profesional que busca acuerdos y el visitante que va directo al panel de actividades porque quiere salir con algo aprendido.
Seis países y trece comunidades: un mapa sin fronteras
En esta 21.ª edición participarán trece comunidades autónomas y seis países: Bélgica, Costa Rica, Francia, Italia, Portugal y Uganda. Esa lista, tal cual, ya es una historia. Habla de la cercanía —Portugal—, del peso europeo —Francia, Italia, Bélgica—, pero también de destinos asociados a biodiversidad y a un tipo de viaje que se vende por la experiencia y no por el sofá del hotel, como Costa Rica o Uganda. Y, a la vez, sitúa a FIO como un punto de encuentro donde no se viene a “ver lo mismo”, sino a comparar modelos, relatos, paisajes, formas de trabajar y maneras de entender la naturaleza como recurso… con cuidado, porque aquí el término “recurso” no cae siempre bien si suena a explotación.
La presencia de tantos territorios también refuerza el valor de FIO como escaparate. En un sector especializado, donde el público sabe lo que busca y donde los profesionales se mueven por confianza, juntar en un mismo lugar propuestas tan diversas es un pequeño lujo. Y ese lujo, en Monfragüe, adquiere un punto de coherencia: no se está hablando de aves en abstracto, se está hablando de aves en un territorio que las tiene, que las muestra y que vive —en parte— de esa relación.
Canarias invitada: el salto al Atlántico dentro del mismo viaje
Que Canarias sea el destino invitado coloca a la feria en un plano más amplio, casi geográfico: del corazón de Extremadura al Atlántico, de la península a las islas, del paisaje de cortados y dehesas a una biodiversidad marcada por la condición insular. La invitación no se limita al gesto institucional; en términos de feria, implica protagonismo en la conversación, en la programación, en el espacio expositivo y, sobre todo, en la manera de contar el turismo de naturaleza. Canarias llega con un argumento potente, y conocido por cualquiera que haya hojeado guías de aves: el valor de los endemismos, la diversidad de hábitats y un clima que hace que el calendario de observación tenga matices distintos.
La presencia canaria también introduce, sin necesidad de convertirlo en sermón, una cuestión práctica que en este sector siempre flota: cómo crecer sin romper. El turismo ornitológico no es turismo de masas, pero puede tensionar espacios sensibles si se hace mal, si se concentra demasiado, si se vende la “foto fácil” sin planificación. Canarias, con su experiencia en un territorio limitado y muy demandado, aporta una perspectiva que casa bien con el espíritu de FIO: naturaleza sí, pero con orden, con conocimiento, con profesionales que sepan guiar y con administraciones que entiendan que el paisaje no es infinito.
En el plano de la feria, el foco canario funciona como un incentivo para ampliar la idea de “destino ornitológico” dentro de España. La península tiene una oferta enorme y consolidada, pero las islas suman un perfil distinto, casi complementario, que interesa tanto al aficionado que ya ha recorrido media España como al profesional que construye paquetes y necesita novedades con sentido. En ese cruce —Monfragüe y Canarias en la misma edición— se lee una intención clara: FIO quiere seguir creciendo sin perder su núcleo, y para eso conviene abrir ventanas.
Extremadura se reivindica: La Serena como primer “Espacio Natural Protagonista”
Entre las novedades, destaca la creación del Espacio Natural Protagonista de Extremadura, una especie de foco anual pensado para dar visibilidad a la riqueza natural y ornitológica de distintos territorios de la comunidad y animar a visitarlos. El estreno, en esta edición, está dedicado a La Serena, comarca pacense de horizontes abiertos, embalses y cielos amplios, con esa estética de terreno “grande” donde la naturaleza no se ofrece en miniatura. La elección no es casual: La Serena encaja con el turismo de aves por paisaje y por carácter, por esa mezcla de espacios abiertos y puntos de agua que convierten la observación en un ejercicio de calma y lectura del terreno.
