Historia
Fallece Iñaki Gabilondo: una vida dedicada al grupo cooperativo Ulma
Muere Iñaki Gabilondo, exdirector general de Ulma, con 62 años tras una vida profesional vinculada a la industria y al cooperativismo vasco.

Iñaki Gabilondo Mugarza, exdirector general del Grupo Ulma, ha fallecido este domingo, 2 de agosto de 2026, a los 62 años. La muerte se produjo de forma repentina y, por el momento, no se han comunicado públicamente sus causas. El directivo se había retirado hacía apenas unas semanas, después de dedicar tres décadas a Ulma y dirigir el grupo durante 17 años.
Conviene despejar desde el principio la confusión que ha acompañado a las búsquedas sobre la noticia: el fallecido no es el conocido periodista de radio y televisión, sino Iñaki Gabilondo Mugarza, una de las figuras relevantes de la industria cooperativa vasca reciente. Nacido en Legazpi en 1964, casado y padre de dos hijos, desarrolló prácticamente toda su carrera profesional dentro del Grupo Ulma.
Una muerte inesperada poco después de su jubilación
La noticia ha causado una profunda conmoción en Oñati, en Debagoiena y en el tejido industrial de Gipuzkoa. Gabilondo había completado su salida de Ulma en julio, después de participar personalmente en un proceso de sucesión pensado para evitar sobresaltos. Un relevo organizado con meses de antelación, lejos de esas despedidas empresariales en las que todo cambia de la noche a la mañana y después nadie parece saber dónde quedaron las llaves.
El nuevo director general, Aitor Ayastuy, asumió formalmente el cargo el 1 de abril. Durante los meses posteriores, Gabilondo continuó colaborando con la organización para facilitar una transición gradual y mantener la continuidad del proyecto. Su jubilación llegaba, por tanto, con los deberes hechos. Apenas había comenzado otra etapa cuando se conoció su fallecimiento.
Las informaciones disponibles coinciden en describir la muerte como repentina. No existe, sin embargo, confirmación oficial sobre el motivo concreto. Cualquier explicación adicional sería especular y, en estas circunstancias, la prudencia no es una delicadeza opcional: es la frontera elemental entre informar y alimentar rumores.
De Legazpi a la dirección de uno de los grandes grupos vascos
Gabilondo era licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad del País Vasco y había completado un MBA en Dirección de Empresas en la Universidad de Deusto. Su trayectoria profesional quedó ligada a Ulma durante unos 30 años, primero desde responsabilidades vinculadas a sus diferentes negocios industriales y, más tarde, desde la dirección global del grupo.
Antes de alcanzar la máxima responsabilidad ejecutiva fue gerente de Ulma Forged Solutions, la cooperativa especializada en componentes forjados. Aquel puesto le permitió conocer desde dentro la realidad industrial: fábricas, mercados exteriores, inversiones, pedidos, crisis y decisiones que rara vez caben en una frase brillante de presentación corporativa.
En 2009 sustituyó a Txomin García como director general. Se convirtió así en el cuarto máximo responsable de la historia reciente de Ulma, después de Iñigo Agirre, Julián Arrillaga y el propio García. También pasó a ocupar una vicepresidencia dentro de la Corporación Mondragón cuando se produjo su nombramiento.
Diecisiete años al frente del Grupo Ulma
Cuando Gabilondo tomó el mando, Ulma contaba con alrededor de 4.300 trabajadores y un volumen de negocio superior a 725 millones de euros. El panorama económico tampoco invitaba precisamente al descanso: España atravesaba la gran crisis financiera y la industria europea empezaba a sentir un frío que no venía del invierno.
Durante sus 17 años como director general, el grupo reforzó la diversificación de sus actividades, amplió su presencia internacional y consolidó su estructura cooperativa. Ulma pasó a operar en ámbitos tan distintos como la construcción, los sistemas de encofrado, la logística automatizada, la maquinaria de envasado, la forja industrial, los servicios agrícolas y la tecnología médica.
No se trataba solo de vender más. El verdadero desafío consistía en mantener cierta unidad entre negocios muy diferentes, repartidos por decenas de países y organizados bajo un modelo en el que los trabajadores participan en la propiedad y en las decisiones. La gestión cooperativa tiene esa particularidad: el director dirige, sí, pero no reina.
