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Ciencia

¿Qué ocurre en Paks? El Danubio fuerza el cierre de la central nuclear

El Danubio toca mínimos históricos y fuerza la parada de Paks, mientras Hungría afronta una grave crisis energética durante una ola de calor.

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la central nuclear de Paks
La central nuclear de Paks / WIKIPEDIA

Hungría se prepara para detener por completo la central nuclear de Paks porque el Danubio ha descendido hasta un nivel que impide alimentar con seguridad las bombas de refrigeración necesarias para producir electricidad. No se trata de una avería en los reactores ni de un accidente radiológico: el problema está unos metros más abajo, en la orilla, donde el agua ya no alcanza con suficiente altura las tomas de la instalación.

A las 18:00 del domingo 2 de agosto, el medidor oficial de Paks marcaba −134 centímetros, precisamente el umbral que obliga a desconectar el último generador. La central apenas conservaba 240 megavatios de producción, poco más del 10% de sus aproximadamente 2.000 megavatios habituales. El apagado total podía producirse, por tanto, en cualquier momento; el lunes, según el Gobierno, Paks ya no generará electricidad.

El Danubio entra en territorio desconocido

La bajada del río no es una oscilación veraniega corriente. El 27 de julio, el nivel registrado en Paks rompió el mínimo histórico y obligó a reducir en 254 megavatios la potencia del reactor número 1. Dos días después, con el Danubio situado en −118 centímetros, comenzó la parada del bloque 3. Las turbinas restantes fueron desconectándose de forma escalonada hasta dejar la planta funcionando casi al ralentí.

La previsión hidrológica tampoco ofrece un alivio inmediato. El nivel podía bajar hasta unos −139 centímetros entre el 6 y el 7 de agosto, aunque con un margen creciente de incertidumbre. Es decir: el río no solo ha tocado el suelo estadístico, sino que todavía busca un sótano. En Austria, aguas arriba, también se esperaba una lenta reducción del caudal, sin una crecida capaz de rescatar a Paks en cuestión de horas.

El signo negativo de la medición puede resultar desconcertante. No significa que el Danubio tenga menos agua que cero ni que su lecho esté seco. El cero de cada estación es una referencia artificial, fijada históricamente para comparar niveles. Con el paso de las décadas, el cauce ha cambiado y se ha profundizado, por lo que los medidores fueron ampliados hacia valores negativos para conservar la continuidad de las series.

Hay agua, pero las bombas no consiguen alcanzarla

La paradoja técnica es notable: el Danubio todavía transporta suficiente agua para refrigerar los reactores, pero la superficie del río está demasiado baja respecto a las bocas de aspiración. A las 18:00, el caudal en Paks rondaba los 734 metros cúbicos por segundo. Cantidad hay. Lo que falta es altura hidráulica para que las bombas trabajen dentro de sus márgenes seguros.

Cuando los cuatro bloques funcionan, la central utiliza aproximadamente 100 metros cúbicos de agua por segundo para refrigerar los condensadores. Paks transforma unos 6.000 megavatios térmicos en cerca de 2.000 megavatios eléctricos; los otros 4.000 se convierten en calor que debe evacuarse. La física, poco impresionable ante discursos y ruedas de prensa, exige que ese calor salga por algún sitio.

El descenso también reduce el margen operativo de los sistemas de filtrado y aspiración. Las turbinas se han ido apagando precisamente para disminuir el efecto de succión y conservar durante más tiempo las unidades que todavía podían trabajar. Es una retirada ordenada, no una fuga: menos bombas en marcha, menor demanda de agua y algo más de oxígeno técnico para preparar la parada definitiva.

La refrigeración continuará después del apagado. Incluso detenidos, los reactores conservan calor residual y deben seguir enfriándose. La diferencia es enorme: los cuatro bloques apagados requieren como máximo unos 2,5 metros cúbicos de agua por segundo, frente a los 100 necesarios durante el funcionamiento normal.

Las autoridades húngaras han desplegado bombas flotantes, grúas y equipos hidrológicos junto a la central. Alrededor de medio centenar de especialistas trabajará con el personal de Paks para garantizar el suministro de refrigeración durante la parada. El operador sostiene que la seguridad de la instalación está garantizada y que existen procedimientos específicos para esta clase de situación extrema.

Por qué Péter Magyar habla de cinco días críticos

El primer ministro, Péter Magyar, ha advertido de que Hungría entra en sus cinco días más críticos porque la desaparición temporal de Paks coincide con una nueva ola de calor. Las temperaturas pueden acercarse a los 40 grados, justo cuando el consumo eléctrico aumenta por el uso de aire acondicionado, refrigeración industrial y servicios públicos. Una combinación bastante poco elegante: menos generación disponible cuando más electricidad reclama el país.

