Historia
¿Por qué Blas Infante vuelve al debate en Andalucía 90 años después?
Blas Infante vuelve al centro del debate andaluz 90 años después de su asesinato, entre homenajes, memoria histórica y disputa política viva.

Noventa años después de su asesinato, Blas Infante vuelve a ocupar el centro de la conversación política andaluza. El aniversario de su fusilamiento, ocurrido en la madrugada del 11 de agosto de 1936, ha reunido de nuevo a representantes políticos, instituciones y organizaciones sociales en el lugar donde fue ejecutado, en la antigua carretera de Sevilla a Carmona. Y la conmemoración, inevitablemente, ha terminado mirando tanto hacia 1936 como hacia la Andalucía de 2026.
La razón inmediata está en el 90.º aniversario de su muerte y en los homenajes celebrados estos días, pero el interés va bastante más allá de una efeméride. Infante no es únicamente una figura histórica: el Estatuto de Autonomía lo reconoce como Padre de la Patria Andaluza y su pensamiento quedó ligado al nacimiento del andalucismo moderno, al autogobierno y a algunos de los símbolos que identifican a Andalucía. Su nombre, por eso, sigue teniendo una carga política poco habitual para alguien muerto hace nueve décadas.
Noventa años después, el kilómetro 4 vuelve a reunir a Andalucía
El homenaje organizado por la Fundación Blas Infante se celebró el 10 de agosto en el kilómetro 4 de la antigua carretera de Sevilla a Carmona, actualmente en el entorno conocido como Nudo de la Gota de Leche. No es un escenario elegido por comodidad protocolaria. Es el lugar donde Infante fue fusilado durante las primeras semanas posteriores al golpe militar de julio de 1936.
Hubo una ofrenda floral y participaron representantes del PP, PSOE, Por Andalucía, Adelante Andalucía y Podemos, además de ayuntamientos, sindicatos y otras entidades. Vox no asistió. Durante el acto intervinieron el presidente de la Fundación Blas Infante y nieto del homenajeado, Javier Delmás, el escritor Juan José Téllez y Antonio Manuel; también actuó la comparsa El Patriota y sonó, como era previsible, el himno de Andalucía. Casares, localidad natal de Infante, estuvo representada por miembros de su Ayuntamiento.
La imagen contiene buena parte de la explicación de por qué Blas Infante vuelve a circular con fuerza por redes sociales y conversación pública: flores ante el monumento, el himno y representantes políticos que apenas unos minutos después interpretan de manera muy distinta su legado. La política posee ese talento bastante español para convertir hasta un aniversario histórico en un espejo del presente.
Qué ocurrió con Blas Infante en agosto de 1936
Para entender el aniversario conviene regresar a aquellos días sin adornarlos. Blas Infante fue detenido el 2 de agosto de 1936 en su casa de Coria del Río por miembros de Falange. Después fue trasladado a Sevilla, pasó por dependencias falangistas y policiales y permaneció recluido en el cine Jáuregui, utilizado entonces como prisión improvisada.
Durante la noche del 10 de agosto fue sacado de allí junto con otros detenidos y trasladado en un camión hacia la carretera de Carmona. A la altura del kilómetro 4, junto a la antigua Huerta de las Clarisas, los prisioneros fueron bajados y fusilados junto a la cuneta. Infante murió en la madrugada del 11 de agosto de 1936. Tenía 51 años.
No había sido condenado por un tribunal antes de aquella ejecución. El episodio resulta todavía más perturbador visto desde la distancia: en mayo de 1940, cuatro años después de su asesinato, el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas dictó una resolución contra él. La legislación andaluza de memoria histórica llegó a recoger expresamente esa sentencia al abordar la restitución de su dignidad y honor.
El marco jurídico ha cambiado desde entonces. La Ley estatal de Memoria Democrática de 2022 declara ilegales y radicalmente nulas las condenas y sanciones impuestas durante la Guerra Civil y la dictadura por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, categoría en la que se encuadra la maquinaria represiva de los tribunales de responsabilidades políticas.
De notario de pueblo a referente del andalucismo
Infante había nacido en Casares, Málaga, en 1885. Estudió Derecho en Granada y aprobó las oposiciones a notario en 1909. El paisaje social de su infancia —una Andalucía rural marcada por la pobreza jornalera, el desempleo, el analfabetismo y una propiedad de la tierra extraordinariamente desigual— atravesó después buena parte de su pensamiento.
No fue un político profesional en el sentido contemporáneo de la expresión. Fue notario, ensayista, ideólogo y agitador cultural en una época en la que discutir sobre la identidad andaluza significaba también discutir sobre tierra, educación, desigualdad y poder. En 1915 publicó Ideal Andaluz y un año más tarde impulsó el primer Centro Andaluz de Sevilla. El proyecto no consistía simplemente en poner una bandera sobre el mapa; pretendía construir una conciencia política y social propia.
Por qué Blas Infante es el Padre de la Patria Andaluza
La expresión no procede únicamente de sus seguidores. En abril de 1983, el Parlamento de Andalucía aprobó una proposición no de ley que reconoció oficialmente a Blas Infante como Padre de la Patria Andaluza e ilustre precursor de la lucha por el autogobierno. Ese reconocimiento terminó incorporado al preámbulo del Estatuto de Autonomía y permanece en el marco institucional andaluz.
