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¿Era de Endesa el cable señalado en el incendio de Los Gallardos?

Endesa niega que el cable señalado en el incendio de Los Gallardos fuera suyo: estaba sin tensión y daba servicio a un restaurante ya cerrado

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cable electrico entre arboles

Resumen

  • Endesa niega que el cable investigado fuera suyo o tuviera tensión
  • La línea privada abastecía una vivienda y un restaurante abandonados
  • La Guardia Civil mantiene abierta la investigación sobre el origen del fuego

El cable eléctrico señalado como posible desencadenante del incendio forestal de Los Gallardos, en Almería, no pertenecía a Endesa ni formaba parte de su red de distribución, según la inspección realizada por técnicos de la compañía. La empresa sostiene, además, que el tendido estaba sin tensión y fuera de servicio.

La instalación era privada y había suministrado electricidad a una vivienda y un restaurante abandonados. Ese dato cambia el foco de la investigación, pero no permite cerrar el caso: la Guardia Civil sigue analizando si la caída del cable pudo iniciar el fuego y en qué condiciones se encontraba exactamente cuando comenzaron las llamas.

Las etiquetas corrieron más que los peritos. Primero se habló de un cable, después de Endesa y, casi sin respirar, de responsabilidades. La realidad, como suele ocurrir cuando hay humo de verdad y no de tertulia, resulta bastante menos dócil.

Endesa aparta su red de la hipótesis

Endesa envió técnicos durante la madrugada para revisar el lugar donde habría comenzado el incendio. Tras esa inspección, la compañía comunicó que el elemento investigado no era una instalación suya ni pertenecía a la infraestructura utilizada para distribuir electricidad en la zona.

Los operarios tampoco detectaron tensión en el cableado. Según la versión de la eléctrica, se trataba de una antigua derivación privada que daba servicio a dos inmuebles ya abandonados: una casa y un restaurante. Endesa niega así tanto la propiedad de la línea como su funcionamiento en el momento en que fue examinada.

Red Eléctrica también rechazó que la infraestructura formara parte de su red de transporte. Conviene distinguir ambas compañías: Red Eléctrica gestiona las grandes líneas que transportan energía a larga distancia, mientras que Endesa opera buena parte de la distribución eléctrica local. En este caso, ninguna de las dos reconoce el tendido como propio.

Qué investiga la Guardia Civil

La Guardia Civil mantiene como una de las principales hipótesis la caída de un cable eléctrico. El incendio comenzó el jueves 9 de julio en una cuneta del término municipal de Los Gallardos y avanzó después hacia Bédar, empujado por un viento intenso y por una vegetación castigada tras varios episodios de calor.

La Junta de Andalucía también señaló el tendido como posible punto de ignición. El presidente autonómico, Juanma Moreno, anunció que se exigirían responsabilidades a los encargados del mantenimiento en caso de demostrarse que el fuego comenzó por el desplome de la infraestructura. Una cosa es la hipótesis inicial, otra la atribución jurídica. Entre ambas queda el trabajo menos vistoso: informes técnicos, registros eléctricos, restos quemados, fotografías y testimonios.

Los investigadores deberán reconstruir qué cayó, cuándo cayó y por qué cayó. También tendrán que comprobar si el cable estaba realmente desconectado antes del incendio o si la ausencia de tensión detectada después fue consecuencia del propio siniestro, de una desconexión preventiva o de su abandono previo.

Un cable sin tensión no resuelve por sí solo el origen

Un conductor que no recibe electricidad no puede generar por sí mismo un arco eléctrico, es decir, una descarga capaz de producir chispas y temperaturas muy altas. Pero comprobar que un cable carece de tensión horas después del comienzo del fuego no demuestra automáticamente cuál era su situación en el instante exacto de la ignición.

Esa diferencia temporal será crucial. La inspección de Endesa aporta un dato relevante y permite excluir, según la compañía, su red de distribución. No sustituye la investigación pericial, que tendrá que estudiar posibles marcas de arco, roturas, contactos entre conductores, daños anteriores y cualquier otra fuente de calor existente en la cuneta.

También cabe una posibilidad más sencilla: que el cable caído haya sido visto en la zona inicial y asociado al incendio sin que finalmente resulte ser la causa. En las primeras horas de una catástrofe, lo visible suele convertirse en culpable provisional. A veces acierta. A veces solo estaba allí.

