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Ciencia

¿Cómo puede la enzima AMPK alargar un 25% la vida de varios animales?

Un fármaco experimental activa la enzima AMPK y prolonga hasta un 25% la vida de levaduras, gusanos y moscas, con cautela sobre su uso humano.

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alargar la vida en animales

Resumen

  • Activar la enzima AMPK alargó hasta un 25% la vida de varios animales
  • El efecto se observó en levaduras, gusanos y moscas de la fruta
  • En humanos todavía no se ha demostrado que este mecanismo prolongue la vida

Un equipo internacional de científicos ha conseguido prolongar hasta más de un 25% la vida de varios organismos de laboratorio mediante la activación directa de una enzima que funciona como una especie de vigilante energético de las células. Se llama AMPK y, cuando detecta que la energía escasea, cambia las prioridades celulares: menos gasto en determinados procesos, más producción de energía y una reorganización profunda del metabolismo.

El hallazgo no significa que exista un tratamiento capaz de añadir un cuarto de vida a una persona. Ni mucho menos. Los experimentos que han mostrado el aumento de longevidad se realizaron con levaduras, gusanos nematodos y moscas de la fruta. El siguiente gran reto será demostrar que el mecanismo produce beneficios comparables en mamíferos y, mucho más adelante, determinar si puede tener alguna utilidad real en seres humanos.

El trabajo, publicado en la revista científica Aging Cell, ha contado con investigadores del MRC Laboratory of Medical Sciences, el Imperial College de Londres y la Universidad de Colonia. Más que una receta para vivir más, lo que ofrece es otra pieza importante para entender por qué envejecen las células y hasta qué punto modificar su metabolismo puede alterar el reloj biológico.

AMPK, el sensor que vigila la energía de nuestras células

La AMPK, siglas de AMP-activated protein kinase, desempeña un papel fundamental en la regulación del metabolismo. Dicho de una manera menos árida: es uno de los sistemas que utiliza la célula para saber cuánta energía tiene disponible y decidir qué puede permitirse hacer con ella.

Cuando las reservas energéticas disminuyen, AMPK reduce procesos celulares que consumen mucha energía y favorece aquellos destinados a producirla. Es una especie de modo de ahorro energético celular. La comparación con la batería de un teléfono es imperfecta, pero sirve: cuando queda poca carga, ciertas funciones pasan a segundo plano para proteger lo esencial.

Ese mecanismo interesa especialmente en el estudio del envejecimiento porque metabolismo, crecimiento, reparación celular y longevidad están íntimamente conectados. Una célula que administra mal sus recursos acumula daños; una que logra reorganizarlos bajo determinadas condiciones puede resistir mejor ciertos tipos de estrés.

La activación de AMPK tampoco es un fenómeno exclusivamente farmacológico. El ejercicio físico y la restricción energética, por ejemplo, pueden estimular vías metabólicas relacionadas con esta enzima. Eso no significa que hacer deporte equivalga a tomar un activador experimental, pero ayuda a comprender por qué AMPK lleva años bajo la lupa de quienes investigan envejecimiento y metabolismo.

El fármaco experimental 991 logró prolongar la vida

Para activar AMPK directamente, los científicos recurrieron a un compuesto experimental conocido como 991. La diferencia es importante: en lugar de provocar indirectamente una situación metabólica que termine estimulando la enzima, la molécula actúa sobre ella de forma mucho más directa.

Los investigadores observaron después qué ocurría en algunos de los organismos más utilizados por la genética y la biología del envejecimiento. Los resultados aparecieron en levaduras, gusanos y moscas, especies separadas por enormes distancias evolutivas y, precisamente por eso, interesantes para detectar mecanismos biológicos muy antiguos y conservados.

En determinadas condiciones, la activación farmacológica permitió obtener aumentos de longevidad superiores al 25%. No es un incremento menor. Que una misma intervención produzca resultados compatibles en organismos tan diferentes refuerza la posibilidad de que AMPK forme parte de mecanismos básicos de regulación de la duración de la vida.

La longevidad desaparecía cuando AMPK dejaba de funcionar

Uno de los elementos más llamativos del experimento apareció cuando los investigadores utilizaron organismos cuya AMPK no funcionaba correctamente. El efecto de prolongación de la vida desapareció, una observación que ayuda a relacionar el aumento de longevidad con la propia enzima y no simplemente con alguna consecuencia desconocida del compuesto utilizado.

Ahí está uno de los valores científicos del trabajo. No basta con administrar una molécula y comprobar que determinados animales viven más; también hay que averiguar qué mecanismo está detrás del cambio. En este caso, los resultados apuntan directamente hacia el sistema de control energético celular.

Más AMPK no significa necesariamente vivir más

Hay, sin embargo, una advertencia que desmonta rápidamente cualquier fantasía sobre una píldora de la juventud. En algunos experimentos, una activación excesiva de AMPK dejó de ser beneficiosa y dosis superiores del compuesto podían incluso reducir la longevidad.

El metabolismo funciona mediante equilibrios bastante más delicados de lo que sugieren los titulares sobre rejuvenecimiento. Una vía celular puede resultar protectora dentro de determinado rango y perjudicial cuando se fuerza demasiado. El organismo no tiene un mando donde baste con girar la ruleta desde los 80 hasta los 100 años.

También influyen factores como la alimentación y el estado energético del organismo. Eso complica cualquier traducción futura hacia una terapia: activar una determinada vía metabólica no garantiza por sí solo un beneficio, porque el resultado depende de cuándo se activa, durante cuánto tiempo, con qué intensidad y en qué condiciones biológicas.

Los mamíferos son la verdadera prueba de fuego

El salto importante pasa por los mamíferos. Los científicos también han estudiado la respuesta al compuesto en ratones y han detectado cambios moleculares compatibles con la activación de AMPK y con procesos metabólicos relacionados con la longevidad.

Eso permite continuar tirando del hilo, pero conviene colocar cada dato en su sitio. Estos experimentos no han demostrado todavía que los ratones vivan un 25% más. Observar una modificación molecular asociada a mecanismos de envejecimiento no equivale a demostrar un aumento efectivo de la supervivencia.

Para comprobarlo harán falta estudios mucho más prolongados, capaces de seguir a los animales durante buena parte de su vida y evaluar no solo cuánto sobreviven, sino también su estado físico, metabolismo, aparición de enfermedades y deterioro relacionado con la edad.

Con levaduras, gusanos o moscas, estudiar un ciclo vital completo es relativamente rápido. Con los mamíferos el calendario se estira. Y en seres humanos, claro, el problema temporal adquiere otra dimensión: demostrar que una intervención aumenta realmente la longevidad humana puede exigir décadas.

No existe todavía una píldora para vivir un 25% más

La combinación de las palabras fármaco

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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