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Luis Ángel de la Viuda y la huella que dejó en la televisión
De Informe semanal a Radio 80, su carrera refleja los cambios decisivos de la comunicación en España.

Luis Ángel de la Viuda fue una de las figuras que atravesaron varios capítulos decisivos de la comunicación española: trabajó en TVE y RNE, dirigió la televisión pública, impulsó proyectos de radio privada y ocupó puestos de responsabilidad en Antena 3. Su legado no se mide solo por los cargos, sino también por algunos hitos ligados a su etapa al frente de TVE, como el nacimiento de Informe semanal y la emisión de las campanadas desde Barcelona en 1972-73.
Fallecido en Madrid el 13 de octubre de 2025, a los 93 años, De la Viuda dejó una trayectoria que permite observar cómo cambiaron los medios durante décadas: de una televisión concentrada en un operador público a un escenario con empresas privadas y nuevas formas de producción. Atribuirle en solitario esa transformación sería exagerado; su importancia está en haber participado desde puestos distintos, como periodista, directivo y empresario, en momentos clave de la radio y la televisión.
Una carrera que enlaza prensa, radio y televisión
Nacido en Burgos el 6 de octubre de 1932, De la Viuda se licenció en Derecho en la Universidad de Valladolid y se diplomó en Periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo. Su entrada en la profesión se produjo en la prensa: colaboró en la revista TeleRadio y trabajó en el periódico burgalés La Voz de Castilla desde 1953. Aquellos primeros años le dieron experiencia en redacciones distintas antes de asumir responsabilidades de dirección en publicaciones nacionales.
Pasó por la revista SP, el diario Arriba, El Alcázar y la revista Gran Vía. En 1963 volvió a SP como director, puesto que mantuvo hasta 1966. Ese recorrido importa para entender su posterior perfil audiovisual: no llegó a la televisión desde un único oficio ni desde una carrera exclusivamente técnica, sino con experiencia en edición, actualidad y gestión de equipos. Su itinerario fue el de un periodista que fue ampliando su campo de trabajo sin abandonar la redacción como punto de partida.
Su actividad profesional se prolongó desde 1953 hasta 2024, según los datos biográficos disponibles. En ese tiempo alternó cargos ejecutivos con colaboraciones en prensa y radio, además de la docencia. La amplitud de esa carrera hace que su nombre aparezca asociado a instituciones muy diferentes; sin embargo, la televisión concentra algunos de sus hitos más reconocibles y ofrece una medida concreta de su influencia.
La etapa de TVE y los hitos de su dirección
De la Viuda entró en Televisión Española en 1966 como redactor jefe. Después de ocupar responsabilidades en RNE, regresó a TVE como adjunto a la dirección entre abril de 1970 y febrero de 1972, y fue director de la cadena hasta octubre de 1973. Conviene precisar el contexto: su etapa coincidió con la dirección general de RTVE de Adolfo Suárez, antes de que este llegara a la presidencia del Gobierno. No fue, por tanto, un nombramiento producido durante el Gobierno democrático de Suárez, como algunas semblanzas pueden dar a entender.
Durante su dirección se creó Informe semanal, un espacio informativo que amplió el lugar del reportaje y el análisis en la televisión. Su aparición fue significativa porque el formato permitía detenerse en los asuntos de actualidad con más tiempo que el reservado a una noticia breve. La existencia del programa no depende de una sola persona, como ocurre con cualquier producción televisiva, pero su creación durante el mandato de De la Viuda lo vincula a una decisión de programación que dejó una huella duradera en TVE.
Otro hito de esos años fue La cabina, el mediometraje dirigido por Antonio Mercero que obtuvo el primer Premio Emmy Internacional concedido a una producción española. El trabajo se realizó bajo la dirección de De la Viuda, una circunstancia que sitúa su etapa en un periodo de reconocimiento internacional para la ficción televisiva española. También durante su mandato, las campanadas de fin de año se emitieron desde Barcelona en 1972-73, en lugar de la Puerta del Sol de Madrid, desde donde se habían retransmitido durante la década anterior. Son ejemplos distintos de una misma época: la televisión pública ensayaba formatos y escenarios que ampliaban su repertorio.
