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Naturaleza

¿Por qué evacúan a 60.000 personas por el fuego que arrasa Spokane?

Spokane sufre evacuaciones masivas, cientos de edificios destruidos y un fuego sin control que mantiene a Washington en estado de emergencia.

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el incendio de Fontainebleau

Los incendios forestales que avanzan por el este del estado de Washington han obligado a evacuar a unas 60.000 personas en el área de Spokane, donde al menos 600 viviendas, comercios y otras construcciones han quedado destruidos. Tres grandes focos permanecían sin controlar a primera hora del lunes 3 de agosto, después de un fin de semana de viento, calor y huidas precipitadas.

El fuego ha alcanzado barrios residenciales de Spokane, la segunda ciudad más poblada del estado, y ha forzado el desalojo de miles de hogares, centros asistenciales y pacientes de un hospital para veteranos. Por el momento, las autoridades no han informado de muertos, heridos ni desaparecidos, aunque advierten de que el recuento todavía es provisional y la evaluación de daños apenas ha comenzado.

Una evacuación masiva alrededor de Spokane

La emergencia no afecta por igual a toda la ciudad, pero sí a una extensa franja urbana y periurbana situada junto a zonas de matorral, pastos secos y bosque. Allí, el paisaje cambia con rapidez: una urbanización termina, empieza la vegetación y, cuando sopla el viento, esa frontera se vuelve casi imaginaria.

Las órdenes de evacuación se ampliaron mientras las llamas avanzaban hacia las viviendas. En pocas horas, las carreteras comenzaron a llenarse de coches cargados con maletas, animales domésticos y poco más. El tiempo para decidir qué llevarse fue escaso. En algunos sectores, sencillamente, no lo hubo.

Los incendios agrupados bajo el operativo del área de Spokane habían quemado cerca de 31 kilómetros cuadrados al comenzar el lunes y seguían con un nivel de contención del 0%. No significa que los bomberos no estén actuando, sino que todavía no habían conseguido establecer líneas seguras alrededor del perímetro que impidieran nuevas propagaciones. Y esa diferencia, pequeña en el lenguaje, es enorme sobre el terreno.

Cómo consiguió el fuego entrar en la ciudad

El incendio más visible, conocido como Old Trails Fire, comenzó el sábado alrededor del mediodía en una zona abierta de hierba y arbustos. Empujadas por fuertes ráfagas y temperaturas inusualmente altas, las llamas avanzaron hacia el norte y el este, alcanzaron sectores residenciales y llegaron a saltar el río Spokane.

Un río suele parecer una barrera natural. Esta vez no bastó. Las brasas transportadas por el viento, la vegetación seca y la velocidad del frente permitieron que el incendio continuara su recorrido al otro lado. Desde algunas carreteras podían verse lenguas de fuego de color naranja y una columna de humo elevándose sobre los barrios.

El estado ya soportaba condiciones extremadamente peligrosas antes de que comenzara este episodio. El Servicio Meteorológico Nacional había emitido para el este de Washington una alerta de peligro especialmente grave, una categoría reservada para combinaciones de viento, calor y sequedad capaces de convertir un pequeño foco en un incendio explosivo. La causa concreta de los fuegos de Spokane continúa bajo investigación.

Tres incendios y una capacidad de respuesta al límite

Las autoridades gestionan tres focos principales dentro del denominado complejo de incendios de Spokane. El problema no es únicamente su superficie, sino su proximidad a áreas densamente habitadas. Apagar un incendio en una zona remota ya exige medios, jornadas interminables y bastante suerte; hacerlo entre casas, carreteras, tendidos eléctricos y residencias de mayores añade una geometría cruel.

Los incendios habían destruido al menos 600 estructuras, entre viviendas, negocios y otros edificios. Muchas familias regresaron después para encontrar chimeneas aisladas, vehículos calcinados y terrenos cubiertos por una ceniza gris que se pegaba al calzado. La alcaldesa de Spokane, Lisa Brown, describió lo ocurrido como el peor desastre natural sufrido por la región.

Aun así, el dato más importante sigue siendo la ausencia de víctimas confirmadas. Las autoridades insisten en añadir dos palabras: por ahora. En un perímetro tan amplio, con comunicaciones interrumpidas y miles de desplazados, comprobar que todas las personas están localizadas requiere tiempo.

Casas destruidas, apagones y hospitales desalojados

La evacuación ha alterado el funcionamiento ordinario de Spokane. Entre las personas trasladadas se encontraban pacientes del hospital de la Administración de Veteranos de Estados Unidos. Los tribunales del condado aplazaron procesos previstos para esta semana y las escuelas públicas habilitaron un servicio gratuito de acogida infantil para familias afectadas.

