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¿De qué murió Gabriel Masfurroll y qué huella deja?

Gabriel Masfurroll ha muerto en Barcelona a los 72 años, este sábado 13 de diciembre de 2025, tras una larga enfermedad. La noticia ha sacudido a dos mundos que conocía de primera mano: la sanidad privada, en la que fue un pionero, y el FC Barcelona, donde ejerció como directivo de primer nivel.

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De qué murió Gabriel Masfurroll

Foto: GabrielMasfurroll.com

Muere Gabriel Masfurroll a los 72: contexto de enfermedad y recorrido por su legado en la sanidad privada, el Barça y la Fundación Álex.

Gabriel Masfurroll ha muerto en Barcelona a los 72 años, este sábado 13 de diciembre de 2025, tras una larga enfermedad. La noticia ha sacudido a dos mundos que conocía de primera mano: la sanidad privada, en la que fue un pionero, y el FC Barcelona, donde ejerció como directivo de primer nivel. No consta un parte médico con la patología exacta, pero en los últimos años él mismo explicó en público su lucha contra un cáncer de colon con metástasis hepática, su paso por quirófano y los ciclos de quimioterapia. Esa es la foto clínica que se conocía y que enmarca su fallecimiento, comunicado por su entorno profesional y confirmado por varias instituciones y medios.

Lo sustancial hoy es claro: muere uno de los gestores que ayudó a profesionalizar la sanidad privada contemporánea y un dirigente que, en el Barça, asumió papeles de responsabilidad —vicepresidente y portavoz— en un tramo especialmente complejo del club. Su nombre, unido a USP Hospitales (1997) y después al grupo Clínicas Mi (Mi Tres Torres en Barcelona y Mi NovAliança en Lleida), define un modo de entender el hospital: procesos claros, obsesión por la calidad y un foco constante en el paciente. Al mismo tiempo, su biografía cívica y universitaria —presidente del Consejo Social de la UAB durante casi una década— explica por qué su muerte trasciende los compartimentos estancos de la economía y el deporte.

Datos confirmados y contexto inmediato

La cronología es precisa. El deceso se produjo este sábado y fue difundido en cuestión de horas por los círculos médicos y deportivos, con mensajes de condolencia desde el propio FC Barcelona, antiguos colegas de junta y figuras del sector sanitario. La edad (72) no es un detalle menor: sitúa a Masfurroll, nacido en 1953, en una generación de gestores que profesionalizó áreas enteras de la economía española durante los noventa y los dos mil. En el plano clínico, no hay un comunicado que desvele la causa exacta, pero sí una trayectoria de enfermedad conocida porque el propio Masfurroll eligió contarla en primera persona: cáncer de colon, afectación hepática, tratamiento oncológico continuado, y períodos de aparente normalidad que él aprovechó para seguir trabajando y divulgando.

En términos de actualidad, también está verificado que el grupo Clínicas Mi informó de la pérdida de su presidente y cofundador, y que instituciones donde dejó huella —la Universitat Autònoma de Barcelona, fundaciones y asociaciones del tercer sector— trasladaron su pésame. Quien necesitara una sola etiqueta para fijar la figura, hoy escucharía tres con insistencia: empresario sanitario, filántropo y barcelonista.

Trayectoria que cambió la sanidad privada

Masfurroll construyó su reputación en los hospitales y en las salas de juntas. Economista, formado en la Universitat de Barcelona, dedicó más de cuarenta años a un objetivo que repitió en conferencias y artículos: que un hospital privado puede ser excelente si se somete a estándares medibles, si ordena sus procesos y si cuida la experiencia del paciente con la misma seriedad que la clínica. El proyecto emblema fue USP Hospitales, fundado en 1997, la primera gran red hospitalaria privada española con vocación de sistema y no de suma de piezas. El crecimiento fue rápido, con un modelo corporativo que hablaba de protocolos, indicadores de calidad, comités y auditorías internas. La red se extendió más allá de España y dejó una impronta organizativa que otros grupos replicaron o adaptaron.

