Casa
Alquilar exige más sueldo que pagar una hipoteca: los datos
La brecha entre alquiler e hipoteca es clara, aunque comprar también exige un ahorro previo que muchos hogares no tienen.

Diseñado por Freepik
En España, pagar un alquiler suele exigir una parte mayor de los ingresos mensuales que abonar una hipoteca. Un barómetro de iAhorro situó en mayo de 2025 la cuota media del alquiler en 1.153,03 euros y la de una hipoteca en 722,06 euros: una diferencia de 430,97 euros al mes. En el mismo análisis, los inquilinos dedicaban de media el 37,40% de la renta del hogar a la vivienda, frente al 23,42% de los hogares hipotecados.
La brecha también aparece en otro indicador del Banco de España citado en la información de referencia: el 40% de los inquilinos destinaba más del 40% de sus ingresos a la vivienda, frente al 5% de quienes tenían una hipoteca. Pero las cifras no significan que comprar resulte accesible para todos. La cuota mensual es solo una parte del coste: para adquirir una casa hacen falta ahorros previos, y esa barrera deja a muchos hogares fuera de la compra aunque, sobre el papel, la hipoteca sea más barata. El esfuerzo mensual y la posibilidad real de comprar son problemas distintos.
La cuota mensual explica una parte de la brecha
En la comparación de iAhorro, basada en datos de mayo de 2025, el alquiler medio se situó en 1.153,03 euros mensuales y la hipoteca media, en 722,06. Según ese cálculo, alquilar costaba un 59,69% más cada mes que pagar el préstamo. El año anterior, el alquiler medio había sido de 1.113,73 euros y la cuota hipotecaria, de 993,72. La diferencia se amplió porque, mientras los alquileres subieron un 3,53%, la cuota hipotecaria media bajó un 27,34%.
Ese descenso no quiere decir que los precios de compraventa se abarataran en la misma proporción. El barómetro atribuyó la reducción, entre otros factores, a la caída de los tipos de interés medios empleados en sus cálculos, del 3,64% un año antes al 2,74% en abril de 2025, y a cambios en el tipo de vivienda que los compradores podían asumir. Cuando el presupuesto aprieta, algunas personas optan por casas más pequeñas, antiguas o alejadas de los centros. Una cuota menor puede reflejar condiciones de financiación distintas, pero también una vivienda menos costosa.
Para estimar el alquiler, el análisis recopiló precios publicados en portales inmobiliarios y los ajustó a una vivienda de 80 metros cuadrados. La muestra reunió 1.067 viviendas anunciadas en distintas comunidades entre el 16 y el 29 de mayo de 2025. En el caso de las hipotecas, utilizó datos de préstamos constituidos sobre viviendas publicados por el Instituto Nacional de Estadística y un tipo de interés medio del Banco de España. Por tanto, son promedios construidos con anuncios y operaciones recientes, no recibos idénticos para todos los hogares.
La diferencia se aprecia también al medir el esfuerzo sobre los ingresos. En el barómetro, quienes alquilaban dedicaban el 37,40% de la renta del hogar a pagar la vivienda, y quienes tenían hipoteca, el 23,42%. La distancia era de casi 14 puntos porcentuales. El esfuerzo de ambos grupos había bajado respecto al año anterior, cuando el alquiler absorbía el 38,38% y la hipoteca, el 34,25%. El cálculo incorporó un aumento del 6,25% de la renta media anual por hogar, hasta 36.996 euros en 2024, desde los 34.821 euros registrados en 2023. El resultado depende tanto de lo que cuesta la vivienda como de los ingresos usados para compararla.
Las cifras cambian según cómo se mida el esfuerzo
No todos los estudios calculan lo mismo. El barómetro de iAhorro compara cuotas medias y renta por hogar; otro análisis de Fotocasa e InfoJobs estimó cuánto representaba el alquiler de una vivienda de 80 metros cuadrados respecto al salario bruto medio ofertado en empleo. Con esa metodología, en 2025 el coste anual del alquiler equivalía al 50% del sueldo bruto medio en España. El cálculo se apoyó en un salario anual de 27.336 euros y en un alquiler medio de 14,21 euros por metro cuadrado al mes, después de una subida interanual del 6,9%.
Ese 50% no contradice necesariamente el 37,40% del barómetro: uno usa salarios brutos medios de ofertas laborales y una vivienda de tamaño fijado; el otro estima la proporción de la renta media del hogar destinada a la cuota. No son la misma población ni el mismo denominador. Tampoco debe confundirse el promedio nacional con la experiencia de una ciudad concreta. Antes de comparar porcentajes hay que mirar qué ingresos, hogares y viviendas entran en cada cálculo.