La idea del nuevo espacio, tal como se ha planteado, va más allá de una exposición puntual. En una feria como FIO, donde Monfragüe concentra el imaginario —y con razón—, abrir un escaparate a otras comarcas extremeñas funciona como una forma de repartir atención y, de paso, repartir actividad económica. Extremadura tiene una oferta ornitológica enorme, pero no siempre se traduce en itinerarios variados; muchas veces, el visitante se queda en los nombres más famosos. Dar protagonismo a La Serena es una manera de decir: hay más mapa.
En términos de posicionamiento, el Espacio Natural Protagonista también puede leerse como una respuesta a la propia demanda. Si el programa se llena en horas, si la feria bate récord de expositores, es lógico pensar que el interés por el turismo de naturaleza está creciendo. Y cuando algo crece, conviene diversificar para no saturar. Mirar hacia La Serena no quita Monfragüe; lo acompaña, lo prolonga, lo equilibra. Y lo hace desde dentro, desde la propia región.
Un programa que se llena solo: conferencias, talleres y rutas con tirón
El calendario de FIO 2026 se presenta con la ambición de quien sabe que tiene público fiel. Están las 22 conferencias y coloquios, que suelen ser el corazón intelectual del evento: turismo sostenible, proyectos de conservación, educación ambiental, arte… temas que se repiten cada año, sí, pero que cambian de tono según quien los cuente y según el momento. En esta edición, además, se ha subrayado la alta demanda: muchas actividades se completaron en pocas horas, un síntoma de que FIO se ha convertido en algo más que un fin de semana de paseo entre stands.
A ese bloque se suman 15 talleres especializados y un conjunto de actividades que, en la práctica, hacen que la feria tenga capas. Están las exposiciones, que conectan con la parte artística y documental del mundo natural; las rutas guiadas, que vuelven el parque una aula al aire libre; las actividades infantiles, que abren una puerta distinta, más de descubrimiento; los observatorios, que son la esencia del evento; y las presentaciones de libros, que aterrizan el conocimiento en papel, con nombres propios, con proyectos y con historias de campo. El resultado es una feria que no se consume con una vuelta rápida: exige tiempo, decisiones, y un mínimo de curiosidad.
La organización ha dejado caer que se estudian formatos más amplios para futuras ediciones. No es un detalle menor. Ampliar puede significar muchas cosas —más días, más espacios, más aforo—, pero el reto es el mismo: crecer sin diluir la identidad. FIO funciona, en parte, porque mantiene una escala humana dentro de un entorno natural. Cambiar eso requiere cuidado, y en la propia mención se nota que el debate ya está abierto.
FOTOFIO y el oficio de mirar con cámara
Dentro de la programación, FOTOFIO vuelve a ocupar un lugar clave. No es raro: la fotografía de naturaleza, hoy, es tanto herramienta como lenguaje. Muchas personas se acercan a la ornitología por la cámara y se quedan por lo que la cámara obliga a hacer: observar más, entender luz, esperar, aceptar que la escena perfecta no llega cuando uno quiere. En FOTOFIO se podrán conocer experiencias, proyectos y viajes de fotógrafos de naturaleza, un espacio donde se comparten rutas, técnicas, anécdotas de campo y también esa parte menos glamurosa del oficio: madrugones, frío, paciencia, horas sin “nada” y, de pronto, un instante que lo justifica todo.
El enfoque de FIO, aquí, es interesante porque no se limita a exhibir imágenes bonitas. La fotografía aparece como una pieza más del engranaje del turismo ornitológico: inspira viajes, genera interés, crea memoria del territorio y, en algunos casos, sostiene proyectos de conservación o divulgación. En una feria donde conviven profesionales y aficionados, este apartado funciona como punto común: casi cualquiera entiende el impulso de querer capturar una escena, aunque sea con el móvil.
Talleres para afinar oído, ojo y mano
En el apartado de talleres, el programa se mete en el barro —en el sentido literal y en el bueno—. Se podrá aprender a identificar cantos, huellas y plumas, propuestas que conectan con lo esencial del campo: interpretar señales. No es una habilidad menor. Distinguir un canto no es solo “reconocer un pájaro”, es entender presencia, territorio, comportamiento, época del año. Lo mismo con las huellas o las plumas: pequeñas pistas que cuentan historias grandes.
