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Drama en Marruecos, colapsan dos edificios en Fez: qué pasó

La tragedia ya está escrita en números y en nombres propios. Al menos 22 personas han muerto y 16 han resultado heridas tras el colapso de dos edificios residenciales de cuatro plantas en Fez, la noche del martes 9 al miércoles 10 de diciembre de 2025, alrededor de las 23.20 (hora local).

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colapsan dos edificios en Fez

Foto de Michal Osmenda, CC BY-SA 2.0.

Fez, Marruecos: dos edificios colapsan y dejan 22 muertos y 16 heridos. Historia de la noche del derrumbe, causas probables e investigación.

La tragedia ya está escrita en números y en nombres propios. Al menos 22 personas han muerto y 16 han resultado heridas tras el colapso de dos edificios residenciales de cuatro plantas en Fez, la noche del martes 9 al miércoles 10 de diciembre de 2025, alrededor de las 23.20 (hora local). Ocurrió en Al Mostaqbal, barrio del distrito de Al Massira, zona de Bensouda, un área popular donde conviven promociones de realojo y viviendas levantadas en los años 2000. Uno de los inmuebles estaba desocupado; el otro alojaba a ocho familias y, en el momento del desplome, celebraba una “aqiqah”, ritual por el nacimiento de un bebé. Los servicios de emergencia acordonaron la manzana y evacuaron los bloques colindantes por riesgo de inestabilidad.

La Fiscalía ha abierto diligencias y la Policía Judicial trabaja bajo su supervisión para determinar responsabilidades. El balance de víctimas, que arrancó con 19 fallecidos, se elevó a 22 conforme avanzó la retirada de escombros. La mayoría de heridos fue trasladada al Centro Hospitalario Universitario Hassan II de Fez (CHU Hassan II), con politraumatismos, contusiones severas y heridas por aplastamiento. La escena, repetida en demasiadas ciudades cuando falla la estructura, se resume sola: cascos, retroexcavadoras, perros de rastreo, vecinos atónitos, calles cortadas y familias que de pronto se quedan sin casa, sin papeles, sin nada.

La noche del derrumbe en Al Mostaqbal

Los relatos coinciden en lo esencial: un colapso súbito que empieza en uno de los edificios y arrastra al contiguo en cuestión de segundos. Varios testigos habían observado grietas previas y pequeños desprendimientos en la fachada; también se hablaba de ampliaciones con el paso de los años. Nada de eso explica por sí solo una catástrofe, pero ayuda a entender la fragilidad de un conjunto que, a esa hora, tenía dentro a decenas de personas. En el inmueble ocupado se desarrollaba una fiesta familiar —la aqiqah—, con niños, mujeres y mayores, cuando se sintió un crujido seco y, enseguida, la nube de polvo.

El perímetro quedó sellado en minutos. La Protección Civil, los bomberos y la Gendarmería Real se desplegaron por capas. Primero, cortar el gas y la electricidad. Segundo, abrir corredores seguros entre cascotes, retirar daños colgantes y asegurar medianeras. Tercero, búsqueda y rescate. La evacuación preventiva de portales cercanos fue inmediata; a algunos vecinos se les permitió volver a por medicinas y documentación, escoltados y con tiempo contado.

En Bensouda se vivió una madrugada larga. A pocos metros de la montaña de hormigón, madres, hermanos y amigos aguardaron noticias con la ansiedad perforando el aire. En paralelo, el operativo sanitario montó un triaje de campaña para derivar a los heridos al CHU Hassan II, referencia en la región. Varias ambulancias hicieron viajes en cadena hasta el amanecer.

Balance humano: víctimas, heridos y familias

El balance actualizado se fija en 22 fallecidos y 16 heridos. Entre las víctimas hay mujeres y menores. Al menos ocho familias residían en el edificio ocupado; el otro bloque estaba vacío, algo que, paradójicamente, no evitó que actuara como masa que aplasta al contiguo al venirse abajo. La identificación forense se organizó durante la mañana del miércoles, con unidades especializadas y apoyo psicológico a parientes en un espacio habilitado por las autoridades locales. El entierro de varias víctimas se programó siguiendo el rito islámico, tras los reconocimientos de rigor.

La situación de los heridos es dispar. Un grupo permanece ingresado con fracturas múltiples y contusiones torácicas, alguno en cuidados intensivos; otros fueron dados de alta a lo largo del día con heridas menos graves y cuadros de inhalación de polvo. El Ministerio Público ordenó preservar la cadena de custodia de restos y materiales recuperados, clave para reconstruir la secuencia del desplome. El vecindario quedó desalojado en un radio prudente; la vuelta —o no— dependerá de lo que digan los técnicos tras inspeccionar forjados, pilares y medianeras de los inmuebles contiguos.

