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Naturaleza

Ovejas por el centro de Madrid: vuelve la ruta trashumante

La capital recibirá rebaños en octubre, en una cita que enlaza pastoreo, memoria y conservación del territorio.

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Fiesta de la Trashumancia

Los rebaños volverán a atravesar el centro de Madrid los días 24 y 25 de octubre de 2026, en una celebración que transforma por unas horas el paisaje habitual de la capital: al ruido del tráfico se suman los cencerros, el balido de las ovejas y el paso de pastores por calles y plazas. La cita está prevista para ese fin de semana, pero el recorrido concreto y el programa completo de esta edición todavía no se han confirmado.

La llegada de los animales no es solo una estampa llamativa. La celebración madrileña de la trashumancia recuerda una forma de pastoreo basada en los desplazamientos estacionales del ganado y reivindica la conservación de las vías pecuarias, los caminos tradicionales que conectaban pastos y territorios. Su mensaje también mira al presente: la ganadería extensiva puede contribuir al cuidado del paisaje y mantiene viva una actividad rural que afronta dificultades para asegurar su continuidad.

Fechas de 2026 y actividades pendientes de confirmar

La edición de 2026 está anunciada para el 24 y 25 de octubre, aunque eso no significa que ya se conozcan los horarios de cada actividad. La información disponible señala las fechas, pero no aporta un programa oficial cerrado ni permite asegurar a qué hora entrará el rebaño en el centro. En años anteriores, el paso de los animales se ha celebrado en otoño y ha reunido a pastores, asociaciones culturales y visitantes.

La jornada del rebaño suele ser el momento más visible, pero el fin de semana puede incluir propuestas vinculadas al mundo pastoril, la lana y la cultura tradicional. En 2025, por ejemplo, hubo actividades en la Casa de Campo durante los días previos, además del recorrido urbano y actos musicales. Ese antecedente ayuda a entender el formato, pero no confirma que la programación se repita en 2026: para esta edición, las actividades y sus horarios siguen pendientes.

La cita se celebra desde 1994 y, de acuerdo con la información disponible sobre la convocatoria de 2026, alcanza su 33.ª edición. La organiza Trashumancia y Naturaleza en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, con el propósito de acercar al público una práctica ganadera que suele desarrollarse lejos del asfalto. No es, por tanto, una ruta turística ordinaria con un horario invariable: el ritmo depende de los animales, de los pastores y de las condiciones organizativas de cada año.

Qué representa el paso de las ovejas por Madrid

La trashumancia consiste en desplazar el ganado de forma estacional para aprovechar pastos disponibles en distintos lugares. A lo largo del año, los rebaños recorren cañadas y otros caminos ganaderos entre zonas de invierno y de verano. El movimiento responde a una lógica sencilla, aunque exige conocimiento del territorio: buscar alimento y condiciones más favorables para los animales cuando cambian las estaciones. La escena urbana es solo un fragmento de una práctica mucho más extensa.

Por eso, ver ovejas en el centro de Madrid no equivale a contemplar una recreación folclórica sin relación con la vida actual. La marcha sirve para hacer visibles las vías pecuarias y recordar que estos itinerarios siguen formando parte del territorio, aunque muchos tramos queden rodeados de edificios, carreteras o barrios. En la capital, el contraste resulta especialmente claro: por unas horas, el espacio cotidiano de coches y peatones vuelve a mostrar su antigua función de corredor para el ganado.

En las calles, los rebaños suelen ir acompañados por pastores y representantes de asociaciones, además de grupos de música y danzas tradicionales. En ediciones anteriores también han participado caballistas y entidades vinculadas a la conservación. El ambiente cambia según el tramo: las calles estrechas pueden hacer que el paso parezca más cercano y compacto, mientras que en plazas amplias el público dispone de una perspectiva distinta. Los animales marcan el ritmo, no una coreografía ensayada al minuto.

Una ruta con raíces en las vías pecuarias

El recorrido urbano habitual parte de la Casa de Campo y avanza hacia el centro histórico. En la edición anterior descrita en la información disponible, el itinerario pasaba por la Puerta del Rey, el paseo de la Virgen del Puerto y la Cuesta de la Vega antes de llegar a la calle Bailén y la calle Mayor. Desde allí, las ovejas cruzaban la Puerta del Sol y bajaban por la calle de Alcalá hasta la plaza de Cibeles. Ese trazado es una referencia, no el mapa confirmado de 2026.

En aquella convocatoria, los rebaños comenzaban a salir de los rediles de la Casa de Campo a las 9:00 y abandonaban el recinto por la Puerta del Rey alrededor de las 10:30. La llegada a la calle Mayor se situaba en torno a las 11:00, el paso por Sol a las 11:20 y la parada frente al Ayuntamiento, en Cibeles, a las 12:00. Después emprendían el regreso por el mismo itinerario, con la despedida prevista en la Casa de Campo hacia las 13:00. Estos horarios describen la edición anterior y no deben tomarse como el horario de este año.

La parada de Cibeles conserva uno de los gestos más conocidos de la jornada: el pago simbólico de 50 maravedís por cada millar de ovejas. La ceremonia evoca la concordia del 2 de marzo de 1418 entre los pastores de la Mesta y los procuradores del concejo de la Villa, según la tradición que acompaña al acto. No se trata de una tasa municipal vigente, sino de una representación histórica que pone en escena el antiguo derecho de paso del ganado.