Entre esas propuestas, aparece también un taller de acuarela para pintar aves, de la mano del diseñador gráfico y acuarelista José Antonio Sencianes. En una feria de turismo y naturaleza, esto podría parecer un capricho artístico, pero tiene lógica: dibujar o pintar obliga a mirar con otra atención, a fijarse en proporciones, tonos, movimientos. Es otra forma de observación, más lenta, más manual. Y en un evento como FIO, donde se habla de experiencias “únicas”, este tipo de talleres aporta una dimensión distinta, sin necesidad de exagerar.
Un concurso fotográfico con cifras de vértigo
El concurso fotográfico de FIO es uno de los pilares del certamen y este año llega con un dato que impresiona por sí solo: 7.254 imágenes recibidas, procedentes de 46 países. Esa cifra convierte la edición en la de mayor representación internacional, según se ha destacado, y refuerza el prestigio del certamen más allá de España. También ayuda a entender el lugar que ocupa FIO en el mapa global de la fotografía de naturaleza: no es un concurso local ampliado, es una cita donde se asoma medio mundo, con miradas y estilos muy distintos.
El volumen de imágenes no solo habla de cantidad; habla de comunidad. La fotografía de aves y naturaleza tiene una base internacional muy activa, que se mueve por redes, exposiciones y concursos, pero también por ferias donde el contacto es más directo. En ese contexto, FIO funciona como un puente: muestra territorio y, al mismo tiempo, recibe territorio visual del resto del planeta. Y esa circulación, al final, termina beneficiando al propio evento: cuanto más prestigio tiene el concurso, más se habla de la feria, más gente viaja, más se refuerza el círculo.
La feria como motor económico: 550 citas profesionales y viajes previos
En la presentación del programa se ha insistido en la dimensión económica de FIO, con una cifra concreta que aterriza el discurso: más de 550 encuentros profesionales organizados para el 27 de febrero. No es una frase bonita, es logística. Significa agendas, reuniones cerradas, intercambio de catálogos, negociación de condiciones, acuerdos que luego se traducen en paquetes turísticos, colaboraciones entre empresas y destinos, y oportunidades para un sector que vive de la especialización.
El turismo ornitológico, a diferencia de otras ramas del turismo, suele depender mucho del conocimiento local y del servicio bien afinado: guías que sepan, alojamientos adaptados a horarios raros (aquí se madruga), transporte, observatorios, permisos, rutas, y una narrativa que no venda humo. Por eso, las reuniones profesionales son tan relevantes: de ahí sale buena parte del crecimiento real, el que se nota después en temporadas, reservas y empleo. Y por eso también se entiende que la organización cuide ese espacio casi como un evento dentro del evento.
A esa agenda se suman las visitas previas programadas para turoperadores y agentes: quince nacionales y nueve internacionales recorrerán Extremadura antes de la feria para conocer la oferta turística de naturaleza y observación de aves. Este tipo de viajes tiene un objetivo claro: comprobar sobre el terreno lo que se vende. En un sector donde la credibilidad lo es todo, nadie quiere comercializar un producto que no ha pisado. Ver accesos, tiempos, puntos de observación, servicios, y entender el paisaje con ojos de profesional resulta clave. Y, de paso, se generan relatos concretos, los que luego viajan en boca de quienes venden destinos: “lo vi”, “funciona”, “merece”.
En esa combinación —reuniones y visitas— se entiende por qué FIO se define como “motor económico” para Extremadura. No por una promesa abstracta, sino por una cadena de actividades que conectan territorio, empresa y demanda real. Y en Monfragüe, ese motor tiene además un tono particular: no suena a feria industrial, suena a gente hablando de naturaleza con papeles en la mano y prismáticos al cuello, que es casi una imagen simbólica del sector.
