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Dos niños graves tras una explosión en un colegio de Girona

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explosión en un colegio de Girona

Explosión en Porqueres, Girona: tres menores heridos, dos graves, al explotar una botella durante un experimento escolar en un colegio público de la zona.

Tres menores de unos 9 años han resultado heridos este miércoles 11 de marzo en la escuela L’Entorn de Porqueres, en la comarca gerundense del Pla de l’Estany, después de que explotara una botella durante un experimento escolar que se estaba realizando en el exterior del centro. Dos de los niños sufrieron quemaduras graves y fueron trasladados al Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, mientras que un tercer menor, herido de carácter leve, fue evacuado al Hospital Josep Trueta de Girona.

El accidente se produjo poco antes de las once de la mañana y obligó a activar un amplio dispositivo del Sistema d’Emergències Mèdiques, con dos helicópteros medicalizados, cinco ambulancias y un equipo de psicólogos. La escena, en cuestión de minutos, pasó de ser una actividad ordinaria de aula al aire libre a una emergencia con traslados urgentes, atención a familias y conmoción en un municipio pequeño, pegado a Banyoles y a la orilla occidental de su lago.

Qué ha pasado en la escuela L’Entorn de Porqueres

Lo que se sabe hasta ahora dibuja una secuencia breve y violenta. Los menores participaban en un experimento químico o de ciencias en el patio o en una zona exterior de la escuela cuando una botella reventó. Esa explosión, según las primeras informaciones policiales difundidas a lo largo del día, provocó quemaduras de diversa consideración a tres alumnos del centro. A falta de una reconstrucción oficial más detallada, esa es la pieza central del caso: un recipiente explotó en plena actividad escolar y el impacto alcanzó a los niños que se encontraban alrededor.

La escuela L’Entorn es un centro público de educación infantil y primaria situado en la calle Montseny, 15, en Porqueres. En su propia información corporativa figura como un colegio de tamaño medio, con 19 grupos entre infantil y primaria y 357 alumnos en el curso 2023-2024. Ese dato no cambia la naturaleza del accidente, pero ayuda a situar el lugar exacto del suceso: no se trató de una feria científica, ni de una demostración abierta al público, ni de una actividad extraescolar ajena al centro, sino de un episodio ocurrido dentro de la rutina de un colegio público en horario lectivo.

El municipio de Porqueres, de carácter residencial y muy vinculado a Banyoles, no acostumbra a aparecer en la crónica de sucesos de gran impacto. Esa dimensión local explica la rapidez con la que el accidente desbordó el marco estrictamente escolar y se convirtió en un asunto de primer orden para la comunidad: el alcalde se desplazó al centro, los equipos sanitarios ocuparon el entorno del colegio y el foco informativo se colocó, desde el primer minuto, en el estado de los dos menores más afectados.

El momento de la explosión y el despliegue de emergencias

Las horas del aviso también están bastante acotadas. Mientras algunas informaciones sitúan la alerta al 112 a las 10.49, otras recogen que los Bombers recibieron el aviso sobre las 10.45 por “algo que había explotado”. Esa diferencia de minutos es habitual en una emergencia de este tipo y no altera el fondo de lo sucedido: el accidente ocurrió avanzada la mañana y la respuesta fue prácticamente inmediata.

Los sanitarios y equipos de rescate movilizados dan una idea nítida de la gravedad inicial. Se activaron dos helicópteros medicalizados, cinco ambulancias y un equipo de psicólogos del SEM, una combinación que suele reservarse para incidentes con heridos de consideración y con una fuerte carga emocional sobre el entorno. En un colegio, además, la emergencia nunca afecta solo a quien sufre las lesiones: también golpea a compañeros, docentes y familias, que en cuestión de minutos pasan de la normalidad de la mañana escolar a la angustia del traslado y la espera.

Uno de los menores con peor pronóstico inicial fue evacuado en helicóptero al Vall d’Hebron, mientras que el segundo niño o niña grave fue trasladado al mismo hospital por carretera. El tercer herido, con lesiones leves, fue llevado al Josep Trueta de Girona. Esa distribución responde al criterio médico de derivar los casos más delicados a un hospital con capacidad para atender quemaduras graves y reservar el centro gerundense para el menor con un cuadro menos severo. Lo relevante, a esta hora, es que dos niños permanecían en situación grave tras el accidente.

El consejero de Presidencia de la Generalitat, Albert Dalmau, trasladó públicamente su apoyo a los heridos y agradeció la rapidez de actuación de docentes y servicios de emergencia. Fue una reacción institucional temprana, casi en paralelo al operativo sanitario, que dejó claro hasta qué punto el accidente había sido considerado desde el primer momento como un episodio grave.

