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Historia

¿Quién fue Carlos Telmo, histórico de la Expo 92 fallecido en Sevilla?

Muere Carlos Telmo a los 75 años, histórico de la Expo 92 y figura de Sevilla, tras décadas entre protocolo, comunicación y la alta sociedad.

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Muere Carlos Telmo

Foto: Instagram

Carlos Telmo ha muerto a los 75 años, pocos días después de celebrar su cumpleaños el 2 de agosto. El histórico profesional de las relaciones públicas y el protocolo, nacido en Ronda en 1951 y estrechamente ligado a Sevilla, deja una trayectoria que atravesó algunos de los grandes escenarios sociales de las últimas décadas: la Expo 92, la Casa de Alba, Isla Mágica y, casi veinte años después, la Exposición Universal de Shanghái.

Su nombre quizá no fuera tan reconocible fuera de Andalucía como el de muchos de los personajes con los que trabajó, pero detrás de algunas fotografías que forman parte de la memoria reciente española estaba él: preparando una visita, resolviendo un problema de protocolo o intentando que aquello que parecía espontáneo saliera, en realidad, perfectamente medido. Telmo pertenecía a esa clase de profesionales cuyo trabajo funcionaba mejor cuanto menos se notaba.

Muere Carlos Telmo pocos días después de cumplir 75 años

La noticia de su fallecimiento se conoció este 10 de agosto de 2026 en Sevilla. Telmo acababa de cumplir 75 años. Durante sus últimos meses había hablado públicamente del tratamiento de su enfermedad con el humor y la naturalidad que acostumbraba, aunque las informaciones difundidas tras su muerte no han concretado una causa médica específica.

Sus restos serán despedidos y enterrados en Ronda, la ciudad malagueña donde nació y a la que continuó unido pese a que Sevilla terminó convirtiéndose en el principal escenario de su vida profesional y cotidiana. El alcalde sevillano, José Luis Sanz, lo ha recordado tras conocerse su muerte como un extraordinario vecino de San Lorenzo y un embajador de Sevilla.

Y lo de embajador, esta vez, tiene bastante menos de fórmula funeraria de lo habitual. Carlos Telmo hizo precisamente eso durante décadas: recibir, acompañar y conectar personas, mundos que podían estar separados por un océano o simplemente por dos mesas en una recepción.

La Expo 92 convirtió a Carlos Telmo en una figura de Sevilla

Una parte esencial de su biografía está ligada a la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Telmo fue director de Relaciones Externas de Sogexpo y responsable de las visitas VIP, un puesto desde el que participó directamente en uno de los acontecimientos que cambiaron la imagen contemporánea de Sevilla. Años después recordaba aquella experiencia como una mezcla de alegrías, nervios y jornadas difíciles de olvidar.

No era únicamente cuestión de colocar correctamente a las autoridades. Por sus manos pasaban la recepción de invitados y numerosas visitas relevantes a un recinto por el que desfilaron dirigentes políticos, aristócratas, artistas y personalidades internacionales.

De Montreal a la Cartuja

El camino hasta allí tampoco había sido precisamente recto. Antes de incorporarse a la Expo, Carlos Telmo había vivido en Montreal, donde estudió y trabajó, entre otros empleos, en una floristería. A su regreso pasó por el Marbella Club antes de terminar incorporándose al proyecto sevillano.

En la Expo se ocupó de preparar y formar a azafatos y azafatas y de gestionar visitas VIP. Él mismo recordaría años después episodios tan peculiares como recibir allí el primer teléfono móvil de su vida o encontrarse entre los visitantes habituales con Cayetana de Alba, con quien mantendría después una larga relación de confianza.

La Expo cerró sus puertas en octubre de 1992, pero Telmo no desapareció de la Cartuja. Más tarde regresaría al entorno como responsable de comunicación de Isla Mágica, prolongando su relación profesional con uno de los espacios que habían marcado su carrera.

De la Casa de Alba a las grandes bodas de la prensa social

Su agenda fue extraordinaria, aunque quedarse únicamente con los famosos sería contar la mitad de la historia. Carlos Telmo conoció y trató a nombres como Lola Flores, Sara Montiel, María Jiménez o Jacqueline Kennedy, además de mantener una estrecha relación con Cayetana de Alba y con la familia Ordóñez.