La mujer en la ornitología: nombres propios y un mito que se cae
Uno de los énfasis de la programación de FIO 2026 es la presencia de la mujer en el mundo de la ornitología, la creación y la fotografía de naturaleza. En la presentación se habló de desterrar el mito de que la observación de aves es un ámbito masculino, y el programa ofrece nombres y perfiles que sostienen esa idea con hechos: creadoras, fotógrafas, investigadoras y profesionales que ya son referentes en el sector, en España y fuera.
El primer símbolo llega en forma de imagen: el cartel de esta edición lo firma la ilustradora extremeña Ana Fernández, con el somormujo blanco como especie protagonista. No es un detalle menor. La elección del ave y el estilo del cartel funcionan como declaración estética y de identidad: se habla de aves, sí, pero también de cultura visual, de mirada, de cómo se presenta el mundo natural al público. Y que esa firma sea femenina y extremeña añade un componente local y contemporáneo que encaja bien con el espíritu de FIO.
Entre las conferenciantes figuran Adelina Ortiz y Marta Pedreño, integrantes de Reveladas AEFONA, un grupo que trabaja para visibilizar a mujeres fotógrafas de naturaleza; también participa Magada Haily Miriam, que hablará sobre la observación de aves en Uganda, un país que aparece igualmente entre los participantes internacionales de esta edición, y se suma la fotógrafa Adriana Sanz, entre otras. En conjunto, el programa dibuja un campo profesional que ya no se explica con un solo perfil: hay arte, hay ciencia, hay divulgación, hay fotografía, hay turismo, hay conservación.
En ese listado de protagonistas aparece además una figura con historia propia dentro del sector: Martin Kelsey, británico afincado en Trujillo, que ofrecerá una retrospectiva personal tras 21 años trabajando en el turismo ornitológico, coincidiendo con su jubilación. La presencia de Kelsey introduce un tono distinto, casi de memoria del oficio: dos décadas largas dan para ver cómo cambia el turismo, cómo se profesionaliza la observación de aves, cómo evoluciona la relación entre territorio y visitantes, y cómo se construye un destino con paciencia. En una feria que cumple 21 ediciones, esa retrospectiva encaja como pieza natural: la feria mira al futuro, pero no reniega de lo vivido.
Monfragüe, La Serena y Canarias: un mismo fin de semana, tres historias
FIO 2026 se presenta, en el fondo, como un cruce de tres relatos que se alimentan entre sí. Está el relato clásico de Monfragüe, que vuelve a ser el epicentro, con la feria instalada en su corazón y con la sensación de que el parque se convierte, durante esos días, en un idioma compartido. Está el relato de Extremadura mirándose a sí misma a través del nuevo Espacio Natural Protagonista, con La Serena como primera invitada interna, empujando para que la idea de “destino de aves” no se quede en un único lugar. Y está el relato de Canarias, invitada exterior que amplía el mapa y recuerda que el turismo ornitológico en España también tiene una dimensión atlántica y singular.
Las cifras —123 expositores, 22 conferencias, 15 talleres, 7.254 fotografías de 46 países, 550 encuentros profesionales— ayudan a medir el tamaño del evento, pero lo que de verdad define la edición es cómo se combinan esas piezas. Un programa que se llena rápido sugiere comunidad activa; un concurso fotográfico internacional sugiere prestigio; un bloque profesional robusto sugiere negocio real; un enfoque claro sobre la presencia de mujeres sugiere evolución cultural dentro del sector; y la mezcla de destinos —Monfragüe, La Serena, Canarias— sugiere estrategia: crecer sin perder identidad.
Del 27 de febrero al 1 de marzo, Villarreal de San Carlos volverá a ser, durante tres días, un punto donde se habla de aves con la naturalidad de quien habla de su paisaje. Habrá quien llegue por la óptica y se quede por una conferencia; quien vaya por la foto y descubra una ruta; quien cierre acuerdos y, entre reunión y reunión, se escape a un observatorio. Y habrá, como siempre en Monfragüe, un elemento que no depende del programa: el cielo, que a veces decide regalar una escena perfecta sin avisar, y a veces no da nada. Esa incertidumbre, la de la naturaleza, es también parte del éxito de FIO: nadie viene a que se lo cuenten todo hecho, viene a mirar… y a ver qué pasa.

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