Qué puede atribuirse a un director de televisión
La figura de un director suele resumirse mediante los programas que nacieron durante su gestión, pero esa relación exige matices. Una cadena depende de periodistas, realizadores, técnicos, productores y responsables de programación; un directivo no crea por sí solo el trabajo colectivo que aparece en pantalla. En el caso de De la Viuda, lo verificable es su responsabilidad institucional en TVE durante la puesta en marcha de espacios relevantes y en decisiones que quedaron asociadas a su mandato. La huella es de dirección y contexto, no de autoría individual.
Este matiz ayuda a valorar mejor su aportación. Su cargo le situaba en un lugar desde el que podía influir en prioridades, equipos y proyectos, pero no permite adjudicarle cada decisión editorial ni cada rasgo de la televisión de aquellos años. Tampoco hay base para describir su gestión mediante supuestos protocolos o métodos de trabajo concretos que no constan en la información biográfica disponible. La lectura más sólida es menos grandilocuente y, precisamente por eso, más útil: participó en una etapa de cambios y ocupó una posición desde la que algunos de esos cambios pudieron tomar forma.
También hay que distinguir entre la dirección de TVE y la de sus informativos. Antes de asumir la dirección de la televisión pública, fue director de Informativos de RNE entre octubre de 1968 y diciembre de 1969. La experiencia radiofónica y la televisiva formaron parte de una misma carrera, pero eran responsabilidades diferentes. Esa combinación ayuda a explicar por qué su nombre se asocia a la evolución de los medios audiovisuales, sin reducir su trayectoria a un único puesto o a una sola cadena.
De la televisión pública a los proyectos privados
Tras dejar TVE en 1973, De la Viuda pasó al ámbito empresarial y periodístico. Fue director de Información y Relaciones Públicas del Banco de Bilbao y, entre febrero de 1975 y marzo de 1976, dirigió el diario Pueblo en un periodo de especial sensibilidad política. Su recorrido muestra que su actividad no se limitó a la televisión: trabajó también en prensa y comunicación corporativa, en una época en la que los medios y las instituciones estaban sometidos a transformaciones profundas.
La siguiente conexión directa con el audiovisual llegó a través de la radio. En 1978 fue nombrado director de la Red de Emisoras de RNE, responsabilidad que mantuvo hasta finales de 1979. Después creó Promotora de Televisión y Radio, empresa desde la que diseñó Radio 80. La emisora comenzó a emitir en 1981 y De la Viuda fue su primer director. El dato permite entender su paso al sector privado no como una ruptura completa con la gestión pública, sino como la continuación de una carrera dedicada a organizar y desarrollar medios de comunicación.
En 1984, Antena 3 adquirió la mayoría de las participaciones de la empresa y De la Viuda asumió responsabilidades de Expansión y Comunicación en Antena 3 Radio y Radio 80. Participó además en espacios radiofónicos como Viva la gente de la tarde y Hora cero. La importancia de este tramo está en el tránsito entre la radio estatal y una oferta comercial en crecimiento: construir una emisora también significaba crear una estructura empresarial, definir una identidad y encontrar un lugar dentro de un dial cada vez más diverso.
Su papel en Antena 3 y el nacimiento de la televisión privada
De la Viuda volvió a Antena 3 en 1989 como gerente de Noticias y Actualidad. Más adelante fue consejero-subdirector general y, en mayo de 1991, consejero de la cadena. También colaboró con el programa La tertulia y presentó y dirigió Escuela de periodismo. Su relación con Antena 3 combinó la gestión de actualidad con la presencia en antena, una mezcla coherente con una trayectoria que había pasado por la prensa, la radio y los despachos de dirección.