Uno de los episodios que mejor explica el peso que alcanzó en aquel mundo fue la boda de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera Ordóñez, celebrada en 1998. Telmo ejerció como portavoz de la Casa de Alba y participó en la compleja gestión mediática de un enlace convertido en acontecimiento nacional. También estuvo relacionado profesionalmente con otras bodas de enorme repercusión social y organizó los dos enlaces de Francisco Rivera Ordóñez.

Había aprendido algo que suele olvidarse cuando se habla de protocolo: colocar una tarjeta con un nombre sobre una mesa es fácil; saber quién puede sentarse junto a quién, quién necesita atención y cuándo conviene desaparecer discretamente es otra cosa.

Telmo conocía ese lenguaje.

El profesional que desconfiaba de la palabra «evento»

Resulta bastante apropiado que uno de los grandes hombres del llamado mundo de los eventos tuviera cierta alergia precisamente a esa palabra. Prefería hablar de actos, presentaciones o enlaces. Detrás había una idea sencilla: para él, las relaciones públicas eran relaciones entre personas, no una sucesión de photocalls, acreditaciones y sonrisas programadas.

Su personalidad tampoco encajaba demasiado bien en una tarjeta de visita. Fue relaciones públicas, responsable de protocolo, empresario, decorador, colaborador de radio y televisión e incluso actor ocasional. Se desplazaba habitualmente por Sevilla en Vespa, hablaba francés y había construido alrededor de sí mismo un personaje reconocible, pero sin convertirse del todo en una caricatura.

Shanghái, el segundo gran capítulo internacional

Casi dos décadas después de la Expo 92 llegó otra exposición universal. En 2010 Carlos Telmo viajó a China para ejercer como director de Protocolo del Pabellón de España en la Expo de Shanghái. Llegó allí el 14 de abril de aquel año, en un momento personal complicado, y la experiencia terminó abriendo una nueva etapa de su vida.

Shanghái dejó bastante más que una línea vistosa en el currículo. Allí conoció a Ben, a quien con el tiempo llamaría cariñosamente su «medio hijo chino». Tras su regreso a Sevilla creó El Chino de Telmo, un establecimiento de la calle Regina donde mezcló objetos decorativos, moda, bisutería y recuerdos traídos de Asia.

Era bastante Telmo aquello de regresar de una exposición universal y terminar abriendo una tienda singular en Sevilla. Una carrera convencional, desde luego, nunca fue.

San Lorenzo y una forma muy sevillana de estar en el mundo

Al margen de los grandes nombres, Carlos Telmo terminó formando parte del paisaje cotidiano del barrio de San Lorenzo. Era habitual en establecimientos de la zona y consideraba Eslava prácticamente la cocina de su casa. También utilizó sus redes sociales para defender los árboles de la plaza de San Lorenzo cuando parte de ellos fueron retirados durante su remodelación.

Ese contraste explica quizá mejor su figura que cualquier currículum: podía pasar de una recepción internacional a preocuparse por un árbol de su plaza. Del protocolo de una exposición universal al mostrador de un bar. De una duquesa a un vecino.

Durante la pandemia popularizó en redes una de aquellas frases suyas que convertían rápidamente una situación cotidiana en pequeño espectáculo: «Yo estoy pasando mucho». Más tarde hizo de «Telmo te tienta» otra especie de firma personal. Incluso mientras afrontaba su enfermedad mantuvo esa mezcla de conversación pública, ironía y exposición de la propia vida.

Sevilla pierde a uno de sus grandes relaciones públicas

La muerte de Carlos Telmo deja a Sevilla sin uno de los profesionales que estuvieron dentro —no mirando desde la barrera— de una etapa especialmente intensa de su transformación social. La Expo 92 fue el gran escaparate, pero después llegaron la televisión, la moda, la hostelería, Isla Mágica, las bodas mediáticas, Shanghái y esa interminable red de amistades que convirtió prácticamente en una profesión.

También queda algo difícil de poner en un currículum. Telmo perteneció a un tipo de relaciones públicas anterior a las métricas, los seguidores y la obsesión por convertir cualquier reunión de cuatro personas y dos copas en una experiencia de marca. Recordaba nombres, conocía códigos y sabía moverse entre ambientes muy distintos sin dejar de ser reconociblemente él.

A los 75 años, recién cumplidos, Carlos Telmo deja una biografía que empieza en Ronda, se dispara con la Expo 92 y acaba mezclándose con la propia memoria social de Sevilla. Un hombre acostumbrado a recibir a los demás que, durante décadas, estuvo discretamente detrás de la puerta cuando llegaban algunos de los invitados más célebres del país.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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