El dolor es inmediato, pero la asistencia también: camas de emergencia en pabellones municipales, reparto de mantas y agua, y un primer paquete de ayudas de emergencia para alojamiento temporal. En estas situaciones, no todo son cifras. Hay pequeñas historias: quien perdió la herramienta de trabajo en un bajo; la mujer mayor a la que un marcapasos obliga a un seguimiento más cercano; el recién nacido cuya celebración se transformó en duelo y que necesitará cartilla sanitaria nueva porque la anterior se quedó bajo una losa.

Qué pudo fallar: licencias, estructuras y sobrecargas

Las primeras hipótesis apuntan a una combinación de sobrealturas no autorizadas, degradación por el paso del tiempo y alteraciones internas. Los dos bloques se construyeron en 2006 con licencia para menos alturas de las que finalmente presentaban. Esa práctica —elevar de dos a cuatro plantas— no es un secreto en barrios donde la demanda de vivienda aprieta. Cargar más peso sobre cimentaciones y pilares dimensionados para menos niveles dispara el riesgo si, además, se rematan con materiales de menor calidad o sin un control técnico riguroso.

Testimonios de vecinos y fotografías previas muestran fisuras verticales y lesiones en encuentros de forjado con fachada, señales que, en ingeniería forense, suelen indicar pérdida de sección resistente en pilares o asientos diferenciales en el terreno. Cuando un elemento crítico se agota, el fallo puede ser progresivo —avisa— o súbito —no da margen—. Aquí la secuencia sugiere un colapso primario en uno de los inmuebles y un arrastre casi instantáneo del otro, con la medianera como vía de transmisión de esfuerzos que ya no podían sostenerse.

Las intervenciones interiores —cerramientos de terrazas, tabiques añadidos, particiones para ganar habitaciones— alteran el reparto de cargas y, a veces, debilitan diafragmas que ayudan a que el edificio “trabaje” como un conjunto. A eso se suma la humedad: una impermeabilización deficiente permite la entrada de agua que corroe armaduras y degrada el hormigón con el tiempo. Nada de esto es exótico; es la vida diaria de muchos bloques populares. La respuesta penal y administrativa dirá si hubo tolerancia de más o negligencia directa.

La hipótesis del efecto dominó entre medianeras

Si dos edificios adosados caen casi al unísono, la explicación técnica más verosímil es un efecto dominó. El colapso vertical del primero —por fallo en un pilar, por ejemplo— provoca una tracción y un empuje lateral capaces de descohesionar la medianera compartida, arrancar nudos de forjado y desencadenar el derrumbe del segundo. El patrón del escombro observado —lajas de forjados apiladas, muros cortados, vigas retorcidas— encaja con esa mecánica. La pericia estructural cotejará planos, memoria de cálculo y lo ejecutado realmente, y pesará cuánto hay de proyecto, cuánto de reforma y cuánto de deterioro acumulado.

Papeles, barrio y contexto: del plan “Ciudad sin chabolas” a 2025

La historia administrativa de estos bloques arranca en 2006, dentro del programa nacional “Ciudad sin chabolas” (Villes sans bidonvilles). Varios duares, entre ellos Ain Esmen, fueron relocalizados en nuevas tramas urbanas como Al Massira. Una parte se levantó mediante autoconstrucción y cooperativas con supervisión limitada. En papel, había estándares mínimos; en la vida real, con el paso de los años, aparecieron ampliaciones y anexos que modificaron lo que un técnico aprobó en su día.

Al Mostaqbal es un barrio denso, de calles estrechas y edificación en manzana cerrada, con locales en planta baja y viviendas apiladas. El control urbanístico en áreas de este tipo es complejo: hay economías ajustadas, obras hechas por oficios de proximidad, inspecciones que no siempre llegan y una realidad física que a veces corre por delante de los expedientes. Desde 2023, Marruecos viene haciendo censos de inmuebles en riesgo en varias ciudades históricas. Las cifras, no oficiales, hablan de miles de edificios a revisar con lupa.

El debate técnico e institucional se topa con otro no menos importante: mantenimiento. En comunidades con ingresos bajos, la cuota para reparar cubiertas, bajantes, impermeabilizaciones o refuerzos estructurales compite con la cesta de la compra. Sin un programa público que cofinancie intervenciones críticas, la prevención se dilata y los pequeños avisos se acumulan. Las grietas rara vez son sólo “estéticas” en entornos donde una planta extra puede haber dejado los pilares al límite.

Rescate, investigación y actores institucionales

El dispositivo de rescate funcionó en tres capas: aseguramiento, búsqueda y retirada. Primero, bomberos y equipos de Protección Civil despejaron accesos y apuntalaron puntos sensibles; técnicos municipales y regionales delimitaron el radio de peligro. Después llegó la búsqueda con unidades caninas y maquinaria pesada cuando ya no quedaban señales de vida bajo los escombros. Paralelamente, sanitarios del SAMU marroquí y del CHU Hassan II recibieron y clasificaron a los heridos. Al cerrar la tarde del miércoles, las autoridades comunicaron el balance final y la zona quedó bajo custodia de la Policía Judicial.

