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¿Qué prepara Alejandro Sanz con su nuevo disco y musical?

Alejandro Sanz celebra 35 años de carrera con nuevo disco, musical, documental y museo tras crisis emocional y una ilusión renovada y plena.

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un sonriente alejandro sanz en 2025

Foto de Pedro J Pacheco, CC BY-SA 4.0.

Alejandro Sanz celebra 35 años de carrera con nuevo disco, musical, documental y museo tras crisis emocional y una ilusión renovada y plena.

Alejandro Sanz llega a los 35 años de carrera en un momento inesperado: con nuevo disco, un musical en marcha, un documental ya casi listo y la apertura de un museo propio en el horizonte. Todo, después de atravesar una crisis personal que él mismo hizo pública y que le obligó a frenar, mirar atrás y rehacer su manera de estar en la música. Lo que presenta ahora no es solo un lanzamiento más en su discografía, sino una especie de reinicio vital con una consigna clara: trabajar sin sacrificarse hasta el límite y recuperar el gusto por el juego, por la experimentación y por subirse al escenario sin la sensación de arrastrar una losa.

El epicentro de esta nueva etapa es «¿Y ahora qué +?», un álbum de largo formato que amplía el EP previo «¿Y ahora qué?» hasta las 13 canciones y que llega avalado por los dos últimos Latin Grammy obtenidos, entre ellos el de grabación del año por «Palmeras en el jardín». A su alrededor se ordenan los demás proyectos: un musical que ya busca elenco y empezará sus primeras lecturas en las próximas semanas, un documental producido con Movistar que verá la luz a principios de 2026 y un museo en Alcalá de los Gazules (Cádiz), el pueblo de su madre, que aspira a convertir en espacio permanente la memoria de una carrera que arrancó a comienzos de los noventa y que sigue muy lejos de cerrarse.

Un disco que resume 35 años y una forma nueva de trabajar

«¿Y ahora qué +?» es, en apariencia, la continuación lógica del EP publicado hace unos meses. En la práctica funciona como algo más amplio: un retrato del Sanz de hoy, con cicatrices a la vista y una manera diferente de entrar al estudio. El propio cantante ha reconocido que muchos de sus discos anteriores nacieron de procesos «de mucho sacrificio personal». Esta vez el objetivo ha sido lo contrario: seguir siendo exigente con las canciones sin pagar el precio de dejarse la salud por el camino.

Para lograrlo se ha rodeado de un equipo joven de compositores, productores y arreglistas, nombres como Spredlof, Casta, Richi López, Andy Clay, Elena Rose o Edgar Barrera, que aportan color nuevo sin borrar la identidad del autor de «Corazón partío». Sanz insiste en que no se trata de “entregar” el disco a terceros, sino de compartir el proceso creativo y aprender a delegar sin desaparecer: estar en las decisiones, pero sin la obsesión de controlarlo absolutamente todo. Esto le ha permitido abrir el sonido hacia territorios más actuales, jugar con bases urbanas o con melodías más ligeras, sin traicionar su forma de escribir.

El repertorio combina piezas más íntimas con otras claramente pensadas para el directo. El sencillo «Las guapas» recupera esa mezcla de picardía y romance que tantas veces ha manejado en su carrera, con un guiño evidente a las pistas de baile y a la ironía ligera. En el otro extremo, el tema «Qué injusto», que cierra el álbum, arranca con una frase que funciona casi como declaración de intenciones: “Si pudiera viajar en el tiempo, lo haría”. A partir de ahí, el madrileño admite que quizá se habría “ahorrado un par de etapas”, pero el balance general que deja la letra es positivo: ha habido golpes, sí, pero también una trayectoria que le mantiene ahora mismo con la ilusión intacta.

Hay un detalle importante en este trabajo: las colaboraciones con artistas de una generación más joven, como Rels B o Emilia, a las que Sanz concede un significado muy concreto. Repite que no busca una estrategia de marketing para “cazar” público juvenil, ni un lavado de cara para sonar en playlists de moda. Para él, la condición indispensable es que exista conexión musical real. Lo ha resumido con cierta contundencia: si Rels B no le gustara de verdad, no habría hecho nada con él. Y recuerda incluso una experiencia pasada en la que grabó un tema que no le convencía, con un artista cuyo nombre prefiere no mencionar, y que le sirvió de vacuna: “Ese error no lo voy a cometer nunca más”.