La referencia a las cañadas importa porque el recorrido no se inventa cada año como un desfile cualquiera. Los caminos pecuarios formaron una red de conexión entre zonas de pastoreo y, con la expansión de las ciudades, algunos quedaron integrados en el tejido urbano o cruzados por infraestructuras. La trashumancia madrileña convierte esa superposición en algo tangible: bajo la circulación moderna persiste la memoria de rutas construidas para otro tipo de desplazamiento. El asfalto no borra por completo la historia del camino.

El valor rural y ambiental de la trashumancia

El paso de los rebaños también permite explicar por qué la ganadería extensiva tiene relevancia más allá de la producción de alimentos. Al pastar, los animales consumen parte de la vegetación que se acumula en el monte y en los campos. Esa labor puede reducir la cantidad de material seco disponible como combustible, un factor relacionado con la propagación de incendios. No elimina el riesgo ni sustituye otras medidas de prevención, pero el pastoreo puede contribuir al cuidado del paisaje.

Los desplazamientos del ganado tienen otros efectos sobre el territorio. Las ovejas transportan semillas adheridas a la lana y las pezuñas, mientras que sus excrementos devuelven nutrientes al suelo. En conjunto, estos procesos ayudan a conectar espacios y sostener formas de vida de plantas y animales. La magnitud de esos beneficios depende de cómo se gestione el pastoreo y de las características de cada ecosistema; no todos los lugares responden igual ni basta con llevar animales para garantizar una mejora ambiental.

La práctica también está relacionada con la biodiversidad y con la adaptación a las condiciones climáticas. Los rebaños aprovechan distintos pastos en diferentes momentos del año, en vez de permanecer siempre en un único espacio. La celebración pone el foco en esa movilidad, pero la actividad cotidiana requiere rutas disponibles, trabajo especializado y familias capaces de sostener el oficio. Por eso, el mensaje de la jornada no se limita a proteger una costumbre: también señala la fragilidad de quienes mantienen vivo el pastoreo.

La continuidad no está garantizada por el valor cultural o ambiental de la actividad. El trabajo pastoril exige acompañar al ganado, conocer los caminos y organizar los desplazamientos, y el propio sector ha llamado la atención sobre la falta de relevo y las dificultades de mantener esta forma de vida. La fiesta permite acercar esa realidad a un público urbano, aunque un día de celebración no sustituye las condiciones materiales necesarias para que haya pastores y rebaños en el campo.

Cómo se vive el recorrido y qué conviene tener en cuenta

El paso de un rebaño por el centro puede resultar sorprendente, especialmente para quienes nunca han visto animales de ese tamaño avanzar entre fachadas, semáforos y comercios. La experiencia reúne sonidos y movimientos poco habituales en una calle urbana: los cencerros se oyen antes de que aparezcan las ovejas y, cuando llegan, el grupo ocupa el espacio con una cadencia propia. La escena tiene un ritmo más pausado que el de un desfile, porque los pastores deben conducir animales reales y atender a lo que ocurre alrededor.

La Puerta del Sol y Cibeles concentran buena parte de la atención por su valor simbólico y por ser lugares reconocibles, aunque esa popularidad también puede traducirse en más público. Otros tramos del itinerario, como la Cuesta de la Vega o la calle Mayor, permiten observar la marcha en un entorno distinto. La ruta de 2026 aún no está confirmada, de modo que cualquier elección de lugar tendrá que esperar a la publicación del trazado definitivo y sus posibles ajustes.

En una jornada con cierres de calles y cambios en el transporte de superficie, el acceso puede ser diferente al de un domingo corriente. En la edición anterior, el recorrido atravesó varias vías centrales y la organización pudo requerir medidas de ordenación del público. La información oficial de 2026 deberá precisar los cortes y las indicaciones vigentes. Si el rebaño se retrasa o avanza a otra velocidad, no significa necesariamente que haya un fallo: el horario orienta, pero el paso del ganado no funciona como el de una procesión mecánica.

La cercanía forma parte del atractivo, pero los animales necesitan espacio para avanzar y los pastores deben conservar el control del grupo. El público puede disfrutar de la escena sin invadir el recorrido ni interferir en el trabajo de quienes acompañan al rebaño. También merece la pena observar lo que rodea a las ovejas: la indumentaria de los pastores, la presencia de otras personas vinculadas a la cultura rural y la música tradicional, cuando forma parte de la programación. La marcha es colectiva, no solo una sucesión de animales.

Una tradición que atraviesa el paisaje urbano

La celebración de octubre condensa dos realidades que suelen parecer separadas: la ciudad y el campo. Madrid recibe por unas horas una actividad ligada a los pastos y a los caminos rurales, mientras los rebaños recorren un espacio concebido hoy para coches, transporte público y peatones. Esa imagen explica su fuerza: no hace falta conocer de antemano la historia de las vías pecuarias para percibir que el paisaje urbano también guarda capas rurales.

El valor del encuentro está en unir esa imagen con una conversación más amplia sobre la conservación del territorio, la ganadería extensiva y la continuidad de los oficios pastoriles. Las ovejas cruzan el centro, pero la ruta no termina en Cibeles ni en la Casa de Campo. La pregunta que deja la jornada es qué lugar tendrán esos caminos y quienes los recorren cuando desaparezca el ruido de los cencerros y Madrid recupere su pulso habitual.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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