Aquel ciclo cerró en 2010. A partir de ahí, Masfurroll apostó por un grupo familiar, Clínicas Mi, para demostrar que el tamaño no decide la excelencia. Mi Tres Torres —hoy un hospital de referencia en cirugía programada y alta resolución— sirvió como laboratorio de innovación en áreas como la cirugía ortopédica, la cirugía general y la rehabilitación avanzada, con quirófanos de última generación y circuitos de estancia corta que reducen complicaciones y agilizan el alta. La compra y relanzamiento de la clínica histórica de Lleida, rebautizada Mi NovAliança, reforzó el mapa con una apuesta territorial que recuperaba una marca querida en la provincia. En ambos casos, la idea rectora fue clara: tecnología, calidad y trato cercano pueden convivir, incluso deben hacerlo.

Hubo más. Masfurroll integró su red con servicios de diagnóstico por imagen, unidades de dolor, laboratorios y consultas externas organizadas por circuitos de patología. El resultado fue una cultura de mejora continua: medir, comparar, corregir, volver a medir. Quienes trabajaron con él subrayan ese estilo de gestión con dos rasgos: escuchaba a los clínicos y no temía tomar decisiones incómodas si las cifras lo exigían. Un lenguaje que, a la larga, se tradujo en acreditaciones de calidad y en la fidelidad de pacientes que percibían orden y cuidado.

USP Hospitales, de idea audaz a red con método

Queda, por justicia, el relato de los orígenes. Finales de los noventa, sanidad privada fragmentada, hospitales muy buenos pero sueltos, cada uno con su cultura. Masfurroll entendió —y convenció— que hacía falta una cadena capaz de estandarizar procesos sin mermar la autonomía clínica. Nació USP. No era solo comprar centros: era implantar protocolos, sistemas de información, comités de seguridad del paciente y un gobierno corporativo que asumiera la calidad como un coste necesario. A finales de la década siguiente, la red ya era una de las referencias del sector y había extendido su fórmula a cuatro países. Visto desde hoy, parece inevitable; entonces, no lo era.

Clínicas Mi: foco quirúrgico y proximidad

El último ciclo profesional de Masfurroll puso el acento en hospitales de tamaño medio, muy quirúrgicos, dotados de equipos estables y especialistas con agenda integrada. Mi Tres Torres consolidó la cirugía mayor ambulatoria, con circuitos de preparación preoperatoria personalizados y una recuperación posoperatoria basada en evidencia. Mi NovAliança, en Lleida, recuperó el sentido de comunidad de una marca histórica y lo conectó con un presente digital: citas online, historia clínica interoperable y programas de rehabilitación acelerada que acortan plazos y mejoran resultados. La dirección del grupo, en manos de la familia, reforzó una idea: profesionalizar no significa deshumanizar.

El dirigente que se atrevió con el Barça

El otro Masfurroll que hoy se recuerda es el dirigente del FC Barcelona. Estuvo en la junta durante la presidencia de Josep Lluís Núñez y, con Joan Gaspart, asumió responsabilidades mayores: vicepresidente y portavoz entre 2000 y 2002, los años más convulsos del club en el cambio de siglo. Tocó gestionar crisis deportivas, tormentas mediáticas y ese intangible que pesa más que cualquier cifra: la emoción del socio. La portavocía, en concreto, lo colocó a diario en la trinchera de la comunicación, con ruedas de prensa tensas y decisiones de impacto. La memoria interna del club lo sitúa en reuniones clave y operaciones estratégicas, entre ellas la apuesta por retener y cuidar a un jovencísimo Lionel Messi cuando el argentino aún era un proyecto de genio.

El regreso se produjo en 2010, ya con Sandro Rosell en la presidencia. Masfurroll fue vicepresidente segundo de la Fundación FC Barcelona, una función más discreta pero decisiva para impulsar programas sociales y educativos vinculados al club. Allí encajó su agenda filantrópica con la marca Barça: deporte, infancia, inclusión. Para muchos, fue su mejor lugar en la entidad.