Esta postura ayuda a entender el equilibrio del disco: suena contemporáneo, pero no impostado. No hay giros bruscos hacia géneros que no domine ni concesiones evidentes al algoritmo. Sanz se deja influir por un equipo joven que se mueve con naturalidad en el pop urbano y el R&B, pero mantiene al frente su firma, ese modo reconocible de frasear y esa manera de escribir que mezcla cotidianidad y metáfora sin grandes aspavientos.

El musical secreto que deja de serlo

En paralelo al álbum, el musical basado en su universo lleva tiempo gestándose en silencio. Alejandro Sanz reconoce que el proyecto se ha desarrollado “durante mucho tiempo” y “guardado en secreto” hasta ahora, cuando ya se ha activado la búsqueda del reparto y se prepara el arranque de las lecturas del libreto en cuestión de semanas. No se han filtrado aún demasiados detalles argumentales ni el título definitivo, pero sí se sabe que la producción quiere ir más allá del simple recopilatorio de grandes éxitos.

El reto es trasladar a escena un relato con personajes y conflicto propio, en el que las canciones funcionen como motor dramático y no solo como excusa para encadenar números musicales. Es un camino que otros artistas españoles ya han explorado con resultados diversos, pero que en el caso de Sanz llega con una ventaja clara: su catálogo de temas conocidos es enorme y atraviesa varias generaciones, desde quienes crecieron con «Viviendo deprisa» hasta quienes han descubierto su música en colaboraciones recientes con estrellas latinoamericanas.

La elección del elenco y la dirección escénica será clave para decidir si estamos ante un musical puntero, capaz de competir en grandes teatros, o ante un producto meramente nostálgico. De momento, el propio Sanz está implicado en las primeras fases, algo que ayuda a garantizar que el resultado no se aleje demasiado de su universo real. El proceso, además, encaja en esa idea de trabajo coral que el cantante reivindica ahora: rodearse de profesionales de otros campos (guionistas teatrales, directores, coreógrafos) y dejarles espacio para aportar su mirada.

Este musical se suma a un movimiento más amplio: la conversión de la obra de grandes figuras del pop español en espectáculos de gran formato. Que haya uno centrado en Alejandro Sanz encaja con la dimensión de su repertorio y con el momento actual de su carrera, en el que la mirada retrospectiva convive con una clara voluntad de seguir publicando material nuevo.

El documental y la ruptura con Netflix

Otra pieza esencial de esta nueva etapa es el documental que verá la luz a comienzos de 2026 y que abordará, entre otros aspectos, el proceso psicológico que siguió Alejandro Sanz tras su mensaje de 2023, aquel “no estoy bien, estoy triste y cansado” que se hizo viral en cuestión de minutos. A diferencia de otros proyectos similares, este documental no será un simple repaso triunfalista, sino una mirada más cruda a lo que ocurre cuando la presión, el ritmo de las giras y las expectativas ajenas se acumulan durante décadas.

Inicialmente el proyecto estaba vinculado a Netflix, pero el artista decidió romper con la plataforma por diferencias de enfoque. No quería protagonizar un “reality” ni fingir situaciones para la cámara. Su condición fue clara: si se hacía, debía ser algo real, sin escenas fabricadas para generar contenido y sin guiones que forzaran conflictos artificiales. Esa discrepancia llevó a cancelar la colaboración y a buscar otra casa para la producción.

La encontró en Movistar, que, según ha explicado el propio Sanz, ha aceptado una aproximación más respetuosa con su intimidad y con el tono que quiere dar a la historia. La intención es que el documental muestre tanto los momentos de fragilidad como la reconstrucción posterior, conectando lo personal con lo artístico: cómo se compone cuando se está mal, qué decisiones se toman sobre los conciertos, cómo reacciona el entorno más cercano ante una confesión pública de ese calibre.

