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¿Por qué el calor dispara un 50 % las averías del coche en carretera?

El calor extremo dispara hasta un 50 % las averías en carretera y castiga batería, motor, frenos y neumáticos durante los viajes del verano.

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averías del coche en carretera

El calor extremo está convirtiendo algunos viajes de vacaciones en una prueba bastante menos idílica de lo que promete el folleto del hotel. En las jornadas de temperaturas más altas, las asistencias por averías en carretera pueden crecer hasta un 50 %. El aumento medio durante el verano ronda el 25 %, y entre junio y septiembre se concentra el 37 % de todas las intervenciones anuales, según los datos de 2025 analizados por Autoclub Mutua.

No hay un único culpable escondido bajo el capó. El calor castiga la batería, el motor, los neumáticos, los frenos y el sistema de refrigeración, justo cuando el coche afronta trayectos más largos, más peso, atascos y horas de asfalto abrasador. Si el vehículo arrastra mantenimiento pendiente, una batería veterana o un refrigerante en las últimas, el verano hace algo muy poco sofisticado pero eficaz: saca el problema a la luz. La DGT recuerda que estos componentes están entre los más sensibles a las temperaturas elevadas.

El fenómeno tiene, además, una dimensión que va bastante más allá de la incomodidad de esperar una grúa bajo 40 grados. Un fallo de refrigeración puede acabar dañando seriamente el motor; un neumático degradado o con presión incorrecta afecta directamente a la seguridad, y unos frenos sometidos a calor y carga trabajan en condiciones menos favorables. El verano no inventa necesariamente la avería. Muchas veces se limita a darle el empujón que faltaba.

Ese 50 % tiene contexto: no todas las averías crecen igual

La cifra más llamativa necesita apellido. Hasta un 50 % es el incremento registrado en las jornadas de calor más extremo, no un aumento uniforme durante todos los meses estivales. En el conjunto de la temporada, el crecimiento de las asistencias se sitúa alrededor del 25 %. Es una diferencia importante: el termómetro influye, pero también lo hacen el enorme volumen de desplazamientos y la mayor exigencia mecánica de los viajes vacacionales.

Los datos permiten ver dónde acaba normalmente la historia cuando aparece el triángulo de emergencia —o, en los vehículos que ya deben utilizarla, la señal V16—. De las asistencias registradas durante el verano de 2025, el 38,1 % correspondió a averías mecánicas o del motor y otro 34,2 % estuvo relacionado con problemas de arranque o batería. Los neumáticos representaron el 17,5 %, mientras que los accidentes supusieron un 7,8 % y otros percances completaron el 2,4 %.

El volumen también ha cambiado de escala. Las asistencias estivales gestionadas por Autoclub Mutua pasaron de unas 219.000 en 2016 a más de 500.000 en 2025. La comparación no debe atribuirse únicamente al calentamiento de los veranos —también intervienen el número de usuarios, la movilidad y otros factores—, pero dibuja un escenario inequívoco: durante los meses de calor hay mucho trabajo bajo las grúas y todavía más bajo los elevadores de los talleres.

Motor y batería: donde el verano enseña los dientes

La batería conserva una fama curiosa: muchos conductores la consideran un problema de invierno. El calor discrepa. Las temperaturas elevadas pueden acelerar su deterioro y favorecer la evaporación interna en determinados tipos de batería; si el componente se encuentra cerca del final de su vida útil, aumenta la posibilidad de que falle precisamente cuando se le exige más. La DGT la sitúa entre los elementos que requieren especial vigilancia con temperaturas extremas.

Los talleres lo están notando. Las reparaciones asociadas al calor aumentan alrededor de un 35 % durante julio y agosto frente a la media anual, según las estimaciones de Recomotor. La demanda de radiadores y componentes de refrigeración puede crecer un 40 % respecto a la primavera; la de compresores de aire acondicionado, un 28 %, y la de baterías, un 22 %. Norauto, utilizando otra metodología y comparando sus propias incidencias entre temporadas, calcula un incremento de hasta el 8 % entre junio y agosto frente al resto del año. Son porcentajes diferentes porque miden cosas diferentes, pero apuntan en la misma dirección.

El sistema de refrigeración trabaja sin margen para despistes

Cuando fuera hace mucho calor, el radiador, el líquido refrigerante, la bomba de agua, los manguitos y los electroventiladores deben mantener el motor dentro de su temperatura normal de funcionamiento. Una pequeña fuga que en otra época apenas daba señales puede convertirse, después de cientos de kilómetros con el coche cargado, en un sobrecalentamiento serio.

Aquí conviene desconfiar de esa vieja filosofía automovilística de «ya aguantará hasta llegar». Si la aguja de temperatura abandona su posición habitual, aparece un testigo de sobrecalentamiento, sale vapor o se detecta una pérdida importante de refrigerante, seguir circulando puede agravar mucho la avería. El sistema de refrigeración no es un accesorio veraniego: protege directamente la mecánica.