En el plano institucional, la Fiscalía del Tribunal de Primera Instancia de Fez anunció investigación para depurar responsabilidades penales y administrativas. La Wilaya de Fès-Meknès, encabezada por el wali Khalid Ait Taleb, mantuvo la coordinación territorial con el ayuntamiento y los servicios de emergencia. El organismo nacional de derechos humanos, CNDH, expresó su preocupación y pidió garantizar el derecho a una vivienda segura, un mensaje que conecta con el debate abierto hace meses sobre edificios vulnerables en varias ciudades.

El sumario afronta preguntas duras: ¿quién autorizó lo que hay construido? ¿Qué inspector vio qué y cuándo? ¿Qué obras se ejecutaron sin permiso? Los peritajes revisarán el hierro y el hormigón, recogerán testimonios y cruzarán documentación de Urbanismo. Si se acreditan sobrealzas sin licencia o defectos de ejecución graves, se abrirá el abanico de responsabilidades: desde propietarios hasta técnicos o autoridades que hubieran podido tolerar irregularidades.

Fez, bajo presión: antecedentes recientes y alertas

Este no es un caso aislado en el calendario de la ciudad. En mayo de 2025 ya se registró un colapso mortal en Fez —con varias víctimas— que activó inspecciones en inmuebles vulnerables y promesas de refuerzo. Los expertos vuelven a señalar patrones que se repiten: edificios antiguos junto a bloques recientes en barrios populares, densificación apresurada, mantenimiento limitado y ampliaciones no supervisadas.

El contexto añade presión. Fez es sede de partidos del torneo continental de selecciones y forma parte de la candidatura marroquí al Mundial de 2030. Es un escaparate. Más allá de la foto, la seguridad del parque residencial en barrios como Al Massira será examinada con lupa por autoridades nacionales e internacionales. El reto no es sólo demoler lo irrecuperable, sino intervenir lo recuperable con criterio técnico y presupuesto.

A la vista de lo ocurrido, cobra fuerza el enfoque preventivo. Un catastro vivo de edificios —con semáforos por riesgo—, inspecciones periódicas con metodología homogénea, órdenes de reparación con plazos, seguimiento y, si no hay remedio, desalojo y demolición controlada. La transparencia es clave: que los listados de fincas aparecidas como vulnerables sean públicos y que los vecinos sepan por qué un portal pasa de ámbar a rojo. La cofinanciación de refuerzos estructurales —desde apuntalamientos a sustitución de elementos críticos— debería formar parte de un programa de choque. Funciona en ciudades que han reducido su siniestralidad.

También hay lecciones urbanísticas: recuperar espacios entre edificios, respetar juntas de dilatación, asegurar que los nuevos forjados no se “cosen” de forma irregular a medianeras ajenas, y limitar con decisión las sobreplantas. En calles estrechas, donde la ventilación y la iluminación ya son pobres, añadir masa sin cálculo fino castiga la estructura y, a la larga, la convivencia.

Fez ante el espejo: lecciones inmediatas y próximos pasos

En Al Mostaqbal ya no quedan sirenas. Queda el vacío físico de dos solares que fueron casas y hoy son historia triste, y queda la obligación de dar respuestas. Las primeras son judiciales: peritajes serios, atribución de responsabilidades y reparación a víctimas y supervivientes. Las segundas, técnicas y presupuestarias: convertir los censos de riesgo en contratos de obra con fechas, destinatarios y seguimiento. Las terceras, sociales: realojos dignos, acompañamiento psicológico, apoyo para recomponer vidas rotas de un día para otro.

Hay datos inapelables que conviene subrayar, sin retórica: 22 muertos, 16 heridos, dos edificios caídos en Fez en 2025, levantados en 2006 y, según los expedientes, con alturas por encima de lo permitido. Hubo alertas (grietas, quejas), hubo ampliaciones que cambiaron lo que un ingeniero calculó, y hubo una medianera que no resistió el empujón final. También hubo rescate, profesionales que se jugaron el tipo, vecinos que compartieron agua y mantas, y una ciudad que volvió a entender —de la forma más dura— que la seguridad estructural no es un lujo burocrático, sino vida.

A partir de aquí, la agenda es clara. Fez debe auditar sin excusas su parque residencial vulnerable, sancionar lo que haya que sancionar y ayudar donde haga falta ayuda, antes de la próxima grieta que no perdone. Y Marruecos tiene frente a sí el desafío de consolidar lo mejor de su renovación urbana con un control de calidad que llegue hasta el último portal. Que la aqiqah de aquella noche —fiesta de vida— no quede para siempre vinculada al recuerdo de un desplome evitable. Que de esta tragedia salgan obras, normas aplicadas y conciencia. Esa es, al final, la única respuesta útil tras el polvo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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