Su contribución debe situarse dentro del equipo y de la estructura empresarial que hicieron posible la cadena, no resumirse en la afirmación de que la creó por sí solo. La formación de una televisión privada implicaba decisiones empresariales, organización de redacciones y definición de una oferta propia. De la Viuda ocupó puestos de responsabilidad y participó en esa etapa inicial, pero el nacimiento de una cadena es una obra colectiva. Su papel fue relevante sin ser exclusivo, una distinción importante cuando se reconstruye la historia de los medios.
En 1992 dejó Antena 3, después de que Grupo Zeta y Banesto tomaran el control de la empresa. Su salida marcó el final de una etapa ejecutiva en la cadena, aunque no de su presencia en el debate público. Siguió colaborando en periódicos y participando en tertulias de radio. Así, su experiencia como directivo de televisión privada no quedó aislada: convivió con el trabajo de comentarista y columnista, desde donde observó los cambios del sector y la actualidad política.
Un legado más amplio que la televisión
La televisión explica una parte central de su relevancia, pero no agota su recorrido. De la Viuda fue columnista de medios como Diario 16, ABC, El Mundo y Cinco Días, y colaboró durante años con Diario de Burgos. También participó en tertulias de Radio Voz, Onda Cero y COPE. En esta continuidad entre prensa, radio y pantalla se reconoce una característica de su generación: los profesionales podían pasar de escribir una columna a dirigir una emisora o intervenir en un debate televisivo, llevando consigo una experiencia acumulada en distintas redacciones.
La enseñanza fue otra dimensión de su trabajo. Impartió clases en la Escuela de Radiodifusión y Televisión, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y las facultades de Periodismo de la Universidad de Navarra y la Universidad CEU San Pablo. Esa labor docente amplió su influencia más allá de los medios en los que trabajó directamente. No permite medir cuántos profesionales formó ni atribuirle una escuela concreta, pero sí muestra que la transmisión del oficio también formó parte de su carrera.
Su reconocimiento público incluyó el Premio Ondas de 1975 y la Antena de Oro de 1973, además de distinciones vinculadas a Burgos y a la profesión periodística. Entre 1996 y 2004 formó parte del consejo de administración de la Agencia EFE y del Patronato de la Fundación del Español Urgente. Estos cargos ensanchan la imagen de un profesional que no se limitó a la producción televisiva: también participó en instituciones relacionadas con la información y el uso del idioma.
Una trayectoria para leer la evolución de los medios
El valor histórico de la carrera de De la Viuda reside, en buena medida, en la cantidad de fronteras profesionales que cruzó. Trabajó en una televisión pública cuando TVE ocupaba una posición central, dirigió proyectos de radio comercial cuando se desarrollaba una oferta privada y se incorporó a Antena 3 en sus primeros años. Su recorrido permite seguir el paso de un sistema más concentrado a otro con nuevos operadores, aunque no debe confundirse la biografía de un directivo con la explicación completa de ese cambio.
La televisión actual es distinta de la que dirigió: cambian los hábitos de consumo, las tecnologías y el número de pantallas. Por eso no sería riguroso trasladar sin más a su época conceptos actuales de medición o gestión de contenidos. Lo que sí permanece es la relevancia de las decisiones editoriales y de programación, así como la necesidad de coordinar equipos para que una idea llegue al espectador. Los hitos de su mandato —desde un nuevo espacio informativo hasta una retransmisión desde otra ciudad— muestran que la identidad de una cadena también se construye con decisiones visibles y concretas.
Tras más de siete décadas de actividad, Luis Ángel de la Viuda deja una huella hecha de cargos, programas y proyectos empresariales, pero también de una perspectiva histórica singular. Fue testigo y participante de la evolución audiovisual española, desde la redacción impresa hasta la televisión privada. Su legado no consiste en haber diseñado por sí solo el medio que existe hoy, sino en haber intervenido en algunos de sus momentos de cambio y en haber contribuido, desde distintas responsabilidades, a que la televisión y la radio españolas ampliaran sus formas de contar la actualidad.

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