La diferencia también importa al interpretar el umbral del 40%. Que cuatro de cada diez inquilinos superen ese nivel describe la distribución del esfuerzo dentro de ese grupo; no significa que todos los arrendatarios paguen esa proporción ni que cada uno tenga el mismo sueldo o comparta casa. La cifra del 5% entre hipotecados señala, a su vez, que una proporción mucho menor supera ese umbral, pero no que el resto esté libre de dificultades económicas. Una familia con ingresos bajos puede sufrir estrechez incluso destinando menos del 40% a la vivienda.
Como referencia general de accesibilidad, la información de competencia sitúa en torno al 30%-35% del salario neto el nivel de esfuerzo considerado razonable. Superarlo deja menos margen para alimentación, transporte, suministros, cuidados y ahorro, aunque el efecto concreto depende de la renta disponible y del tamaño del hogar. El porcentaje no funciona como una frontera automática entre bienestar y pobreza: un mismo recibo pesa de forma distinta en una nómina elevada que en un salario ajustado. El porcentaje es una señal de presión, no una descripción completa de cada economía familiar.
El ahorro de entrada mantiene a muchos fuera de la compra
La hipoteca media puede ser inferior al alquiler y, aun así, comprar puede resultar imposible. La razón está en el desembolso inicial: además de asumir gastos asociados a la operación, el comprador necesita aportar una parte del precio que no cubre el préstamo. La referencia de iAhorro señala que entrada y gastos pueden alcanzar hasta el 30% del precio de compra. El artículo original situaba en 48.000 euros la entrada media necesaria, una cifra que debe entenderse como una estimación concreta, no como una cantidad universal: cambia con el precio de la vivienda y las condiciones de la operación.
Ese requisito crea una paradoja. Quien dispone de ahorros suficientes puede comparar una cuota hipotecaria más baja con un alquiler creciente; quien no cuenta con ese colchón no tiene la misma elección, aunque sus ingresos mensuales pudieran soportar una cuota. La subida del precio de compra amplía la barrera de entrada y puede empujar a más hogares hacia el alquiler. A su vez, cuando aumenta la demanda de arrendamiento y la oferta no crece al mismo ritmo, los precios encuentran más presión. La cuota mensual favorece a menudo a la compra, pero el ahorro inicial decide quién puede llegar hasta ella.
Los datos de ahorro ayudan a entender por qué no basta con recomendar la compra como alternativa más barata. La información de referencia señalaba que la mayoría de los hogares tenía menos de 8.000 euros en el banco, según la última encuesta del Banco de España citada por el artículo original. Esa cantidad queda lejos de la entrada que puede requerir una vivienda, sin contar otros gastos ni la necesidad de conservar un fondo para imprevistos. En ese contexto, el alquiler no siempre es una elección entre dos opciones equivalentes: para muchas personas es la única vía disponible para tener casa.
La propiedad también conlleva riesgos y costes que no aparecen en una comparación simple de cuotas, mientras que el alquiler no obliga a inmovilizar una entrada de ese tamaño. Por otro lado, el propietario puede beneficiarse de la revalorización de la vivienda, pero ese aumento de valor no se convierte automáticamente en dinero disponible para afrontar los gastos cotidianos. El artículo original destacaba una subida anual del 15,7% en los precios de los pisos en el periodo al que se refería; es un dato de aquel momento, no una garantía de que los precios vayan a crecer igual en adelante. Una vivienda puede acumular valor y, al mismo tiempo, dejar a su dueño con poco margen de liquidez.
La presión se concentra en las grandes ciudades
El promedio nacional oculta diferencias territoriales muy marcadas. En el barómetro de 2025, las cuotas hipotecarias medias superaban los 1.000 euros en Baleares y Madrid: 1.209,90 y 1.132,27 euros, respectivamente. Cataluña ocupaba el siguiente lugar, con 809,27 euros. En el extremo opuesto, Extremadura registraba una cuota media de 423,11 euros y Galicia, de unos 460 euros. Los importes reflejan mercados y viviendas diferentes, así que no permiten atribuir toda la distancia a las condiciones del préstamo.