El principal centro de acogida fue instalado en el Spokane Convention Center, donde unas 400 personas habían pasado por las instalaciones o permanecían alojadas durante el domingo. Allí, lejos del frente pero todavía bajo un cielo espeso, comenzaron las preguntas más difíciles: qué ha sobrevivido, cuándo se podrá volver, dónde dormir la próxima semana.

También se produjeron cortes eléctricos preventivos y averías relacionadas con la emergencia. Unos 10.000 clientes continuaban sin suministro el domingo por la tarde, según la compañía Avista Utilities. Los cortes controlados se aplican para evitar que una línea dañada o una chispa eléctrica genere nuevos focos, una medida incómoda pero lógica cuando el territorio parece una caja de cerillas.

La huida de un campamento minutos antes de las llamas

Una pareja que acampaba en el este de Washington relató que abandonó el lugar después de observar una enorme columna de humo. Escaparon poco antes de que el incendio alcanzara la zona del campamento. El episodio resume el comportamiento de estos fuegos: primero se ve humo a lo lejos; unos minutos después, el horizonte está encima.

No es una exageración cinematográfica. En condiciones de viento intenso, el frente puede avanzar de forma irregular, lanzar brasas a gran distancia y crear incendios secundarios delante de la línea principal. Esperar a ver las llamas de cerca suele ser esperar demasiado.

Washington declara la emergencia estatal

El gobernador de Washington, Bob Ferguson, declaró el estado de emergencia y solicitó apoyo federal. También activó recursos de la Guardia Nacional y mantuvo contactos con la Casa Blanca para movilizar asistencia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

Más de 250.000 acres, alrededor de 101.000 hectáreas, ardían en distintos puntos del estado durante el fin de semana. Washington acumulaba cerca de 1.000 kilómetros cuadrados quemados, mientras otros grandes incendios seguían activos en Oregón, Idaho y Utah. El noroeste de Estados Unidos afronta así una emergencia regional, no una sucesión de incidentes aislados.

El despliegue de bomberos locales, estatales y federales está sometido a una presión considerable. Cuando decenas de incendios coinciden, los aviones, helicópteros, maquinaria pesada y equipos especializados deben repartirse. El mapa se llena de puntos rojos; los recursos, en cambio, no se multiplican por arte administrativo.

A esa dificultad se añadió una imprudencia bastante contemporánea. Las autoridades registraron al menos 26 incursiones de drones no autorizados sobre los incendios durante el domingo y denunciaron a dos operadores. La presencia de estos aparatos puede obligar a detener las operaciones aéreas de extinción para evitar una colisión. Un vídeo espectacular, en otras palabras, puede dejar en tierra un helicóptero necesario.

El incendio también se respira. La humareda cubrió Spokane y activó avisos sobre la calidad del aire en diferentes zonas del noroeste. Las partículas finas pueden penetrar profundamente en los pulmones y agravar problemas respiratorios o cardiovasculares, sobre todo entre menores, ancianos y personas con enfermedades previas.

El humo de los incendios se ha convertido en una de las principales fuentes de contaminación por partículas en el estado. Sus efectos incluyen tos, dificultades respiratorias y empeoramiento de enfermedades pulmonares y cardiacas. No hace falta tener una casa junto al fuego para sufrir sus consecuencias; a veces el incendio llega como una niebla áspera, con olor a madera quemada y garganta seca.

Washington mantiene además una prohibición de quemas de emergencia hasta el 30 de septiembre. Las restricciones afectan a hogueras y otras actividades capaces de producir chispas. Puede parecer una precaución elemental, pero cada verano demuestra que lo elemental también necesita decreto, vigilancia y alguna multa.

Las autoridades relacionan el aumento de las superficies quemadas con inviernos de menor acumulación de nieve y veranos más cálidos y secos. El cambio climático no prende por sí solo cada incendio —muchos nacen por rayos, fallos eléctricos o acciones humanas—, pero prepara un terreno más inflamable y alarga el periodo en el que una chispa puede convertirse en desastre.

Spokane, ante una tregua demasiado frágil

El descenso de las temperaturas y la previsión de vientos más suaves ofrecen cierto margen a los equipos de extinción. No se esperaba lluvia, sin embargo, y los incendios continuaban sin estar contenidos. Una mejora meteorológica puede frenar el avance; no reconstruye las casas ni permite levantar de inmediato las órdenes de evacuación.

La prioridad sigue siendo proteger a la población, consolidar los perímetros y revisar las zonas quemadas antes de autorizar el regreso. Las viviendas dañadas pueden conservar brasas ocultas, árboles inestables y cables caídos. Volver demasiado pronto también entraña peligro.

Spokane ha descubierto en un fin de semana que el gran incendio forestal ya no pertenece únicamente a montañas lejanas y bosques vacíos. Puede cruzar un río, recorrer una ladera y presentarse en una calle residencial antes de que termine de sonar la alerta del teléfono. Sesenta mil personas recibieron la orden de marcharse. El dato explica la magnitud; las casas ennegrecidas cuentan el resto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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