El tendido privado y los edificios abandonados

La línea investigada había abastecido una vivienda y un restaurante actualmente abandonados, de acuerdo con la información facilitada por Endesa. No consta todavía quién era su propietario, cuándo dejó de utilizarse ni bajo qué condiciones quedó desconectada. Esas cuestiones, pequeñas sobre el papel, pueden terminar decidiendo buena parte del expediente.

Una instalación privada no pasa a ser propiedad de una distribuidora por el mero hecho de transportar electricidad. El límite entre la red de la compañía y la instalación particular depende del punto de conexión, los contratos y la configuración técnica. Dicho sin jerga: que parezca un cable de la luz no significa que sea de Endesa.

El abandono de los inmuebles abre otra línea delicada. Una infraestructura puede estar fuera de servicio y seguir en pie durante años, expuesta al viento, la corrosión y el desgaste. Determinar quién debía conservarla, retirarla o comprobar su seguridad exigirá identificar al titular de los terrenos y de la instalación, así como revisar posibles permisos y actuaciones anteriores.

La pregunta incómoda: quién debía vigilarlo

Si los peritos confirman que la caída del tendido inició el incendio, la responsabilidad no dependerá únicamente de si circulaba electricidad. También importará conocer el estado de los soportes, el mantenimiento realizado y si existía un riesgo previsible de desprendimiento.

El hecho de que la línea estuviera en desuso no la vuelve invisible. Un poste deteriorado o un cable suelto siguen siendo objetos físicos, con peso, tensión mecánica y capacidad para caer sobre una carretera o una masa vegetal. La burocracia puede declarar muerta una instalación; el hierro, mientras tanto, permanece bajo el sol.

Nada permite atribuir por ahora una negligencia concreta. La propiedad y el mantenimiento deberán probarse, no suponerse a partir de un logotipo conocido. Endesa ha apartado su red del escenario. Falta averiguar quién ocupaba realmente ese espacio.

Viento, monte seco y una evacuación mortal

El posible punto de ignición explica el comienzo, pero no la dimensión de la tragedia. El incendio se declaró en una jornada de peligro extremo, con temperaturas elevadas, baja humedad y viento fuerte. El terreno, lleno de barrancos y viviendas dispersas, dificultó el acceso de los equipos de extinción y aceleró la propagación.

Durante el viernes, el balance oficial situó en al menos 11 las personas fallecidas, mientras se estudiaba la posible confirmación de una duodécima víctima. Otras 19 figuraban sin localizar y miles de hectáreas habían quedado dentro del perímetro afectado. Las cifras fueron variando a medida que avanzaban las búsquedas y la identificación de los cuerpos.

Varias víctimas fueron alcanzadas cuando trataban de escapar por rutas distintas de las indicadas para la evacuación. Algunas aparecieron dentro de vehículos. El fuego convirtió caminos y ramblas en embudos mortales, una trampa alimentada por el viento y por una orografía donde una curva puede ocultar una pared de humo hasta que ya está encima.

Más de 200 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias se incorporaron al operativo junto al Infoca, bomberos, Guardia Civil y medios aéreos. La prioridad quedó repartida entre proteger los núcleos habitados, contener los frentes activos y localizar a quienes seguían desaparecidos.

La investigación tiene la última palabra

La información disponible permite afirmar algo concreto: Endesa niega que el cable investigado fuera suyo y asegura que estaba sin tensión. También permite afirmar que la Guardia Civil mantiene la caída de un tendido entre las hipótesis sobre el inicio del incendio.

Lo que todavía no puede sostenerse es que ese cable causara definitivamente el fuego, que estuviera energizado en el momento de caer o que una empresa determinada incumpliera sus obligaciones. El origen técnico, la propiedad y las responsabilidades son piezas diferentes. Encajarán —o no— cuando terminen las periciales.

En Los Gallardos queda, por ahora, una paradoja amarga: un tendido que nadie reconoce como propio, destinado a edificios abandonados y aparentemente sin electricidad, ocupa el centro de la investigación sobre uno de los incendios más mortales vividos en Andalucía. La chispa aún no tiene dueño. La tragedia, por desgracia, sí tiene nombres.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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