Paks aporta habitualmente cerca de la mitad de la producción eléctrica húngara. Su salida completa elimina unos 2.000 megavatios de capacidad estable, disponible día y noche, con independencia de que haya sol o viento. La red puede seguir funcionando mediante otras centrales, importaciones y reducción de la demanda, pero el margen de seguridad se estrecha. Mucho.

Magyar ha pedido a empresas, administraciones, comercios y hogares que reduzcan o desplacen el consumo eléctrico entre las 17:00 y las 22:00, el periodo más delicado. El Gobierno estudiaba también restricciones obligatorias para grandes consumidores. No se ha anunciado un apagón general para los hogares, y el sistema eléctrico seguía estable el domingo, aunque sometido a una vigilancia extraordinaria.

El sábado, el consumo real quedó unos 500 megavatios por debajo de lo previsto por el operador del sistema. Ese ahorro equivale aproximadamente a la producción perdida por uno de los bloques de Paks. Una cifra útil, aunque no conviene convertirla en milagro nacional: cuatro reactores pesan bastante más que unas cuantas fachadas sin iluminación ornamental.

El regreso de una central de gas solo cubre una parte

Hungría ha recuperado a tiempo el bloque G3 de la central de gas de Dunamenti, en Százhalombatta, que volvió a operar a plena capacidad el 1 de agosto tras una revisión técnica y un periodo de pruebas. Su regreso añade unos 380 megavatios a la red, una ayuda valiosa, pero insuficiente para sustituir los aproximadamente 2.000 megavatios de Paks.

La diferencia tendrá que cubrirse con otras plantas térmicas, generación solar, ahorro e importaciones. Estas últimas pueden salir caras porque varios países de Europa central atraviesan a la vez sequía, altas temperaturas y tensiones energéticas. Cuando todos llaman a la misma puerta para comprar electricidad, el mercado pierde de repente su proverbial generosidad.

La factura extraordinaria podría situarse entre 100.000 y 200.000 millones de florines, aproximadamente entre 315 y 630 millones de dólares, debido al aumento del precio de la energía importada. Es una estimación política, no un balance definitivo, pero refleja el tamaño del golpe si la central permanece detenida durante semanas.

Una central diseñada para un río que ya no existe

Paks comenzó a operar hace 44 años y sus cuatro reactores fueron construidos con tecnología soviética. Sus diseñadores contemplaron sequías severas, pero no una caída semejante: el nivel actual está más de un metro por debajo del mínimo centenario empleado originalmente en los cálculos de la instalación. El Danubio de los planos y el Danubio de 2026 ya no son exactamente el mismo río.

El propio operador vincula la situación a dos procesos acumulativos. Por un lado, el hundimiento del cauce, favorecido por la falta de sedimentos procedentes de los tramos superiores, las presas y antiguas operaciones de dragado. Por otro, el cambio climático, que intensifica las sequías, altera las precipitaciones y convierte los extremos antes excepcionales en visitantes cada vez menos exóticos.

MVM trabaja en modificaciones para colocar las tomas de agua a mayor profundidad. La adaptación, sin embargo, no estará lista de inmediato. Durante los próximos años, Paks seguirá expuesta a episodios similares si el Danubio vuelve a caer hasta niveles que hace poco parecían propios de una simulación pesimista.

La crisis también golpea a la navegación, el turismo fluvial, la agricultura y el abastecimiento urbano. Más de un centenar de localidades húngaras han aplicado restricciones de agua, mientras bancos de arena, restos de antiguas infraestructuras y zonas normalmente sumergidas han quedado al descubierto. El paisaje parece arqueología acelerada: el río se retira y enseña todo lo que la normalidad mantenía oculto.

Paks se detiene, pero la crisis seguirá río arriba

El apagado total de la central será temporal y controlado. No existe una amenaza radiológica inmediata ni una pérdida de refrigeración de los reactores. El verdadero riesgo es energético y económico: mantener estable la red durante los días de mayor calor, sustituir una fuente que aporta casi la mitad de la electricidad nacional y evitar que el aumento de las importaciones dispare los costes.

La vuelta de Paks dependerá del nivel del Danubio, no de una fecha política. Reiniciar un reactor tampoco consiste en pulsar un interruptor; requiere comprobaciones, autorizaciones y una recuperación gradual de la potencia. Si el río continúa bajando y las lluvias importantes no llegan a la cuenca, la parada podría prolongarse durante semanas.

Hungría ha descubierto así una vulnerabilidad elemental: una potencia nuclear puede ser gigantesca, sofisticada y estratégica, pero sigue dependiendo de que un río pase por el lugar adecuado y a la altura correcta. El Danubio, mientras tanto, continúa descendiendo centímetro a centímetro. Sin estrépito. Esa es, quizá, la parte más inquietante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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