Este movimiento es significativo por varias razones. Primero, porque consolida una tendencia: cada vez más grandes figuras del pop y del rock abren su vida a cámaras que cuentan éxitos, pero también grietas. En el caso de Sanz, el interés se multiplica por lo que supuso aquel mensaje sincero en redes sociales, que rompió la imagen inamovible de estrella que siempre puede con todo. Y segundo, porque refuerza la idea de que su “renacimiento” creativo no es ajeno a ese proceso de reconocerse vulnerable, pedir ayuda y reajustar el rumbo.

Un museo en Alcalá de los Gazules para fijar la memoria

A la agenda que ya suena apretada se suma otro hito muy simbólico: la creación de un museo dedicado a Alejandro Sanz en Alcalá de los Gazules, la localidad gaditana donde nació su madre y donde el propio artista pasó buena parte de su infancia y adolescencia. Allí se está trabajando en un espacio que pretende reunir objetos, fotografías, instrumentos, manuscritos y piezas clave de estas tres décadas largas de carrera.

La idea no es solo montar una exposición de trofeos, sino construir un recorrido biográfico y musical que arranque en sus primeros pasos en Madrid, siga por la etapa de los bares, recoja el impacto de «Viviendo deprisa», el fenómeno masivo de «Más» y llegue hasta los proyectos actuales. Se espera que el museo aporte también contexto sobre sus raíces gaditanas, sobre la influencia del flamenco y sobre la relación emocional del músico con este rincón de Cádiz, al que siempre ha aludido como parte de su identidad.

Este proyecto cultural tiene, además, una dimensión local importante. Para un municipio pequeño como Alcalá de los Gazules, tener un museo de estas características supone una herramienta de atracción turística y un motivo de orgullo. No es casual que Sanz haya querido fijar allí ese legado tangible. Aúna memoria personal, reconocimiento institucional y desarrollo económico para la zona, todo en torno a un apellido que ya forma parte de la historia reciente de la música española.

El museo encaja, por último, con esa mirada de balance que atraviesa el resto de iniciativas. Si el disco muestra al Sanz de ahora, el musical reinterpreta su repertorio para un nuevo formato y el documental se adentra en sus luces y sombras, el museo funciona como archivo físico y permanente. Es una manera de ordenar el pasado mientras el presente sigue en marcha.

Colaboraciones, “Aprendiz” y la generación que viene

Más allá de su propio catálogo, la figura de Alejandro Sanz no se entiende sin sus capacidades como compositor para otros. La noticia reciente de que Pastora Soler desvelaba en sus memorias una oferta que nunca llegó a concretarse ha devuelto al primer plano una historia conocida a medias: cuando la sevillana rompió con su discográfica, en los años en que Sanz trabajaba en el disco «Más» (1997), él y Pepe de Lucía le propusieron grabar una balada suya.

Esa balada era «Aprendiz». Sanz admite que siempre supo que tenía entre manos una gran canción, pero sentía que no encajaba del todo con su voz ni con su forma de interpretarla. Hubo artistas que rechazaron el tema por la letra, y cuando parecía claro que Pastora Soler podría ser la intérprete ideal, surgieron obstáculos: no tenía compañía en ese momento y el proyecto se quedó en el aire. Coincidió, además, que Malú, que estaba a punto de iniciar su carrera, se cruzó en el camino y terminó convirtiendo «Aprendiz» en el gran éxito que la presentó en la primera línea del pop español.

La confesión de Pastora ha servido para recordar hasta qué punto Sanz ha influido en el despegue de otros artistas. Él mismo reconoce que con la sevillana la canción “hubiera quedado también muy bien”, pero la historia se inclinó hacia Malú y el resultado forma ya parte del imaginario colectivo. Situaciones así explican por qué su nombre aparece una y otra vez ligado a trayectorias ajenas, bien como autor, bien como colaborador, bien como apoyo discreto.