También dentro del alquiler variaba el esfuerzo relativo a los ingresos. Baleares, Madrid y Cataluña aparecían entre las comunidades donde los inquilinos soportaban una mayor carga: el 42,06%, el 41,31% y el 40,31% de la renta del hogar, respectivamente. En Extremadura, en cambio, el porcentaje era del 20,42%; La Rioja y Castilla-La Mancha también quedaban en niveles más bajos, con el 20,54% y el 21,42%. La renta media influye tanto como el precio: una cuota moderada puede consumir mucho si los ingresos locales son bajos.
El cálculo de Fotocasa e InfoJobs ofrece otra perspectiva territorial, esta vez sobre el salario bruto medio y una vivienda de 80 metros cuadrados. En 2025, el alquiler representaba el 71% de ese salario en la Comunidad de Madrid, el 70% en Cataluña y el 64% en Baleares. En Extremadura suponía el 29%. A escala provincial, Barcelona llegaba al 76% y Madrid al 72%, mientras que Jaén registraba el 23%. La aparente diferencia entre las cifras de Madrid se explica porque una corresponde a la comunidad autónoma y otra a la provincia, además de responder a la misma metodología de salario y alquiler. El lugar de residencia puede alterar por completo la relación entre nómina y vivienda.
Barcelona ilustra la velocidad con la que puede cambiar un mercado urbano. Los datos de referencia señalaban que sus alquileres habían aumentado un 136,36% en la década analizada, frente a un 43,5% en el periodo anterior usado en esa comparación. También situaban el alquiler medio de la provincia en 21,90 euros por metro cuadrado al mes al cierre de 2025, con un aumento anual del 8%. Son cifras de ámbitos y periodos determinados, no una medida idéntica para cada contrato, pero muestran por qué los promedios nacionales pueden quedarse cortos para describir las zonas de mayor tensión.
En el conjunto del mercado, la oferta escasa y la competencia entre quienes buscan vivienda aparecen como factores que sostienen los precios. En algunos lugares se han aplicado límites al alquiler y, en Cataluña, el barómetro registró un descenso interanual del 3,40% en la cuota media estimada. Sin embargo, el propio análisis advierte que la oferta también cayó y que no está claro si el efecto de esa regulación será duradero. Una bajada de la media en un periodo concreto no demuestra por sí sola que haya mejorado el acceso para todos ni permite aislar una causa única.
Salarios ajustados, empleo inestable y hogares vulnerables
La vivienda pesa más cuando el empleo no ofrece estabilidad o los salarios avanzan más despacio que los gastos. El artículo original describía como precarios los contratos de la mitad de los trabajadores españoles, con especial incidencia entre los jóvenes. El estudio de Fotocasa e InfoJobs también apuntaba a una brecha entre la evolución de los sueldos ofertados y el coste del alquiler: el salario bruto anual medio ofertado subió solo un 1% en 2025, hasta 27.336 euros, mientras que el alquiler medio avanzó un 6,9%. Son indicadores elaborados de forma distinta, pero ambos retratan una presión creciente sobre el presupuesto de quienes necesitan arrendar.
Cuando una parte elevada de los ingresos se va cada mes en la vivienda, el ajuste suele trasladarse al resto de la vida cotidiana. Se reduce el dinero para ahorrar, se aplazan gastos y decisiones, y resulta más difícil afrontar un imprevisto sin endeudarse o pedir ayuda. Compartir piso, alquilar una habitación o vivir más lejos del trabajo pueden funcionar como respuestas a esa presión, aunque impliquen renunciar a espacio, privacidad o tiempo de desplazamiento. El coste residencial no se limita al recibo: condiciona la capacidad de elegir dónde vivir y cómo organizar la vida.
La pobreza infantil acentúa las consecuencias. Los datos citados en el artículo original atribuían a Cáritas que tres de cada diez niños vivían en riesgo de exclusión y que casi la mitad de las personas que residían de alquiler se encontraba en riesgo de pobreza, la cifra más alta de la Unión Europea según aquella referencia. No son medidas idénticas —riesgo de exclusión y riesgo de pobreza tienen definiciones propias—, pero apuntan a una vulnerabilidad intensa entre hogares arrendatarios con menores. Cuando la vivienda absorbe una parte desproporcionada de los ingresos, la alimentación, el descanso y las oportunidades de los niños también pueden resentirse.