Vicepresidencia y portavocía en tiempos de Gaspart

Quienes vivieron aquel período recuerdan su cintura para manejar frentes abiertos y su lealtad institucional. La directiva de Gaspart afrontó decisiones impopulares, resultados flojos y una presión social inédita tras la marcha de estrellas y el cambio de ciclo deportivo. En ese ecosistema, Masfurroll ejerció de pararrayos comunicativo y de gestor operativo al mismo tiempo. No siempre caía de pie; no siempre era posible. Pero dejó la foto de un directivo que no se escondía y que entendía el club como algo más que un balance trimestral. Fue, también, un puente entre el mundo sanitario que dominaba y un ecosistema deportivo donde cada palabra pesa.

Compromiso social y universitario sostenido en el tiempo

La vertiente cívica de Masfurroll es inseparable de su biografía. Desde 1984, participó en la Fundación Catalana Síndrome de Down y, en 2006, creó la Fundación Álex —hoy Mi Fundación Álex— en memoria de su hijo Álex, nacido con síndrome de Down y fallecido a los tres años. Ese duelo íntimo se transformó en programas de inclusión a través del deporte, becas, patrocinios y campañas de sensibilización. Era, a su manera, una promesa cumplida: usar su prestigio y su red para mejorar la vida de niños y jóvenes con discapacidad o en riesgo de exclusión.

En el ámbito académico, su etapa como presidente del Consejo Social de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), entre 2014 y 2023, reforzó el vínculo entre la universidad y la empresa. La misión de ese órgano —abrir la institución al entorno, facilitar la transferencia de conocimiento y velar por la financiación y la calidad— encontró en su perfil un aliado. Promovió foros, encuentros con empresas, debates sobre talento, innovación sanitaria y emprendimiento. Al dejar el cargo, la casa mantuvo la relación; su nombre siguió ligado a iniciativas sobre gestión hospitalaria, salud digital y liderazgo.

Fundación Álex: el deporte como herramienta de inclusión

La fundación impulsó competiciones adaptadas, escuelas deportivas y convenios con clubes para derribar barreras. Masfurroll creía en esa palanca —el deporte— porque la conocía desde dentro. Fue nadador de competición en su juventud y siempre dijo que en la piscina aprendió una ética que luego trasladó a la empresa: disciplina, rutina, resistencia. La Fundación Álex organizó torneos, becó a jóvenes deportistas con diversidad funcional y financió tratamientos y material ortoprotésico cuando la burocracia o la economía familiar no llegaban. En sus memorias y charlas, él unía los puntos: la sanidad que gestionaba, el deporte que practicaba y la inclusión que defendía.

Enfermedad contada en primera persona

A partir de 2022, Masfurroll empezó a compartir su proceso oncológico. Lo hizo con una etiqueta tan directa como pedagógica: #MiCáncerMiCriptonitaYYo. Publicó vídeos, textos y reflexiones sobre los efectos secundarios, la quimioterapia, el temor razonable y la importancia de la compañía. También habló de tromboembolismo pulmonar asociado al cuadro y de cómo una rutina de natación —su terapia personal— le devolvía equilibrio. No buscaba épica: buscaba normalizar la enfermedad sin esconder su crudeza. Ese ejercicio de transparencia tuvo efectos: pacientes y profesionales encontraron en su voz un puente entre el lenguaje médico y el habla común.

Se entiende mejor, así, la elección de discreción que hoy acompaña a la confirmación del fallecimiento: se comunica el hecho y el marco —larga enfermedad—, sin más detalles clínicos. No hace falta forzar lo que él ya había contado con claridad. Queda constancia de que el tratamiento se alargó en el tiempo, que hubo intervenciones, que existieron paréntesis de normalidad y que, aun con todo, mantuvo la actividad profesional y la presencia pública mientras pudo.

Transparencia y privacidad: lo que sí se sabe hoy

A la hora de responder sin rodeos a la pregunta que muchos se hacen, la información disponible permite afirmar que la causa de la muerte se contextualiza en esa enfermedad prolongada que él identificó públicamente como cáncer de colon con afectación hepática. No hay, en el momento de escribir estas líneas, un diagnóstico final desglosado por la familia o un parte hospitalario con la cadena causal exacta. El dato, en cambio, es inequívoco: su fallecimiento llega tras un curso clínico largo, documentado por él mismo, que culmina hoy.

