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¿Por qué en EEUU aumentan los usuarios que dejan TikTok?

TikTok se atasca en EE. UU., suben las desinstalaciones y UpScrolled irrumpe con decenas de miles de descargas: claves del vuelco en redes!!

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chica indica logo tiktok en su movil

TikTok se atasca en EE. UU., suben las desinstalaciones y UpScrolled irrumpe con decenas de miles de descargas: claves del vuelco en redes!!

En Estados Unidos, borrar TikTok está dejando de ser un gesto raro y empieza a parecer un movimiento de masa: según los datos manejados estos días por analistas de mercado, la tasa de desinstalación se ha disparado en torno a un 150% frente a periodos recientes, justo cuando la plataforma atraviesa un momento delicado por cambios internos en su estructura en el país y por problemas operativos que han afectado al uso normal. La combinación ha sido explosiva en el terreno donde de verdad se decide el futuro de una red social: la experiencia diaria, esa sensación de que la app “va fina” o “se atraganta” cuando intentas publicar, scrollear o simplemente vivir ahí.

Al mismo tiempo, un competidor independiente llamado UpScrolled ha aprovechado el hueco como quien ve una puerta entreabierta: sus descargas han crecido con fuerza en cuestión de días, escalando posiciones en tiendas digitales de Estados Unidos y también en mercados como Reino Unido y Australia. La cifra que se repite en el sector es contundente para una aplicación pequeña: pasar de unos pocos cientos de descargas a superar las 41.000 en un puñado de jornadas. Detrás del fenómeno hay un nombre propio, el desarrollador australiano Issam Hijazi, y una promesa que suena a música para quien está harto del algoritmo imprevisible: “cada publicación tendrá la misma oportunidad de ser vista”, un entorno “auténtico, sin filtros y justo”.

TikTok en EE. UU.: un cambio de pieza en pleno partido

TikTok no está viviendo una crisis cualquiera, de esas que se arreglan con un parche y un hilo en redes. Lo que ocurre en Estados Unidos llega en un momento especialmente sensible porque coincide con un giro corporativo: la creación de una entidad específicamente dedicada al mercado estadounidense, una empresa conjunta con gobernanza propia en el país. En la práctica, es la manera de encapsular el negocio estadounidense, con un liderazgo definido y un relato de “esto se gestiona aquí”, intentando responder a la presión política y regulatoria que durante años ha rodeado a la app.

En esa reorganización aparece otro protagonista clave: Adam Presser, exdirector de operaciones de TikTok, señalado como la cara ejecutiva de la nueva estructura estadounidense. El nombre no es menor. En Silicon Valley, cambiar el organigrama equivale a cambiar la respiración de un producto: prioridades nuevas, equipos nuevos, métricas nuevas, y —lo que más nota el usuario sin que se lo expliquen— ajustes en sistemas, flujos y dependencias técnicas. Una red social no es una plaza fija; es una máquina viva, llena de engranajes que se tocan.

El problema es que esta “mudanza” llega con ruido. TikTok ha reconocido que se han producido problemas críticos relacionados con la infraestructura informática de la que depende el servicio. Dicho en román paladino: fallos que no son simples microcortes sino algo más serio, con impacto en funcionalidades esenciales. Y ahí la confianza se desgasta rápido, porque el usuario no perdona lo que siente como injusticia algorítmica o como fallo constante del sistema: subes un vídeo y no sale, publicas y se queda colgado, ves que el alcance cae al suelo… y empiezas a sospechar.

La caída técnica: cuando la app te hace dudar de ti mismo

Una cosa es que una plataforma tenga “incidencias” y otra que te haga sentir que estás hablando en una habitación insonorizada. TikTok vive del pulso inmediato: grabas, editas, publicas, y el algoritmo te devuelve una señal, buena o mala, pero señal. Cuando esa señal se rompe, aparece el peor enemigo de una red social: el vacío. Y el vacío se interpreta. Se llena con teorías, con enfado, con “me han tocado” o “me han capado”.

Estos días se han descrito problemas que afectaban a la publicación y al rendimiento general. Parte del sector tecnológico ha vinculado las incidencias a un fallo en infraestructura externa, como un centro de datos afectado por una interrupción, un elemento que demuestra hasta qué punto el ecosistema digital es una cadena de dependencias: TikTok no es solo TikTok, también son proveedores, servidores, redes de distribución, sistemas de respaldo. Cuando una pieza estornuda, la app tose en el móvil de millones de personas.