Los tres menores heridos y la evolución que concentra toda la atención

El dato más sensible, y también el más importante, sigue siendo el de las víctimas. Los tres heridos son menores de unos 9 años, alumnos de primaria del propio centro. La información difundida durante la mañana coincidía en la edad, en la existencia de dos casos graves y en que el tercer escolar presentaba heridas leves. Algunas versiones apuntaban a que entre los heridos graves había un niño y una niña; otras se limitaron a hablar de dos menores sin concretar sexo. Lo prudente, con la información pública disponible, es quedarse en lo esencial: son tres escolares muy pequeños y dos de ellos sufren lesiones graves por quemaduras.

En una noticia así, la evolución médica marca el pulso de las horas siguientes. Cuando la explosión ocurre en un centro escolar y las víctimas son niños de primaria, el interés informativo no se agota en la secuencia del accidente. Empieza, más bien, una segunda fase: la del seguimiento hospitalario, la valoración del alcance real de las quemaduras y la comprobación de si el pronóstico inicial mejora o empeora. Por eso los traslados a Barcelona y Girona son una parte sustancial del relato, no un detalle logístico. En ellos se juega la dimensión real del daño sufrido.

También pesa la cautela. Hasta ahora no se ha difundido una descripción clínica completa de las lesiones, ni el porcentaje de superficie corporal afectada, ni si los menores necesitarán intervenciones específicas. En ausencia de ese parte médico detallado, conviene no llenar los huecos con especulaciones. Se sabe que hay quemaduras, que dos de ellas fueron consideradas graves en el primer momento y que la prioridad absoluta de la jornada fue estabilizar a los heridos y trasladarlos. Lo demás, por importante que sea, seguía pendiente de confirmación oficial.

Qué se sabe del experimento y qué sigue sin aclararse

La palabra “experimento” aparece en todas las informaciones, pero todavía no va acompañada de una explicación cerrada sobre el material utilizado, la mezcla concreta o la cadena exacta que condujo a la explosión. Las versiones conocidas coinciden en varios puntos: la actividad se desarrollaba al aire libre, formaba parte de una práctica escolar y el elemento que estalló fue una botella. Ese marco, aun siendo limitado, permite descartar ya algunos escenarios y fijar otros: no fue una caída casual ni un incendio estructural del edificio, sino un accidente asociado a una práctica experimental.

Una botella que revienta y muchas preguntas abiertas

La gran incógnita sigue siendo por qué reventó la botella. Pudo influir una reacción química, una acumulación de gases, un error de manipulación, una combinación de factores o incluso una cadena muy rápida difícil de anticipar. A esta hora no hay datos públicos suficientes para establecerlo con seguridad. Y ese matiz importa. En un suceso tan delicado, la tentación de adelantar causas suele ser fuerte, pero un relato fiable necesita separar con claridad lo comprobado de lo que todavía se investiga.

Tampoco se ha precisado de manera pública si la actividad seguía un protocolo ordinario del centro, si se había repetido antes o si la práctica estaba enmarcada en una sesión puntual de ciencias. Dado que la escuela es un centro de infantil y primaria, esa cuestión no es menor: el contexto pedagógico de un experimento con alumnos de esa edad será una de las claves para entender qué medidas de seguridad existían y cómo se produjo exactamente el accidente. Ese examen, previsiblemente, formará parte de las comprobaciones posteriores.

Por ahora, la única afirmación institucional tajante sobre el entorno del centro la ha hecho el alcalde de Porqueres, Francesc Castañer, al asegurar que “la escuela es segura” y que lo ocurrido responde a “un hecho puntual”. La frase tiene un claro sentido político y comunitario: contener la alarma en el municipio y evitar que el accidente se interprete como un problema general del colegio. Pero esa voluntad de tranquilizar no borra la necesidad de aclarar, con detalle, qué ocurrió exactamente en el patio del centro y por qué.

El golpe en un colegio público y en todo un municipio

Los accidentes escolares tienen una dimensión propia. No solo porque afectan a menores, sino porque irrumpen en uno de los espacios que una comunidad percibe como más protegidos: el aula, el patio, la escuela de cada día. Cuando ese espacio se rompe por una explosión, aunque sea localizada y breve, el impacto social se multiplica. En Porqueres, un municipio pequeño del entorno de Banyoles, la noticia corrió con la velocidad típica de los lugares donde casi todo el mundo sitúa perfectamente el centro, conoce a familias vinculadas al colegio o comparte alguna relación con la comunidad educativa.