Un relevo preparado sin romper la continuidad
La elección de Aitor Ayastuy como sucesor se anunció en septiembre de 2025. Ayastuy, nacido en Arrasate y vinculado a Ulma desde 1995, había dirigido durante años el negocio de construcción y acumulaba una amplia experiencia internacional.
El cambio fue planteado como una transición compartida. Gabilondo y Ayastuy trabajaron de forma coordinada antes del relevo definitivo, una fórmula diseñada para conservar el conocimiento interno y reducir la incertidumbre. La presidencia de Ulma agradeció entonces a Gabilondo su dedicación, su liderazgo y su representación de los valores cooperativos.
Su salida coincidió con una situación de solidez para el grupo, al menos si se atiende a las cifras y no a la habitual música ambiental de los comunicados empresariales. Ulma llegaba al cambio de dirección con una posición internacional asentada, una actividad diversificada y varios negocios situados entre los referentes mundiales de sus respectivos sectores.
Las cifras de Ulma al terminar su mandato
Los últimos resultados completos conocidos permiten medir el tamaño del grupo que Gabilondo dejó tras su jubilación. Ulma cerró 2024 con unos ingresos superiores a 1.150 millones de euros, un beneficio neto de 109,8 millones y una plantilla de 5.747 personas.
El 73 % de la facturación procedía de los mercados internacionales. La organización estaba formada por nueve cooperativas industriales y mantenía operaciones en 81 países. También había invertido 145 millones de euros durante aquel ejercicio, un 38 % más que el año anterior, mientras conservaba un nivel reducido de deuda financiera.
Las cifras no cuentan toda una trayectoria, pero evitan que el retrato quede flotando en elogios genéricos. Entre 2009 y 2026, Ulma ganó dimensión, empleo y presencia exterior mientras atravesaba una cadena poco amable de acontecimientos: la crisis financiera, la pandemia, los problemas de suministro, la inflación energética, las tensiones geopolíticas y la desaceleración industrial europea.
En su última etapa, Gabilondo defendió la diversificación geográfica y sectorial como una protección frente a esa incertidumbre. También insistió en la necesidad de generar empleo de calidad y captar perfiles técnicos en un momento de escasez de profesionales cualificados, uno de esos problemas silenciosos que no suelen abrir telediarios pero mantienen despiertas a muchas empresas industriales.
Un directivo discreto en una economía de escaparate
Iñaki Gabilondo no fue una figura especialmente expuesta fuera del ámbito empresarial vasco. Su nombre no aparecía a diario en grandes titulares nacionales, quizá porque su carrera pertenecía a otro tipo de economía: menos focos, más naves industriales; menos frases para las redes sociales, más decisiones cuyos efectos se miden varios años después.
Esa discreción pública explica también por qué su fallecimiento ha sorprendido a muchos lectores que conocían Ulma, pero no necesariamente al hombre que la dirigió durante casi dos décadas. En Gipuzkoa y dentro del movimiento cooperativo, en cambio, su figura estaba estrechamente vinculada a la transformación del grupo.
Su perfil combinaba formación financiera, conocimiento de la industria y experiencia en el gobierno de organizaciones cooperativas. No era una mezcla sencilla. En una empresa convencional, una decisión puede bajar en línea recta desde el despacho. En una cooperativa debe dialogar con intereses, órganos y sensibilidades distintas. Más lento en ocasiones, más complejo casi siempre, pero también profundamente ligado al territorio vasco.
La huella de una etapa decisiva para Ulma
La muerte de Iñaki Gabilondo llega cuando su sucesión apenas acababa de completarse. Deja detrás una organización muy distinta de la que recibió en 2009: más internacional, diversificada y tecnológicamente avanzada, aunque expuesta a los mismos desafíos que atraviesan a toda la industria europea.
Su trayectoria se confunde, en buena medida, con la evolución reciente de Ulma. Treinta años dentro del grupo, 17 en la dirección general y un último relevo cuidadosamente preparado. Esa continuidad empresarial, poco vistosa pero decisiva, fue uno de los rasgos centrales de su gestión.
A los 62 años y recién jubilado, Gabilondo había cerrado su etapa profesional sin abandonar de golpe el proyecto al que dedicó buena parte de su vida. La noticia de su fallecimiento rompe de manera brusca ese tránsito. Queda el impacto humano, por encima de balances y organigramas, y también una huella concreta en la historia industrial y cooperativa de Gipuzkoa.

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