Su importancia se entiende mejor observando lo que dejó detrás. Infante participó activamente en la configuración del andalucismo histórico y promovió la Asamblea de Ronda de 1918, donde se adoptaron la bandera blanca y verde y el escudo de Hércules como símbolos del movimiento autonomista. Un año más tarde, el Manifiesto de Córdoba intensificó aquellas reivindicaciones.
También está estrechamente asociado al himno de Andalucía, cuya letra escribió y cuya música fue adaptada por José del Castillo. Palabras, bandera, escudo. Pocas figuras políticas del siglo XX dejaron una huella tan visible en la iconografía cotidiana de una comunidad autónoma; una huella que aparece igual en un colegio que en un estadio, un balcón institucional o una ceremonia del 28 de febrero.
Su idea de Andalucía era también una cuestión social
Reducir a Infante a los colores verde y blanco sería quedarse con el envoltorio. Su pensamiento estaba atravesado por la situación de los jornaleros, el problema agrario, la educación y la búsqueda de un modelo de autogobierno compatible con una España plural. Su proyecto giraba alrededor de una Andalucía libre y solidaria, vinculada al progreso de España y no concebida simplemente como un repliegue territorial.
Ahí nace parte de la pelea contemporánea por apropiarse de su legado. Para unos, Infante representa sobre todo identidad y autonomía; para otros, resulta imposible separarlo de sus posiciones sociales, económicas y democráticas. Y, naturalmente, cada partido encuentra en un pensador muerto en 1936 una sorprendente facilidad para respaldar debates políticos de 2026. Los muertos, a diferencia de los portavoces parlamentarios, tienen la desventaja de no poder convocar una rueda de prensa para matizar.
El homenaje de 2026 vuelve a cruzarse con la política
La conmemoración de este año ha estado marcada por la situación política andaluza y por el acuerdo entre PP-A y Vox. El representante popular José Ricardo García defendió durante el homenaje que Infante se identificaría con la denominada “vía andaluza” y vinculó su legado con la defensa de la igualdad entre comunidades y del actual modelo autonómico.
La oposición hizo exactamente la lectura contraria. PSOE y Adelante Andalucía acusaron al PP de incurrir en una contradicción al homenajear a Infante mientras mantiene acuerdos con Vox, una formación que no acudió al acto. Por Andalucía y Podemos insistieron, por su parte, en reivindicar el componente social y de memoria democrática asociado al pensamiento infantiano.
Ese choque explica buena parte de la conversación alrededor del aniversario. No existe una disputa sobre el lugar central de Blas Infante en la historia autonómica andaluza —esa condición está institucionalizada desde 1983—, sino sobre qué significa exactamente reivindicarlo en el presente. Ahí sí se abre el abanico, y bastante.
Una figura que no cabe cómodamente en una sola etiqueta
Infante resulta incómodo para las simplificaciones porque atravesó cuestiones que continúan vivas: la distribución territorial del poder, la identidad, las desigualdades económicas, el campo, la educación o la relación entre Andalucía y el resto de España. Algunas de sus formulaciones pertenecen claramente a su época; otras siguen apareciendo, con otro vocabulario, en debates que llenan parlamentos y tertulias.
Tampoco conviene convertirlo en una estatua sin contradicciones. Fue un intelectual de principios del siglo XX, con una obra amplia y cambiante, interesado por la historia andaluza, las culturas mediterráneas y la herencia de Al-Ándalus. Precisamente por eso resulta más útil leerlo en su contexto que fabricar un Blas Infante a medida de cada partido contemporáneo.
Lo indiscutible es su influencia histórica. El proceso autonomista de la Segunda República quedó truncado por el golpe de 1936, pero décadas después la democracia recuperó parte de aquella tradición. El Parlamento andaluz terminó reconociendo formalmente a quien había sido fusilado durante los primeros compases de la Guerra Civil como precursor del autogobierno que la comunidad acabaría consiguiendo.
El aniversario habla de 1936 y también de la Andalucía de 2026
Noventa años han convertido aquel tramo de la carretera de Carmona en algo más que un lugar señalado en un mapa. Cada agosto funciona como un punto de encuentro entre memoria histórica, identidad andaluza y política contemporánea. En 2026 ha ocurrido otra vez, quizá con mayor intensidad precisamente por el aniversario redondo y por el momento político que atraviesa Andalucía.
Blas Infante fue detenido el 2 de agosto de 1936 y fusilado en la madrugada del día 11. Ese es el hecho histórico. Décadas más tarde, la democracia andaluza lo reconoció como Padre de la Patria Andaluza y convirtió parte de aquello que defendió —el autogobierno— en una realidad institucional.
Lo que permanece abierto es la batalla por interpretar su legado. Noventa años después, unos colocan el acento en la autonomía, otros en la justicia social, otros en la memoria democrática. Probablemente ahí resida una de las razones de que su nombre vuelva una y otra vez a la superficie: Blas Infante pertenece a la historia, pero la discusión sobre qué Andalucía representa sigue ocurriendo en presente.

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