La distancia entre indicadores macroeconómicos y experiencia doméstica ayuda a explicar la sensación de vivir en dos economías. El artículo original recogía un crecimiento previsto del PIB del 2,7%, máximos bursátiles y un aumento del 40% del Ibex 35 en un año, al mismo tiempo que señalaba que la mitad de los españoles percibía un empeoramiento económico reciente. Esas cifras corresponden al contexto temporal descrito en aquella publicación y no deben leerse como datos actuales. Su contraste conserva, sin embargo, una idea central: el crecimiento agregado no garantiza que la mejora llegue por igual a quienes destinan buena parte de su sueldo a la vivienda.
La desigualdad entre propietarios e inquilinos no es solo una cuota
La brecha entre ambos grupos se acumula con el tiempo. Un hogar que logra comprar y mantener una hipoteca puede ir pagando una vivienda que, si aumenta de valor, constituye parte de su patrimonio. Quien alquila no adquiere ese activo y, si los precios suben, puede dedicar más dinero a conservar el mismo techo. Esa diferencia ayuda a explicar por qué la vivienda se ha convertido en un factor de desigualdad, además de un gasto mensual. Pero tampoco convierte a todos los propietarios en hogares acomodados: hay hipotecas elevadas, ingresos modestos y dificultades para hacer frente a otros costes de la casa.
Las diferencias aparecen incluso entre quienes tienen hipoteca. En los datos de 2025, los hogares hipotecados de Baleares destinaban el 34,38% de su renta a la cuota y los de Madrid, el 30,27%. Andalucía llegaba al 26,01%, en parte porque sus ingresos medios por hogar eran inferiores a los de comunidades con salarios más altos. Galicia registraba el menor esfuerzo hipotecario, el 15,83%, seguida de Asturias y Extremadura. Una hipoteca más baja no siempre implica menor presión si también lo son los ingresos.
La situación de los inquilinos mostraba un mapa distinto. Madrid, Baleares y Cataluña concentraban los esfuerzos más altos, mientras que Extremadura, La Rioja y Castilla-La Mancha aparecían en la parte baja. En estas últimas, los alquileres medios eran más reducidos, pero también podían intervenir diferencias de renta, tamaño de la vivienda y disponibilidad de empleo. Por eso, un traslado a una localidad más barata no es una solución automática: depende de que existan trabajo, transporte y servicios compatibles con la vida de cada hogar.
La paradoja de fondo es que la opción con una cuota mensual menor suele ser la compra, pero la opción accesible para quien carece de ahorro continúa siendo el alquiler. Esa combinación alimenta la división entre quienes pudieron entrar antes en el mercado de la propiedad y quienes afrontan hoy precios elevados sin contar con una entrada. La vivienda se convierte así en una frontera patrimonial: no solo separa a quienes pagan más de quienes pagan menos, sino también a quienes pueden acumular un activo de quienes destinan sus ingresos a renovar cada mes el derecho a permanecer en su casa.
El precio de vivir marca el alcance de la recuperación
Los datos coinciden en una tendencia, aunque difieran en sus métodos: el alquiler exige más esfuerzo que la hipoteca para una parte importante de los hogares, y el acceso a la compra está limitado por el ahorro necesario. En mayo de 2025, la cuota media del arrendamiento superaba en casi 431 euros a la del préstamo hipotecario calculada por iAhorro; en el indicador del Banco de España citado en la referencia, cuatro de cada diez inquilinos destinaban más del 40% de sus ingresos a la vivienda, frente a uno de cada veinte hipotecados. La brecha es real, pero no convierte la compra en una alternativa disponible para todos.
El dato que queda fuera de una comparación simple es quién puede elegir. Un hogar con ahorros, estabilidad laboral y acceso a financiación puede plantearse comprar; otro con ingresos parecidos, pero sin entrada, quizá no pueda salir del alquiler. Mientras los precios residenciales crezcan más rápido que los ingresos y la oferta siga sin responder a la demanda en las zonas tensionadas, esa diferencia tendrá efectos que van más allá de los presupuestos: influirá en la emancipación, la movilidad laboral, la formación de familias y la posibilidad de construir patrimonio.
Por eso, medir el coste de la vivienda solo con una cuota media deja incompleta la fotografía. Importan el sueldo neto disponible, el número de personas que comparten los gastos, el ahorro previo, la localización y la estabilidad del empleo. Alquiler e hipoteca no son productos intercambiables para cualquier hogar: uno puede resultar más caro mes a mes y el otro exigir un capital que no está al alcance de todos. La distancia entre ambos precios revela, sobre todo, quién tiene margen para convertir el gasto de vivienda en patrimonio y quién sigue pagando por no quedarse fuera del mercado.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