Neumáticos y frenos sobre un asfalto que multiplica el castigo

El neumático vive el verano por abajo. Y ahí hace mucho calor. AECA-ITV advierte de que las temperaturas elevadas del asfalto incrementan la presión interna y aceleran el envejecimiento de la goma, elevando el riesgo de grietas, deformaciones o reventones, especialmente durante recorridos largos y cuando existe desgaste previo. Viajar con el coche muy cargado añade otra vuelta de tuerca al esfuerzo de neumáticos, suspensión y frenado.

La referencia válida para comprobar la presión sigue siendo la indicada por el fabricante y debe revisarse correctamente, preferiblemente con los neumáticos fríos. No se trata de inflarlos «un poco más porque hace calor». Esa receta de aparcamiento tiene aproximadamente el mismo rigor técnico que abrir el capó y darle ánimos al radiador.

Los frenos también sufren. Temperatura exterior elevada, tráfico denso, vehículo cargado y uso prolongado constituyen una combinación exigente para discos, pastillas y líquido de frenos. Vibraciones, ruidos inhabituales, pérdida de eficacia o un tacto extraño del pedal merecen atención antes de emprender cientos de kilómetros.

España afronta el calor con un parque de coches envejecido

El problema adquiere otra dimensión al mirar la edad de los vehículos españoles. Los turismos que circulan por España alcanzan una antigüedad media de 14,6 años, mientras que 9,28 millones de vehículos superan ya los 20 años. Ese grupo representa aproximadamente el 29,3 % del parque.

Ser viejo, por supuesto, no equivale automáticamente a estar mal mantenido. Un coche de dos décadas que pasa sus revisiones puede encontrarse en mejores condiciones que otro mucho más reciente abandonado a su suerte. Pero el envejecimiento aumenta la probabilidad de encontrar componentes desgastados, juntas fatigadas, manguitos deteriorados o sistemas de refrigeración menos eficientes. Y el calor, paciente pero nada sentimental, encuentra esos puntos débiles.

Ahí está uno de los fondos reales de esta noticia. No hablamos solamente de una sucesión de olas de calor, sino del encuentro entre temperaturas extremas, millones de viajes y un parque automovilístico veterano. El resultado se escucha primero como un ruido raro, aparece después como una luz en el cuadro y termina, demasiadas veces, con el coche detenido en el arcén.

El coche eléctrico tampoco tiene inmunidad térmica

Cambiar gasolina por electrones no elimina las leyes de la física. Las baterías de litio necesitan controlar su temperatura y los vehículos eléctricos utilizan sistemas específicos para hacerlo. En condiciones de calor intenso, parte de la energía disponible puede dedicarse precisamente a refrigerar el conjunto.

Según los datos manejados por Norauto, cuando la temperatura exterior supera los 40 grados, la autonomía puede reducirse aproximadamente entre un 10 % y un 15 %, dependiendo del vehículo, el uso de la climatización y las condiciones de circulación. Es una estimación, no una regla aplicable por igual a cualquier modelo.

Hay, sin embargo, otra cara mucho menos dramática. Los vehículos híbridos y eléctricos analizados por Autoclub Mutua registraron un 36 % menos de incidencias vinculadas a batería y arranque y un 18 % menos de averías mecánicas que los vehículos de combustión. Menos piezas mecánicas susceptibles de fallo ayudan. El eléctrico sufre el calor, sí, pero eso no significa que se averíe más.

El mantenimiento le gana más veces al calor que la improvisación

Antes de un desplazamiento largo, unas comprobaciones relativamente ordinarias separan muchas veces un viaje aburridamente normal de una tarde mirando pasar coches desde el arcén: estado y presión de los neumáticos, batería, líquido refrigerante, aceite, frenos y climatización. La DGT aconseja prestar especial atención a estos elementos durante los meses cálidos y recuerda que los neumáticos deben mantener la presión correcta y encontrarse en buen estado antes de afrontar kilómetros sobre asfalto caliente.

También importa la carga. Un maletero llevado hasta el límite, cuatro o cinco ocupantes y cientos de kilómetros elevan el trabajo de suspensión, neumáticos y frenos. Si a eso se añaden una retención a pleno sol y un sistema de refrigeración que llevaba meses avisando discretamente, el termómetro solo tiene que hacer el resto.

Para el conductor, el calor tampoco es decorado. RACE recomienda mantener el habitáculo aproximadamente entre 21 y 23 grados, evitar cuando sea posible las horas centrales más calurosas y descansar como máximo cada dos horas o 200 kilómetros, antes si aparecen síntomas de fatiga. Una cabina excesivamente caliente aumenta el cansancio y empeora la capacidad de reacción; el coche puede estar impecable y, aun así, el componente que falle sea quien lleva las manos en el volante.

La fotografía del verano de 2026 es, al final, bastante sencilla. Las temperaturas extremas pueden disparar las asistencias hasta un 50 % en los días más duros, pero la avería rara vez nace de la nada. Calor, kilómetros, carga y mantenimiento deficiente forman una asociación especialmente eficaz. El sol pone el escenario; muchas veces, el problema llevaba meses esperando bajo el capó.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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