En el presente, ese papel se mantiene, aunque con otros códigos. Las colaboraciones con Rels B o Emilia no son solo cruces de nombres en un cartel; representan el diálogo entre un compositor consagrado y voces que, en algunos casos, crecieron escuchando sus canciones. Para Sanz, acercarse a la nueva ola no implica renunciar a su lenguaje. Habla de recuperar las “ganas de jugar”, de permitirse cierta travesura musical, como se aprecia en «Las guapas», y de asumir que, tras 35 años de carrera, lo que mejor funciona es seguir siendo reconocible mientras se experimenta en los márgenes.

De “no estoy bien” a una ilusión recuperada

La frase “no estoy bien” marcó un punto de inflexión. Publicada en 2023, acompañada de una explicación sobre la tristeza y el cansancio que arrastraba, abrió un periodo de incertidumbre sobre su futuro inmediato. Muchos se preguntaron si habría cancelaciones, si se tomaría un largo descanso o si aquella confesión era el preludio de un retiro parcial. El tiempo ha demostrado otra cosa: aquel gesto fue el inicio de un proceso de cuidado y de reorganización personal que hoy sostiene este regreso con más calma.

Alejandro Sanz ha hablado de terapia, de ajustes en la forma de girar, de establecer límites en agendas que durante años parecían no tener fin. Ha aprendido, según sus propias palabras, a trabajar “de otra forma” y a no sacrificarlo todo en cada proyecto. Esa filosofía se percibe tanto en el disco como en la manera de presentar el documental o el musical. No hay urgencia por colonizar todos los espacios a la vez, sino una voluntad de que cada pieza tenga sentido y se alinee con su estado actual.

El orgullo por llegar a los 35 años de carrera sin haber traicionado sus principios musicales aparece recurrentemente en sus declaraciones. Habla de mantenerse honesto con lo que hace, de no fingir estilos que no siente propios, de no “saltarse” sus convicciones para agradar a un público determinado. Es una posición que contrasta con ciertos movimientos de la industria, en la que muchos artistas se ven empujados a cambiar de piel en cuestión de meses. Sanz, en cambio, ha optado por ajustar su sonido, pero no su esencia.

La gira que le espera por delante pondrá a prueba esa nueva energía. Los conciertos seguirán llenando grandes recintos, las canciones de siempre seguirán coreándose palabra por palabra, pero la diferencia estará en la mirada del propio intérprete. Después de haber verbalizado su fragilidad y de haber reconstruido su día a día, se sube al escenario con una ilusión “recuperada”, que quizá no sea exactamente la de los comienzos, pero que parece más consciente y sostenible.

El siguiente capítulo en la historia de Alejandro Sanz

Todo lo que rodea a «¿Y ahora qué +?» apunta a una misma dirección: Alejandro Sanz no está cerrando una etapa, está abriendo otra. El disco consolida una forma diferente de trabajar, apoyado en un equipo joven pero fiel a su sello. El musical promete llevar su repertorio a un nuevo formato narrativo y testear hasta dónde puede llegar su universo en términos escénicos. El documental se asoma a su vida privada sin edulcorantes, apoyándose en la valentía de mostrar la vulnerabilidad de un artista que rara vez se había permitido enseñar las costuras. Y el museo en Alcalá de los Gazules convierte en patrimonio tangible una historia que va mucho más allá de los números de ventas.

Queda la sensación de que este “renacimiento” no se entiende solo como un golpe de efecto. Es la consecuencia lógica de haber mirado de frente una crisis emocional y de haber decidido seguir adelante, pero de otra manera. La carrera de Sanz ya estaba asegurada antes de este disco, de este musical y de este documental. Lo que cambia ahora es el tono, la forma en que se relaciona con su trabajo y con su propia biografía.

A las puertas de un nuevo tramo de gira mundial, con la mirada puesta en los próximos Latin Grammy y con todos estos proyectos desplegados a la vez, Alejandro Sanz se encuentra en un punto singular: lo ha logrado casi todo y, aun así, parece empeñado en demostrarse que todavía puede sorprender. El tiempo dirá cómo funcionan el musical en taquilla, el documental en pantalla o el museo como foco cultural. De momento, lo que sí queda claro es que el músico madrileño llega a esta etapa con la ilusión recuperada, dispuesto a seguir escribiendo canciones y a dejar que su nombre, lejos de fosilizarse en la nostalgia, continúe sumando capítulos nuevos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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