La presencia de psicólogos del SEM junto al operativo sanitario encaja precisamente con ese tipo de escenario. Una emergencia escolar no se limita a atender lesiones físicas. Obliga a organizar la comunicación con las familias, acompañar a menores que han visto el accidente, sostener a docentes que se han encontrado de golpe gestionando una situación extrema y enfriar el desconcierto de las primeras horas. Son tareas menos visibles que el vuelo de un helicóptero, pero igual de decisivas para que el centro pueda empezar a absorber el golpe.

Que el accidente se produjera en un colegio público añade otro elemento de atención. Los centros públicos, por definición, forman parte del tejido cotidiano del municipio y del sistema educativo ordinario. No hay aquí un laboratorio especializado ni una instalación externa: hay una escuela de primaria donde, en mitad de la jornada, una actividad experimental terminó con tres niños heridos. Eso coloca el foco no solo en el suceso concreto, sino también en las condiciones de seguridad con las que se plantean determinadas prácticas en edades tempranas.

Aun así, conviene no deslizar conclusiones prematuras. Un accidente grave en una escuela no convierte por sí solo al centro en un lugar inseguro, del mismo modo que la existencia de un protocolo no garantiza riesgo cero. Entre esos dos extremos se moverá buena parte del análisis posterior: qué se hizo, cómo se hizo, qué falló y qué debería revisarse para evitar que una actividad pedagógica derive otra vez en una explosión con niños heridos.

Los precedentes que vuelven al primer plano en Catalunya

El accidente de Porqueres no aparece en un vacío. En Catalunya existen antecedentes recientes que explican por qué un suceso así activa de inmediato una memoria incómoda. Hace tres años, en Verges, una profesora y un alumno de secundaria resultaron heridos con quemaduras mientras realizaban un experimento químico en el instituto escuela Francesc Cambó i Batlle. Aquel episodio se produjo también en un contexto educativo y también dejó la sensación de que una práctica aparentemente controlada puede desbordarse en segundos.

El precedente más recordado sigue siendo, sin embargo, el de septiembre de 2022 en Girona, cuando 18 personas, entre ellas 10 menores, resultaron heridas durante una demostración científica del divulgador Dani Jiménez ante centenares de espectadores en un centro cultural. No era un colegio ni una clase ordinaria, pero sí un experimento público con menores presentes y una explosión que acabó en urgencias. La comparación no sirve para mezclar casos distintos, aunque sí para subrayar algo bastante evidente: los accidentes ligados a demostraciones químicas o científicas tienen en Catalunya una resonancia inmediata porque ya han dejado episodios graves y muy visibles.

Ese contexto no cambia la singularidad de Porqueres. Aquí no se habla de un acto multitudinario ni de un montaje escénico de divulgación, sino de una actividad escolar dentro de un colegio de primaria. Pero precisamente por eso el impacto puede resultar aún más crudo. El escenario es más cotidiano, más cercano, más reconocible. No hay una distancia de espectáculo público: hay pupitres, patio, docentes y niños de nueve años.

Lo que queda por aclarar tras el accidente de Porqueres

Con el paso de las horas, la atención se divide en dos frentes. El primero, y más urgente, es la evolución de los dos menores graves ingresados en Vall d’Hebron. El segundo es la reconstrucción exacta de lo ocurrido: qué práctica se realizaba, qué materiales se estaban utilizando, cómo se produjo la explosión y si existió algún fallo humano, técnico o de supervisión. Sin esas respuestas, el relato del accidente seguirá incompleto, aunque el núcleo del suceso ya esté suficientemente establecido.

También habrá que ver qué recorrido tiene la investigación interna y policial sobre el caso, y si de ella se derivan cambios en los protocolos de actividades experimentales con alumnado de primaria. No porque toda práctica científica escolar sea necesariamente peligrosa, sino porque una explosión con tres niños heridos obliga a revisar con lupa cada decisión previa. A veces la noticia dura una mañana; las consecuencias administrativas, educativas y emocionales, bastante más.

A esta hora, sin embargo, el hecho decisivo sigue siendo el más simple y el más duro: una actividad escolar en Porqueres terminó con tres menores quemados, dos de ellos en estado grave, y convirtió un colegio público de la provincia de Girona en el centro de una emergencia que todavía no ha terminado. El resto —las responsabilidades, las explicaciones técnicas, las revisiones que puedan llegar después— dependerá de lo que se aclare en las próximas horas y días.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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