En paralelo, los homenajes se multiplican: del entorno sanitario —directivos y médicos que trabajaron con él— al barcelonismo, con mensajes de directivos de diferentes etapas y de exjugadores. También llegan notas desde el mundo universitario y del tercer sector, que subrayan su papel de mecenas y promotor de proyectos sociales. El retrato coral encaja: gestor exigente, comunicador directo, y un hombre para el que la empresa y la filantropía no eran compartimentos, sino vasos comunicantes.

Más allá del titular: contribuciones medibles

Si algo caracterizó a Masfurroll fue su insistencia en lo medible. No era un gestor de metáforas, sino de indicadores. En sus hospitales, la tasa de reingresos, la incidencia de infecciones, los tiempos de lista y la satisfacción del paciente no eran carteles en la pared; eran tableros de mando que se revisaban y que provocaban decisiones. Ese enfoque profesional, alejado del paternalismo que a veces se asoma en la sanidad privada, elevó el listón del sector. Sus clínicas incorporaron quirófanos inteligentes, sistemas de imagen intraoperatoria, reprocesamiento estandarizado y programas ERAS (Enhanced Recovery After Surgery) en cirugías donde aún costaba convencerse.

Es justo, también, mencionar su actividad como autor y columnista. Escribió libros de gestión y memorias profesionales, y colaboró con cabeceras generalistas y deportivas. En los últimos años firmó columnas como articulista de MARCA, con una voz que combinaba experiencia directiva y relato personal. Ese registro —un poco técnico, un poco directo de vestuario— lo convirtió en un divulgador singular: sabía explicar decisiones complejas con un tono que no sonaba a manual.

Una biografía anclada en Barcelona

Todo en su historia tiene un eje geográfico: Barcelona. Allí nació, estudió, trabajó, invirtió, dirigió hospitales, presidió el Consejo Social de la UAB y vivió la exposición pública del FC Barcelona. Su catalanidad cívica —no partidista— se tradujo en un catálogo de iniciativas: foros empresariales, patrocinios culturales, apoyos a causas locales. Quien lo trató recuerda su energía y su capacidad de conectar mundos que no suelen tocarse: el médico y el deportivo, el académico y el empresarial.

También fue un mentor para jóvenes directivos. Se implicó en escuelas de negocio, impartió posgrados y participó en tribunales y comités. Repetía una idea: el gestor sanitario no puede mandar desde el despacho; tiene que ver pacientes, escuchar a los clínicos y pisar quirófano —no para operar, sino para entender. Quedó como una consigna profesional que muchos de sus discípulos mantienen.

Lo que perdura tras su marcha

La muerte de Gabriel Masfurroll deja una familia, equipos y proyectos en funcionamiento. Deja, sobre todo, método y cultura. En la sanidad privada española, su huella se reconoce en hospitales que miden mejor, comunican con más claridad y ponen al paciente en el centro como algo más que un eslogan. En el FC Barcelona, su paso por la directiva y por la Fundación se recuerda por el carácter y por decisiones institucionales que hoy forman parte del relato del club. En la universidad, queda una puerta abierta entre aula y empresa que ayudó a consolidar desde la UAB. Y en la filantropía, una Fundación Álex que seguirá financiando inclusión a golpe de deporte y salud.

Responder a “de qué murió” pide precisión y respeto. Lo riguroso hoy es esto: falleció tras una larga enfermedad, que él mismo identificó en los últimos años como cáncer de colon con afectación hepática, con cirugía y quimioterapia a cuestas. Lo demás —la cifra de edad, los cargos, las obras— está documentado y explica por qué su nombre se pronuncia con afecto en tantos ámbitos distintos. Su legado es nítido y operativo: hospitales mejor gestionados, programas sociales vivos, una universidad más conectada y una idea de liderazgo que combina exigencia y humanidad. Eso, al final, es lo que queda. Y ya es mucho.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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