Aquí hay un matiz importante: el usuario no ve centros de datos, ve pantallas. No ve un corte eléctrico, ve un vídeo que no se sube. No ve un informe técnico, ve su publicación muriéndose a cero. Y en un momento de reorganización corporativa, cualquier fallo se interpreta como síntoma de algo más profundo, casi como si el motor estuviera cambiando de manos mientras el coche sigue en autopista.

El salto del 150%: más que un dato, un cambio de humor

Que la tasa de desinstalación suba alrededor de un 150% no significa automáticamente que TikTok vaya a desplomarse mañana. TikTok sigue siendo enorme, con un uso cotidiano profundamente instalado. Pero sí dice algo muy concreto: hay un segmento de usuarios que ha cruzado una línea emocional y ha decidido cortar por lo sano. Y esa decisión, en redes, es más contagiosa de lo que parece, porque se convierte en relato: “yo ya la he borrado”, “esto se está rompiendo”, “me voy a otra”.

El salto coincide con dos factores que se retroalimentan. Por un lado, las dificultades técnicas en el uso normal de la red social. Por otro, la creación de esa entidad estadounidense con un nuevo liderazgo. Cuando esos dos elementos se solapan, se produce el cóctel perfecto para la incertidumbre: si algo falla, la gente busca una causa; si hay un cambio estructural, la causa parece obvia aunque no lo sea. Así funcionan los rumores, y así funciona también la conversación digital, que es rápida, emocional y, a ratos, inmisericorde.

TikTok, además, arrastra un contexto muy particular en Estados Unidos: durante años se ha debatido sobre su relación con China, sobre la seguridad de los datos, sobre posibles presiones políticas. Esa mochila no se quita de golpe, ni siquiera creando una empresa conjunta en territorio estadounidense. De hecho, para parte del público, ese movimiento puede interpretarse como “ahora sí están metiendo mano”. No importa que la realidad sea más compleja; importa lo que la gente percibe al abrir la app.

Censura, alcance y sospechas: el terreno resbaladizo donde todo arde

En paralelo al problema técnico, se ha disparado otra conversación: acusaciones de que TikTok estaría suprimiendo ciertos contenidos o que determinados temas estarían perdiendo visibilidad. En estos casos, lo delicado no es solo la acusación en sí, sino la naturaleza de las plataformas: nadie puede “ver” el algoritmo. Cuando alguien siente que no le llega el alcance, rara vez piensa “será azar”; piensa “me han silenciado”.

La empresa ha negado estar censurando y ha vinculado esos comportamientos anómalos a los problemas técnicos. Esa explicación, en términos racionales, encaja: si hay fallos en infraestructura o en sistemas de publicación, los contenidos pueden distribuirse peor, tardar más o no llegar. Pero en la mente del usuario, el daño ya está hecho, porque el algoritmo es un juez invisible: aunque no sea culpable, parece culpable. Y ahí la app pierde algo que no se recupera con facilidad: credibilidad operativa.

En Estados Unidos, además, estas sospechas se mezclan con la polarización política. Cualquier irregularidad se convierte en munición: unos dirán “censuran”, otros dirán “es un bulo”, y la plataforma se queda en medio, intentando sostener el servicio mientras la conversación se convierte en guerra de trincheras. En ese clima, muchos usuarios hacen lo más simple: abren una alternativa.

UpScrolled: la alternativa que suena a “Instagram de antes”

UpScrolled ha crecido en este hueco. No porque sea, de pronto, una plataforma gigantesca, sino porque ofrece una idea muy fácil de entender y muy difícil de garantizar: igualdad de oportunidades para cada publicación. La propia plataforma lo vende con una frase que apunta directo al nervio del creador: demasiadas veces no sabes si tu voz será escuchada o silenciada; UpScrolled lo cambia y garantiza que cada post tiene la misma posibilidad de ser visto.

Esa promesa conecta con una nostalgia real: la de las redes en su fase temprana, cuando el feed parecía más “limpio” y menos condicionado por decisiones opacas. UpScrolled evoca, según quienes la han probado, las primeras versiones de Instagram: estética sencilla, sensación de proximidad, menos capas de artificio. No es casual que ese tono funcione justo cuando TikTok es percibida como una maquinaria enorme con piezas que crujen.

Detrás está Issam Hijazi, un desarrollador australiano que ha visto cómo su aplicación, hasta hace nada minoritaria, se convertía en tendencia en tiendas digitales. El crecimiento de descargas, con picos muy pronunciados, refleja un fenómeno clásico: cuando el gigante se tambalea, aunque sea un poco, el público explora. No siempre migra de manera definitiva. A veces solo instala “por si acaso”. Pero ese “por si acaso” ya es una grieta en la fidelidad.

Un competidor independiente… y eso importa

Lo de “independiente” no es un adorno. En un momento en el que los usuarios sospechan de estructuras corporativas, de control y de manos invisibles, una app presentada como proyecto pequeño, casi artesanal, tiene un encanto particular. Suena a menos intereses cruzados, menos compromisos políticos, menos presión publicitaria. Es un imaginario, claro; si creciera, tendría que resolver los mismos problemas que cualquiera: moderación, seguridad, escalabilidad, abusos, monetización. Pero en el instante inicial, la independencia funciona como sello de pureza.

Y no es solo una cuestión estética. En redes, la cultura se crea también con símbolos: “me voy a la app pequeña”, “apoyo lo alternativo”, “me salgo del monstruo”. Es un mensaje, un gesto, una forma de situarse. A TikTok, en este momento, le duele ese tipo de gestos.

Lo que revelan las descargas: no es amor, es incertidumbre

Subir a más de 41.000 descargas en pocos días suena a fiebre. Y lo es. Pero conviene leerlo bien: la fiebre no siempre indica una nueva normalidad; a veces indica un susto. UpScrolled se ha beneficiado de un momento de pánico suave, ese “algo pasa con TikTok” que hace que la gente se mueva.

No obstante, incluso como fenómeno temporal, el dato es relevante por lo que dice del ecosistema: hoy las migraciones son rápidas. Antes, cambiar de red era como cambiar de barrio. Ahora es como cambiar de canal. Instalas, pruebas, te quedas o te vas, y todo en una tarde. Esto explica por qué TikTok no puede permitirse fallos operativos prolongados en Estados Unidos justo cuando está reordenando su estructura. Si la app se vuelve incómoda, el usuario se va a curiosear a otra; si la alternativa le da un mínimo de dopamina, puede quedarse más de lo previsto.

En paralelo, hay un elemento que no conviene olvidar: muchas personas no borran TikTok aunque se enfaden. La usan por hábito, por trabajo, por comunidad. El crecimiento de desinstalaciones no significa un abandono total, pero sí una señal de erosión. Y la erosión es peligrosa porque avanza en silencio, como humedad en una pared: al principio no la ves; de repente, te cae el desconchón.

El precedente RedNote: cuando una amenaza convierte una app en fenómeno

La historia tiene una repetición reciente. A principios de 2025, cuando en Washington se hablaba con fuerza de una posible prohibición o restricción, otra aplicación china, RedNote, se puso de moda en Estados Unidos de forma repentina. Fue un caso claro de migración impulsada por la incertidumbre: si TikTok podía desaparecer, la gente buscaba refugios, aunque fueran provisionales.

Ese precedente importa por dos motivos. Primero, demuestra que el público estadounidense reacciona de forma casi instantánea cuando percibe que una plataforma puede volverse inestable o políticamente tóxica. Segundo, enseña que las alternativas crecen no solo por mérito propio, sino por el contexto: una amenaza externa es el mejor marketing para un competidor, aunque nadie pague un euro.

UpScrolled, en este sentido, no está ganando una guerra aún; está aprovechando un fogonazo de atención. La pregunta de fondo es si podrá convertirlo en comunidad real cuando el ruido se calme, cuando la gente vuelva a la rutina y cuando TikTok —si logra estabilizarse— recupere la sensación de normalidad.

El tablero de la nueva TikTok estadounidense: poder, socios y control

La creación de una empresa conjunta dedicada a Estados Unidos tiene una lectura política y otra empresarial, y ambas se mezclan. La lectura política es obvia: intentos de blindar la continuidad de TikTok ante presiones regulatorias y de seguridad nacional. La empresarial es igual de relevante: reorganizar propiedad, gestión y dependencias tecnológicas para operar con menos fricción dentro del país.

En ese tablero, el liderazgo de Adam Presser aparece como señal de continuidad interna (no es un extraño) y, al mismo tiempo, de transición: un ejecutivo que conoce la casa, pero que ahora encabeza una estructura pensada para ser “más estadounidense” en su gobernanza. El problema es que estos movimientos, aunque estén diseñados para calmar a reguladores y socios, pueden generar inquietud en el usuario medio, que lo interpreta con categorías simples: “han cambiado cosas” y “por eso falla”.

También se abre un frente para creadores y marcas. En Estados Unidos, TikTok es una economía. No solo un entretenimiento. Para muchos perfiles, la plataforma es ingreso, visibilidad, acuerdos, campañas. Cuando la infraestructura falla o el alcance se vuelve imprevisible, la economía tiembla. Y cuando tiembla, los profesionales buscan alternativas, aunque sea para diversificar riesgos. Ahí UpScrolled puede estar recibiendo parte de su impulso: no solo curiosos, también gente que prueba terreno por si necesita una segunda casa digital.

Qué puede pasar a corto plazo: estabilización, ruido o fuga lenta

A corto plazo, TikTok tiene un objetivo claro: que la app funcione sin fricciones. No hay narrativa que aguante si el producto falla. La conversación sobre censura, sobre cambios internos y sobre el nuevo modelo de gestión en Estados Unidos puede seguir, pero si el usuario vuelve a sentir que publicar es fácil y que el feed responde, buena parte del enfado se diluye.

El riesgo para TikTok no es un colapso repentino, sino algo más sutil: una fuga lenta. Usuarios que la borran, creadores que reducen actividad, marcas que frenan inversión, comunidades que se dispersan. Eso no se ve en un día. Se ve en meses. Y, mientras tanto, los competidores crecen como hierba en terreno removido: no necesariamente porque sean mejores, sino porque el terreno está blando.

Para UpScrolled, el reto es el inverso: convertir una ola de descargas en uso real sostenido. Instalar no significa quedarse. Quedarse exige comunidad, contenido, seguridad, moderación, experiencia estable. Si UpScrolled se rompe por saturación o si su promesa de “igualdad para todos” no se traduce en una experiencia satisfactoria, la ola puede retirarse igual de rápido que llegó. Pero, incluso si se desinfla, el episodio ya habrá hecho daño reputacional a TikTok: habrá demostrado que existe un botón de salida, que la gente lo pulsa, y que el mercado está atento.

Cuando una app deja de ser un juego y se convierte en infraestructura

Durante años, TikTok ha sido vista como un fenómeno cultural, un lugar donde se mezclan baile, humor, política, noticias, propaganda, moda, recetas y confesiones. Pero en Estados Unidos, y por extensión en el mundo, ya es algo más: una infraestructura cultural. Cuando una infraestructura falla, las consecuencias son inmediatas: se rompe el ritmo de la conversación, se alteran carreras, se reordena el tráfico de atención.

Por eso la noticia de las desinstalaciones y la irrupción de UpScrolled es más que una anécdota tecnológica. Es una escena de competencia real en el mercado de la atención. Y la atención, hoy, se compra con estabilidad y confianza. TikTok, en este momento, tiene que recuperar ambas cosas a la vez: estabilidad técnica y confianza en que las reglas del juego no han cambiado de manera oscura.

Mientras tanto, UpScrolled capitaliza la emoción contraria: la idea de que todo empieza de cero, de que el feed no está trucado, de que nadie te penaliza por hablar de un tema. Es una promesa potente. También peligrosa, porque cuanto más crece una plataforma, más difícil es sostenerla sin tomar decisiones que enfaden a alguien. Pero eso será mañana. Hoy, la app está viviendo su semana de gloria.

La escena final: un aviso serio para TikTok, una prueba dura para UpScrolled

TikTok puede salir de este bache si logra estabilizar su infraestructura en Estados Unidos y si la reorganización corporativa deja de percibirse como fuente de problemas. Pero el golpe ya está dado: un aumento fuerte de desinstalaciones en un mercado clave y un competidor que, sin tener aún la escala, ha sabido capturar el momento. Los nombres están claros en el tablero: TikTok, con su nueva estructura en Estados Unidos y Adam Presser como figura ejecutiva destacada; UpScrolled, con Issam Hijazi al frente y una narrativa centrada en la visibilidad “justa”.

Y, sobre todo, la señal es nítida: en 2026, ninguna red social es intocable. Ni siquiera la que parecía invencible. En cuanto el servicio se vuelve inestable o el usuario siente que el algoritmo le da la espalda, la lealtad se agrieta. No siempre se rompe de golpe, pero se agrieta. Y cuando aparece una alternativa con olor a red “de antes”, simple, directa, sin demasiadas capas… mucha gente se asoma, aunque sea para comprobar si al otro lado el aire respira mejor.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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